Kalendae Ianuariae MMXVII

De nuevo, casi sin darme cuenta muchas veces, ha vuelto a pasar otro año para este bosque. El bosque de la larga espera, como dije en la entrada de Navidad, está detenido en el tiempo. Durante 2016 sólo ha tenido tres escritos, porque no se puede llamar escrito al de inicio de año con las estadísticas.

Por diversas razones no puedo dedicarle el trabajo y el tiempo, que nunca fue mucho, que le dedicaba antes. Hace tres cursos, este es el cuarto, que las condiciones laborales cambiaron para el profesorado de secundaria en España. En mi caso el trabajo se dobló. También estaba y estoy dedicada a otros asuntos que absorben demasiado tiempo. Llevo otro blog, de tipo profesional, en el que hay entradas prácticamente todos los días de lunes a viernes durante el curso académico.  Este bosque era y es un lugar al que retirarme sin obligaciones, pero siempre que he querido escribir y publicar en estos dos últimos años aparecía algo que lo impedía.

Ahora el bosque tiene otro problema que se hará efectivo en marzo: todos los enlaces musicales que no son vídeos de Youtube dejarán de funcionar. Estoy trasladando los más de cien enlaces a otro alojamiento donde generar otro enlace y sustituirlo para el que dejará de funcionar. No sé si lograré renovar todos los enlaces antes de marzo. Con todas estas dificultades que se suman, ayer llegué a pensar en cerrarlo.

Pero ayer me encontré con un texto y una música. Ambos los conozco, es más, la música suena todos los días a las cinco de la tarde para recordarme que pese a que he tenido en la mañana una jornada laboral completa hay que ponerse a trabajar de nuevo, pero ayer noche la escuché en un concierto al que asistí. Es a la vez alegre y patética, puesto que se trata de una parodia. La situación en que se tocó en el concierto fue para desear que al menos las cosas no las empeoren los que tienen las riendas del mundo. Quizá algún día, si el bosque saliera del hechizo que lo detiene, podría poner en una entrada alguno de los cuartetos que tanto me gustan de este compositor.

El texto me lo encontré en la mañana, no en su libro sino en otro, en un contexto que se aproxima mucho al ánimo de este escrito. Fui consciente de cuanto tiempo hacía que no me había acercado a estos libros, cuyos cuatro tomos están muy altos, casi en el techo. Hay muchos libros así en mi biblioteca esperando su momento, muchos por primera vez. Nos se quejan nunca y en cualquier momento por tarde que sea, por más años que hayan pasado, están ahí. Estos escritos del bosque detenido quieren ser mi pequeña aportación a lo que dice el poema.

Jorge Luis Borges – Los justos

Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
El tipógrafo que compone bien está página, que tal vez no le agrada.
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

Dimitri Shostakovich – Vals de la Suite para orquesta de variedades

 

Feliz año 2017

Jano

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Feliz Navidad de parte del bosque encantado

Este bosque está tan detenido como un bosque encantado bajo el influjo de un hechizo, pero la ninfa que lo administra está ocupada en otros menesteres que ocupan su tiempo. Sin embargo, no está muerto. Bajo las hojas secas del otoño hay borradores esperando ver la luz alguna vez.

Me parecía grosero dejar pasar este día sin dar señales de vida, sabiendo que hay lectores y seguidores que se van añadiendo por más que no haya habido una publicación desde  hace siete meses, el silencio más largo desde que comencé allá por el otoño de 2010.

Un canto diferente, un idioma diferente para avivar la memoria o dar a conocer a los despistados de memoria selectiva, a los descendientes de las comunidades cristianas más antiguas del mundo, anteriores a las europeas. En algún momento de los siglos VIII y IX dejaron de rezar y cantar en griego y lo hicieron en árabe. Pero la historia era la misma, sólo cambiaba el idioma, hasta hoy.

Villancico árabe

Por si hay alguna duda es muy parecido a lo que dice esta obra muy interpretada estas fechas.

Georg Friedrich Händel – El Mesias, 1741

Y en la olvidada y maltratada lengua internacional de Europa.

Puer natus nobis est – Introito del día de Navidad

Sólo he estado una vez viendo los restos de esas comunidades cristianas orientales. Son estas de Capadocia, donde dudo que pueda volver tal como está la situación hoy en aquellas tierras.

Iglesias rupestres del Valle de Göreme

Turquía: Iglesias rupestres del Valle de Göreme. Anunciación. Basílica de Santa Catalina

Feliz Navidad – عيد ميلاد مجيد

A mí tampoco

Este es otro fragmento de conocimiento inútil. Esta es una de las cosas que hay que tirar a la basura del olvido absoluto y no sacarla nunca más de él. Es más, hay que hacer lo posible para que desaparezca. Nuestro maravilloso mundo tecnológico lleno de trastos obsoletos en cuanto los hemos comprado, lleno de felicidad huera y banal, de conocimiento divertido y amnésico antes de aprender nada, no lo necesita. Encontrarse con algo así es contraproducente, pues puede ocurrir lo que estoy haciendo ahora, que en lugar de estar trabajando esta mañana de domingo esté perdiendo el tiempo. Es lo primero en que he pensado al despertarme, el haber leído este poema, anoche, a la 1:00, cuando llegó al correo. Es contraproducente que piense que vale la pena difundirlo, el que me diga que voy a arañar un poco de tiempo para salir del silencio, y unirlo a una música de esa misma tierra aunque separada durante siglos.

Nada sé de Donald Og, no voy a averiguar nada. No voy a poner las palabras en el buscador. No tengo tiempo para eso ni quiero. Sí que recuerdo que se recita en Dublineses, la última película de John Huston, como se tituló aquí The Dead, también una de mis películas preferidas. Este poema lo escribió el autor más prolífico de la Historia, pudo ser una escritora, quizá una monja. Es un lamento femenino, un tipo de poema del que hay pruebas desde los inicios de la escritura en la antigua Mesopotamia. Un tipo de poema que seguro que existía ya en el Paleolítico. Alguien lo compuso en el siglo VIII en Irlanda, remoto territorio, periferia de la periferia, que concibió cosas como el martirio verde, y realizó el arte más abstracto en occidente antes de la vanguardia del siglo XX. De su lengua irlandesa se tradujo al inglés, del inglés lo tenemos hoy traducido. No se pongan exquisitos, la traducción puede ser una traición, siempre habrá pérdida, en la poesía será inmensa, pero siempre es preferible a que quede ignoto. No podemos saber todos los idiomas, y menos aún lenguas remotas y minoritarias. Y no, no tenemos por qué saber todos inglés, excepto para servir a los nuevos mercaderes de esclavos.

Alguien compuso este poema en el lejanísimo siglo VIII en Irlanda. Quizá la misma persona que lo compuso pensó que merecía ser copiado en el escaso y carísimo pergamino. Durante siglos quizá fue copiado otras veces. Sobrevivieron las copias a las incursiones vikingas, a las hambrunas, a las guerras. Llegó la imprenta y alguien también pensó que merecería ser impreso. No pensaron que era inútil conocerlo. Javier Marías, que lo ha traducido al español dice que su lectura no le deja indiferente. A mí tampoco.

