Gaudete

Este blog está hibernando, pero no está muerto. Sabía que no podría publicar mucho cuando comenzó este año que está terminando, aunque no creí entonces que sería tan poco. El blog nació por casualidad reciclando entradas de un blog cerrado en que había ensayado antes y estuvo alojado una red con plataforma WordPress que ya no existe. Nunca me planteé que tuviera gran cantidad de lectores porque los temas que trata suelen ser muy minoritarios, antiguallas de siglos pasados y tienen que ver con gustos y manías que no tienen por qué interesar a nadie. O interesar a muy pocos. Desde la última entrada el 18 de septiembre inicié borradores y creí que tendría un hueco para publicar…, todo se quedó en proyecto. También poco a poco se fueron incorporando más seguidores, a los que agradezco que confiaran en que el oso o la marmota despertara en algún momento.

Pero lo que es imperdonable es que no contestara a los comentarios que tuvo la última entrada. Me llegaba la notificación por correo electrónico. Con los primeros quise esperar unos pocos días para poder responder con calma de uno en uno. Pues no, no pude esos pocos días y después ya no hubo manera. El blog quedó abandonado a su sueño y apenas pude pasar por los blogs amigos dejando un “me gusta” o un comentario. No hubo tiempo, pero eso no quita que fuera una descortesía, a fin de cuentas, no tengo cientos de comentarios.

Desde 2011 dediqué el día de Navidad a una entrada de tema iconográfico. Este año no había proyecto para ello, ni siquiera pensaba publicar más allá de una escueta felicitación, pero en los últimos días, desde el lunes pasado, esos comentarios sin responder me pesan en la conciencia y pensé que lo mejor, dado que habían tenido el silencio por respuesta, era responderlos. También tuve curiosidad por saber que había pasado con el Breviario Real de Saint-Louis de Poissy.

Pues es motivo de alegría que el manuscrito ha sido comprado por la Biblioteca Nacional de Francia. Se necesitaban 370.000€ y se han conseguido 428.563€. El manuscrito se queda en Francia para siempre y pronto será digitalizado y podremos disfrutarlo todos, porque de eso quiero hablar también en esta entrada.

Al blog Los portadores de la antorcha, ya le agradecí en su momento el premio, aunque ya desde hace tiempo no propongo blogs ni doy premios. Ya en alguna ocasión dije que no me gustan ni sigo cadenas. Pero se agradece que alguien explore mis escritos y les de difusión con uno de estos premios.

A José Antonio Giménez Mas del blog Cuaderno de Oriente, y Francisco Javier Tostado del blog de su mismo nombre, cuyos comentarios estaban en la misma línea les respondo que no puedo estar más de acuerdo. Recientemente hemos tenido elecciones y las palabras Cultura y Patrimonio no han aparecido por ningún lado. No quiero meterme en el lodazal que es cada vez más la política española. A fin de cuentas, ya tenemos licenciados y doctores LOGSE y se nota, se nota mucho. Y como dije sería imposible calificar ninguna obra de “tesoro nacional”. Pongamos que la Biblioteca Pierpont Morgan, The Morgan Library & Museum, pusiera a la venta el Beato de San Miguel de la Escalada, el Beato pintado por Maius, el más antiguo que se conserva y que salió alegremente de España. Sería imposible que la Biblioteca Nacional hiciera una campaña como su homónima francesa. Me estoy imaginando los titulares de la red, los periódicos, los listillos y los políticos abriendo su linda boquita cuando se dijera que es un “tesoro nacional” …, prefiero no seguir.

Gracias Cordialdo por comentar. Viajo a Italia en los últimos tiempos todos los años, veo también lo que pasa allí. Dirá el político ignorante que “con la cultura non si mangia” pero el patrimonio artístico y cultural italiano es una fuente de ingresos para Italia de primer orden ¿No se dan cuenta de eso?, aun así, creo que la situación en Italia es algo mejor que en España, sería largo de explicar.

Anarkasis para ti dejo la respuesta más larga. Creo que no es comparable un libro, un códice miniado que un cuadro. No estoy hablando de valor artístico sino de cómo está el mercado de arte desde hace unos años. Es una burbuja especulativa que espero que explote pronto. Se pagan verdaderas fortunas por bodrios, y me paro en esta palabra. Si aparece una obra clásica ¿qué precio obsceno no alcanzará? El breviario francés del siglo XIV ha alcanzado un precio de 370.000€ pero me dices que un Tiziano alcanzó nueve millones, la diferencia es considerable, pero ese precio es debido al mercado de arte actual, aunque un Tiziano o cualquier otra obra de un pintor clásico en manos privadas que salga a la venta siempre será carísimo. Por más que hubiera donaciones particulares alcanzar esa cifra es prácticamente imposible si además había poco tiempo. Me figuro a todos los ricachones, mafiosos y príncipes del Golfo lanzándose a pujar y babeando ante la presa que saben que se la llevará uno de ellos mientras los museos estatales no alcanzan ni de lejos la cifra. Otra cosa es que el dinero de los impuestos se gaste a saber en qué cosas, de las que podría salir el precio. Esto también tiene que ver con incultura. Un Tiziano da titulares efímeros acompañado de una cifra de muchos ceros, un códice miniado del siglo XIV muy pocos saben lo que es.

A mí no me parece mal la llamada de ayuda y las donaciones porque a fin de cuentas es voluntario. Nadie obliga a donar, y en el caso de Francia esas donaciones desgravan nada menos que el 60% de los impuestos. Es también una manera de implicar a la sociedad en la conservación del patrimonio. Y en efecto, en el caso de la Biblioteca Nacional de Francia, transparente. No conocía el caso del Vasari del Greco. Creía que lo tenía la Biblioteca Nacional o el Museo del Prado desde hace tiempo. No, tampoco creo que valga un millón y no sabemos cómo han sido esas negociaciones y que chalaneos ha habido de por medio. Y también tiene que ver con el extraño país en que vivimos.

En la entrada de septiembre hablé de la generosidad de la Biblioteca Nacional de Francia. He pasado el verano realizando un trabajo en que he tenido que consultar digitalmente muchos códices miniados, porque mi trabajo se detenía antes de 1520. De todas las bibliotecas virtuales que he visitado ninguna ha sido como Gallica, la web de la Biblioteca Nacional de Francia donde se pueden consultar y descargar los documentos. Conozco la web desde hace varios años, ninguna otra web de biblioteca es comparable y colabora además, con las bibliotecas nacionales de Suiza. Ni la Biblioteca Nacional de España, ni la British Library, que no deja descargar y se tiene que hacer capturas de pantalla, ni la Getty, ni la Morgan, bibliotecas alemanas, la Biblioteca Apostólica Vaticana y sus feas marcas de agua. Con fondos mucho menores, en generosidad se le asemeja la Biblioteca Estense Universitaria. El resultado al final fue un trabajo muy francés, con códices franceses y bibliografía francesa en francés. Hasta tuve que justificar por qué fue así. Me alegro mucho de que la Biblioteca Nacional de Francia posea el Breviario Real de Saint-Louis de Poissy y esté pronto digitalizado en Gallica que pondré en el lector del iPad.

He comentado alguna vez que los códices miniados me apasionan, son mi primer amor artístico, junto con la arquitectura gótica. Este verano les pude dar un modesto lugar académico cuando vi en los materiales del trabajo que nos proporcionaba la UNED que la carpeta Edad Media, y sólo esta, estaba vacía. Decidí llenarla. Si el trabajo fue tan francés se debe a que en España la miniatura no ha interesado apenas a los historiadores de arte. Pero ese es otro asunto que quiero tratar cuando el blog pueda salir de su hibernación.

Es día de Navidad, pero este año no hay entrada iconográfica, pero debido a lo mucho que he tenido que mirar en las escenas y los márgenes de los códices miniados, he elegido una serie de imágenes de salterios y libros de horas con la Natividad. Es curioso cómo cambia la representación desde el Salterio de San Luis y Blanca de Castilla hasta los códices de la segunda mitad del siglo XV y comienzos del XVI después de que Santa Brígida de Suecia publicara sus tertulias con la Virgen María. Vaya, al final sí salió la iconografía.

 

Natividad en los códices de la Biblioteca Nacional de Francia

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Todas las imágenes, incluyendo la de la cabecera de la entrada, proceden de Gallica, la web de la Biblioteca Nacional de Francia en que pone a disposición de los usuarios todo tipo de documentos.

Gaudete!

Gaudete, gaudete! Christus est natus
Ex Maria virgine, gaudete!

Tempus adest gratiæ
Hoc quod optabamus,
Carmina lætitiæ
Devote reddamus.

Deus homo factus est
Natura mirante,
Mundus renovatus est
A Christo regnante
.

Ezechielis porta
Clausa pertransitur,
Unde lux est orta
Salus invenitur.

Ergo nostra concio
Psallat iam in lustro;
Benedicat Domino:
Salus Regi nostro.

Gaudete, gaudete! Christus est natus
Ex Maria virgine, gaudete!

