Tanzet das Abendrot rund um den Kahn

Ante diem septimum Kalendas Augustas: Ludi Victoriae Caesaris

Crepúsculo sobre el océano en otro finis terrae.

Viento y mar de acero como en el Monje a la orilla del mar. Caspar David Friedrich pintó paisajes marinos y este podría haberlo pintado. Y Franz Schubert, que creo que nunca vio el mar, habría compuesto muchas canciones si hubiera visto un paisaje como este.

Y aunque hacía demasiado viento para un crepúsculo tranquilo como el de la barca de la canción, creo que es la música más adecuada para el día de ayer caminando por la tierra y el mar entrelazados del Noroeste.

Auf dem Wasser zu singen

Franz Schubert (1797 – 1828) – Friedrich Leopold Stolberg (1750 – 1819)

Texto en Kareol.

He de decir que no me gusta mucho esta traducción, me gusta más una mía algo incorrecta, que hice hace un par de años cuando no encontraba la traducción de este lied en internet. Quizá la ponga cuando regrese de este periplo por tierras del Noroeste.

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Caminando

Caspar David Friedrich, Mujer frente al sol poniente, 1818, Museo Folkwang, Essen

Idus Iuliae: Castor et Pollux, Honor et Virtus, Dies Equitum Romanorum

Los meses y los días son viajeros de la eternidad. el año que se va y el que viene también son viajeros…

… A mí mismo, desde hace mucho, como jirón de nube arrastrado por el viento, me turbaron pensamientos de vagabundeo…

…Todo lo que veía me invitaba al viaje…

…los espíritus del camino me hacían señas y no podía fijar mi mente ni ocuparme en nada…

…La idea de la luna en la isla de Matsushima llenaba todas mis horas.

Matsuo Basho, Sendas de Oku, 1689

La idea del sol poniente sobre el mar, cuando sobre el mar, al sol, solo lo puedo ver nacer, llena todas mis horas.

Stride la vampa

Ante diem octavum Kalendas Iulias: Dies Fortis Fortunae

En este escrito voy a ser malvada, lo advierto para quien se sienta en desacuerdo que no siga leyendo.

Ayer, no, anteayer, estuve en esa escultura arquitectónica que es uno de los edificios con funciones de teatro y auditorio peor diseñados que existen, y uno de los teatros de ópera más caros del mundo. Se representaba de una ópera de Giuseppe Verdi: Il Trovatore. No voy a hacer la crítica que ya corre por varios blogs de ópera y con la que estoy básicamente de acuerdo, sino protestar por encontrarme de nuevo con lo que ya es habitual, harta ya del esperpento en que se ha convertido la ópera y la burla que se hace a quien asiste y paga una entrada.

Il Trovatore de 1853, es una ópera del periodo medio de la producción de Verdi, es una ópera que está en calidad lejos de su contemporánea La Traviata, muy muy lejos de Aida, y a años luz de Otello y Falstaff. Es una ópera con un libreto absurdo, con una historia disparatada y delirante, ambientada a principios del siglo XV basada en El Trovador de Antonio García Gutiérrez de 1836, un dramón que es iniciador de teatro romántico en España. Pero es una ópera muy popular, con arias, conjuntos y coros hermosos y muy populares. Es lo que se podría llamar una “ópera de cantantes”, la orquesta no es más que una gigantesca guitarra que los acompaña, y se necesitan cantantes muy buenos para asumir los cuatro papeles principales.

Sí, la mantiene en el repertorio la popularidad de su música y la posibilidad de lucimiento de los cantantes y eso es lo que hizo que fuera soportable lo que vi hace menos de 48 horas, porque lo que nos ofreció el Palau de les Arts Reina Sofía fue esto:

¿Trascurre la acción en el siglo XV? ¿Qué más da eso? ¿Qué es ese panel desplegable? ¿El muro de las lamentaciones como dijo la amiga que me acompañaba? ¿Y los siniestros uniformes militares decimonónicos? ¿Son una metáfora de la no menos siniestra dinastía Trastámara a la que apoya el malo? Porque el malo de la ópera, el Conde de Luna, uniformado, calvo y… fumador. ¡Anatema con él!… Pero los gitanos del grupo de Azucena y Manrico, son unos pobres desplazados, unos exiliados, unos emigrantes con la maleta a cuestas… Y la torre-prisión en la que acaban Manrico y Azucena es una estructura de pilares de hormigón en los que se ven todavía los puntales del encofrado…, es que la especulación inmobiliaria del Conde de Luna ha sido muy perjudicial. Que feo, que esperpéntico, que hartazgo, cuantos años ya con esto en la ópera. Sacarlas de contexto, degradar la historia por absurda que sea, provocar al espectador para llamarlo ignorante, reaccionario…