Donald Og – Anónimo irlandés del siglo VIII

Es anoche tarde cuando el perro hablaba de ti;
de ti hablaba la agachadiza en su marisma profunda.
Eres tú el pájaro solitario que recorre los bosques;
y ojalá carezcas de compañera hasta que me encuentres.

Me prometiste, y me dijiste una mentira,
que te me aparecerías donde las ovejas se juntan;
te lancé un silbido y trescientas voces,
y no encontré allí nada más que un cordero balando.

Me prometiste algo que para ti era difícil,
un barco de oro bajo un mástil de plata;
doce villas cada una con su mercado,
y un magnífico patio blanco a la orilla del mar.

Me prometiste algo que no es posible,
que me regalarías guantes de piel de pez;
que me regalarías zapatos de piel de pájaro;
y un vestido de la seda más cara de Irlanda.

Cuando voy a solas al Pozo de la Soledad,
allí me siento y sufro mi pesar;
cuando veo el mundo y no veo a mi mozo,
el que tiene un tono ambarino en el pelo.

Fue aquel domingo cuando te di mi amor;
el domingo anterior al Domingo de Pascua
y yo de rodillas leyendo la Pasión;
y mis dos ojos te daban amor para siempre.

Mi madre me ha dicho que no te hable hoy,
ni mañana, ni el domingo tampoco;
escogió mal momento para decirme eso;
fue cerrar la puerta tras el robo en la casa.

Mi corazón está tan negro como el negror del endrino,
o como el negro carbón del herrero en la fragua;
o como la suela de un zapato que holló salas blancas;
fuiste tú quien cubrió mi vida de esa oscuridad.

Me has arrebatado el este, me has arrebatado el oeste;
me has quitado lo que está ante mí y lo que está tras de mí;
me has quitado la luna, me has quitado el sol;
y mi temor es grande a que me hayas quitado a Dios.

Traducción: Javier Marías

Carolan: Fairy Quenn by sirg e Carollini

La tecnología no sólo sirve para embrutecer a la población con el nuevo soma. La imagen procede de Book of Kells, la aplicación para iPad que el Trinity College de Dublin hizo del más famoso de los códices irlandeses.

Dedans l’Enfer

Habría bastado simplemente mirar el título que se desliza por la pantalla del iPod, porque sigo con este reproductor ahora anticuado, de gran capacidad y ligereza, y sobre todo autonomía. Habría bastado hacerlo en los últimos meses en que voy escuchando algunas de las canciones del álbum mientras camino hacia el trabajo o del trabajo a casa, pues una de ellas está en unos de esos borradores que no acaban de convertirse en entradas por la falta de tiempo. No era esa la canción que hace dos semanas, un lunes que comenzaba una semana terrible, escuchaba en la mañana. Habría bastado mirar el título, que he debido leer varias veces en el Cd y en la pantalla. Me gustaba su dolorosa melancolía, su estribillo repetido, pero no era la que más escuchaba, pues está tras las obras de bandoneón, escuchaba las otras, las que me daban pie para escribir, las que al oírlas pensaba tal o cual frase o enlace para el borrador dormido.

Esa mañana tenía unos minutos más, y pude tomarle el lujo de caminar más despacio atendiendo a lo que oía, no sólo palabras sueltas, no sólo la melodía triste; entonces me di cuenta que no comenzaba hablando de cabellos negros, mala concordancia la que hacía pues los cabellos nunca serían “noires”, sino de caballos que iban a beber. Me fijé más en lo que decía a la letra, pues tardaría horas en poder leer el texto en el libreto, dos frases quedaron toda esa mañana: “a tu bienamada la van a enterrar” y “os espero en el infierno”.

¿Qué pudo ocurrir para esa repentina desaparición de la amada? ¿Por qué espera en el infierno? La respuesta a la segunda pregunta es que se trata de un amor culpable, castigado por la sociedad en la que vive, y es más que probable que quien se encargara de enviarla al infierno fuera un marido, un padre, una familia ofendida o toda la población investida de sacrosanta pureza asesina, como en el terrible fin de la viuda cretense en Zorba, episodio espeluznante en la novela. Podía estar casada y ser adúltera, o soltera y su amado casado, o pertenecer a familias enfrentadas o a estamentos sociales distintos. Privilegio de la poesía y de las canciones es callar y dejar en el misterio.

Entonces no lo sabía, y tampoco he indagado demasiado, pero esta canción anónima procede de Normandía o Bretaña en el siglo XVIII. Cuando supe el origen geográfico y la época me pregunté, si él, francés del sur, la conocía, si incluso la habría cantado o tatareado de niño, si la recordaba al pintar el cuadro. Porque la amada que espera en el infierno me llevó a la imagen de una famosa amada real, no literaria, aunque lleva siete siglos siendo literatura, que está en el infierno, aunque no sola. Traté en otra ocasión el tema, también como resultado de una exposición de otro artista con el que coincidió unos años en el tiempo, aunque no pudieran ser más diferentes. Y también la escena es distinta.

No era el cuadro más famoso de la exposición, ni tampoco su tamaño llama la atención. Cuántas veces por más que se miran las medidas luego sorprende el tamaño. Esta vez no, esta vez ya sabía y tenía asumido que era un cuadro pequeño, compré antes el catálogo para no ir cargada de un lado a otro durante horas por Madrid con un libro pesado. Pero sobre todo lo hice para disfrutar más de la pintura, para la contemplación tranquila y no andar cruzando datos. Había cuadros muchos más famosos, obras estrella en la colección, sin embargo, éste, si voy atrás en la memoria es posible que fuera el primero que viera suyo, en un libro que ni siquiera era de arte, hace mucho tiempo. De Jean Auguste Dominique Ingres se han dicho muchas cosas, y al final ha quedado en muchos libros como un pintor retrógrado. Si se mira con la distancia sabihonda que ha creado la vanguardia, este cuadro hasta puede resultar cursi, pero es mucho más depurado que el que trató el tema antes, y tendrá el mismo tema un largo recorrido en el siglo XIX. Es curioso como la exposición marcaba la relación de Ingres con la vanguardia y no con otros movimientos o artistas, porque pinturas como esta están en lo que serán algunas de los prerrafaelitas, a veces tan torpes e incluso repelentes. Pero Ingres no mira a Botticelli por más que su Fuente me la encontrara en Berlín en la exposición El Renacimiento de Botticelli, Ingres mira a Rafael y a Nicolás Poussin. Los prerrafaelistas podían abominar de esa pintura que había perdido su “pureza”, pero más de uno debió conocer esta obra de Ingres.

La habitación oscura, opresiva, claustrofóbica, de la que incluso se ve el artesonado del techo. Los curiosos paneles cuadrados de las paredes, el tapiz rígido y pesado que esconde la puerta, todo queda condesando en poquísimos elementos. Incluso las figuras de Francesca y Paolo son un triángulo en ese espacio rectangular. Condensación de figuras, de color. El rojo del vestido de Francesca, el azul de la hopalanda de Paolo. De líneas, el brazo que ha dejado caer libro paralelo a la espada de Paolo. Gianciotto Malatesta es el contrapunto oscuro, desequilibrado. Se ha llegado a decir que esta pintura y esta habitación no desmerecen de la Bauhaus, es posible, dado que la Bauhaus también creó más de un interior de pesadilla.