Hyvää Joulua
Frohe Weihnachten
Merry Christmas
Feliz Natal
Buon Natale
Joyeux Noël
Bon Nadal
Feliz Navidad

Un breviario real para todos

No sé a cuantos canales de Youtube debo estar suscrita, la mayoría son de música o de tecnología, pero hay unos cuantos de museos y bibliotecas. Anoche llegó al correo el anuncio que la Biblioteca Nacional de Francia había publicado un vídeo. Lo he visto varias veces y no dejo de pensar en lo que dice y en la iniciativa que muestra.

El Breviario Real (un breviario es un libro de oraciones y oficios para clérigos, no confundirlo con un libro de horas que es para laicos) de Saint-Louis de Poissy, realizado en el siglo XIV, entre 1310 y 1315, tiene las primeras miniaturas de la iconografía de San Luis, Luis IX, canonizado en 1297 y protector de la casa real de Francia.

El manuscrito, que es considerado Tesoro Nacional, está en manos privadas y va a ser subastado en Christie’s. Si no lo adquiere la Biblioteca Nacional de Francia podría salir del país. La biblioteca lanza una llamada de ayuda que ya ha realizado otras dos veces con éxito: que los ciudadanos puedan contribuir a su adquisición. Pueden hacer los donativos hasta el 27 de noviembre de 2015.

Lo que me hace pensar y me ha hecho ver varias veces el vídeo, aparte de la belleza del manuscrito, es que no conozco nada parecido en España. Y también estoy suscrita al canal de la Biblioteca Nacional de España. Ni en la Biblioteca Nacional, ni en ninguna otra, sé de una iniciativa parecida. Los códices miniados y los libros raros son pocos y escasos, y se siguen subastando a precios astronómicos. Muchos salieron del país a partir de la desamortización por desidia e incultura. Eso los que no fueron a parar a encender el fuego o a los molinos de papel tras saquear las bibliotecas de los monasterios. Seguro que se siguen subastando y algunos podrían recuperarse. Pero creo que tenemos, aparte de la incultura de los que mandan, no del personal de las bibliotecas y los museos, otro problema importante: es que no podemos considerar ni calificar nada de “Tesoro Nacional”.

Siento que romper el silencio de publicaciones haya sido para este cabreo. Voy a seguir la peripecia de la Biblioteca Nacional de Francia, la más generosa que conozco por la gran cantidad de libros y documentos digitalizados a disposición libre, y espero que la iniciativa salga bien y el Breviario Real de Saint-Louis de Poissy se quede en Francia y pronto podamos disfrutarlo todos.

La familia del carpintero

Hace unos años, este blog balbuceaba en sus inicios, me encontraba una fría mañana de marzo en la iglesia-museo del Salvador en Cora, en Estambul. Mirando los mosaicos del nártex a una de mis acompañantes le llamó la atención una cosa: en la escena de la Natividad (perdón por la mala calidad de la foto) María estaba acostada, con el niño al lado, y en una representación palinsquemática, dos parteras lavaban al niño. José a los pies de María, duerme. Pregunté que cual era el problema, pues resulta que nunca había visto en esa escena a la Virgen María acostada, descansando como toda mujer que haya pasado por el trance de un parto. La escena que conocemos en occidente, la que hemos montado en el belén desde niños es diferente: María está arrodillada y adora al niño recién nacido, José está al otro lado. Fue a finales del siglo XIV cuando la iconografía de la Natividad cambió completamente, porque en los años en que se realizaban los mosaicos del Salvador en Cora, en Suecia era una niña la que sería después Santa Brígida, que con sus visiones modificó lo que había sido una escena milenaria.

Hay tantas escenas de la Natividad y escenas posteriores como las Huidas a Egipto, pintadas, en mosaico, esculpidas, con tantas variantes que explicar aunque sólo fueran unas pocas harían farragosa la entrada. Los evangelios canónicos son parcos en describirla y la mayoría de las escenas que conocemos por el arte tienen como fuentes varios evangelios apócrifos, pero algunas aportaciones son muy posteriores, de finales de la Edad Media o incluso del Renacimiento o el Barroco, pero voy a centrarme en el mundo bajomedieval y en el barroco y en un personaje normalmente relegado o al que se la dejado un papel muy secundario en ella.

Giotto, Natividad, Capilla Scrovegni, terminada c.1306, Padua

Giotto, Natividad, Capilla Scrovegni, terminada c.1306, Padua

He recordado el mosaico bizantino porque en poco tiempo he visto, o vuelto a ver en un caso, dos obras que modifican las ideas y visiones preconcebidas con una escena mirada, pero no siempre vista, cientos, si no miles de veces. La Capilla Scrovegni de Padua es un espacio lleno de magia de la que carece, por ejemplo, la famosísima Capilla Sixtina del Vaticano. Contribuye a ello estar en una ciudad de provincias, bastante lejos de circuito turístico habitual, el ser más pequeña, el que esté conservada en un ambiente para proteger los frescos de Giotto, que no permita más que un número determinado de visitantes cada quince minutos, y antes de esos quince minutos, estés en una sala previa que mientras miras un documental te vas desinfectado. No se permiten fotos, aunque siento que no vendan las imágenes en soporte digital para poder después trabajar con ellas. Es un espacio tan famoso y reproducido que sería estúpido perder esos minutos de contemplación tranquila teniendo el ojo en el objetivo.

Los mosaicos de la iglesia del Salvador en Cora y los frescos de Giotto en la Capilla Scrovegni son contemporáneos. Y las escenas tienen parecido pues en ambas tenemos el paisaje rocoso a María acostada y a José durmiendo sentado en el suelo. Pero si comenté una vez que el fresco de la Anástasis, el anónimo pintor bizantino ganaba a Giotto, aquí Giotto ha pintado una escena humanísima que nace de la observación de la realidad y no de la costumbre pictórica. El gesto de María recibiendo al neonato que le tiende la partera, abrigada con su manto por ese nacimiento casi a la intemperie, José adormilado tras unas duras horas, ovejas y carneros recogidos, los pastores de espaldas al espectador que observan el prodigio, e incluso la mirada del asno y del buey en escorzo, pues su pesebre va a ser la cuna del recién nacido. Lo que ha ocurrido es una nacimiento humano, si hay prodigio esa parte la ponen los ángeles. María ha dado a luz como cualquier mujer y está fatigada, ha necesitado ayuda, tiene frío y se abriga, el niño está fajado para evitar accidentes como era costumbre en la época. Pero hay algo que observar en la escena: José es del mismo tamaño que María y lleva nimbo de santidad, que no siempre lo lleva.

José, el esposo de la Virgen María y padre putativo de Jesús es un personaje que ha sido tratado por la iconografía cristiana de diversas maneras, pero durante siglos en un papel muy secundario.  Y en poco más de un siglo la iconografía de la Natividad va a cambiar radicalmente. Las visiones de Santa Brígida de Suecia, que es canonizada a finales del siglo XIV se publican y leen. El nacimiento ya no será de un niño humano que puede haber causado dolor a su madre en el nacimiento, sino de un ser divino de luz que ha pasado por el cuerpo de María sin dolor y recibe la primera adoración de su propia madre. Las parteras desaparecerán de la escena y a veces solo habrá dos personajes: María y el Niño, José desaparece.

Pero en el siglo XV el movimiento de la “devotio moderna” incide en la revalorización de experiencia individual, los gestos sencillos y la dignidad de los humildes. Esta corriente de pensamiento fue especialmente poderosa en Flandes, que entre finales del siglo XIV y durante el siglo XV es una zona central, junto con Italia que ya comienza el Renacimiento, en la producción de arte en Europa. La devotio moderna es contemporánea de las obras de los mal llamados primitivos flamencos y de los grandes miniaturistas que realizarán los más ricos códices miniados. Jean Gerson, canciller de la Universidad de París desde 1395, canónigo en Brujas, asistente al Concilio de Constanza por el que no podrá regresar a Francia, coincide con los seguidores de la devotio moderna en privilegiar el camino hacia Dios de la gente sencilla y reconocer la dignidad de las acciones más humildes. Este teólogo que no desprecia ni el mundo ni el arte, es uno de los primeros que promueve el culto a José, intentando que el Concilio de Constanza acepte que José sea elevado a un rango superior al de los apóstoles, inmediatamente después de María. José es el ejemplo del hombre que cuida del prójimo. Protege a María y a Jesús, es el padre que cuida y educa a su hijo, trabaja, lo alimenta, lo llevó a Egipto para salvarle la vida y lo trajo de vuelta, lo llevó al templo y le enseñó un oficio, le dispensó todos los cuidados que un padre bueno puede y debe ofrecer a su hijo. José es para Gerson un modelo de comportamiento para sus contemporáneos, algo que no se puede decir de muchos santos alejados de la vida cotidiana. Su intento de elevar a José fracasa, pero el camino hacia el cambio de la iconografía queda abierto.

