Cerrado por obras

Piero di Cosimo, Vulcano y Eolo c. 1495-1500, National Gallery of Canada, Ottawa

Nonae Augustae: Festum Salutis

Este blog cesa en su publicaciones hasta los Idus de Septiembre (por lo menos).

Las visitas bajan muchísimo en verano, a pesar de que buena parte de sus lectores llegan desde el hemisferio sur y allí no es precisamente verano. Además, quiero hacer cambios en el diseño y en la plantilla. WordPress.com tiene muchas plantillas, pero son rígidas. Lo que me puede gustar de una de ellas, sus posibilidades, puede no gustarme por otra, porque su ancho, sus columnas, o porque sus fuentes, no se pueden cambiar, a no ser que pagues. En eso es algo que gana Blogger. Tengo que probar bastante para dar con la que considere adecuada. Este momento con pocas visitas y muchos ratos es el adecuado para hacerlo.

Es posible que en algún momento el blog aparezca cerrado dado que estaré haciendo pruebas con la plantilla y el diseño. Será algo temporal dado que el blog no desaparece. Y las entradas y sus comentarios continúan abiertos.

Ahora, a la vez, descanso y manos a la obra.

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Tentaciones

Antonello da Messina. San Jerónimo en su estudio 1474-1475. National Galley, Londres

Ante diem quintum decimum Kalendas Iulias

Tentaciones ante el escritorio. Tentaciones cuando se llevan horas ante los papeles, cuando los dedos y hasta el antebrazo de manchan de tinta, cuando por más que pasen las horas el trabajo apenas disminuye. Cuando solo desplegando las pestañas del navegador puedes ceder a la tentación y ausentarte de lo que estás haciendo por obligación, que tiene una fecha fija de término y no es demorable.

¿Sentiría algo así el San Jerónimo de Antonello da Messina? Entre tantas representaciones que hay de este santo no especialmente simpático, me quedo entre todas con esta. Con esta y con las otras dos que aparecerán en la entrada. Qué nórdica es esta pequeña tabla y a la vez tiene un indefinible aire mediterráneo, no sé si por el fresco suelo de baldosas vidriadas. El pintor siciliano que conoció la obra de Jan van Eyck, que introdujo la técnica de la pintura al óleo en Italia. Quizá pintó este cuadro en Venecia. El estudio de San Jerónimo se adelantó en treinta años al de San Agustín de Vittore Carpaccio.

La vida en otras épocas sería más sencilla para quien trabaja entre los libros, pero no dejaron de existir las distracciones y la tentación de abandonar el trabajo, de vagabundear por otras páginas. La labor de San Jerónimo fue ardua, pues consagró su vida a la traducción de la Biblia al latín, la Vulgata. Muchos siglos después, cuando Antonello de Mesina lo pintaba en su estudio y Carpaccio pintaba a San Agustín en el momento de escribirle una carta, la Vulgata ya no era la Biblia que podía entender el pueblo.

De la inmensa iconografía de San Jerónimo me gusta especialmente este cuadro, tan sereno, con sus pequeños detalles. El león entra por la derecha, pero el gato, menos exigente que mis gatas que saltan sobre el teclado y se frotan contra el monitor, está tranquilo a los pies de escritorio. Una estructura de madera donde está la mesa, las estanterías, todo ello dentro de un recinto de piedra más grande. No es recurso teatral del pintor. Las grandes salas de las abadías solían tener estas divisiones internas en madera, no solo por preservar una privacidad que entonces aún no existía, sino para poder calentar el recinto en los días fríos del invierno.

Sí, San Jerónimo, patrón de los traductores, de los estudiosos, es un santo que sufrió tentaciones, pero para tentaciones tradicionales mejor irse a las de San Antonio. Hay muchas pinturas sobre San Jerónimo haciendo penitencia e incluso siendo tentado. Lo representan anciano porque logró la proeza en su tiempo llegar a octogenario. Pero esas tentaciones las tendría siendo joven, pues dudo que cierto tipo de tentaciones sirvan de algo a las tentadoras cuando el tentado ha alcanzado tantos años. Creo que las tentaciones de San Jerónimo, gran erudito, serían otras. Hay dos curiosos cuadros donde San Jerónimo cambia. Están en el Monasterio de Guadalupe, en Cáceres y no hay muchas imágenes de ellos, ni siquiera la Web Gallery of Art las tiene. Uno lo conocí siendo estudiante y cuando lo vi en la diapositiva, mis compañeros y yo no pudimos evitar una sonrisa. El otro no lo vi hasta años más tarde, cuando visité el monasterio y el guía de las salas metía prisa al grupo, hasta que protesté. Alguien tiene que ir de malo y plantarse. Pero al menos pude ver tranquilamente los cuadros de Francisco de Zurbarán. No se recorren 750 Km. para marcharse en cinco minutos.

Franciso de Zurbarán: San Jerónimo flagelado pro los ángeles, 1639. Monasterio de Guadalupe

Franciso de Zurbarán: San Jerónimo flagelado por los ángeles, 1639. Monasterio de Guadalupe

Es increíble como los dos ángeles descargan los golpes sobre la espalda del único San Jerónimo que conozco que no es viejo, sino joven, con todo su pelo negro. Hay una tentación que tenía San Jerónimo, que le desviaba de los escritos sagrados que debía leer, estudiar, quizá hasta de su trabajo de traductor. Y fue castigado. Castigado porque le gustaba demasiado Cicerón. No se puede tener nostalgia en la lengua hablada del siglo IV, cuando el latín degeneraba hacia lo que serían las lenguas romances, de la elegancia de los escritores del siglo I a. C., paganos además.

Para un San Jerónimo que es castigado ante Cristo por los ángeles no podía haber tentaciones vulgares. Si alguien tiene arrepentimientos por sus pecados de tipo literario y cultural merece tentaciones especiales. Pareja de este cuadro es ya un San Jerónimo viejo, delgadísimo y demacrado, con su libro y su calavera, con sus instrumentos de trabajo. ¿Acaso no tendría un momento de desánimo? ¿Un lapsus calami? ¿No se cansaría de las listas interminables de los patriarcas? También hay que parar a veces. Yo creo que los mismos ángeles que con tanta energía le daban zurriagazos se apiadaron de él esta vez y le mandaron ellos mismos la tentación. A fin de cuentas creo que solo querían que descansara un rato y escuchara.