Economía de líneas, color, elementos y condensación del tiempo. Explica Francesca, en su torbellino infernal, lo que ocurrió aquella tarde en que ella y Paolo leían el libro sobre los amores de Lanzarote y Ginebra.

Quando leggemmo il disïato riso / Cuando leímos que la deseada risa
esser basciato da cotanto amante, / besada fue por tal amante,
questi, che mai da me non fia diviso, / éste que nunca de mí será apartado,
la bocca mi basciò tutto tremante. / temblando entero me besó en la boca:
Galeotto fu ’l libro e chi lo scrisse: / el libro fue y su autor, para nos Galeoto,
quel giorno più non vi leggemmo avante”. / y desde entonces no más ya no leímos.

No fue aquella tarde en que Paolo besó a Francesca cuando Gianciotto, su marido y hermano de Paolo, los mató a puñaladas. Debieron haber otras tardes, otras ocasiones, en las que no leyeron y en la última de ellas acabaron en el infierno para estar eternamente juntos. Pero los diferentes pintores, cuando han puesto a Gianciotto Malatesta en la obra, lo han hecho aquella primera tarde de la lectura interrumpida.

Pensaba en este cuadro esa mañana de lunes, entre una cosa y otra, mientras recordaba la letra de la canción. Todavía el cuadro estaba en Madrid. Hoy es casi seguro que el cuadro estará ya colocado en su lugar del Museo de Bellas Artes de Angers, y no creo que allí nos encontremos nunca, probablemente esta versión no la veré nunca más. Ingres, como era habitual, hizo varias versiones de esta obra a lo largo del tiempo. Copió el texto de Dante en francés en un dibujo preparatorio, pero me gusta imaginar algo que pudo suceder, aunque no sucediera nunca, que mientras dibujaba y preparaba la composición, mientras realizó alguna de las versiones de Paolo y Francesca recordaba, tarareaba esta canción donde la amada espera a su amado en el infierno.

La canción…

Anónimo S-XVIII, Normandía o Bretaña – Quand je menai les chevaux boire

Quand je menai les chevaux boire / Cuando llevé a beber a los caballos
Ilaire ilaire itou ilaire Ilaire oh ma Nanette / Ilaire ilaire itou ilaire Ilaire oh mi Nanette
Quand je menai les chevaux boire / Cuando llevé a beber a los caballos
J’entendis le coucou chanter  / Oí cantar al cuclillo.

Il me disait dans son langage / Me decía en su lengua
Ilaire ilaire itou ilaire Ilaire oh ma Nanette /  Ilaire ilaire itou ilaire Ilaire oh mi Nanette
Il me disait dans son langage / Me decía en su lengua
“Ta bien aimée vont l’enterrer”  / “A tu bienamada la van a enterrar“.

Ah! Que dis-tu méchante bête? / Ah ¿Qué dices bestia mentirosa?
Ilaire ilaire itou ilaire Ilaire oh ma Nanette /  Ilaire ilaire itou ilaire Ilaire oh mi Nanette
Ah! Que dis-tu méchante bête? / Ah ¿Qué dices bestia mentirosa?
J’étais près d’elle hier au soir  / Estuve junto a ella ayer por la tarde.

Mais quand je fus dedans la lande / Pero cuando estaba en el páramo
Ilaire ilaire itou ilaire Ilaire oh ma Nanette /  Ilaire ilaire itou ilaire Ilaire oh mi Nanette
Mais quand je fus dedans la lande / Pero cuando estaba en el páramo
J’entendis les cloches sonner  / Oí sonar las campanas.

Mais quand je fus dedans l’église / Pero cuanto estuve en la iglesia
Ilaire ilaire itou ilaire Ilaire oh ma Nanette /  Ilaire ilaire itou ilaire Ilaire oh mi Nanette
Mais quand je fus dedans l’église / Pero cuanto estuve en la iglesia
J’entendis les prêtres chanter  / Oí a los sacerdotes cantar.

Donnai du pied dedans la châsse / Entré en el cementerio
Ilaire ilaire itou ilaire Ilaire oh ma Nanette /  Ilaire ilaire itou ilaire Ilaire oh mi Nanette
Donnai du pied dedans la châsse / Entré en el cementerio
Réveillez-vous, si vous dormez  / Despertad si estáis dormida.

Non, je ne dors ni ne sommeille / No, yo no duerno, ni sueño
Ilaire ilaire itou ilaire Ilaire oh ma Nanette /  Ilaire ilaire itou ilaire Ilaire oh mi Nanette
Non, je ne dors ni ne sommeille / No, yo no duerno, ni sueño
Je vous attends dedans l’enfer  / Yo os espero en el infierno.

Vois ma bouche est pleine de terre / Mira mi boca llena de tierra
Ilaire ilaire itou ilaire Ilaire oh ma Nanette /  Ilaire ilaire itou ilaire Ilaire oh mi Nanette
Vois ma bouche est pleine de terre / Mira mi boca llena de tierra
Et la tienne est pleine d’amour / y la tuya llena de amor.

Auprès de moi reste une place / Junto a mí queda un sitio
Ilaire ilaire itou ilaire Ilaire oh ma Nanette /  Ilaire ilaire itou ilaire Ilaire oh mi Nanette
Auprès de moi reste une place / Junto a mí queda un sitio
Et c’est pour toi qu’on l’a gardée /  Y para ti lo he guardado

Quand je menai les chevaux boire / Cuando llevé a beber a los caballos
Ilaire ilaire itou ilaire Ilaire oh ma Nanette /  Ilaire ilaire itou ilaire Ilaire oh mi Nanette
Quand je menai les chevaux boire / Cuando llevé a beber a los caballos
J’entendis le coucou chanter. / Oí cantar al cuclillo.

Traducción propia con algunas licencias.

 

…y el cuadro

Paolo y Francesca

Jean Auguste Dominique Ingres, Paolo y Francesca 1819, Angers, Musée des Beaux-Arts

 

Hasta pronto

Sir Lawrence Alma-Tadema, Esperanzada, The Clark Art Institute

Sir Lawrence Alma-Tadema, Esperanzada, The Clark Art Institute

Lo he intentado, pero es prácticamente imposible. Incluso en esta misma tarde-noche, he vuelto al borrador que tenía que haberse convertido en la entrada de febrero. Pero no, es una entrada compleja, con fotos, vídeo, música… Febrero, cuando yo creía que podría reanudar las publicaciones pasó, y también pasó marzo. Y no ha sido posible volver sobre lo que se inició el uno de enero, mi particular nachleben del Mundo Clásico, que titulé La invención de la Antigüedad.

Horas y horas de trabajo, otros proyectos en marcha a los que hay que dedicar tiempo, no puedo pasar por este bosque para descansar. Abril ya está en marcha, dentro de un mes  tendré  mi primer final de curso y los días se van a convertir en una locura de prisas y trabajo frenético. Bueno, lo olvidaba, los profesores no trabajamos, ya se sabe, y tenemos muchas vacaciones. Mis vacaciones, que las he dedicado a trabajo pendiente y un corto viaje, acaban mañana.