Huida a Egipto. Maestro del Libro de oraciones de Dresde Fol.114v, c.1485 J. Paul Getty Museum

Huida a Egipto. Maestro del Libro de oraciones de Dresde Fol.114v, c.1485 J. Paul Getty Museum

En el final del gótico y en la primavera del renacimiento nórdico en que no hay una línea clara que separe a unas obras y unos artistas de otros, José aparecerá como un personaje ya no secundario en las escenas de la natividad y tendrá un papel importante en la escena de la huida a Egipto. Esta escena está en casi todos los libros de horas y también en tablas pintadas, pero hay una en que las intenciones de Jean Gerson parecen haber sido reflejadas claramente por el miniaturista. El anónimo Maestro del Libro de Oraciones de Dresde ha pintado la escena de la Huida a Egipto como una escena cotidiana con los personajes vestidos a la moda contemporánea de finales del siglo XV, solo el sutilísimo nimbo de María nos indica que no es una mujer como las otras. Hoy nos parece estar tan lejos del siglo XV como del año 1, pero hay que pensar que los contemporáneos que vieran esa escena en el libro, muy pocos, como los más que veían las escenas de la vida de Cristo o de los santos pintadas en tabla veían a los personajes vestidos como ellos y en interiores y paisajes conocidos ¿Nos podemos imaginar la escena de la Natividad u otras en nuestro ambiente contemporáneo? Pues eso es lo que ocurría en la zona artística flamenco-borgoñona del siglo XV, y ese acercar al mundo cotidiano las escenas sagradas es una de las características de la devotio moderna. Volviendo a la escena vemos que es algo diferente a lo habitual. El asno está cargado con un fardo atado, María camina a pie a un lado, el sutil nimbo y el azul ultramar de la falda interior la identifican, al otro lado del animal un José anciano lleva en sus brazos, abrigando con su manto también azul, al bebé fajado.

Durante el Renacimiento, ya fuera el nórdico flamenco, ya el italiano, la Natividad dejó de representarse como lo hizo Giotto y el artista del San Salvador en Cora pues se impuso la Natividad de las visiones de Santa Brígida, un nacimiento divino y no humano. Pero sin embargo, lo que fue cambiando fue el papel de José e incluso su edad, progresivamente dejó de ser un anciano y fue rejuveneciendo. Los vientos de la Reforma se llevaron muchas imágenes y el Concilio de Trento dio directrices de cómo se tenían que representar los personajes sagrados y los santos, pero José siguió estando en las discusiones de los teólogos. El mundo tardomedieval y el de los siglos XVI y XVII tenía los pies en la tierra y la tierra no era un lugar siempre agradable. Se preguntaron cómo un hombre anciano en una época en que no era frecuente que muchos alcanzaran esas edades avanzadas, pudo llevar a cabo la tarea de defender a María y Jesús en las situaciones de peligro, huir a Egipto, encontrar medio de subsistencia allí, regresar, educar a Jesús. Un hombre anciano en el caso de que pudiera hacer todo eso moriría pronto y entonces eso significaría el desamparo para su familia. José tenía que ser un hombre joven.

Lo que Jean Gerson no consiguió en el siglo XV lo acabó consiguiendo Teresa de Jesús más de un siglo después. El primer convento que fundó en Ávila al iniciar la reforma del Carmelo lo puso bajo la advocación de San José, así como otros que fundó y a la Trinidad divina se unió la Trinidad humana formada por Jesús, María y José. La revolución que significó para la pintura religiosa las obras de Caravaggio, usando modelos vulgares, desapareciendo los nimbos, vistiendo de nuevo con los ropajes contemporáneos fue continuada por otros artistas. Poco más de un mes de encontrarme con los frescos de Giotto en la Capilla Scrovegni volví a ver y a mirar otro cuadro, en una sala que ese viernes de diciembre estaba vacía en el Museo del Prado. Hacía mucho que no lo veía directamente. He pasado de largo en mis últimas visitas por las salas de pintura religiosa española del siglo XVII. ¿Dónde ocurre esta escena de personajes vestidos como el pueblo del siglo XVII, con un niño que tendrá unos dos años? ¿En Egipto? O más bien ocurre en la Sevilla de mediados del siglo XVII, después de la gran epidemia de peste. Desde la devotio moderna a Carlos Borromeo se dice que la redención está ocurriendo a cada instante. Esa mujer al fondo con sus humildes ropas oscuras, sentada casi en el suelo o en una silla baja como las andaluzas de la época, con el cesto de costura a su lado, interrumpe su trabajo de hilado, monótono y milenario trabajo femenino. Es María pero podría ser una sevillana de 1650. No está en el centro, no lleva manto azul ni nimbo dorado, se vuelve y sonríe levemente. Quien está en el centro es el padre, el carpintero que ha dejado un momento su trabajo y juega con el niño y los animales.

Bartolomé Esteban Murillo, Sagrada Familia, 1645-1650, Museo del Prado

Bartolomé Esteban Murillo, Sagrada Familia, 1645-1650, Museo del Prado

Lullay I Saw A Swete Semly Syght
Anónimo, Inglaterra, siglo XV

Lullay, lullow, lully lullay,
Bewy, bewy, lully, bewy,
Lully, lullow, lully, lullay.
Baw, baw, my bairne,
Slepe softly now.
I saw a swete and semly syght,
A blisful bird,
A blossom bright,
That murning made and mirth among.
A Maiden moder mek and myld,
In cradle kep,
A knave child,
That softly slept, she sat and sange.
Lullay, lullow, lully lullay.
Bewy, bewy, Lully, bewy.
Lully, lullow, lully, lullay.
Baw, baw, my bairne,
Slepe softly now.

Como entre mis habilidades no está el inglés tardomedieval el villancico-canción de cuna dice algo así:

He visto una dulce y bella visión, una virgen bienaventurada, una flor radiante, que lloraba y reía a la vez. Una virgen madre, dulce y tierna, velaba y cantaba junto a la cuna a su niñito, apaciblemente dormido.

Ante diem octavum Kalendas Ianuarias: Natalis Solis invicti – Navidad

Post-scriptum. Esta entrada tendría que haberse publicado esta noche pasada. Problemas técnicos con el nuevo escritorio de WordPress y luego los compromisos de un día como este la han retrasado, pero aún es día de Navidad.

Para todos: Feliz Navidad, Bon Nadal, Fröhliche Weihnachten, Joyeux Noël, Merry Christmas, Buon Natale, Hyvää Joulua.

Flavit auster

Horae ad usum romanun

Horae ad usum romanum de Margarita de Orleans, esposa de Richard conde de Etampes (c. 1426-1438)  f.67 recto.  Biblioteca Nacional de Francia

Ante diem octavum Kalendas Apriles: Hilaria
Anunciación de la Virgen María

Todo es hermoso en este libro de horas, menos conocido que los que siempre han aparecido en las ilustraciones de los libros de arte. Ahora, gracias a esa tecnología muchas veces utilizada para estupideces, podemos acceder a muchos manuscritos gracias a las digitalizaciones que se hacen en las bibliotecas nacionales. Todas sus páginas encuadran el texto con una ancha greca de intrincada decoración vegetal y floral. Pero en las páginas que tienen miniatura, la greca, como en la página de la entrada se complica mucho más, pues aparte de las plantas y flores aparecen personajes y animales.

Para ser la página de un libro apenas hay texto. Pienso mirando este manuscrito miniado del siglo XV, que si lo viera San Bernardo de Claraval, que vivió en el siglo XII y que ya ha aparecido por este blog, tronaría contra el entretenimiento que suponen las imágenes, pero los libros de horas son libros hechos para laicos, no para monjes que según San Bernardo estaban en la cumbre de jerarquía social pues se ocupaban con sus rezos de la salvación de toda la sociedad. Libro de Horas hecho además para una dama de la alta nobleza, emparentada con la familia real, que se podía permitir, probablemente fue un regalo, un libro costosísimo, un Ferrari de la época como dijo un amigo de este blog.

He elegido la imagen por el día en que es publicada, claro, pero también porque cuando descubrí este libro de horas en las digitalizaciones de la Biblioteca Nacional de Francia, y me puse a observarlo no pude dejar de pensar la diferente relación que tenemos con las imágenes, con todo tipo de imagen creada por manos humanas, desde nuestro mundo de inicios del tercer milenio y el que podían tener en la Edad Media e incluso siglos después. Margarita de Orleans probablemente abriría su libro todos los días por las horas canónicas correspondientes y por la fecha del año litúrgico correspondiente. Como he dicho más arriba, para ser la página de un libro el texto es muy escaso. Estas palabras en latín: Domine, labia mea aperies, et os meum annuntiabit laudem tuam. Entre aperies y et, hay un dibujo que simula una flor, que se puede traducir por la coma. Y no está escrito tuam sino tuã, porque hay una abreviatura que elimina la m. Señor, tú me abrirás los labios, y mi boca mostrará tu alabanza. Son palabras que están en el salmo 51 de David, el famoso salmo del Miserere. Pero este versículo se usa también en el rosario y en el oficio de la Virgen María, por eso está en el miniatura de la Anunciación.