Hace menos de un mes intenté ver en el canal Mezzo Los Maestros Cantores de Nuremberg de Richard Wagner en la producción que ha hecho su bisnieta Katharina en Bayreuth. Fue imposible, la historia y la música eran incompatibles con lo que estaba viendo. Todo el lirismo, toda la melancolía del monólogo de Hans Sachs en el tercer acto, así  como otras escenas antes y después no tenían ninguna relación con la gamberrada que era la puesta en escena. Es algo que me niego a poner aquí, prefiero que Hans Sachs evoque la pasada Noche de San Juan de esta manera:

Qué moderno parece todo pero qué viejo y qué visto está ya. He rastreado este tipo de puestas en escena hasta finales de los años sesenta. En los setenta empezaron a desarrollarse y tener aceptación y en los ochenta eran ya una plaga. No se trata de hacer puestas en escena al estilo del siglo XIX, se pueden realizar abstracciones como las que hizo Wieland Wagner en Bayreuth en los años cincuenta y sesenta, que despojó a los dioses y a los héroes de los aditamentos de guardarropía. Se puede hacer como Jean Pierre Ponelle, que tiene alguna de las más poéticas puestas en escena, como esta del Orfeo de Claudio Monteverdi en 1978, cuando esta ópera que llevaba casi tres siglos sin representarse, de la mano de Nicolaus Harnoncourt volvió de nuevo a un escenario en un pequeño teatro de Suiza.

Un tema mitológico, una de las obras fundadoras del género, pero nada de peplos ni de túnicas. Jean Pierre Ponelle sitúa la acción en el Renacimiento, el tiempo que vio nacer a la ópera.

Desde hace cuarenta años la ópera y tambien el teatro en menor medida, está en manos de quien menos música sabe. Los directores de escena son tiranos que desprecian al público, despreciean el trabajo de los cantantes, de los músicos, de los directores de orquesta. Hay veces, como la otra noche con Il Trovatore, que la música, el canto, la popularidad de la obra tienen la suficiente fuerza para imponerse; pero cuanto más compleja es una obra como en el caso de Los Maestros Cantores, la ignorancia, el desprecio y el odio, sí el odio, la destrozan completamente.

Estoy convencida que hay una finalidad siniestra en ese regodearse en la fealdad, en degradar las obras, en demostrar una ignorancia que no es afectada sino completamente cierta. Recuerdo lo que dijo no hace mucho uno de estos genios de la escena cuyo nombre no citaré, con respecto a Parsifal de Wagner, que era una ópera “que tenía mucha música”. ¿Qué quería decir, que tenía muchas notas? ¿Que era muy larga? ¿Muy densa? ¿Muy aburrida? No hay problema, yo la ambiento en un burdel y verás que actual queda.

La ópera es uno de los lugares, de las situaciones, donde nos situamos completamente fuera de la realidad. Nada de lo que ocurre en el escenario es real. Muchas, muchísimas óperas, nos llevan a la situación de adentrarnos en un mundo de belleza irreal, incluso cuando cuentan, como suele ser habitual historias tristes, trágicas, comenzando por las primeras óperas de la historia con el mito de Orfeo. De llevarnos a esa belleza se encargan el canto y la música, pero desde hace años eso parece estar prohibido, la belleza está prohibida. Hay que arrastrarla por el fango, convertirla en escoria, en basura, en algo abyecto. Es un proceso que viene de más tiempo, desde los inicios de la vanguardia a principios del siglo XX y no es sólo un proceso que afecte al arte, es algo que afecta a la visión del mundo. Una actitud destructiva, como decía Erich Fromm, una actitud necrófila.

Pero la belleza es necesaria, tanto más cuando las cosas se ponen difíciles. ¿Sabrá alguno de estos genios de la escena, de estos educadores de la sensibilidad contemporánea quien fue Max Reinhardt? En 1935 en plena gran depresión, con los nazis en el poder en Alemania y teniendo entusiastas partidarios en su patria austriaca, el fundador del Festival de Salzburgo, con la obra de William Shakespeare y la música de Felix Mendelssohn hacía algo como esto:

Y aquí, esta maravilla del Sueño de una noche de San Juan, completa.