En los últimos días he visto una fluctuación de seguidores nuevos que aparecen y desaparecen. Esta entrada va dirigida especialmente a estos nuevos lectores por correo electrónico, pero también a los que me llevan siguiendo desde hace tiempo. El blog no está muerto, pero no le puedo dedicar tiempo ahora. Ya es casi seguro que no reanudará las publicaciones hasta el verano, aunque me gustaría publicar algo este mes de abril por un aniversario histórico.

Como la joven que mira el horizonte en la pintura de Alma-Tadema tengo esperanzas de volver. Leb wohl, nos veremos pronto.

Ludwig van Beethoven (1770-1827) – Sonata para piano Nº 26 en Mi bemol mayor, Opus 81a, Das Lebewohl – Los adioses

Folio 11 verso, folio 12 recto

Silenciosamente en el transcurrir de los días, frénico en muchas de sus horas, fue pasando octubre y al llegar las kalendas, todavía en la noche El blog de la British Library publicó las páginas del libro de Horas Houth correspondientes al mes de noviembre. Noviembre es similar a los otros mese  en sus ilustraciones circulares, donde no podía faltar en el mes de San Martín, el cerdo. Como en tantos calendarios pintados y esculpidos durante la Edad Media, en noviembre hacen su aparición, en este libro de horas flamenco de finales del siglo XV, en medio del paisaje. Un hombre varea las bellotas rodeado de la piara en el folio verso y otro en el folio recto, lleva a dos animales bajo la tormenta. Sagitario que rige el último decano de noviembre está representado por el centauro arquero.

Simon Marmion y taller. Noviembre, Horas Huth, f.11v-f.12r. c.1480, British Library

Simon Marmion y taller. Noviembre, Horas Huth, f.11v-f.12r. c.1480, British Library

Hay cambios en este calendario del que tanto me interesan sus márgenes. Esta vez las páginas no son simétricas en su decoración. Sigue, en el folio 11 verso, con las florecillas azules de cuatro pétalos, pero alrededor del círculo, el taller de Simon Marmion ha pintado también iris, flor regia, y ranúnculos rojos.  En el folio 12 recto, aparece una violeta. Salvo las florecillas azules no identificadas, ninguna de estas flores florece en noviembre. Pero la decoración foliar de alguna variedad de cardo, que en otros meses es representada seca, en el mes de noviembre es blanca. Centaurea cineraria, cuyo color blanco ceniciento es más acorde con un mes que comienza sus días recordando a los difuntos. El folio 12 recto encuadra la información del mes entre dos columnas doradas. Columnas góticas, que en su capitel repiten la decoración foliar de centaurea. Una cinta blanca rodea las columnas con las iniciales en azul M y Y en diferente caligrafía. El ignoto poseedor para el que se realizó este libro de horas, que probablemente nació un mes de noviembre.

Ya me he resignado a que el blog tenga como mucho dos entradas mensuales, y una al menos segura por la aparición del calendario. No faltan ideas, y aumentan los borradores en distintas fases. Las lecturas, los viajes como el de finales de octubre a las tierras del Véneto, los hacen surgir y esperar el momento en que se desarrollen y se publiquen. Pero el problema es el tiempo para dedicar al blog que casi no existe. Esta entrada tendría que haber aparecido ayer. Y para hoy, desde hace tiempo, estaba programada otra. Esa otra, que ha ido imposible dedicarle el tiempo necesario, puede que aún aparezca durante noviembre. Tampoco en un principio había ninguna canción o música preparada. Pero buscando entre los borradores había uno en que quería poner Wo die schönen Trompeten blasen, del ciclo de lieder Des Knaben Wunderhorn de Gustav Mahler. Alguna de sus canciones ya han ido apareciendo en otras entradas. El borrador trataba de un tema completamente distinto, pero para la fecha de hoy, para los días que serán cortos en luz e irán alargando la noche, parece más adecuada esta melancólica canción con el diálogo entre dos enamorados que ya no se pueden encontrar en esta vida. El muchacho no es consciente del todo que él ya ha muerto, que su hogar está en una pradera verde donde ha sucedido la batalla, lugar al que regresa, tras anunciarle a su amada que dentro de un año ella se reunirá con él.

La versión es una grabación legendaria, y una de las pocas que conozco que la canción es cantada por dos cantantes. En este caso son Elisabeth Schwarzkopf y Dietrich Fischer-Dieskau con la London Symphony Orchestra y George Szell. El disco se grabó entre el 8 y el 9 de marzo de 1968.

Gustav Mahler (1860 – 1911) – Wo die schönen Trompeten blasen (1888-1889)
Donde suenen las bellas trompetas, texto de Des Knaben Wunderhorn

 

Wer ist denn draußen und wer klopfet an, / ¿Quién está pues, afuera, y quién llama a la puerta,
Der mich so leise, so leise wecken kann? / que tan suavemente me despierta?
Das ist der Herzallerliebste dein, / ¡Soy el amadísimo de tu corazón,
Steh auf und laß mich zu dir ein! / levántate y déjame entrar contigo!

Was soll ich hier nun länger stehn? / ¿Por qué debo permanecer aquí más tiempo?
Ich seh die Morgenröt aufgehn, / Veo nacer la aurora,
Die Morgenröt, zwei helle Stern, / la aurora con dos luminosas estrellas,
Bei meinem Schatz, da wär ich gern, / con mi tesoro estaría yo mejor,
bei meiner Herzallerliebsten. / con la amadísima de mi corazón.

Das Mädchen stand auf und ließ ihn ein; / La muchacha se levantó y dejándole entrar
Sie heißt ihn auch willkommen sein. / le dio la bienvenida.
Willkommen, lieber Knabe mein, / ¡Bienvenido, muchacho querido!
So lang hast du gestanden! / ¡Cuánto tiempo has esperado!

Sie reicht ihm auch die schneeweiße Hand. / Le tendió la nívea mano,
Von ferne sang die Nachtigall / mientras a lo lejos cantaba el ruiseñor,
Das Mädchen fing zu weinen an. /  la muchacha se echó a llorar.

Ach weine nicht, du Liebste mein, / ¡Ay, no llores, amada mía!
Aufs Jahr sollst du mein eigen sein. / De aquí a un año me pertenecerás.
Mein Eigen sollst du werden gewiß, / ¡Mía debes llegar a ser, ciertamente,
Wie’s keine sonst auf Erden ist. / como ninguna otra lo es en la tierra!
O Lieb auf grüner Erden. / ¡Oh, amor, en la tierra verde!

Ich zieh in Krieg auf grüner Heid, / Marcho a la guerra, a los verdes campos,
Die grüne Heide, die ist so weit. / los verdes campos que están tan lejos.
Wo dort die schönen Trompeten blasen, / ¡Donde suenen las bellas trompetas,
Da ist mein Haus, von grünem Rasen. / allí estará mi casa de césped verde!

Traducción: Kareol.