Horae ad usum romanum  claveles y fresas

Es indudable que Margarita de Orleans sabía de sobra como continúa la oración, lo que ocurre es que en esta página, como en otras del libro, lo que domina es la imagen y no sólo la imagen de la escena sagrada. Son todos los detalles, mínimos aparentemente, pero con los que la poseedora del libro se iba encontrando todos los días. Detalles que le servirían para recrearse para obtener un placer estético que no estaba en la funcionalidad primaria del libro de horas. También hay que decir claramente que ninguno de esos detalles está puesto al azar. No son caprichos del miniaturista. Quizá hoy no tengamos todas las claves para interpretar lo que hay en esta página o en otras, pero no eso no quiere decir que no fuera perfectamente comprendido en su época sin que haya ningún esoterismo ni ninguna adivinanza. La iconografía y la iconología no son un juego de acertijos como dicen algunos malintencionados y resentidos historiadores del arte actuales, historiadores que en fondo, odian la disciplina en la que trabajan. Fijémonos en la greca que enmarca la escena de la Anunciación, es una cenefa vegetal principalmente: hay violetas, claveles, fresas, aguileñas azules y blancas, emparrados de vid con sus uvas, y mariposas, caracoles, palomas. En la parte vertical hacia la zona superior, bajo los claveles gigantes rojos y blancos, hay dos damas con tocado de doble cuerno a la moda de principios del siglo XV, y una jovencita sentada, “niña en cabello” que con una de las damas está tejiendo una corona de claveles.

En la banda inferior una mujer hila, junto a las palomas que están bebiendo y el gallo que se dispone a cantar. En la esquina inferior derecha cuatro personajes hacen la vendimia.

Horae ad usum romanum  vendimia

Todas las flores, frutos, animales y acciones tienen un simbolismo claro. No lo voy a explicar ahora porque no quiero espantar a los lectores que pasen por aquí. Además, en lo que quiero centrarme en este escrito es en la escena principal. Simplemente comentar un simbolismo que creo que hoy no habremos olvidado: la viña y las uvas tienen un claro significado eucarístico. Pero no es solo el simbolismo, es que yo me pongo en la piel y los ojos de Margarita de Orleans en un mundo en que los colores vivos solo estaban en la naturaleza que renace en el mes de marzo, como casi todas las flores y frutos que hay en la greca, excepto las uvas. Donde lo que había por las calles era suciedad y malos olores, donde solo los muy ricos como ella podían permitirse telas preciosas de colores vivos, porque lo que se veía por la calle y en los campos eran gentes vestidas con ropas pardas de lana sin teñir. Olvidamos que nuestro mundo de colorines es fruto de la Revolución Industrial que democratizó el color e inventó tintes que no pudieron soñar que existían en el siglo XV. Sí me pongo en la mirada de Margarita de Orleans y pienso con cuanto placer se detendrían ante cada detalle., como algunos días descubriría en el libro escenas, flores, colores que le habían pasado desapercibidas otras veces. Un mundo sin imágenes efímeras en movimiento, sin cientos de fotos digitales descargadas de las tarjetas tras un viaje, un mundo en que el detalles de un tapiz, de un retablo, de un libro de horas era una fuente de placer que no podemos imaginar ahora.

Pero dije que quería centrarme en la escena principal y es que esta escena de la Anunciación, aunque no se diferencia iconográficamente de otras de la misma época es tan hermosa, graciosa, elegante que me cautivó nada más verla. Tampoco quiero extenderme sobre la iconografía de la Anunciación que puede ser larga y tediosa. Tenemos un interior con dos techos, uno es real y el otro no es visible a los ojos humanos. A la derecha, como ya comienza a representarse en el siglo VI, está María. Esta Virgen María es una dama de la época, quizá con un vestido un poco anticuado, lo que la pone fuera del tiempo. Todo el vestido es azul, el vestido interior, más apagado y el brial sin mangas de glorioso azul ultramar. Ningún glasto, ningún índigo, podía dar ese azul en las telas de la época. Ese azul proviene del lapislázuli, el azul ultramar que llegaba desde las minas de Afganistán, el color más caro. Más caro que el oro de los nimbos, de los rayos de la divinidad, de la túnica y las plumas de pavo real de las alas de Gabriel, del paño en que se apoya el libro de los profetas. Para el siglo XV la Virgen María ha dejado de vestir de rojo bermellón y viste de azul.

María se vuelve porque está leyendo. A partir de siglo XI, María deja de hilar la lana del Templo y de recibir a Gabriel mientras iba a por agua y lee un libro, no un rollo de papiro como eran los libros en la época en la que vivió. Lee el libro de los Salmos, Domine, labia mea aperies…  o la profecía de Isaías 7:14. Pero lo importante es que lee. A partir del siglo XII las mujeres comenzaron a leer, y nada era más refinado ni elegante en una dama que leer. Entonces, cómo no iba a leer la Dama, la Señora por excelencia. Esa Señora ante la que Gabriel se arrodilla como el caballero que rinde homenaje a su dama. Pero fijémonos, entre la filacteria de Gabriel con la salutación “Ave María” y la cabeza de la Virgen que se vuelve dejando la lectura hay algo: es un niño completamente formado que se dirige entre los rayos dorados que salen de Dios Padre hacia María. Este es un motivo iconográfico que se incia en el siglo XIII y desapareció con el tiempo hasta ser prohibido en el siglo XVI. Se dice que Jesús no fue formado en el útero de María sino que fue emissus caelitus, enviado del cielo por Dios completamente formado. Pero además fijémonos en la dirección de los rayos y del Niño: van directamente de Dios Padre a la oreja de la Virgen. Porque esta es la escena de la Anunciación pero ¿Cuándo se produce la Encarnación? La concepción de ese niño que las fechas del siglo V harán nacer el día del Sol Invictus, el 25 de diciembre. Ya desde el siglo IV se dijo que María concibió al oír las palabras del ángel, es lo que se llama la “concepción auricular”.

Gonçal Peris Sarrià, Anunciación, primera mitad S-XV. Museod e Bellas Artes, Valencia

Gonçal Peris Sarrià, Anunciación, primera mitad S-XV. Museo de Bellas Artes, Valencia

Hay un cuadro poco conocido  pero que es una de las joyas de pintura gótica del Museo San Pío V de Valencia. Este cuadro presenta la escena de la Anunciación, con más ingenuidad y menos elegancia que el Libro de Horas de Margarita de Orleans, pero donde vemos nada menos que a las tres personas de la Trinidad, Dios Padre, el Niño con la cruz y la paloma del Espíritu Santo en la misma dirección: hacia la oreja de María. Una Anunciación cum parvulus, que después sería considerada confusa y completamente prohibida por el Concilio de Trento.

Hay más elementos en la escena del libro de horas: el cortinaje ante el atril de lectura de la Virgen que recuerda el paño de honor de la iconografía imperial romana, que también aparecen en las miniaturas de los emperadores Otones de los inicios del Sacro Imperio Romano Germánico. O como no podía faltar desde el siglo XIV el jarrón con las azucenas, lilium candidum, y la maceta que está en el suelo con sus pequeñas flores blancas imperceptibles es quizá de lirio del valle, convallaria majalis, flor también asociada a la Virgen María.

Dije más arriba cuando comencé a centrarme en la escena de la Anunciación que estábamos ante un interior con dos techos, uno real y otro no visible. El techo real es el de las vigas de madera, con intervalos azules y una cornisa con rosetas. Porque más arriba de ese techo hay otro en forma de bóveda de crucería, cuya plementería también está pintada de azul y probablemente con estrellas doradas. Un tipo de decoración de las bóvedas góticas que aún hoy, es cierto que con restauraciones del siglo XIX, se puede ver en la catedral de Albi o en Santa María sopra Minerva de Roma. Ese es el techo “no visible”. Entre el techo de vigas de madera y la bóveda de crucería están los ángeles tocando el órgano y cantando. Esa bóveda de iglesia nos está representado el Cielo y los ángeles que cantan, la música de las esferas.

Horae ad usum romanum  ángeles

Prosa Flavit Auster – Codex Huelgas – Siglo XIV

Flavit Auster flatu leni ventris aulam Deo pleni tuam, virgo, celitus. Quo mundata culpas mundas, quo fecunda donis Sancti Spiritus.

Virgen, desde el cielo el Austro exhaló con suave brisa tu palacio de vientre grávido para Dios. Por el cual purificada, limpias las culpas, por el cual fecundada, nos fecundas con los dones del Espíritu Santo.

Felix alvus, felix pectus cuius Deus carne tectus lac suscepit uberum. Ave, claustrum trinitatis, ave, mater pietatis, medicina vulnerum.

Feliz vientre, feliz pecho de cuya carne, cubierto Dios, tomó la leche de tus senos. Ave, claustro de la Trinidad, ave, madre de piedad, bálsamo de las heridas.

Te amantis nihil durun, te sequenti nihil oscurum,  iter devium. Deformatum reddis forme, quod declinat sue norme trais recticlinium.

Para el que te ama no hay nada duro, nada oscuro para el que te sigue, ningún camino desviado. Enderezas lo deformado, atraes a tu mansión lo que se desvía de sus preceptos.

Tibi sapit cui tu sapis, qui te capit illum capis dum te fide concipit. Spes es grata tibi grato, favus mellis es palato quod te sane recipit.

Conoces al que te conoce, escoges aquel que te escoge siempre que confía en ti. Eres grata esperanza para el que te es grato, eres panal de miel para el paladar que te recibe verdaderamente.

Ergo salus miserorum portus vite naufragorum. Tuis opem percibus. Patris tui Filiique nobis semper et ubique para suplicantibus. Amen.

Por tanto, eres salvación de los pecadores, puerto de la vida para los náufragos. Con tus súplicas, prepara el favor del Padre y del Hijo a los que te suplicamos siempre y en todo lugar. Amén.

Traducción procedente del libreto del Cd.