Franciso de Zurbarán: Tentaciones de San Jerónimo, 1639. Monasterio de Guadalupe

Franciso de Zurbarán: Tentaciones de San Jerónimo, 1639. Monasterio de Guadalupe

Alonso Mudarra (c.1510 – 1580) Fantasía que contrahaze la harpa en la manera de Luduvico.

Luis de Milán (c.1500 – c.1561) Divisiones y Paradetas, improvisaciones sobre Diego Ortiz.

Fuente de las imágenes de Guadalupe: The Yorck Project: 10.000 Meisterwerke der Malerei. DVD-ROM, 2002. ISBN 3936122202. Distributed by DIRECTMEDIA Publishing GmbH

La mascota del pintor

Scuola di San Giorgio degli Schiavoni

Scuola de San Giorgio degli Schiavoni. (Escuela Dálmata de los Santos Jorge y Trifón, Giorgio e Trifone) Venecia

Ante diem quintum Idus Iunias: Festum Iovis Pistoris, Vestalia

El domingo está cerrada. Hay que esperar al lunes llegando desde el Palazzo Grimani, callejeando entre los canales. Se llega por la fondamenta, ese extraño nombre que tienen las “aceras” que bordean los canales. O se ve la fachada entera de forma oblicua o se ve, como en la foto, con su fachada en parte tapada. Esas son las perspectivas de Venecia. En Venecia no hay calles rectas, ni avenidas. Prácticamente el único lugar en tierra con amplias perspectivas es la Piazza San Marco.

No es un edificio grande, pero los arquitectos renacentistas y barrocos sabían mucho de fachadas. La scuola tiene la misma estructura que las otras que hay en la ciudad. La reglamentación de la República era clara y no se la saltaban: una sala terrena, y otra en el primer piso con otra sala adyacente. Se abre la puerta, y sin vestíbulo, se entra directamente en la sala terrena. Sorprende lo pequeña que es, la fachada da la impresión que será más grande. Casi siempre ocurre así cuando lo que está detrás de la fachada es pequeño. Se entra en la sala oscura, casi tropezando con los bancos de madera y a la derecha, está. No lo esperaba ver tan pronto. Es de sus pinturas la que prefiero, pero también están las otras dos, las que fueron mi primer San Jorge en el arte.

Vittore Carpaccio. San Jorge y el dragón. 1502

Vittore Carpaccio. San Jorge y el dragón. 1502

Es un pintor extraño del que se sabe poco. Casi toda su obra, al menos la más importante está en Venecia. Johannes Wilde lo deja de lado en su estudio de la pintura veneciana y lo califica de pintor provinciano. Nunca tuvo la fama de los florentinos del Quattrocento, sin embargo es quizá el primer veduttista de Venecia, tres siglos antes de que pinten la ciudad Canaletto y Guardi.

Cuando se entra en la penumbra de la sala terrena de la Scuola de San Giorgio degli Schiavoni, o la Escuela Dálmata de los Santos Jorge y Trifón, se está ante una de las pocas scuole que subsisten como tales y que mantienen su sede íntegra. Las scuole eran unas instituciones específicamente venecianas, cofradías de laicos que bajo la protección de un santo patrón tenían una red de caridad, ayuda, hospitales y en el caso de extranjeros, en una ciudad que rebosaba de ellos, les proporcionaba un sentimiento de pertenencia, el sentir que no estaban solos y podrían recibir ayuda de sus compatriotas. No era esta la scuola más rica, no es comparable a las ricas y poderosas Scuole Grandi, pero logró que uno de los pintores más famosos del momento decorara su sala terrena.

Sin embargo la decoración de esta sala que dista de ser grande es heterogénea: historias de San Jorge, San Trifón, un santo niño, San Jerónimo y por último, San Agustín. Todas estas obras, unas más que otras, las había ido viendo a lo largo de los años, en libros primero, en internet después. Primero fue el San Jorge, con su armadura negra de acero pavonado, pocos tan dinámicos en el ataque del monstruo. La princesa en segundo plano a la derecha, quieta y esperando, no encadenada. Pero fue este San Jorge quien me hizo atar cabos en mis primeras lecturas casi infantiles todavía de la mitología clásica. La escena y la historia se parecían demasiado a la de Perseo y Andrómeda. La historia de San Jorge continúa después y fue mártir, pero qué poco ha interesado al arte esa parte. Para San Jorge y la princesa ya no hubo un lugar en el firmamento, el cielo estaba ya ocupado cuando llegó el cristianismo y asimiló a héroes de la mitología griega.

Pero está la pintura a la derecha de la entrada, la que más me interesaba ver. Después de la heroica lucha de San Jorge con el dragón y su muerte, después de las extrañas historias del niño Trifón, y después de los curiosos episodios no habitualmente representados de la vida de San Jerónimo. Esta rareza de la Visión de San Agustín en su estudio.

La sala terrena de la scuola no es grande, sin embargo al ver este cuadro nos hace la impresión de ver una sala mayor que la de la realidad que tenemos delante. Para ser un estudio de finales del siglo XV o principios del XVI es muy espacioso. Quizá el estudio más famoso representado en el arte sea el de San Jerónimo, especialmente el de Durero, casi coetáneo. Pero desde que tuve conocimiento de la Visión de San Agustín me fascinó tanto, que ahora que lo describo para este escrito, me doy cuenta de tantas cosas de las que hay en él que han ido colonizando o mimetizándose en mis espacios de trabajo.