Ante diem quartum Nonas Novembres: Isia
Día de las Ánimas

Folio 9 verso, folio 10 recto

Con su puntualidad exasperante, el blog de Manuscritos Medievales de la British Library, espera a que el nuevo día comience, sólo entonces, a estas horas intempestivas, yo puedo descargar y unir las imágenes de las dos páginas. El Libro de Horas Houth de Simon Marmion indica que el tiempo ha pasado, que estamos en el mes de la vendimia, vendimia muy diferente a la que traté el año pasado.

Septiembre Houth Hours

Simon Marmion y taller. Septiembre, Horas Huth, f.9v-f.10r. c.1480, British Library

Como dije cuando comencé este calendario, no puedo estar este año introduciéndome en todo lo que estas páginas me dicen. No tanto las ilustraciones circulares como sus márgenes. Estamos en septiembre y como he comentado en otros septiembres de este blog, el año, del hemisferio norte, comienza de nuevo. En el viejo calendario romano las kalendas de septiembre son el día del nacimiento de Tellus, la Tierra. Pero para mí no sólo comienza un nuevo año laboral-académico, sino una semana que cuando pase espero no acordarme de ella.

Cuando comencé este calendario en enero me comprometí a poner música asequible y comprensible, he elegido para septiembre a Piotr Ilich Tchaikosvky. Cuando yo me iniciaba en la música escuchaba horas y horas de Tchaikosvky en la radio, se programaba en los conciertos a los que podía ir, e incluso he visto Cascanueces en vivo. Y luego como dije aquí, esas músicas de la adolescencia, de la juventud, las abandonas. Tengo muy pocos Cds de Tchaikosvky, lo escucho en la radio o en el programa de algún concierto, pero raramente me acerco, error por mi parte, voluntariamente a su música. Y esta grabación que seguro vi en la televisión algún día remoto de mi vida a la hora de comer un sábado o un domingo, merece volver de la memoria a la realidad, aunque sea la realidad fantasmagórica de un blog y un vídeo que no sé cuánto durará visible.

Y ahora, dado que tardaré unos cuantos días en volver, sean buenos y vean y escuchen toda la sinfonía.

Piotr Ilich Tchaikovsky (1840 -1893) – Sinfonia nº 5 en mi menor Op. 64 (1888)

Si han sido buenos, ahora pueden escuchar esta canción, es muy conocida y la habrán oído muchas veces. Los amores felices también tienen historia.

John Denver (1943 – 1997) – Canción para Annie (1974)

You fill up my sensesTu llenas mis sentidos
Like a night in the forestcomo una noche en el bosque.
Like the mountains in springtimeComo las montañas en Primavera,
Like a walk in the raincomo un paseo bajo la lluvia.
Like a storm in the desertComo una tormenta en el desierto,
Like a sleepy blue oceancomo un soñoliento océano azul.
You fill up my sensesTú llenas mis sentidos,
Come fill me againven y lléname otra vez.

Come let me love youVen y déjame amarte,
Let me give my life to youdeja que te ofrezca mi vida.
Let me drown in your laughterDéjame ahogarme en tu sonrisa,
Let me die in your armsdéjame morir en tus brazos.
Let me lay down beside youDéjame reposar a tu lado,
Let me always be with youdéjame estar siempre contigo.
Come let me love you / Ven, déjame amarte,
Come love me again / ven y ámame otra vez.

Let me give my life to youDéjame ofrecerte mi vida.
Come let me love youVen, permíteme amarte.
Come love me againVen, ámame de nuevo.

You fill up my sensesTú llenas mis sentidos
Like a night in the forestcomo una noche en el bosque.
Like the mountains in springtimeComo las montañas en Primavera,
Like a walk in the raincomo un paseo bajo la lluvia.
Like a storm in the desertComo una tormenta en el desierto,
Like a sleepy blue oceancomo un soñoliento océano azul.
You fill up my sensesTú llenas mis sentidos,
Come fill me againven y lléname otra vez.

 

Quizá se pregunten del porqué de estas dos músicas tan diferentes, máxime cuando apenas pongo nada contemporáneo, por decirlo de alguna manera. Si se están haciendo esta pregunta es que no han sido buenos y no han escuchado la Sinfonía nº 5 de Tchaikovsky.

Vamos a ver, vuelvan al minuto 16:34 y escuchen atentamente todo el segundo movimiento, Andante cantabile con alcuna licenza, de la sinfonía. Cuántas veces yo solo ponía este movimiento. Ay romanticona, romanticona. Seguro que ahora ya tienen la respuesta.

Ci vediamo dopo. Durante unos días no podré responder tampoco a los comentarios, pero vuelvo pronto.

Traducción de la canción de John Denver, aquí.

Kalendae Septembres: Natalis Telluris, Iuno Regina

Folio 8 verso, folio 9 recto

Simon Marmion y taller. Agosto, Horas Huth, f.8v-f.9r. c.1480, British Library

Simon Marmion y taller. Agosto, Horas Huth, f.8v-f.9r. c.1480, British Library

Nonae Augustae: Festum Salutis

Agosto no es mes de escenas galantes y caballerescas, hace demasiado calor incluso a finales del Siglo XV en que el clima europeo tuvo un periodo más cálido. Lo importante es preparar el grano de la cosecha recién segada, trabajos con el mayal y el cedazo, en muchos casos a cubierto que las tormentas son imprevisibles y traidoras. Parece que si siquiera los miniaturistas del taller de Simon Marmion hayan puesto mucho énfasis en los márgenes, llenos de florecillas sueltas, de violetas pensamiento que ya se debían cultivar en maceta para alegrar ventanas y entradas, en unas tierras del norte de largos inviernos. Y las libélulas que casi han desaparecido de los campos con las modestas y pequeñas mariposas blancas y pardas que aún podemos ver revoloteando en tierras mucho más sur.

Y ahora el blog entra en silencio. No es que se vaya de vacaciones, siguen las “obras” que ya comenzaron, y en algún rato irán avanzando borradores para las próximas publicaciones. Me despido hasta por lo menos los idus de septiembre, esta vez no con una canción sino con una escena de La Flauta Mágica de Mozart, de mi primera Flauta Mágica (que también fue la primera ópera de mi vida) que pude recuperar hace unos meses, después de haberla perdido en una vida de cambios de casa durante años. Hay muchas grabaciones buenas, yo tengo varias, pero a esta le tengo un especial cariño por ser la primera. La discográfica Decca en 1969 echó la casa por la ventana reuniendo a un reparto impresionante y con Georg Solti y la Orquesta Filarmónica de Viena dando lo mejor de sí mismos. La producción escénica tuvo nada menos que decorados de Oskar Kokoschka, nada que ver con los horrores de ahora.

También escucharla tiene algo de profundamente melancólico porque prácticamente todos los cantantes, Pilar Lorengar (Pamina) Stuart Burrows (Tamino), Hermann Prey (Papageno), Martti Talvela (Sarastro), Gerhard Stolze (Monostatos), Dietrich Fischer-Dieskau (Sprecher) y Elisabeth Schwarzkopf (una de las tres damas), qué lujo tener a estos dos cantantes en papeles secundarios, y el director Georg Solti han fallecido ya. Sólo Christine Deutekom (Reina de la Noche) y Renate Holm (Papagena) están todavía entre nosotros.