Tengo otra versión más filológica, quizá más real a la interpretación de esta polifonía del siglo XIV, pero no me he podido resistir a poner la alada voz de la recordada Monserrat Figueras, que espero que forma parte de esa música de las esferas celestiales.

Bosque

Diciembre

Diciembre. Ciclo dei mesi. Maestro Wenceslao, c. 1400. Castello del Buonconsiglio, Trento.

Pridie Kalendas Ianuarias

Como en otros meses, el cielo de índigo o de glasto está muy deteriorado pero el jeroglífico solar está completo, y nos dice con su letra gótica que el sol ya ha pasado por el punto de Capricornio. El día más corto del año y a partir del que comienza a remontar la luz. Estamos a fines del siglo XIV o a principios del siglo XV, el calendario juliano ya lleva varios días de retraso. Cuando en estos años crean haber pasado el solsticio de invierno, aún no habrá ocurrido, los días previos a la Navidad, la estación muerta del campo se prepara para pasar los meses más duros.

Dos espacios se reparten la escena, la ciudad amurallada y el bosque o sus lindes. La ciudad prolonga la escena del mes de noviembre, en donde entraban los porquerizos con los cerdos. Ciudad con tres puertas, con muralla de piedra blanca. El Trentino, a pie de los Alpes es territorio bisagra entre el mundo mediterráneo y Centroeuropa. Son tierras del emperador, pero estamos en Italia. La ciudad es de casas de piedra o de ladrillo, los tejados rojos a dos aguas, de teja plana o de teja curva romana, casas de dos pisos, pero una destaca entre la demás su fachada tiene piñón escalonado como las de Flandes. Quizá la casa de un mercader extranjero, de alguien que comercia entre las ciudades de Toscana y las flamencas, con su residencia cerca de los pasos alpinos.

diciembre -ciudad

Construcciones de piedra, pero en el río junto a la doble muralla, por donde salen los caballeros, el molino es de madera con su tejado de bálago, también una barbacana es de madera y algunas partes del castillo o casa señorial dentro de la ciudad. La Edad Media podría llamarse la edad de la madera. Durante siglos las viviendas, excepto en el mundo mediterráneo fueron de madera, tan frágiles, víctimas fáciles del fuego como el molino. A partir de siglo XIV en muchos lugares de Centroeuropa y el norte se va sustituyendo la vivienda de madera por la de piedra y ladrillo. Porque desde el siglo XIII una innovación ha entrado en la vivienda. Primero en el centro de la estancia, luego adosada a un muro, completada con una campana que recoge el humo: el hogar. Primero en las residencias señoriales, en la escena sólo la gran casa señorial tiene chimenea, luego en las viviendas populares, incluso en la casa campesina. Desaparecen los hogares comunales a cielo abierto. La incorporación del hogar en el seno de la casa ocasionó cambios en  la estructura familiar, en los modos de convivencia, y creó una situación completamente nueva: la mujer lo cuidaba y obtuvo su poder doméstico. Los ancianos que se calentaban allí tenían ocasión de contar historias y leyendas, los alimentos, en sus proximidades, adquirieron posibilidades suplementarias de conservación, Y hasta en las residencias nobles, con grandes chimeneas donde se podían quemar troncos, era el lugar donde se reunían las nodrizas, los enfermos y los viejos.

La Edad de la Madera. Mangos de azadas y hachas, vajilla culinaria, zuecos, mobiliario, equipamiento artesanal y agrícola, carros, puertas y ventanas, vigas, los troncos que se quemaban en el hogar del rico y las gavillas que ardían en el hogar del pobre. Para obtener esa madera necesaria durante siglos, desde el neolítico, se atacó al bosque. En esas historias que se contaban alrededor del hogar el bosque europeo es protagonista. Es el lugar del misterio y del miedo. Quien con cierta edad ha escuchado o leído los cuentos populares ahora políticamente incorrectos, los cuentos edulcorados hoy y tan cambiados que ya no cumplen la función que tuvieron durante siglos, puede recordar el papel del bosque. El bosque es el lugar del peligro de los cuentos. Es el dominio del lobo, del jabalí y del oso. En el bosque son abandonados Blancanieves y Pulgarcito, en lo profundo del bosque está la casa de la bruja de Hansel y Gretel, los caballeros errantes de las novelas de Chretien de Troyes se enfrentan en sus primeras salidas al bosque, al bosque de Morrois huyen Tristán e Isolda como proscritos.

Leñadores y carro

El bosque europeo medieval no es una masa vegetal impenetrable que abarque toda Europa. Esa es la visión del imaginario, aunque helechos, troncos caídos, matojos impenetrables, lugares donde no se pensaba en el sanear el suelo lo hagan impracticable. El hábitat europeo es un archipiélago de claros cultivados, de aldeas y ciudades entre un océano de bosques. Robles y hayas al norte de los Alpes y el Danubio, abedules en las llanuras del este y a orillas del Báltico, castaños, olmos, tilos, más al sur, en Francia, en el sur de Alemania, encinas en el Mediterráneo y coníferas un poco en todas partes. No tantas como hoy, madera blanda y de rápido crecimiento, que las tierras señoriales hicieron prosperar. El pino romano marítimo, el ciprés de Toscana y de Grecia son colonizaciones recientes. El bosque mediterráneo fue un ecosistema más frágil que el centroeuropeo y nórdico, casi destruido antes de la era cristiana. El bosque de nuestros recuerdos culturales fue la greñuda Galia y Germania de los romanos, la que hizo que el narrador de El corazón de las tinieblas dijera que el estuario del Támesis fue un día lugar de miedo. El bosque cerca de la ciudad y la aldea, el bosque que hace linde con los campos de cultivo. Tres hombres lo atacan. Pequeños árboles que se convertirán en mangos de azada o del hacha que los destruye, ramas que alimentarán el hogar de las leyendas y los cuentos, el crisol donde se fundirá el hierro, cuyo temple en estos siglos medievales sólo será eficaz en la espada y el hacha. Otros lo cargan en carros o arrastran con el trineo sobre la nieve aún raquítica de diciembre, antes de las grandes nevadas de enero, de febrero que encierren a las gentes en sus casas, alrededor del fuego donde el bosque se quema.

El bosque lugar de misterio y temores, el bosque donde viven los leñadores y los carboneros, donde merodean los proscritos y donde se busca al santo ermitaño para obtener su perdón como hicieron Tristán e Isolda. El bosque europeo medieval es un hormiguero humano, lugar de derecho señorial de caza y fuente de alimentación de los pobres. Tristán e Isolda huirán al bosque pero en el bosque no están seguros porque pueden ser descubiertos. Como en los remotos tiempos paleolíticos, en una escala que no podemos comprender hoy el bosque alimentaba a parte de la población, sobre todo cuando a finales de invierno la cosecha se agotaba. Trabajo de mujeres y de niños era la recolección de setas, bayas dulces, manzanas silvestres, madroños, castañas, bellotas, raíces como nabos y chirivías, puerros, ajos y cebollas, berros y dientes de león. El derecho de acceso al bosque fue una lucha constante durante toda la Edad Media. El señor lo quería como territorio de caza y explotación de recursos, el pueblo campesino lo necesitaba para su supervivencia. El bosque era un elemento fundamental del ecosistema medieval.

coníferas

A escasos centímetros de la muralla, pero lejos en la realidad, al pie de las montañas alpinas, golpe tras golpe de hacha, las coníferas, quizá abetos van cayendo, limpias de ramas se colocan en los carros o el trineo. Se encaminan a la ciudad donde alimentarán los hogares ahora pletóricos de viandas para la Navidad, el Año Nuevo, la Epifanía. Al calor de esos hogares se contarán historias, historias de otros tiempos cuando el año mil se acercaba, de hambrunas cuando las gentes eran asaltadas en los bosques y devoradas, historias de amantes que se refugiaron en ellos, de proscritos que defendían a los pobres frente a los señores. Serán la materia prima de carpinteros y artesanos, el trabajo doméstico de hombres que no trabajan en los campos pues las cosechas futuras están bajo la nieve. Y un día se pondría freno a ese asalto continuo al bosque. Hubo que dejar de pensar, como se hacía en el mundo mediterráneo, que el árbol no era el enemigo que acababa con la poca agua que había, ni el que impedía el pasto del ganado o la expansión de la tierra de cultivo. Frenar ese asalto que convertía a los árboles en carbón y cenizas, y usar para alimentar los crisoles donde el hierro se funde la piedra del diablo que arde, el carbón mineral. Y llegó un día, que aunque nos contaran historias inquietantes y terribles que sucedieron en el bosque, el bosque fue un lugar de itinerarios señalizados, de violetas que crecen al borde del sendero en primavera, un lugar necesitado de protección, muy lejos de aquel lugar de misterio que conservamos en los recuerdos que nunca pudimos vivir.

Gilles Binchois – Adieu, adieu, mon joieulx souvenir (c.1428 -1436)

Adieu, adieu, mon joieulx souvenir,
le plus hault bien qui me puist advenir,
belle et bonne que j’aim autant com moy.
Le dire adieu me donne tant d’anoy
qu’a grant paine puis je la bouche ouvrir.

Ce seroit fort que me puisse esjouir
quant j’eslonge mon souverain desir
et la chose que plus voulentiers voy.