William Dieterle y Max Reinhardt directores.
Guión: William Shakespeare
Música: Felix Mendelssohn con arreglos de Erich Wolfgang Korngold.
No tiene subtítulos, Los créditos y como tal, la película, comienzan en el minuto 6:32.

Feliz noche de San Juan a todos.

Ständchen

Ante diem tertium decimum Kalendas Iunias

Un lied, una canción, menos triste, más adecuada para despedir al maestro. Una grabación de 1951, de las primeras que realizó. La habré escuchado más de mil veces. En esta o en otras grabaciones posteriores, también por otros cantantes.

Está en el último ciclo de lieder de Franz Schubert: Schwanengesang, D.957

Pongo el enlace a Kareol, es la canción número 4. Hoy es un día en que no tengo tiempo de hacer una bonita entrada con la letra y su traducción al lado.

La estrella vespertina se apagó para ti

Ante diem quintum decimum Kalendas Iunias

Hoy se ha marchado para siempre Dietrich Fischer-Dieskau. Había nacido en 1925 y es verdad que era muy mayor y llevaba tiempo retirado, pero estaba ahí todavía, era una prueba de un tiempo que existió, de un tiempo compartido.

Dietrich Fischer-Dieskau fue el cantante que me descubrió el lied alemán de Schubert a Mahler. Fue el primer cantante del que me compré un disco, Lieder de Gustav Mahler, los Kindertotenlieder Lieder eines fahrenden Gesellen, unas grabaciones antiguas de los años 50. Pero no fue ni con Mahler ni con Schubert como lo descubrí, sino en la grabación de Carmina Burana de Carl Orff dirigida por Eugen Jochum, que mi profesor de latín, un profesor de esos que abren los caminos que luego recorreremos solos, trajo un día a una clase de 3º de BUP. Ese fue uno de los primeros discos de música clásica que compré, aquella grabación de una obra que hoy no me gusta especialmente, pero que fascinó a aquella adolescente que yo era. Allí estaba Dietrich Fischer-Dieskau cantando Estuans interius, ardiendo interiormente, una declaración de rebeldía medieval… Me enamoré de su voz y comencé a buscarlo y oirlo en Radio Clásica. Muy pronto llegaron los lieder de Mahler y Schubert y luego otras obras. Es cierto, que luego descubrí otras voces de su cuerda de barítono y me gustaron más, pero debo recordar con agradecimiento a quien me abrió las puertas de un mundo, porque fue todo un mundo lo que a partir de escuchar a Dietrich Fischer-Dieskau, insuperable en el lied, en el que me adentré a partir de entonces: fue el romanticismo alemán, musical, literario, pictórico. A los dieciséis años, en un aula, lo oía cantar en latín los Carmina Burana modernos…, a los diecinueve, un verano, estaba leyendo Fausto de Goethe.

Como ocurrió con Monserrat Figueras, que se fue demasiado pronto, también los discos en los que canta Dietrich Fischer-Dieskau ocupan muchos centimetros de estanteria en mi casa, pero hoy estoy un poco más sola.

 La letra de este terrible lied de Winterreise de Franz Schubert está en esta entrada del año pasado.

Y aquí cantando O du, mein holder Abendstern como Wolfram en el tercer acto de Tannhäuser de Richard Wagner. La grabación es en vivo, de 1949, cuando tenía veinticuatro años.

Letra en Kareol.

Gute Nacht

Ante diem quintum decimum Kalendas Martias: Lupercalia

Robles y chopos, han salido mientras escribo sobre cuadros y copias… y recuerdo los robles, con la misma silueta desnuda que pintó Caspar David Friedrich, los robles que nunca pudo ver, los nothofagus del hemisferio sur, que también se me presentaron en invierno…

Roble en la nieve, 1829. Nationalgalerie, Berlin

Invierno en un viaje que no espera la primavera. 

La letra traducida está aquí.

 

Asomada ante el abismo que se abre a mi vértigo

El Infinito de Giacomo Leopardi

Sempre caro mi fu quest’ermo colle
E questa siepe, che da tanta parte
Dell’ultimo orizzonte il guardo esclude.
Ma sedento e mirando, interminati
Spazi di là da quella, e sovrumani
Silenzi, e profondissima quiette
Io nel pensier mi fingo; ove per poco
Il cor non si spaura. E come il vento
Odo stormir tra queste piante, io quello
Infinito silenzio a questa voce
Vo comparando: e mi sovvien l’eterno,
E le morte stagioni, e la presente
E viva, e il suon di lei. Cosí tra questa
Inmensità s’annega il pensier mio:
E il naufragar m’è dolce in questo mare.
Siempre caro me fue este yermo cerro
y este seto, que priva a la mirada
de tanto espacio del último horizonte.
Más sentado y contemplando, interminables
espacios más allá de aquellos, y sobrehumanos
silencios, y una quietud hondísima
en mi mente imagino. Tanta, que casi
el corazón se estremece. Y como oigo
el viento susurrar en la espesura,
voy comparado este infinito silencio
con esta voz. Y me acuerdo de lo eterno,
y de las estaciones muertas, y de la presente
y viva, y de su música. Así, que entre esta
inmensidad, mi pensamiento anego,
y naufragar me es dulce en este mar.