Ahora sí me echo un candado, como Papageno. Lebet wohl, auf Wiedersehn! 

Wolfgang A. Mozart – Emmanuel Schikaneder

Die Zauberflöte, 1791

PAPAGENO
(se acerca a Tamino y le muestra
el candado que te cierra la boca)
¡Hm, hm, hm, hm, hm, hm, hm, hm!

TAMINO
Ya puede decir que lo han castigado,
pues ha perdido la palabra.

PAPAGENO
¡Hm, hm, hm, hm, hm, hm, hm, hm!

Etc. Kareol

Post scriptum 20 de agosto 2014

Cristina Deutekom, holandesa,  la mayor Reina de la Noche que ha registrado el disco, falleció el día 7 de agosto, dos días después de la publicación de esta entrada.

 

Ciaccona

Evaristo Baschenis. Naturaleza muerta con instrumentos musicales, c. 1650 Accademia Carrara di Belle Arti di Bergamo

Ante diem sextum Idus Iunias: Festum Mentis et Intellectus

Es una pintura con la que de nuevo me encuentro en un dilema: no sé cómo llamarla en español. Para los que me leen ya saben mi rechazo al término “naturaleza muerta”, término que viene del francés y que en nada hace justicia a una obra como esta. Y la denominación española de “bodegón” tampoco es adecuada. Ni hay nada muerto en ella, ni tampoco nada que pueda estar en una despensa o bodega. De nuevo el término holandés es el adecuado: “stilleven”, vida quieta. Pero a este cuadro le va mucho mejor la primera traducción, errónea, que hice del término en el Rijksmuseum de Ámsterdam: vida silenciosa.

Se sabe relativamente poco de este pintor bergamasco que parece ser el inventor del stilleven o still life de instrumentos musicales. Sus obras son bastante desconocidas, excepto en las carátulas de Cds. Están en colecciones particulares o en museos de provincias italianos, aunque ya quisiera yo que en nuestra geografía hubiera semejante provincianismo. Yo he podido ver un cuadro suyo hace unos años en el Museo de Bellas Arte de Bruselas. Hay otros pintores, muchos, holandeses del siglo XVII, que ponen instrumentos musicales en sus stilleven, pero suelen estar mezclados con otros objetos. Y en el barroco, incluso en la civil y casi laica Holanda, nada es lo que parece. El realismo es un falso realismo, tiene mucho de trascendente, de significados alegóricos. Todas las pinturas con instrumentos musicales aluden al sentido del oído, considerado el más noble después de la vista en la jerarquía de la época. Pero también aluden a la vanidad o el transcurso inexorable del tiempo.

La pintura de Evaristo Baschenis me sirve para contar una historia que recordé hace unos días, a partir del video que aparece en la entrada. Porque aunque la historia es musical, las entradas de este blog no pueden carecer de imagen y esta imagen es la adecuada, aunque nunca la haya visto personalmente. Tenemos una mesa con un mantel gris, ningún stilleven que se precie puede carecer de ella porque los objetos han de estar colocados o apoyados en una superficie horizontal. En el centro, la gaveta negra donde se guardan las partituras. Apoyada en la mesa vemos el final del mástil con el clavijero de una viola da gamba. Tres laúdes de diferente tamaño, en tres posiciones distintas: lateral, boca abajo y con las cuerdas hacia arriba. El de más a la izquierda tiene una cinta rosa que serviría para que el intérprete lo sujetara mejor, como puesto en bandolera. Es el más grande y posiblemente es una tiorba. El otro laúd de tamaño grande está boca abajo. Vemos su caja hecha de finas láminas de madera de dos colores. Evaristo Baschenis pinta la caja curva de colores castaños donde la luz resbala, y apoyado en la gaveta, un laúd más pequeño, una mandolina o su inmediato antepasado.

Pero sobre la gaveta de partituras hay otro instrumento al que vemos en escorzo, con un punto de vista muy bajo pues nuestra mirada está justo en el puente. También en cálidos tonos castaños, iluminado por la luz dorada tenemos un violín con su arco. Es un violín Amati. La familia Amati de Cremona inventó el violín moderno. Evaristo Baschenis vivía y trabajaba precisamente en la región de Europa donde se fabricaban los mejores instrumentos de cuerda. El pintor se recrea en la superficie pulida de las maderas, en los clavijeros, en la tensión de las cuerdas. Se ha dicho que sus pinturas son los retratos de esos maravillosos y perfectos instrumentos de cuerda. Retratos de cosas, de alguno de los mejores inventos de la mente humana.

Hagamos un esfuerzo de imaginación, que no tiene porqué ser muy grande, y hagamos oír en nuestra mente como podrían sonar estos instrumentos del cuadro. Vámonos setenta años más tarde, hacia 1720. Los cinco instrumentos del cuadro podrían existir todavía, dado que hoy existen y se tocan violines Amati. Vamos a la obra de un compositor alemán que conocía perfectamente y amaba la música italiana de su tiempo. Imaginemos como sonaría el laúd que está boca abajo con su caja de finas láminas, en la Chacona de la Partita nº2 BWV 1004 de Johann Sebastián Bach.  Creo que ese laúd podría sonar como este: 

Es una obra hermosísima, sin embargo la primera vez que yo la escuché, que fue en vivo, no sólo no me gustó nada sino que la consideré una auténtica tortura. No comprendía que Johann Sebastián Bach me hubiera podido hacer, porque me lo tomé por lo personal, pues la adolescencia tiene esas tonterías, una cosa así.

Quizá yo debería aclarar una cosa que puede sorprender a quien lea habitualmente este blog: yo provengo de un ambiente cero musical. Y cuando digo cero es cero, pues por no haber no había ni música ligera o pop excepto la que aparecía en televisión o se podía escuchar esporádicamente en la radio, pues en mi casa no se ponían tampoco las emisoras musicales en lo poco que se ponía la radio. Si yo me aficioné a la música, a esta música mal llamada clásica, es porque en lo que era la enseñanza secundaria de mi época adolescente existía una asignatura en primer curso, mal llamada “Música”. No era música en abstracto ni había enseñanzas musicales, la asignatura trataba de Historia de la Música. Se comenzaba por el epitafio de Seikilos, se continuaba con el canto mozárabe y se llegaba a Karlheinz Stockhausen. Sin concesiones ni tonterías pedagógicas. Hoy puede haber quien considere esta situación aberrante, yo sin embargo agradezco profundamente que fuera así. Si en  “Música” me llegan a poner la canción de moda del momento nunca me habrá acercado a ella estoy casi segura. Eso era algo que tenía fuera del instituto y no necesitaba clases para ello. Lo mismo pasaba con el cine. Lo que me enseñaron y con lo que se despertó mi curiosidad fue con la otra música, porque salvo un interés que ya tenía por La Flauta Mágica de Mozart, que había visto en un programa infantil o alguna pieza pequeña como Para Elisa, la música clásica era terra incognita. Pero la asignatura, nefanda palabra, de “Música” fue mi brújula.