Vittore Carpaccio. Visión de San Agustín 1502. Scuola di San Giorgio degli Schiavoni

¿Sería así un estudio humanista de la época? Una habitación cuadrada con techo de casetones, muy grande, con las ventanas que supuestamente iluminan en la pared derecha, justo donde está la mesa. Domina el verde relajante con toques de su complementario rojo, aunque nada de eso se sabía entonces de los colores. San Agustín era obispo de Hipona y al fondo, en la hornacina donde está el altar con el Cristo resucitado, están los símbolos de su cargo, el báculo inclinado y la mitra…, sobre la mesa del altar. Quizá el santo ha llegado con prisa de alguna ceremonia y no ha encontrado mejor sitio donde dejarlo. Es su estudio particular, su casa. Hasta un santo tiene derecho al desorden. En un espacio tan amplio hay pocos muebles: un sillón, un reclinatorio. A ambos lados del altar dos armarios, el de la derecha está cerrado, pero el de la izquierda está abierto y se puede ver un estante con un facistol y varios libros. Si yo abriera un armario parecido, también a espaldas de una de mis mesas de trabajo, serían otras cosas las que habría, la tecnología de la modernidad quiero tenerla tras una puerta. Y a lo largo de toda la pared izquierda corre un estante poco profundo con libros ¿o son carpetas? Y un estante inferior con esculturas y vasijas, y un extraño candelabro con brazo de sierra que sostiene la lámpara y que también está simétricamente en la otra pared y me recuerda vagamente los candelabros de La Bella y la Bestia en la película de Jean Cocteau. Y libros por todas partes, grandes mamotretos con cierres metálicos por el suelo, una esfera armilar y libros de partituras abiertos. No asocio a San Agustín con la música, pero el primer libro enteramente impreso de música se había publicado en 1501. San Agustín no me cae especialmente simpático, aunque le debo una de las lecturas que más me han divertido de un libro de filosofía: La Ciudad de Dios. Cada uno tiene sus perversiones.

Y esa mesa tan amplia. Uno de sus apoyos son dos ménsulas en la pared, al otro lado, un elaborado trípode metálico. Qué moderna parece en su solución. Ligera visualmente, nada pesada, con el sobre de cuero verde, sujeto por clavos decorados. Como todos los que tenemos mesas grandes éstas tienen a llenarse. Varios libros amontonados a la derecha, pero la zona de trabajo despejada, el libro abierto y la nota en el filo, el pos-it de la época. El tintero, unas tijeras. Cuántas veces no encuentro las tijeras en el desorden de libros y papeles y hay que acudir a las que están en otra habitación, que a su vez se extraviarán también. Una campana. Y si no me equivoco, la concha de un caurí. ¿Le gustaban al modelo pintado o al pintor estas curiosidades de la naturaleza? Debo decir en mi descargo que antes de conocer este cuadro, yo amontonaba, y continúo haciéndolo, cosas semejantes, pues una lucha ha sido no convertir ciertas habitaciones o muebles en un gabinete de Historia Natural.

San Agustín está sentado en un banco, también forrado de cuero verde, a la mesa, trabajando. El libro abierto, y la carta que está escribiendo a San Jerónimo, ambos son santos escritores. La mirada queda perdida y el cálamo o la pluma en el aire, la mano sobre la mesa ¿Quién no ha tenido ese gesto mientras trabaja? Mientras se persigue una idea, una palabra, la consulta que se quiere hacer. Lo más seguro ahora es que la mano quede en el aire sin tocar el teclado y los ojos no vean lo que hay en la pantalla. La luz entra por la ventana de la derecha y crea sombras en el suelo. ¿Qué es lo que ve este San Agustín hombre de mediana edad, muy lejos todavía de la vejez de San Jerónimo? Un anuncio sobrenatural, ya no tendrá que escribirle la carta pues San Jerónimo ha muerto como se ve en el telero que precede a este en la pared.

Durante años leí que el San Agustín de la Scuola de San Giorgio degli Schiavoni era un retrato del cardenal Besarión, personaje hoy quizá olvidado entre otros nombres que han saltado con más suerte a los libros de divulgación, pero que luchó por la unión de las Iglesias Católica y Ortodoxa para salvar Constantinopla. Constantinopla cayó, pero la labor de Besarión por salvar la cultura de la Grecia de la Antigüedad fue importantísima. Recogiendo todos los libros que pudo de las zonas no tomadas aún por los turcos y salvando bibliotecas. Su biblioteca fue la más importante de la época en cultura griega y al morir, la dejó a la ciudad de Venecia, la república que había herido de muerte a Constantinopla en 1204, siendo el origen de la Biblioteca Marciana. Sin Basilio Besarión, no habría sido posible el Humanismo y el Renacimiento como lo conocemos.

En esta sala terrena las identidades se confunden. El rubio San Jorge, cristianización de Perseo, un San Agustín que nunca supo griego usando la apariencia del helenista Cardenal Besarión.., o no al parecer. Besarión es el personaje de perfil con capucha, a la izquierda, en el telero de la muerte de San Jerónimo. La identificación con la que me he encontrado cuando me puse a comprobar datos para este escrito sobre el espacio de un estudio humanista, apunta a que el personaje que presta sus rasgos a San Agustín no es Besarión, sino el obispo Angelo Leontino, legado apostólico en Venecia, que en 1502 donaba a la Scuola de San Giorgio una reliquia de San Jorge y le asignaba una importante y remunerativa indulgencia.

Pero hay otro personaje en este cuadro, que no aparece en ningún otro de los teleri de la sala. El perrito blanco, sentado, atento, que mira a San Agustín. Conozco esa mirada, también en una bola blanca que espera mientras trabajo, aunque no sea un chucho sino un minino. Será educada, pero pronto será impaciente: quiero salir, juega conmigo, sabes que ya es hora de comer… Y habrá controversias sobre la identidad de San Agustín-Besarión-Leontino, pero yo sé quién es ese perrito. Es el mismo que aparece en una góndola, pintado seis años antes en El Milagro de la Santa Cruz en el Puente de Rialto, para la Scuola de San Giovanni Evangelista y que hoy está en las Gallerie dell’Accademia. Ningún estudio, ni de trabajo erudito, ni el taller de un pintor, pueden estar faltos de esa presencia animal que te baja de las alturas a la tierra. Estoy segura que Vittore Carpaccio quiso darle a su mascota la inmortalidad reservada a los santos que pintó para la Scuola.