Adieu, adieu, mon joieulx souvenir,
le plus hault bien qui me puist advenir.

Adieu, vous dy; il est temps de partir.
Adieu, celle que tant ay chier velr.
Mon povre Coeur vous remirant, par ma foy;
aultre que vous ne joira de soy;
tous deulx vous lesse, helas quel desplaisir.

Adieu, adieu, mon joieulx souvenir,
le plus hault bien qui me puist advenir,
belle et bonne que j’aim autant com moy.
Le dire adieu me donne tant d’anoy
qu’a grant paine puis je la bouche ouvrir.

Ciclo dei Mesi completo

Osa

Noviembre

Noviembre. Ciclo dei mesi. Maestro Wenceslao, c. 1400. Castello del Buonconsiglio, Trento.

Idus Novembres: Epulum Iovis, Feronia, Fortuna Primigenia, Pietas, Ludi Plebei

Sol en Sagitario en un cielo muy estropeado que ha perdido el azul, como el azul se pierde en estos diez últimos días de noviembre, acercándose el tiempo al último mes del año.  No hay trabajos agrícolas en las dos escenas que el Maestro Wenceslao ha elegido para ilustrar el que es quizá el mes más melancólico del año. El mes en que la luz declina día a día, en el que el frío avanza y los días son grises. La tierra duerme hasta la primavera. El trigo y el centeno con que se hará el pan ya se ha sembrado y dormirá bajo la nieve varios meses hasta que comience a germinar en marzo.  En abril se sembrará la cebada y la avena, los productos de huerta también se han cosechado. En otros ciclos, en libros de horas, en el mes de noviembre todavía se ve en los graneros las labores de trabajo con el trigo que se ha ido secando desde la siega de agosto. Pero el Maestro Wenceslao no ha querido ilustrar ninguna labor agrícola en estas tierras de montaña. Tampoco en esta escena hay ninguna mujer, ni dama, ni campesina. Noviembre y también diciembre, son las dos únicas escenas del ciclo sin presencia femenina.

Noviembre cerdos

Dos grandes escenas se reparten la superficie de la pintura. Ante nuestros ojos, en la parte baja, la ciudad blanca amurallada. Casas blancas, tejas de cerámica roja, iglesia con su campanario cuadrado, probablemente románico. La puerta de entrada con su puente, un hombre entrando por la puerta. Como siempre la desproporción de los tamaños, la ciudad que parece de juguete. Dirigiéndose también a la puerta de la muralla otros dos hombres envueltos en una capa corta. Dirigen una piara de cerdos, tres, quizá cuatro dado el deterioro de la pintura. No demasiado grandes, y de color pardo, más cercanos al jabalí que los cerdos actuales. No hay libro de horas con su ciclo anual, no hay catedral, iglesia, baptisterio o fuente que tenga un calendario del año con sus trabajos, donde no esté presente el cerdo.

En la Edad Media se hicieron preguntan que hoy nos seguimos haciendo, aunque la biología molecular ya las haya contestado. Una pregunta que inquietó a eruditos y a gente común fue cual es el animal que más se parece al hombre. En Europa, en épocas de las que tenemos testimonio escrito, sólo hay tres animales en los que realmente se ha pensado que mantienen con el ser humanos lazos de semejanza, proximidad y parentesco: el oso, el cerdo y el mono. Acudiendo siempre a los clásicos, a Aristóteles y a Plinio, para ellos el mono es el más próximo y también esa ha sido la respuesta de la biología con respecto a los simios antropoides. Pero para la Europa medieval el simio representa lo más feo, vil y diabólico. Los otros dos, cerdo y oso, están en la pintura del Maestro Wenceslao.

La relación de los europeos con el cerdo es de una curiosa ambigüedad: es un animal que se cría exclusivamente por su carne, pero que también provee de otros productos como piel. Proporciona buena parte de las proteínas animales que durante siglos pudieron comer las clases populares. Su cría no resultaba especialmente costosa, los bosques proveían de lo necesario para su alimentación y por las ciudades y aldeas campaban a sus anchas sueltos devorando desperdicios y causando más de un accidente. La matanza se producía en este mes de noviembre o en diciembre. Su carne se procesaba de diferentes maneras para conservarla. La cultura material europea le debe mucho al cerdo, uno de los grandes animales domesticados, junto a los bóvidos, el caballo y el asno, la oveja y la cabra. Y sin embargo, el cerdo no era un animal admirable en absoluto. Se lo consideraba criatura impura, sus atributos son la suciedad, sorditas, la gula, la pereza y la lujuria, todo unido. Pero la Europa cristiana, no se privó de su carne. Y no sólo de su carne. Durante siglos su cuerpo se utilizó en los estudios de medicina dado su parecido con el ser humano. En Salerno, en Montpellier, se diseccionaban cerdos para estudiar la anatomía humana, antes de que Andrea Vesalio viniera a desmentir ese pretendido parecido. Quizá las reticencias hacia el cerdo no tenían tanto que ver con sus costumbres consideradas sucias, el cerdo no suda y necesita refrescarse con el barro o con lo que tenga cerca, sino con ese inquietante parecido.

En el mes de diciembre, si el año ha sido bueno, con los graneros rebosantes, con la matanza realizada y elaborados los embutidos y la carne en las orzas de barro llegará la época de las comilonas navideñas, las que antes fueron saturnales romanas. Durante miles de años los humanos comieron cuando había comida, y pasaron épocas de ayuno y hambre cuando escaseaba. A esos cerdos que llevan los porquerizos pintados por el Maestro Wenceslao les quedan pocos días de vida y en los días de Navidad estarán en las mesas. Cuando llegue la primavera casi no quedarán provisiones cárnicas y la cosecha se habrá ido agotando, será entonces el tiempo de los ayunos cuaresmales y de las vigilias de Semana Santa.

Noviembre Caza del Oso

El otro animal, el oso, está en la escena alta. Caza del oso en la alta montaña. Las rocas de color rosa emergen del amplio escenario, recordando los Dolomitas de Brenta. Una batida, un amplio espacio. Una osa perseguida por una jauría de perros y precedida por dos oseznos, se da la vuelta hacia el peligro inminente que la acecha. Caballeros y hombres a pie. Dos órdenes sociales juntos para acabar con un pobre animal perseguido durante toda la Edad Media. Un cazador hace sonar el cuerno para advertir a los cazadores estratégicamente distribuidos para impedir el paso a la presa. A la derecha, un grupo de tres hombres sujetan con una correa a los perros preparados para ponerlos en libertad. Están armados con largas lanzas con una gran punta de hierro, cordadas y con un gancho atado a la cuerda como un arpón.  Catorce hombres armados de hierro, acompañados de perros de caza contra la osa y los dos oseznos que debieron nacer el invierno anterior en la osera que hibernaba. 

Si el cerdo es ejemplo de sordidez el oso es el enemigo. El oso fue la primera divinidad europea, el rey de los animales antes de que un animal foráneo como el león lo desplazara. La griega Ártemis y la celta Arduina, venerada en estas tierras del Trentino fueron sus diosas. Al oso le declaró la guerra la Iglesia porque tenazmente se mantenía en el imaginario popular como el animal regio que había sido. La Iglesia Católica tuvo que poner fiestas de santos ursinos, como San Martín el santo más popular de la edad media, cuyo nombre lleva también la raíz art, que significa oso, en la época de hibernación, noviembre, y en la época del despertar, febrero. Cuando el Maestro Wenceslao pinta el mes de noviembre, los osos han retrocedido en toda Europa hacia las aéreas de montaña. El rey de los animales de Europa es un animal despreciado en el Roman de Renart y un entretenimiento en las plazas de ciudades y aldeas.  La osa que persiguen estos catorce hombres y su jauría no acabará en ningún espectáculo de juglares, morirá atravesada por las lanzas defendiendo a sus crías. Las osas son, no sólo de las mejores madres del mundo animal, sino que tienen la capacidad y la fuerza de defenderse, pero no contra una batida de lanzas de hierro y arpones. Esa osa no regresará a su osera para hibernar con sus oseznos a los que despediría en la primavera siguiente. Quizá los oseznos sí sobrevivan y sean capturados vivos. Quizá puedan superar el dolor de la separación de su madre y acostumbrarse a los humanos que los entrenarán o los encerrarán en una colección de fieras de algún noble. Pero no volverán a la montaña ni a los bosques alpinos. La acción que pinta el maestro Wenceslao es la que ha tenido la consecuencia de que hoy haya casi desaparecido el oso pardo, ursus arctos, de casi toda Europa, y antes de que se extinga definitivamente, desesperadamente se traen osos de Eslovenia al Trentino, a la Cordillera Cantábrica, a los Pirineos. Osos que no pudieron ser descendientes de esta osa que mira hacia atrás, que se da cuenta del peligro y que defenderá hasta la muerte a sus oseznos.

Noviembre Osa y oseznos

Ghirardello da Firenze  (c. 1320-1325 – 1362 ó 1363)
Con levrieri e mastini, segugi e bracchi

Con levreri e mastini, segugi e brachi,
cacciando vo da ssera e da mattina
Sol per gigliare la bianca porcellina.
Perché sommo dilecto spero il giarno
Ch’i’ sinerò a caccia perso’l corno.