Naufragar en el silencio y en la música.

Giacomo Leopardi, Cantos. Pensamientos. Traducción de Antonio Colinas. Galaxia Gutenberg 2006.

Ludwig van Beethoven, Cuarteto nº 13 en Si bemol mayor, Op. 130, 5º movimiento, Cavatina, Adaggio Molto Espressivo.

An die ferne Geliebte

Abstracta, alejada de la realidad, en blanco y negro, con la protagonista que le da el título muerta al iniciarse la historia. Laura, encarnada por una de las actrices más bellas de la historia del cine, Gene Tierney, 24 años en 1944. Un escritor acaudalado, cínico, excéntrico, Waldo Lydecker (Clifton Webb). Un vulgar policía, Mark McPherson (Dana Andrews), adicto a un prehistórico antecedente de los videojuegos. Todo parece una intriga policíaca más, hay que resolver el asesinato, hay que encontrar al culpable, sospechosos habituales…

Pero hay algo más. Un retrato. La imagen de Laura. Ese retrato, esa imagen será obsesiva en la historia. Porque los que la conocieron, la conocen, nos explican quien es Laura…, pero Laura es algo más que la bella y exquisita publicista, la amiga y obra cual Pigmalión de Waldo Lydecker. Es Mark McPherson, el policía, que no la ha conocido en vida, quien la sueña en la imposibilidad de encontrarla en la realidad, el que intuye quien es Laura…

Y la intriga llega a resolverse y está la Laura real, pero hay películas como esta que trascienden su género y entran en lo mítico. Laura es para los hombres de la historia sobre todo para Mark McPherson y Waldo Lydecker, algo más que una mujer bella y deseable, es el ánima, esa parte femenina de la psique masculina, siempre lejana, perseguida, esquiva, inasible, a la que se busca desesperadamente que se llegue a encarnar en una mujer real.

Historias que se adentran en el lado oscuro, mítico, del romanticismo. Escritas y dirigidas por hombres; hay más de una película que entra en este mundo mítico, pienso en Vértigo, de Alfred Hitchcock, 1958…, pero existen también, más escasas, menos claras, las historias del otro lado, cuando la psique femenina se encuentra con su ánimus, también esquivo, también inasible…, der fern Geliebter…, pero de esas historias no hablaré aquí.

A la amada lejana Op. 98

Texto de Aloys (Isidor) Jeitteles (1794 – 1858)

Música de Ludwig van Beethoven (1770 – 1828)


Al atardecer

Al atardecer…

Im Abendrot

Joseph von Eichendorff – Richard Strauss

Wir sind durch Not und Fraude / Con penas y alegrías,
gegangen Hand in Hand, / mano a mano, hemos caminado.
vom Wandern ruhen wir / Reposemos ahora de nuestros viajes,
nun überm stillen Land. / en la tranquila campiña.

Rings sich die Täler neigen, / A nuestro alrededor se inclinan los valles,
es dunkelt schon die Luft, / ya la brisa se ensombrece.
Zwei Lerchen nur noch steigen / Sólo dos alondras alzan todavía el vuelo
nachträumend in den Duft. / soñando de nuevo en el oloroso aire.

Tritt her und lass sie schwirren, / Acércate y déjalas trinar,
dass wir uns nicht verirren / para que no podamos perdernos
bald ist es Schlafenszeit, / pronto será hora de dormir,
In dieser Einsamkeit. / en esta soledad.

O weiter, stiller Friede! / Oh, inmensa y dulce paz,
So tief im Abendrot, / tan profunda al atardecer,
wie sind wir wandermüde / qué cansados estamos del camino.
ist dies etwa der Tod? / ¿será esto, entonces, la muerte?

Canta Jessye Norman. Orquesta de la Casa de los Pañeros de Leipzig, dirige Kurt Masur. 1983.