Detalle de Milagro de la Cruz en el Puente de Rialto

Joan Ambrosio Dalza – Libro de Laúd 1508

Visión de San Agustín (detalle)

Beatus vir

Ante diem tertium Idus Martias

Claudio Monteverdi es quizá el compositor que me ha proporcionado más horas de felicidad. Y en la República de Venecia es donde fue más apreciado y valorado su trabajo sin ser explotado laboralmente como ocurrió en la corte de Mantua. Qué poco sabían estos príncipes con plumas de pavo real que si hoy recordamos sus nombres es por los artistas que los pintaron o que trabajaron para ellos, que sí dejaron una obra eterna. 

Vespro della Beata Vergine 1610 – Selva Morale e Spirituale 1640
Salmo 112 – Beatus vir

Beatus vir, qui timet Dominum: / Feliz el hombre que teme al Señor 
In mandatis eius rolet nimis. / y se complace en sus mandamientos.
Potens in terra erit semen eius; / Su descendencia será fuerte en la tierra;
Generatio rectorum benedicetur. / la posteridad de los justos es bendecida.
Gloria et divitiae in domo eius; /  En su casa habrá abundancia y riqueza,
Et justitia eius manet in saeculum saeculi. / su generosidad permanecerá para siempre.
Exortum est in tenebris lumen rectis: / Para los buenos brilla una luz en las tinieblas:
Misericors, et miserator et justus. / es el Bondadoso, el Compasivo y el Justo.
Jucundus homo qui miseretur et commodat. / Dichoso el que se compadece y da prestado,
Disponet sermones suos in judicio: / y administra sus negocios con rectitud.
Quia in aeternum non commovebitur. /  El justo no vacilará jamás,
In memoria aeterna erit justus. / su recuerdo permanecerá para siempre.
Ab auditione mala non timebit. / No tendrá que temer malas noticias:
Paratum cor eius sperare in Domino; / su corazón está firme, confiado en el Señor
Confirmatum est, cor eius: / Su ánimo está seguro, 
Non commovebitur, / y no temerá,
Donec despiciat inimicos suos. / hasta que vea la derrota de sus enemigos.
Dispersit, dedit pauperibus: / El da abundantemente a los pobres:
Justitia eius manct in saeculum saeculi, / su generosidad permanecerá para siempre,
Cornu eius exaltabitur in gloria. / y alzará su frente con dignidad.
Peccator videbit, et irascetur; / El malvado, al verlo, se enfurece,
Dentibus suis fremet et tabescet. / rechinan sus dientes y se consume;
Desiderium peccatorum peribit. / pero la ambición de los malvados se frustrará.

La traducción es la de la Biblia de Jerusalén. No me parece la mejor del mundo, pero ahora estoy pasando unos días de explotación laboral que no me permiten exquisiteces filológicas.

Ars Germaniae

Matthias Grünewald, Altar de Isenheim: Anunciación, Natividad, Entierro de Cristo y Resurrección. c. 1505. Museo Unterlinden, Colmar (Francia)

Ante diem sextum decimum Kalendas Ianuarias: Saturnalia
Dies Lunae

Como país de arte no se piensa en Alemania como primera opción. Alemania está unida a la idea de la música, pero tampoco fue un territorio musical de primera fila hasta el siglo XVIII. El gótico, que se consideró el arte germano por excelencia en el romanticismo, es obra del archienemigo francés. En los comienzos del Renacimiento, Alemania tiene a un grande de la pintura: Albrecht Dürer, Alberto Durero. Pero el territorio germano, el territorio durante casi mil años del Sacro Imperio Romano Germánico, el territorio dividido política y religiosamente, quedó como rezagado o marginal entre los dos espacios artísticos más dinámicos de los inicios del mundo moderno, el mundo del arte flamenco y el del arte italiano. El mundo germánico quedó muchos años más cerca de la sensibilidad de finales del gótico, como también le ocurrió al espacio ibérico.

Cuando se viaja por la zona renana, la Selva Negra o Baviera, en las iglesias de los pueblos, en las catedrales, en los museos, se ven cosas que no nos resultan  extrañas. No es que el arte italiano resulte extraño, pero es demasiado hermoso, demasiado clásico incluso en la edad media. La abundancia de la escultura religiosa en madera, muchas veces policromada, los grandes retablos, el expresionismo patético de las escenas religiosas, las capillas abiertas a la calle con escultura de terracota. No, no fue el mundo italiano quien influyó en el sentir artístico de tierras situadas a más de tres mil kilómetros de las del imperio. El mundo artístico germano y el de la península ibérica están más cerca de lo que parecen.

Hay otro rasgo inquietante en el arte germánico, un rasgo que no tiene el arte italiano y que aunque en el arte flamenco está, en el Bosco, en Pieter Bruegel el Viejo, no tiene el desarrollo que se da en ciertos artistas alemanes. Francisco de Holanda cita a Miguel Ángel en su opinión de la pintura flamenca: “su pintura se compone de telas, construcciones, verduras de campos, sombras de árboles, y ríos y puentes que ellos llaman paisajes, y muchas figuras por aquí y muchas figuras por allá”. Quizá podríamos llamar a la pintura, al arte italiano del renacimiento, un arte en verdad humanista, un arte centrado en la figura humana, que aunque esté en grupo siempre destaca la individualidad. El arte de la pintura del norte es más el del detalle, pero en el arte germánico, en pinturas como la de La batalla de Alejandro de Albrecht Altdorfer, en los grabados de Durero, en la pintura de Grünewald y sus diablos, que aparecen en el documental, hay algo más que “muchas figuras por aquí y muchas por allá”, en esas obras está la multitud, la multitud amenazante, la masa. La masa, el monstruo de los mil rostros sin individualidad.

Seguiré en otra ocasión porque este documental se me ha cruzado con viejos temas y borradores.

El Arte de Alemania
Andrew Graham-Dixon

1

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Heinrich Isaac (1450 – c.1517) – Innsbruck, ich muß dich lassen

Innsbruck, ich muss dich lassen,
ich fahr dahin mein Strassen im fremde Land da hin.
Mein Freud ist mir genommen,
die ich nit weiß bekommen,
wo ich im Elend bin.