Cetrería

Septiembre

Septiembre. Ciclo dei mesi. Maestro Wenceslao, c. 1400. Castello del Buonconsiglio, Trento.

Ante diem decimum Kalendas Octobres
Equinoccio de otoño

Si echara a volar, desde la roca donde observa la cacería, veríamos como es en verdad este paisaje o estas escenas. Hay tantos personajes en tan poco espacio que podemos confundirnos. Está en la roca, deteriorada, por el incendio y los siglos. Es la única criatura que nos puede explicar este espacio. Hagámonos la idea de que somos ella, que levantamos el vuelo y nos vamos hacia la zona más alejada. El cielo de azurita, de índigo o de glasto casi no existe. El jeroglífico del Sol en Libra reina en un espacio oscuro y marrón. El Sol está en Libra, hemos cruzado ya el tiempo del equinoccio. A partir de ahora sí que la luz iniciará un retroceso acelerado, mientras los últimos días cálidos desaparecen.

En el mes de septiembre vuelve a reinar el verde. Verdes oscuros de árboles y matorrales, de los surcos abiertos por el arado. Verdes tiernos de la hierba y verdes amarillentos. Apenas los ocres y los rojizos tienen presencia entre la variedad de verdes. Casi no tenemos rocas, ni montañas, ni edificaciones campesinas. Una casa con tejado de paja y un puente de tablas sobre un arroyo. Una construcción rojiza con torre almenada y una extraña chimenea dentro del recinto, nos indica el mundo señorial o urbano. El verano, incluso el verano climático en estas tierras alpinas ha pasado ya, pero la altura, las lluvias, la cercanía de los lagos llenan de verdor la tierra. Sigamos su vuelo. Tres bandas, dos mundos, o dos órdenes, el mismo mundo pero diferente condición. Todos envueltos en el color verde.

No parece que el horizonte lo cierren las montañas. Los árboles que cierran la primera escena o banda horizontal tienen más de frutales que de frondosas o coníferas de bosque. Estamos en el valle. De nuevo, un campo cercado. Si nos atenemos a lo que ha pintado el Maestro Wenceslao este campo es imposible por su pequeño tamaño. El arado pesado de vertedera y su tiro formado por una pareja de bueyes y otra de caballos es casi tan largo como el mismo campo. Antes de terminar el surco ya habría que dar la vuelta al arado. Pero no nos atenemos a lo que vemos, somos ella y estamos volando sobre un campo que por su verdor parece un huerto. Pero no es un huerto, aunque nos engañe en un primer momento la mujer con la azada que trabaja en los surcos ya abiertos.

Septiembre-arando

Ningún huerto necesitaría la entrada del arado de vertedera. Los huertos suelen ser parcelas de pequeño tamaño y una consecuencia del uso de este arado es que ha conformado el paisaje agrario de Europa hasta hoy. La dificultad de darle la vuelta a un arado tan complejo creó a lo largo de los siglos parcelas largas y estrechas. Este arado es prácticamente como el del mes de abril. Parece algo más pequeño pero no lo debe ser, pues de él tira un animal más. Para manejarlo se necesitan dos hombres: el que ara y el que hace de timonel del tiro. En septiembre, como en abril, la tierra debe ser húmeda y pesada, de ahí la necesitad de la vertedera y de la fuerza que tienen que hacer los animales, los bueyes uncidos al yugo, los caballos con la collera. No es fácil trabajar estas tierras alpinas, pero todas las innovaciones medievales poco tienen que ver con Varrón o Columela, citados y poco leídos por lo monjes. De estos personajes nada saben los campesinos cuyas innovaciones proceden del ensayo y el error. Dónde la azada que maneja la mujer en nada se diferencia de la usada por los romanos o por un campesino del siglo XIX. Hay herramientas perfectas hechas a la mano y desesperación de arqueólogos, y las innovaciones, las innovaciones no siempre son bien vistas, sobre todo por la Iglesia, que sospecha del individualismo y vislumbra tras él el afán de riqueza o de cambio. El campo del mes de septiembre, no es un huerto, es un campo alargado, lo vemos desde el aire, que se prepara para recibir la siembra del cereal de invierno, del trigo o del centeno que dará el pan en la cosecha del verano del año siguiente. Pero a diferencia de otras escenas septembrinas en palacios o libros de horas, al campesino del arado no le sigue el sembrador y el campesino con el caballo y la grada. En el campo, una mujer con la azada desmenuza los terrones húmedos llenos de la hierba otoñal, para conseguir una tierra más homogénea para la siembra.

Septiembre-campo de nabos

Sigamos a vista de pájaro. Separado por un cercado o un camino, con algunos árboles frutales tenemos otro campo. Tan grande en la pintura del Maestro Wenceslao como el campo que se está arando. Este campo, también con las hierbecillas que han salido con las lluvias, ya está trabajado, y su cosecha lista para recoger. Los caballeros y las damas del primer plano tienen como fondo de sus acciones un vulgar huerto de nabos. Estamos muy lejos todavía en el tiempo de la revolución agraria que se producirá en las tierras flamencas y holandesas y que tendrán a estas humildes raíces comestibles como protagonistas principales. En el siglo XIII, la recogida de los nabos está representada por Benedetto Antelami en el ciclo anual del interior del Baptisterio de Parma, pero en el mes de noviembre.

El campo de nabos en el que una mujer, tras arrancarlos los acumula en racimos, era fundamental para la supervivencia campesina. Había multas y otros castigos para quien los robara, dado que eran un alimento quizá considerado vil por nobles y eclesiásticos de alto rango, pero los nabos, convertidos en dados, fritos en una sartén con mantequilla y grasa animal, no estamos en tierras de aceite de oliva, era una comida muy sabrosa para acompañar las sopas de cebada o un pan de centeno.

Septiembre-caza con halcones

No serían nabos lo que comerían ni como guarnición los cinco personajes a caballo de la primera banda, la que está  frente a nuestros ojos entre las dos columnillas torsas, la que observa ella desde la roca. No parece ella parte del grupo, aunque tomadas del nido, y alimentadas como dice Federico II, con carne cruda de pollo cortada en trocitos finos o con huevo batido no cuajado del todo, mezclado con leche, los pollos de águilas, halcones, azores se acostumbran y se avienen al entrenamiento. El águila siempre volará sobre los perros. Cazará presas grandes como patos, conejos y liebres. Los halcones peregrinos cerrando las alas se lanzarán como una flecha sobre las presas pequeñas. En esta escena, dos caballeros, al unísono, lanzan sus halcones sobre las perdices que han levantado los perros. El caballero que acompaña a la dama de largas trenzas y a la del cabello suelto no tiene tanta suerte: ha lanzado su halcón contra las perdices y el perro salta para atraparla pero sin éxito.

Ella observa, observa desde el campo que se está arando hasta la roca donde ve a jinetes y amazonas, la relación de los hombres con los animales. Extraña relación que se inicia en la Edad Media y que con cambios llega a nuestros días. El mundo antiguo no vio al animal de la misma manera, lo ignoraba, despreciaba o lo sacrificaba, pero el cristianismo habló de todas las criaturas. Cristo nació en un pesebre entre dos animales, y a finales del siglo XIV ningún Papa había desterrado al buey y a la mula de la Natividad. Y vino a salvar a todas las criaturas, y entre todas las criaturas estaban los animales. La Edad Media dotó al animal de un alma más o menos moral y se preguntó por la responsabilidad de los actos de los animales. También es cierto que los clérigos tronaban contra el amor y el apego que se les tenía a ciertos animales, como caballos, perros y halcones, los tres representados aquí, los tres, compañeros  y aliados en la caza, en el ocio o en la guerra, de la misma manera que en el campo, bueyes y caballos comparten el duro trabajo de los campesinos.

Septiembre-Aguila

Jacopo da Bologna (antes de 1340 – 1386) – Aquila altera/Creatura gentile/Uccel di Dio
Anónimo sobre Jacopo da Bologna – Aquila altera (Codex Faenza)

Superius

Aquila altera, ferma in su la vetta / Águila orgullosa, fija en lo más alto
de l’alta mente l’ochio valoroso, / la valerosa mirada del escarpado monte,
dove tuo vita prende suo riposo, / allá donde tu vida encuentra su reposo,
là è ‘l parer e là l’esser beato. / allá parece un espíritu bendito.

Contra tenor

Creatura gentil, animal degno, / Criatura gentil, animal digno,
salire in alto e rimirare ‘l sole / elevarte y mirar el sol
singularmente tuo natura vole. / es todo lo que tu naturaleza desea.
Là è l’imagine e la perfezione. / Ahí están la imagen y su perfección.

Tenor

Uccel di Dio, insegna di giustizia, / Pájaro de Dios, símbolo de justicia,
tu hai principalmente chiara gloria, / tuya es la esencia de la gloria
perché ne le grand’opre è tua vittoria. / porque vences sobre toda la creación.
Là vidi l’ ombra e là la vera essenza. / Allá está la sombra y aquí la verdadera esencia.

Traducción procedente del libreto del disco.

 

Hoz

Agosto ciclo dei mesi

Agosto. Ciclo dei mesi. Maestro Wenceslao, c. 1400. Castello del Buonconsiglio, Trento.