La línea divisioria de la modernidad I

Alnus, alisos, crecen en las riberas de los ríos. En el alfabeto de los árboles, que analiza Robert Graves en La Diosa Blanca, es el árbol de Bran. En la Batalla de los Árboles, Câd Goddeu, el aliso luchó en primera línea. Florece a mediados de marzo y da tres buenos tintes: rojo la corteza, verde las flores y pardo las ramas, símbolos del fuego, el agua y la tierra. Parte inseparable de los bosques europeos, los bosques que durante siglos fueron el lugar de las leyendas, el misterio y el peligro.

¿Quién en la noche oscura tiene razón? ¿El niño que delira? ¿El padre que lo tranquiliza? El padre es la voz de la razón quién no ve misterio en la niebla o las ramas secas de los sauces. El niño, quizá el niño no delira, el niño aún puede ver lo terrible, lo demoníaco, como una presencia en la naturaleza y no una idea. Quizá, quizá no es bueno separar tanto la naturaleza de la cultura.

EL REY DE LOS ALISOS D.328 (1815)
(Erlkönig)
Texto de Johann Wolfgang von Goethe (1749 – 1832)
Música de Franz Schubert (1797 – 1828)

Wer reitet so spät durch Nacht und Wind? / ¿Quién cabalga tan tarde a través del viento y la noche?
Es ist der Vater mit seinem Kind; / Es un padre con su hijo.
Er hat den Knaben wohl in dem Arm, / Tiene al pequeño en su brazos
Er faßt ihn sicher, er hält ihn warm. / Lo lleva seguro en su tibio regazo.
“Mein Sohn, was birgst du so bang dein Gesicht?” / “Hijo mío ¿Por qué escondes tu rostro asustado?”
“Siehst, Vater, du den Erlkönig nicht? / “¿No ves padre al Rey de los Alisos?
Den Erlenkönig mit Kron und Schweif?” / ¿El Rey de los Alisos con corona y manto?”
“Mein Sohn, es ist ein Nebelstreif.” / “Hijo mío es el rastro de la neblina.”
“Du liebes Kind, komm, geh mit mir! / “¡Querido niño ven conmigo!
Gar schöne Spiele spiel’ ich mit dir; / Jugaré maravillosos juegos contigo;
Manch’ bunte Blumen sind an dem Strand, / Muchas encantadoras flores están en la orilla,
Meine Mutter hat manch gülden Gewand.” / Mi madre tiene muchas prendas doradas.”
“Mein Vater, mein Vater, und hörest du nicht, / “Padre mío, padre mio ¿no oyes
Was Erlenkönig mir leise verspricht?” / Lo que el Rey de los Alisos me promete?”
“Sei ruhig, bleibe ruhig, mein Kind; / “Calma, mantén la calma hijo mío;
In dürren Blättern säuselt der Wind.” / El viento mueve las hojas secas.”
“Willst, feiner Knabe, du mit mir gehn? / “¿No vienes conmigo buen niño?
Meine Töchter sollen dich warten schön; / Mis hijas te atenderán bien;
Meine Töchter führen den nächtlichen Reihn, / Mis hijas hacen su danza nocturna,
Und wiegen und tanzen und singen dich ein.” / Y ellas te arrullarán y bailarán para que duermas.”

“Mein Vater, mein Vater, und siehst du nicht dort / “Padre mío, padre mío ¿no ves acaso ahí,
Erlkönigs Töchter am düstern Ort?” / A las hijas del Rey de los Alisos en ese lugar oscuro?”

“Mein Sohn, mein Sohn, ich seh es genau: /  “Hijo mío, hijo mío, claro que lo veo:
Es scheinen die alten Weiden so grau.” / Son los árboles de sauce grises.”
“Ich liebe dich, mich reizt deine schöne Gestalt; / “Te amo; me encanta tu hermosa figura;
Und bist du nicht willig, so brauch ich Gewalt.” / Y si no haces caso usaré la fuerza.”
“Mein Vater, mein Vater, jetzt faßt er mich an! / “¡Padre mío, padre mío, ahora me toca!
Erlkönig hat mir ein Leids getan!” / ¡El Rey de los Alisos me ha herido!”

Dem Vater grauset’s, er reitet geschwind, / El padre tiembla y cabalga más aprisa,
Er hält in Armen das ächzende Kind, / Lleva al niño que gime en sus brazos,
Erreicht den Hof mit Müh’ und Not; / Llega a la alquería con dificultad y urgencia;
In seinen Armen das Kind war tot. / En sus brazos el niño estaba muerto.

Traducción, modificada, procedente de Wikipedia.
Canta Jessye Norman