Groß Leid muss ich jetzt tragen,
das ich allein tu klagen dem liebsten Buhlen mein
Ach Lieb, nun lass mich Armen
im Herzen dein Erbarmen
daß ich muss von dannen sein.

Mein Trost ob allen Weiben,
Dein tu ich ewig bleiben stets treu, der Ehren fromm.
nun muss dich Gott bewahren,
in aller Tugend sparen,
bis daß ich wieder komm!

No hay traducción de momento.

Simulacro I

Turku, Castillo. by Hesperetusa
Turku, Castillo., a photo by Hesperetusa on Flickr.

Ante diem quintum Idus Novembres: Ludi Plebei

Turku o  Åbo  en sueco, es la ciudad más antigua de Finlandia, remontándose su origen seguro hasta el siglo XII y fue su capital hasta 1812, en que fue desplazada por la entonces minúscula Helsinki. Su castillo, que visité una gélida mañana cuando este año estaba en sus inicios, es también el más antiguo de Finlandia, con partes que se remontan al siglo XIII.

Cuando se lee el folleto guía del museo, el fantasma del castillo nos da la bienvenida y nos ruega que no hagamos ruido y que no utilicemos el flash porque puede deslumbrarle. El castillo, enorme, tiene un recorrido muy bien organizado, y varios museos en el interior: un museo de artes decorativas y de la vida cotidiana en los pisos superiores, y en los sótanos, un museo desde la prehistoria hasta la edad media. El propio castillo es ya un museo, porque aunque sus partes más antiguas sean del siglo XIII, la parte más importante es la del siglo XVI, cuando Gustavo Vasa (1496-1560) asumió la corona sueca, el territorio finlandés era una provincia sueca, y visitó varias veces Turku, alojándose en el castillo. El castillo también tiene partes de los siglos XVII y XVIII.

Como todos los castillos europeos ha pasado por tener diversas funciones, una de las más comunes de prisión en el siglo XIX y en 1941 fue bombardeado por los soviéticos con bombas incendiarias en la Guerra de Continuación, la parte finesa junto con la Guerra de Invierno, de la Segunda Guerra Mundial. El castillo con su exterior sobre el que parece que han pasado los siglos se abrió al público como monumento y museo en 1961.

Castillo de Turku en 1941

La parte quizá arquitectónicamente más interesante es la parte del siglo XVI, las salas en que hay pinturas murales de la Batalla de Pavía, que acababa de suceder, para recibir a Gustavo Vasa. También la sala de los graffiti donde los jóvenes caballeros del castillo vivían y se entrenaban para guerra, como Moritz que dejó su nombre en las paredes.

Moritz 1581

Pero, el castillo fue casi totalmente destruido en 1941, y esos restos se conservan con gran detalle. Quizá estaban cubiertos, lo más seguro, por pintura o encalados… Me gustaría pensar que esas salas, esas pinturas, la capilla luterana del siglo XVII con su curioso mobiliario de bancos que encierran a los fieles que asisten al servicio…, son auténticos.

Porque la sorpresa viene cuando leyendo el folleto, tras haber visto los cuadros, retratos casi todos de los siglos XVI al XVIII, y los tapices flamencos de la gran sala de reuniones con mobiliario moderno, te dice el folleto que todos son copias. Las obras originales están en Helsinki, en el Museo Ateneum. Dan el cambiazo totalmente como si fueran auténticos, poseen hasta la pátina de mugre y la oxidación de los barnices.

Retrato de una reina

Tienen la impericia de los pintores que no eran los mejores de la época. Desde luego no son cromitos de colorines, esa es una de las razones del engaño. Un engaño muy bien hecho.

Un castillo en la periferia de la periferia de Europa, en una ciudad que ha sufrido incendios como el de 1827 que casi la destruye completamente, un castillo que soporta los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, pero un castillo en el que ahora como en tantos otros monumentos, se nos dice: “esta pintura de 1526, se realizó para la primera visita de Gustavo Vasa a Turku”.

Batalla de Pavía, pintada para recibir a Gustavo Vasa en 1526

Michael Praetorius – Danzas de Terpsichore 1562

 

Juditha Triumphans

Sandro Botticelli, El retomo de Judit a Betulia, c. 1472, Galleria degli Uffizi, Florencia

Nonae Octobres: Ludi Divi Augusti et Fortunae Reducis , Iuppiter Fulgur, Iuno Curitis

Caminamos por la gran nave del siglo XII y lo veremos, un capitel entre otros, todo está allí ya representado: la terrible acción en la tienda, la criada con la alforja esperando, el regreso de las dos mujeres, la sorpresa de los defensores en la muralla cuando las ven llegar con la cabeza del general enemigo. Son tan delicadas, tienen una sutil elegancia y se puede ver en sus finos rostros la dulzura que tres siglos más tarde pintará Botticelli. Y la incredulidad viene porque esa historia, esa representación es única o tan escasa en la Edad Media. He visto en San Pedro de Moissac a Salomé, sin cara, destrozada por el vandalismo del siglo XIX, con el cabello suelto danzando mientras la cabeza de San Juan Bautista está sobre la mesa entre dos panecillos, pero Judith, Judith no aparece por ninguna parte. Princesas del remoto siglo X tuvieron ese nombre, pero la Judith bíblica, ese libro no aceptado por todas las comunidades judías ni por los protestantes en el canon, solo parece tener la atención de los exégetas medievales. Si Judith tiene alguna representación estará encerrada en la miniatura de una Biblia…, y entonces, mientras busco los antecedentes de esa historia tan representada durante tres siglos me pregunto por esa extraordinaria iconografía medieval, aislada, que presenta lo que pintará Botticelli, Mantegna, Miguel Ángel, Tinttoreto, Caravaggio, Artemisia Gentileschi… Y la respuesta viene fácilmente: el capitel es un falso capitel medieval, es un capitel del siglo XIX cuando la basílica fue restaurada por Viollet-le-Duc. De ahí que las escenas que representa sean las que en siglos posteriores pintarán y esculpirán los grandes y pequeños del Renacimiento y el Barroco. Pero en el siglo XIX cuando degenera su iconografía, Judith tiene su más hermosa y respetuosa representación.