Yo vivo ahora en el Jardín de las Hespérides, pero cuando no vivía allí, en mi ciudad la Sociedad Filarmónica, muy modesta, funcionaba muy bien. Durante la temporada entre octubre y junio había conciertos cada quince días y había un tipo de entrada en el teatro, en el gallinero, que era baratísima. Era la entrada de estudiante. Su precio no subió durante años y durante años la estuve comprando. La estuve comprando hasta siendo ya profesora, un pequeño fraude, lo admito, pero es que el que vendía las entradas me conocía desde hace mucho y nunca me preguntó ni pidió ningún carnet. Pues un día, yo tendría diecisiete años o algo menos, que hubo un concierto de violín solo. Yo ya llevaba un par de temporadas de conciertos en el currículum y muchas horas de Radio Clásica, pero lo que sucedió en ese concierto fue diferente. No recuerdo si el violinista en algún momento tuvo acompañamiento de piano, pero en la segunda parte del concierto interpretó la Chacona de la Partita nº2 BWV 1004 de Johann Sebastián Bach. Porque esta obra no es originalmente para laúd sino para violín. Los doce o quince minutos que duró la interpretación fueron una auténtica tortura. Llegué a pensar durante los dos o tres primeros minutos que el violinista seguía afinando el instrumento. Aquello no me sonó a Bach sino a Schönberg, que sigue sin ser precisamente mi compositor preferido. Nunca he comprendido del todo lo que pudo pasar. Quizá estaba cansada o con problemas aquel día, quizá la interpretación no fue buena, a mí ya me gustaba mucho J.S. Bach, pero había escuchado cantatas, la Pasión según Mateo, aun no completa, los Conciertos de Brandenburgo. Todavía no había entrado en su música más puramente música. Aún no conocía ni las Suites para Violoncello, ni las Variaciones Goldberg. Pero lo mismo que la mirada necesita educarse viendo una y otra vez obras de arte, también lo necesita el oido. Mi aprendizaje musical lo dio aquella asignatura del BUP, cuyo libro guardé durante años, y horas, cientos, miles de horas de Radio Clásica, emisora por la que durante años pende el peligro de cierre y que es uno de las pocas cosas de las que nos podemos sentir orgullosos en este país.

Pasó un tiempo, conocí otras obras de J.S. Bach, me comencé adentrar en la música antigua, en las interpretaciones con instrumentos originales como si los laúdes y el violín de Evaristo Baschenis dejaran el silencio del lienzo y empezaran a sonar. Pero fue un violinista que no interpretaba con criterios historicistas quien me devolvió las Sonatas y Partitas para violín de Bach ya para siempre: Nathan Milstein. Fue en uno de los primeros Cds que compré y conservo todavía. Sigo preguntándome que pasó aquella tarde-noche de hace tantos años, porque hoy si no tengo mucho tiempo y no voy a escuchar una sonata o partita entera, pueden adivinar que obra para violín solo de J.S. Bach pongo y no me canso de escuchar.

Johann Sebastián Bach – Ciaccona. Partita para violín solo n.º 2, BWV 1004

Sin embargo esta interpretación no es de Nathan Milstein sino de Sigiswald Kuijken. Toca un violín de Giovanni Grancino de hacia 1700. No pudo pintarlo Evaristo Baschenis pero sí alguno de sus seguidores.

Jane

Dante Gabriel Rossetti, Proserpina, 1874, Tate Britain

Dante Gabriel Rossetti, Proserpina, 1874, Tate Britain

Ante diem quintum Idus Februarias: Apollo

Si nos fijamos un poco tiene un aire arcaico. Podría ser un retrato alegórico del Quattrocentto, el pebetero, la filacteria con la firma del artista, la casi ausencia de fondo, esa pared con la hiedra, la cartela con el soneto, no hacen más que acentuar la impresión. La modelo representa a la diosa del inframundo, pero también de la primavera. Pero la joven se vuelve hacia el espectador con la cabeza inclinada, y la mano derecha de finos y largos dedos rodea la muñeca izquierda, la de la mano que sostiene la granada abierta, del mismo color de sus labios. No, no es una obra de los inicios del Renacimiento, es otra cosa.

Si yo tuviera que elegir la pintura que más me gusta del movimiento Prerrafaelita, elegiría esta. Quizá haya otras que definan e identifiquen mejor el estilo, la Ofelia de Millais o las estilizadas, andróginas y clónicas jóvenes de Burne Jones. Antes que con ésta me encontré con estas otras y con la extraña palabra “prerrafaelita”, un misterio para alguien que con curiosidad se iniciaba en aquellos días del instituto, navegando sin rumbo en los libros ilustrados de arte de la biblioteca pública o de la enciclopedia doméstica. No sé el momento en que me encontré por primera vez con la palabra prerrafaelita, pero sí el momento no mucho más tarde, en que me puse a investigar sobre ello. La palabra aparecía en Demian, de Hermann Hesse, que fue durante varias generaciones novela de iniciación, y hoy creo, completamente olvidada. Demian encuentra en sus paseos solitarios a una muchacha con la que nunca llega a hablar, “alta, andrógina, de aire prerrafaelita”. Cito de memoria. La dibuja y le pone de nombre Beatrice. Si tienes dieciséis años y estás leyendo una novela que te gusta mucho y te encuentras una palabra enigmática con la que te has encontrado otra vez tienes que investigar. Internet es un medio maravilloso, pero el hipertexto ha existido siempre porque los libros dialogan unos con otros. Si se los escucha con atención oiremos un auténtico griterío. No estaba la solución a un click de ratón pero sí en la enciclopedia de papel de mi casa y luego, dando un paseo hasta el centro, hasta la biblioteca pública. Y debió ser entonces cuando me encontré con que sólo tangencialmente tenía la palabra algo que ver con Rafael Sanzio, de quien también conocía poco, sino con un curioso movimiento artístico decimonónico inglés. También entonces me encontré con Proserpina.

Cuando recorremos los museos, cuando miramos las páginas de los libros de arte, miramos las pinturas en las que vemos representaciones de escenas religiosas, mitológicas, alegóricas, de género y acercándonos más en el tiempo literarias e históricas. O escenas con personajes que simplemente están ahí, haciendo algo. No me refiero al retrato, aunque los museos están llenos de cuadros que son retratos de “un caballero desconocido” o de “una joven dama desconocida”. En el retrato alguien se puso delante del pintor para que éste reprodujese sus rasgos únicos, y durante un tiempo, los conocidos del retratado supieron perfectamente quien era. No, me estoy refiriendo a todos los que durante más de quinientos años, desde mediados del siglo XV, estuvieron prestando sus rasgos a tantos personajes pintados. Volviendo a Rafael ¿Qué mujeres jóvenes y hermosas prestaron los rasgos, que idealizó y mejoró el pintor, sin duda, de sus madonnas? Y así tantos y tantas modelos.