Judith no parece existir en la Edad Media. Ciertas historias se repitan a lo largo de los siglos. Algunas tienen una gran representación en los primeros siglos del cristianismo y luego desaparecen. Otras vendrán después y la de Judit es una de ellas. A excepción de ejemplos aislados en algún relieve o capitel inencontrable o perdido en algún estudio escondido, Judith no parece existir hasta los inicios del Renacimiento. Es una historia del Antiguo Testamento y no directamente relacionada con la Redención leída more rabínico, su protagonista es una mujer en una situación difícil, ambigua, y cuyo heroísmo no será totalmente apreciado.

El Libro de Judith forma parte del los Libros Sapienciales y fue probablemente escrito en siglo II a.C., tiene grandes errores históricos: Nabucodonosor (c.630 – 562 a.C.)  no fue rey de Asiria sino de Babilonia, y su padre Nabopolasar fue responsable de la destrucción de Nínive (612 a.C.), la capital del terrorífico reino asirio. Pero Nabucodonosor es una figura que sale en otros libros del Antiguo Testamento, especialmente Daniel, como acérrimo enemigo del pueblo judío. El desconocido autor del Libro de Judith cuatro siglos más tarde unió dos de los recuerdos más terribles de su pueblo, los asirios y Nabucodonosor responsable del primer exilio forzado. Y frente a esos poderosos enemigos, el héroe aparentemente indefenso: una mujer, que con su valor y astucia salvará a su pueblo.

Como salvadora de su pueblo y teniendo en cuenta las alabanzas que se le dedican al final del libro, Judith ha sido considerada una prefiguración de la Virgen María. En la Psichomachia, la Batalla por el Alma del Hombre, del poeta Prudencio en el siglo V, Judith es asociada a la figura de la virtud de la Castidad que decapita al vicio de la Lujuria representada por Holofernes. Ese es el esquema que se va repetir en la Edad Media y así parece en algunos manuscritos de Biblias del siglo XII. Pero el tema se va a distanciar de esos valores morales y teológicos en el Renacimiento que es cuando nace la iconografía conocida de Judith.

Pero en el Renacimiento y en el Barroco Judith no va a ser tanto un tema religioso como un tema cívico. Judith es una heroína, es el débil, el humilde, que doblega y vence al fuerte, al enemigo. Judith salva a su ciudad de la destrucción. Es de destacar que al tiempo que la iconografía de Judith se desarrolla, también cambia la iconografía del rey David. El David de la Edad Media suele ser el autor de los Salmos, el rey músico, muchas veces representado como anciano. El David del Renacimiento y del Barroco tendrá dos representaciones principales: el joven que vence a Goliat y esta iconografía es contemporánea de la de Judith, y el rey que seduce o es seducido por el baño de Bethsabé, cuyo desarrollo iconográfico también es paralelo a las ambiguas representaciones de Judith.

La primera importante representación de Judith, no medieval es la de Donatello acabada en 1457. Esta estatua pasó del patio del Palazzo Medici a la Piazza della Signoria tras la expulsión de los Medici en 1494 como un símbolo de la libertad frente a la tiranía. Estuvo en el sitio que luego ocupó el David de Miguel Ángel en 1504. Pero Judith no abandonó la plaza, pues fue puesta bajo la Loggia della Signoria, la Loggia dei Lanzi, donde compartió el espacio años después con su contrarréplica: el Perseo de Benvenuto Cellini. Y es que esta Judith valiente y virtuosa, completamente cubierta por sus ropas y velos, ya suscitó la polémica que la iba a acompañar siempre, hasta que a finales del siglo XIX su iconografía degenerara en las representaciones repulsivas de fantasías misóginas y masoquistas.

Judith como prefiguración de la Virgen María, como salvadora de su pueblo solo podía quedar en la exégesis bíblica. Judith, como María Magdalena, es una figura incómoda. Para empezar no es una tranquilizadora doncella. Es una virtuosa viuda que utilizará la seducción de su belleza como arma de guerra. La viuda es probablemente la única mujer libre y autónoma en las sociedades patriarcales, que son todas. Lo que haga una viuda con su cuerpo no dejará huellas, excepto algún embarazo que tendrá que ocultar. Se insiste en que Judith desde la muerte de su marido Manasés tres años y medio atrás, ayuna, hace penitencia, no sale de su casa ni se engalana excepto el Sabbat. Qué tranquilizador resulta esto. Pero Judith es joven y de gran belleza, y rica. Cuando Judith toma la decisión de salir de Betulia para meterse en la boca del lobo, antes ha recordado la violación de una doncella. Porque la ciudad sería destruida, saqueada, sus habitantes asesinados y convertidos en esclavos, pero a las mujeres de Betulia les esperaba algo más: la violación, que también ha sido usada siempre como arma de guerra. Judith decide utilizar su belleza desperdiciada. Esta mujer se separa demasiado de la Virgen María.

En la historia de Judith, en sus representaciones artísticas siempre planea esta situación y la posible censura de la historia bíblica, que tiene algo de cuento de hadas. Los artistas han insinuado la posibilidad de que Judith tuvo que hacer algo más que observar y esperar cuatro días. Que la noche del cuarto día, cuando se introduce en la tienda con Holofernes tras el banquete ha tenido que hacer algo más que esperar a que cayera rendido por la borrachera. Pero es una viuda, de lo que haya pasado será su palabra siempre la que prevalecerá si triunfa.

En el Renacimiento y el Barroco los artistas, especialmente pintores han representado a Judit con la cabeza de Holofernes. Y el inmediatamente después, cuando las dos mujeres Judith y Abra, huyen con la cabeza. Nos solemos olvidar que aquí hay dos heroínas que se juegan la vida, porque poco habría podido hacer Judith sola. Es cierto que una mujer noble nunca habría salido sola, pero Abra tuvo que ser sabedora desde el principio donde se metía y lo que le podía ocurrir también. Es en el Barroco, aunque ya hay representaciones en el Renacimiento, la de Donatello por ejemplo,  donde se representa el “durante”: cuando Judith corta la cabeza a Holofernes. Y ahí en el “durante” es donde muchas veces está insinuado en las ropas de Judith, que ésta ha hecho algo más que esperar pacientemente.

A pesar de esto, la mayoría de las Judith no insinúan ninguna lujuria. Judith ha hecho lo que tenía que hacer con las armas que tenía y no me estoy refiriendo al alfanje de Holofernes. Quizá las Judith de Lucas Cranach el Viejo tengan algo de lo que vino mucho después, pero puede ser un prejuicio mío. Sus esmirriadas diosas con sombrerito y collar siempre me parecieron tremendamente obscenas y recuerdo el desagrado de su Melancolía que me miraba con sus ojillos malignos en el Museo de Colmar.

Hoy nos puede asombrar que un tema tan violento tuviera tanta representación durante casi tres siglos pero no era tan terrible en los siglos XV al XVII, disminuyendo progresivamente en el XVIII. Las ejecuciones eran públicas, las decapitaciones eran habituales, las cabezas cortadas eran visibles por todos. Con una espada fueron decapitadas Ana Bolena y Beatrice Cenci. Incluso a finales del siglo XIX continuaban las ejecuciones públicas aunque afortunadamente la sensibilidad estaba cambiando. Bernard Berenson presenció una decapitación, probablemente con guillotina, y ha dejado testimonio del trastorno que le produjo.

Judith será la gran heroína, la única de las ocho mujeres fuertes de la Biblia que tendrá una iconografía desarrollada, pero en el siglo XVIII el tema empieza a desaparecer. El período de la Ilustración no gustará ya tanto de estos temas bíblicos y religiosos. Judith volverá a aparecer a finales del siglo XIX, pero ya no será una heroína sino una mantis religiosa. Y ese Holofernes al que hay que reconocerle el mérito de haberse prendado de Judith y no haberla violado de inmediato, torturado para que hablara y hacerla pedacitos para asustar a los habitantes de Betulia como mandaban las buenas costumbres de guerra asirias. Ese Holofernes estúpido que bebe y bebe la noche del banquete en lugar de lograr que beba Judith para tenerla a su merced pero que se introduce en la tienda con ella y que debió hacer un papel pésimo como amante antes de caer rendido. Ese Holofernes enemigo al que hay que abatir en la Biblia y en los cuadros y esculturas que se realizan entre los siglos XV y XVIII, es ahora la víctima inocente de una mujer depredadora.

Quocum Patriae me ducit amore / Donde sea que voy me guía el amor a mi patria
Libertatis dulcissima spes, / y la dulcísima esperanza de la libertad.
Summo ductus a caeli fulgore / Guiada por los más altos fulgores del cielo,
Tuto pergat per classica pes. / he de andar con seguridad entre estos soldados.

Libreto completo en Kareol.

Oratorio – ópera completa, mientras dure en Youtube

Conde Claros, Conde Claros, el señor de Montalván…

Portada del Libro de los Cincuenta Romances (c. 1525), primera colección de romances conocida.

Ante diem sextum decimum Kalendas Octobres: Ludi Romani

Nos gustan las viejas historias, las que se repiten una y otra vez, las que tienen varias versiones, las que no cansan nunca porque tratan de los temas que siempre están ahí que forman parte de la vida. Joseph Bédier comenzó su historia recopilación de Tristán e Isolda con esta pregunta: “¿Queréis oír, señores, si os place, un bello cuento de amor y de muerte?” Sí, nos placen las historias de amor, de muerte, de superación, de viajes interminables, de derrotas y victorias, de traición y venganzas.

Alrededor de la hoguera, bajo las estrellas, hace miles de años, comenzaron a tejerse y entrelazarse las palabras de cuentos, de historias, con unos temas, con unas tramas que se repetían. Solo los cambios culturales les fueron dando un ropaje que las hacía diferentes, pero eran las mismas. Y para que esas historias fueran reconocibles, para que quedaran en la memoria en todo el tiempo que no hubo escritura o que la escritura fue una excepción para la mayoría, necesitaron del verso y la música. Versos sencillos y melodías sencillas reconocibles por todos, desde el palacio hasta la cabaña campesina.

Esta es la historia de una historia que se desarrolla en un romance y de una melodía glosada en el Renacimiento y como con el tiempo, acabé uniéndolas.

Hace mucho mucho tiempo…, me regalaron tres libros. Aún los tengo, han sobrevivido a mudanzas y cosas peores. Están entre los más antiguos de mi biblioteca, trepan por las estanterías altas, junto a los libros de Tolkien y Terence H. White, situados en el limbo de los libros que no conviene volver a leer. Uno de esos tres libros es una antología de romances. Están agrupados por temas y completos, sin censurar, vertidos a castellano moderno. Fueron mi primer contacto con ese tipo de poesía en libro independiente, no en libro de texto. Bastante tiempo después, buscando siempre versiones diferentes, me encontré con una edición moderna de la Flor Nueva de Romances Viejos, de Ramón Menéndez Pidal y comprobé que los romances de mi libro eran los mismos, pero no estaban todos. Yo ya sabía que no estaban, hacía años que en las ferias de libro de ocasión había comprado antologías de romances. Para empezar es imposible que estén todos…, y además hay diversas versiones. Lo que ocurre es que mi libro, dirigido a un público todavía infantil, no podía tener ciertos romances viejos.

Para la época en que ya buscaba entre otros libros diversas versiones y recopilaciones de romances también escuchaba ya música antigua, música del Renacimiento y empecé a encontrarme con las glosas, diferencias y variaciones sobre una melodía. La primera que me llamo la atención y escuché mucho antes las diferencias fue la famosa Guárdame las vacas o La Romanesca. Cuando una escucha la canción original se queda un poco atónita de la tontuna de la letra y que algo así tuviera la atención de los mejores compositores de música instrumental.