Pero a veces, esos personajes que nos miran desde los cuadros que no son retratos sí sabemos quiénes eran. La situación de los modelos estuvo durante siglos en una tierra de nadie. No faltaban modelos masculinos, dado que se los podía encontrar en el mismo taller del pintor, donde había hombres de distintas edades, y no era difícil del todo convencer a alguien que se hubiera visto por la calle para que posara para un boceto. Siempre que no fuera de la nobleza, claro, o de las buenas familias. Pero con las mujeres la cosa siempre fue mucho más complicada y quizá el tema lo trate en otras ocasiones. Las mujeres de buena familia nunca serán modelos. Así fue durante siglos y así era en la asfixiante sociedad victoriana de mediados del siglo XIX. No voy a tratar de la historia de la Hermandad Prerrafaelita, como de costumbre hay información de sobra y buenos libros, pero el conseguir modelos femeninas para sus cuadros fue un problema que compartieron estos pintores con los que los precedieron. Las modelos procedían del mundo híbrido del espectáculo: actrices, bailarinas, casi las únicas mujeres en el siglo XIX que tenían libertad para sus actos. O directamente de la prostitución. Pero también hubo dos modelos famosas, de las que conocemos su rostro y su vida. Ambas procedían de la clase obrera y ambas tuvieron relación directa con Dante Gabriel Rossetti. Una de ellas, Elizabeth Siddal, dependienta de una sombrerería, es la que prestó rostro y cuerpo al más famoso de los cuadros del movimiento: Ofelia de John Everett Millais. También fue modelo de William Holman Hunt y luego exclusivamente de Dante Gabriel Rossetti con quien se casaría. Elizabeth Siddal se suicidó a los 32 años en 1862 y entre las causas que le llevaron a ello estaban las infidelidades de Dante Gabriel Rossetti.

Ginebra

La otra modelo es el rostro y cuerpo de Proserpina y si conocemos algunas obras del movimiento Prerrafaelita, no las muchas de sus epígonos, es el aspecto femenino que nos viene a la memoria relacionado con estos artistas. Proserpina era Jane Burden, había nacido en 1839 en Oxford, y una noche del verano de 1858 fue con su hermana pequeña al teatro, al patio de butacas, lugar donde nunca irían dos jóvenes solas de buena familia. Jane Burden, que tenía 18 años entonces, no era una dama, era hija de un mozo de cuadra y de una lavandera. Pero tenía una belleza única. En los asientos contiguos estaban Dante Gabriel Rossetti y Edward Burne-Jones. Y William Morris, de muy buena familia oxoniense, con 900 libras de renta y destinado a la carrera eclesiástica que abandonó para ser artista, que también era amigo de Rossetti, se enamoró de ella. “No sé pintarte pero te quiero”. No, no sabía pintarla. Su cuadro de la Reina Ginebra en la que ella es modelo es un cuadro rígido y mediocre, en donde sólo los detalles como el códice abierto me hicieron mirarlo durante años. William Morris y Jane Burden se casaron en 1859 y la familia del novio no asistió a la boda porque este matrimonio harto desigual socialmente era inaceptable. Tuvieron dos hijas, William Morris se hizo socialista y fundó su empresa Arts & Crafts. En algún momento, hacia mediados de la década de 1860 el matrimonió se distanció y el amor del principio se convirtió en indiferencia mutua aunque no se separaron.

Jane Burden-Morris es un misterio del que tengo datos contradictorios y los tienen los historiadores de arte. Los pintores no tienen que hacer realismo fotográfico y aunque los rasgos de Jane resulten extrañamente llamativos son reales. Es cierto que Rossetti estiliza aspectos de ella, las cejas por ejemplo, una señora decente de la época ni se maquilla ni se depila las cejas, pero Jane era real como lo demuestran las fotografías de 1865 que se hicieron en el jardín de Dante Gabriel Rossetti.

Jane Morris fotografiada por John Robert Parsons en el jardín de Dante Gabriel Rossetti, verano de 1865

Jane Morris fotografiada por John Robert Parsons en el jardín de Dante Gabriel Rossetti, verano de 1865

La adorada diosa de los cuadros ¿era en verdad una mujer refinada que superó su falta de educación con estudios y aguda inteligencia o era una persona lerda que sólo tenía una belleza lánguida y adorable? Georges Bernard Shaw que frecuentaba la casa de William Morris en sus reuniones socialistas hace comentarios crueles sobre ella. Sin embargo, parece que Jane Morris fue el modelo para su personaje Eliza Doolitle, en Pygmalión (1912) y posteriormente My Fair Lady (1964) Para esa época Jane Morris era amante de Dante Gabriel Rossetti, en plena decadencia física y adicto a varios tipos de drogas. Fue su última musa, su inspiración y la modelo de algunos de alguno de los mejores cuadros de un pintor irregular, cuyas composiciones fallidas no se deben a la búsqueda del arcaísmo sino a la torpeza. Fue un amor difuso y sin esperanza, hecho de largas ausencias, de desesperación solitaria y de ocasionales encuentros iluminados por la presencia de la amada. Fue la época en que se pintó Proserpina, cuando Jane Morris tenía 35 años.

A finales del mes pasado, entre la maraña de webs y blogs de arte que sigo, hubo uno con una noticia mínima referida a Jane Burden, perteneciente a la working class, hija de un mozo de cuadra y de una lavandera analfabeta, destinada ella misma al servicio doméstico. Jane Burden que se convirtió en Jane Morris, que fue musa, modelo y amante de Dante Gabriel Rossetti, murió en Bath el 26 de enero de 1914.

Nunca he visto Proserpina excepto en reproducciones. Los únicos cuadros prerrafaelitas que he visto los he visto en exposiciones temporales, Vi Ofelia en Madrid hace unos pocos años, junto a otros cuadros, casi todos de paisaje. La mayoría de la pintura prerrafaelita está en el Reino Unido. Ahora solo recuerdo haber visto un cuadro de Burne Jones en una colección fija de la península y está en el Museo Calouste Gulbenkian de Lisboa. Pero aunque con la pintura prerrafaelita tengo una relación ambigua pues muchos cuadros me repelen, Proserpina está en mi memoria como una de las pinturas que más me gustan e incluso me han influido para otras cosas. Algunos años después de encontrarme con Proserpina en un libro de la biblioteca pública, cuando compraba mis primeros Cds de música clásica, elegí uno no por sus obras, aunque las conocía casi todas, sino porque en su portada, en su libreto estaba Proserpina. Qué caro me costó entonces, pero aún sigue conmigo, habiendo sobrevivido a tantas cosas incluyendo más de diez mudanzas. Conocía las obras menos una: la Sonata para violín y piano de Cesár Franck, música que siempre que escucho sus notas, como las obras de Debussy, pero especialmente ella, aparece en mi imaginación la visión de Proserpina con el rostro de Jane Burden-Morris.

Claude Debussy  – Sonata para flauta, viola y arpa

He subido la sonata de Debussy y no la de César Frank por dos razones. Una es práctica, la sonata de Cesar Frank es muy pesada incluso bajando la calidad del archivo. La otra es que para mí la pintura de Dante Gabriel Rossetti y la música de Claude Debussy van unidas. Además una de las primeras obras de Debussy, La demoiselle élue, está compuesta sobre poemas de Dante Gabriel Rossetti.

La ilustración de la portada del Cd, no está tomada de internet, es el escaneo de mi disco.

Franck Debussy Ravel