Las vacas fueron especialmente famosas, pero había otra melodía que fue muy famosa y recibió mucha atención de los  compositores para vihuela y así nos encontramos con esto:

Luis de Narváez. Los seys libros del Delphin de música, 1538. Veynte y dos diferencias de Conde Claros:

Y con esto:

Alonso Mudarra (c. 1510-1580) Tres libros de música en cifras para vihuela, 1546. Conde Claros en doze maneras:

Para cuando estos discos llegaron a mis manos yo ya sabía que era de eso de Conde Claros. Una de mis recopilaciones de romances, comprada como no podía ser menos en ferias de ocasión lo tiene…, pero qué decepción cuando lo leí. El Conde Claros es probablemente el romance más largo y prolijo de todo el romancero viejo. El romance que se salta a las claras aquello de que hablan los especialistas, empezando por D. Ramón, del “callar a tiempo” y que desde luego se salta, pero eso se lo saltan muchos, la pretendida “pureza” de los temas del romancero, algo que en lo que insistía especialmente D. Ramón Menéndez Pidal, que no sé donde tendría los ojos a veces.

Los romances son poemas narrativos en muchas estrofas. Las estrofas son cuartetos de versos de rima asonante en los pares, con una melodía que repite cuantas veces sea de largo el romance. Si el romance es muy largo el aburrimiento musical está servido pero…, las melodías de los romances son sencillas y fueron muy populares y tienen una característica: la melodía que sirve para un romance suele servir para otro, hay una melodía de un romance viejo que se transformó en otra canción en los yacimientos auríferos de California en los años cuarenta del siglo XIX.

El Conde Claros con toda su prolijidad de contarlo todo, cuenta la misma historia que el romance de Gerineldo. Este romance mucho más conciso sí que cumple el “callar a tiempo”. La historia de Gerineldo es una historia que hay que comprender desde las premisas del amor cortés: Gerineldo, paje del rey ama a la infanta hija del rey, es un hombre de nivel social inferior al de la dama, aunque sea noble, la dama, esta vez no casada, tiene el nivel más alto es una princesa. Pero la dama, también ama a Gerineldo, como él no se atreve le dice:

Gerineldo, Gerineldo,
paje del rey más querido,
quien te tuviera esta noche
en mi jardín florecido.

Pongamos que se refiere a un jardín… Gerineldo y la infanta pasan la noche juntos. Son descubiertos por el rey, padre de la dama que coloca una espada entre ellos…, símbolo de respeto a una virginidad que ha desaparecido alegremente. La vida de Gerineldo peligra, pero la infanta, a la que no le quedó más remedio que tomar la iniciativa, le salva la vida. La vida para vivirla compartida.

Y esta es también la historia del Conde Claros, uno de los doce pares, un gran señor feudal al que hay que prender con muchos hombres, porque todas las campesinas de su señorío podrían estar a su disposición pero no la hija del rey…

Y tuvo que llegar en 2005 el centenario de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha para que el Conde Claros dejara de ser una melodía en las diferencias de Luis de Nárvaez y Alonso Mudarra.

Señores, en la aldea y el palacio, en el descanso de la siega y en la fiesta cortesana ¿Queréis oír un bello cuento de amor y peligro de muerte? Está aquí:

El Romance del Conde Claros de Montalván

Media noche era por filo,
los gallos querían cantar,
conde Claros con amores
no podía reposar;

dando muy grandes sospiros
que el amor le hacía dar,
por amor de Claraniña
no le deja sosegar.

Cuando vino la mañana
que quería alborear,
salto diera de la cama
que parece un gavilán.

Tráele un rico caballo
que en la corte no hay su par,
que la silla con el freno
bien valía una ciudad,

y vase para el palacio
para el palacio real.
A la infanta Claraniña
allí la fuera hallar.

-Conde Claros, conde Claros,
el señor de Montalván,
¡cómo habéis hermoso cuerpo
para con moros lidiar!

-Mi cuerpo tengo, señora,
para con damas holgar:
si yo os tuviese esta noche,
señora a mi mandar.

-Calledes, conde, calledes,
y no os queráis alabar:
el que quiere servir damas
así lo suele hablar.

-Siete años son pasados
que os empecé de amar,
que de noche yo no duermo,
ni de día puedo holgar.

Tomárala por la mano,
para un vergel se van;
a la sombra de un aciprés,
debajo de un rosal,

de la cintura arriba
tan dulces besos se dan,
de la cintura abajo
como hombre y mujer se han.

Por ahí pasó un cazador,
que no había de pasar,
vido estar al conde Claros
con la infanta a bel holgar.

El cazador sin ventura
vase por los palacios
a do el buen rey está.
-Una nueva yo te traigo.

El rey con muy grande enojo
mandó armar quinientos hombres
para que prendan al conde
y le hayan de tomar.

Metiéronle en una torre
de muy gran escuridad:
las esposas a las manos,
que era dolor de mirar.

Todos dicen a una voz
que lo hayan de degollar,
y así la sentencia dada
el buen rey la fue a firmar.

La infanta que esto oyera
en tierra muerta se cae,
damas, dueñas y doncellas
no la pueden retornar.

-Mas suplico a vuestra Alteza
que se quiera consejar,
que los reyes con furor
no deben de sentenciar.

El buen rey que esto oyera
comenzara a demandar:
El consejo que le dieron,
que le haya de perdonar.

Todos firman el perdón,
ya lo mandan desferrar.
Los enojos y pesares
en placer hubieron de tornar.

Sísifo

Tiziano, Sísifo, c. 1548. Museo del Prado, Madrid

Ante diem octavum Idus Septembres: Ludi Romani

Sísifo, el más astuto que no el más sabio.
Sísifo esposo de una Pléyade que abandonó el firmamento.
Sísifo que quiso engañar a Hades y huir de la muerte.
Sísifo condenado al esfuerzo nunca completado.
Sísifo que vuelve a cargar con la piedra.

Alexander Scriabin. Poema del éxtasis Op. 54, 1908

Nihil

Rafael Sanzio. Madonna della seggiola, 1513-1514. Palacio Pitti, Florencia

Ante diem octavum Kalendas Augustas: Furrinalia, Ludi Victoriae Caesaris

Siempre lo supe;
el camino sin nadie
es el todos.
Pero yo nunca supe
que hoy lo caminaría.

Ariwara no Narihira