Kalendae Augustae: Festum Spei et Martis

Sobre el medallón pintado en la clave del arco rebajado de la ventana está el poste-columnilla que separa el mes de julio del mes de agosto. El obispo moravo de Trento o el mismo Maestro Wenceslao eligieron la superficie más grande de la sala para colocar las escenas de los meses del verano. Como en el mes de julio con respecto a mayo vemos prolongarse el paisaje, una de las rocas que simulan las cumbres alpinas, pero enseguida lo que cierra el horizonte es un bosque. No estamos en las alturas, sino en el valle, en los campos que rodean las aldeas y las villas del obispado. En un cielo muy completo de color, el jeroglífico solar en Virgo, alcanza las copas de los árboles.

Si este fuera un ciclo meridional, la escena principal que vemos representada estaría en el mes de junio con el sol ya en Cáncer o como mucho en julio. Desconozco la razón astrológica por la que el Maestro Wenceslao ha colocado todo los meses con el signo astrológico en el último decanato. Pero incluso en las tierras alpinas dudo que la siega del trigo se produjera tan tarde, en los últimos diez días de agosto.

Más de la mitad de la pintura ocupa la escena campesina. El bosque cierra el horizonte. A la derecha la villa o aldea. Seis construcciones con tejado de paja a dos aguas. Una construcción más elaborada, tejas planas, un balcón de madera, un recinto cercado ante la puerta con puerta de madera con bisagras de hierro. Agosto - cleroA su lado la iglesia gótica, de piedra rojiza, con torre en el crucero, rosetón y pórtico. ¿Acaso la catedral de Trento? Y el personaje eclesiástico que lee en el jardín de su casa, no es el obispo, no, que ese está en su palacio, en el castillo donde están pintados los frescos que me ocupan mes tras mes, pero puede ser uno de los canónigos o el mismo deán. Lee en su breviario, reza.., o quizá da gracias y bendice que la acción que está sucediendo al otro lado de la cerca de madera de su casa se esté realizando. Porque de todos los trabajos campesinos que vemos en los distintos meses, el del mes de agosto es la culminación, todos son necesarios, todos se complementan, pero la recogida de la cosecha de cereales, del trigo, significa que se podrá sobrevivir otro año.

Un campo cercado, un campo cerrado como es habitual en las tierras altas de toda Europa occidental. La cerca es de estacas con ramas entrelazadas. La cerca no delimita sólo las lindes del campo, sino que protege el sembrado del ganado. El Maestro Wenceslao no ha pintado la cerca en el límite del bosque y junto a la columnilla torsa la cerca parece ser de seto vivo. Pero probablemente toda la cerca sería artificial, hay que dejar que el artista haga una composición armoniosa. En el mes de agosto reina el color amarillo: pigmentos de azafrán, oropimente, giallorino u ocre derivado del azufre. Amarillo para representar lo más fielmente posible el trigo maduro, el origen del pan que se comerá todo un año hasta la próxima cosecha.

Agosto - siega

Sí, quizá de todos los trabajos campesinos que aparecen en este ciclo éste es el más duro. Vemos a la izquierda el campo con las espigas maduras, una fila de cuatro personajes, entre los que hay una mujer, vestidos con sus ropas claras de lino o cáñamo, con la cabeza cubierta, inclinados, siegan con hoz. Los campos de cereales se podrían segar también con guadaña, que por fatigoso que sea el trabajo con ella lo es menos que con la hoz. Pero la hoz es más precisa, y cada espiga cuenta. El segador maneja la hoz con la mano derecha y con la izquierda agarra los tallos que se van a cortar. La dureza del trabajo no solo viene de la postura con la espalda inclinada durante horas al sol ardiente del verano, del movimiento del corte durante horas. La mano que sujeta los tallos se lastima con heridas finas y profundas, dado que los tallos del trigo están altamente silicificados, son duros y cortantes. Desde la antigüedad se han usado manoplas de madera para evitar los cortes, aunque los cuatro segadores de agosto llevan las manos desnudas.

Y la herramienta usada, la hoz, pesadilla de la arqueología medieval, dado que su parecido durante siglos hace dificilísima su datación. Hoces de hierro que se dejaban en los testamentos. Adaptada a la mano. Una cuchilla en forma de media luna con el filo interior, un mango de madera. No hay razón de cambiar una herramienta que se ha comprobado perfecta, que reinará hasta que las cosechadoras mecánicas la desbanquen hace medio siglo. Una herramienta que es más antigua que la agricultura, que ya debió existir en paleolítico superior, los microlitos de sílex afiladísimos enmangados en una estructura de madera. Herramienta de las mujeres que salían a recolectar, que gestionaron durante miles de años los recursos vegetales aunque no cultivaran, que cuando se dio el cambio climático que provocó la invención de la agricultura ya sabían que plantas eran las adecuadas para la supervivencia del grupo.

Para cosechar el trigo sembrado en otoño, que ha dormido bajo la nieve del invierno, que ha resistido las lluvias primaverales, ahora es fundamental, una organización racional, que requiere todas las manos posibles para trabajar en sincronía en función de la amplitud de los campos. Hay que trabajar rápido. El trabajo de meses puede ser destruido en pocas horas. Columela dice que cuando la cosecha está madura hay que segar a toda prisa, antes de que el calor reseque las espigas y caigan los granos. El enemigo es el calor, pero también las tormentas de verano con sus granizadas, que pueden condenar al hambre a toda la comarca. Hay que trabajar deprisa, primero las tierras del señor si aún existe en esos momentos de finales del siglo XIV reserva señorial, luego las parcelas campesinas. Si la tormenta amenaza en domingo se rezará para evitar el pecado de trabajar, pero hasta el clérigo que lee en su breviario dará la absolución a los infractores. Esta es la única escena del ciclo en que vemos representados a los tres órdenes. Nunca quedó más claro aquello que escribió Adalberón a finales del siglo X: otros trabajan, porque provisiones y vestidos son suministrados a todos por ellos.

Filas de segadores, hombres y mujeres que avanzan cortando tallos, otros, como el hombre y la mujer de la escena que atan las gavillas y el que en la zona del campo segado, que en pie, vestido de manera diferente, un enviado del señor quizá, apila las gavillas en ángulo recto. No sólo grano, harinas y pan saldrá de esta cosecha. Como cuenta Plinio, segados los tallos a ras de suelo, la paja del trigo servirá para las techumbres de las casas campesinas, de los graneros y de las cabañas de montaña que se ven el mes de mayo.

Fuera del recinto, en el camino, ya en la aldea, las carretas que llevan las gavillas de trigo a los graneros. Carros de cuatro ruedas, de ejes fijos, del mismo tipo que los de la edad del bronce, tirados ahora por una yunta de bueyes y un caballo, única innovación medieval. Agosto - carrosNo es este un ciclo meridional, del sur de Italia, de la Península Ibérica. A la siega no le sigue inmediatamente la trilla y el aventado del grano. Las gavillas son instaladas en el granero sin puerta, en el piso alto, con una horquilla. Allí el trigo se irá secando y en los meses posteriores, mientras lo permita el tiempo, al aire libre, después, en el interior de los graneros se producirá la separación de la paja del grano. El trigo servirá para pagar tributos e irá primero al molino y luego al horno señorial para convertirse en el pan que alimentará a todos, con suerte si la cosecha ha sido abundante,  hasta la próxima siega.

Dejamos el cercado del trigal y el camino de la villa. Otro cercado de estacas y lo que parece ser un huerto de árboles frutales, se pueden distinguir el manzano y el peral. El edificio de piedra rojiza almenado a la izquierda y los tres personajes del segundo orden, o el primero, según de dónde se esté. Como en el mes de julio tenemos una escena de cetrería, que tuvo su edad de oro en la Edad Media. La caza refinada e inteligente, a la que los mismos reyes prestaron atención y escribieron obras. AzorUn caballero de espaldas, con su elegante traje y sus puntiagudos zapatos a la moda borgoñona, reclama hacia sí con un cebo de carne en su mano izquierda, a un azor, que está junto a la zona pintada de la ventana, en posición de alerta, con robustos anillos en las patas. Y de frente, elegantemente vestidas, dos damas una con vestido azul claro y otra con vestido negro y rojo, acarician y tranquilizan a sus halcones. La cetrería sólo estaba autorizada a los dos órdenes privilegiados, aunque bastante restringida para el clero. También estaba reglamentado que tipo de aves se podían usar. Las damas no podían cazar con azor o gavilán. Era un tipo de caza no peligrosa, las señoras de la nobleza no iban a las partidas de caza mayor, aunque más que el peligro parece ser el recuerdo del Jabalí de Calidón. Pero estas dos damas trentinas que acarician a sus aves de presa, debían ser tan aficionadas a cazar con halcones como Violante de Aragón, reina de Castilla o Ana de Bretaña, reina de Francia.

Agosto - cetrería

Guillaume de Machaut (c.1300 – 1377)
Comment qu’à moy lonteinne

Comment qu’à moy lonteinne / Aunque estáis de mí lejana
Soiez, dame d’onnour, / dama honorable
Si m’estes vous procheinne / de mí estáis cercana
Par penser nuit et jour. / en mis pensamientos día y noche.

Car Souvenir me meinne, / Vuestro recuerdo me guía,
Si qu’adès sans sejour / siempre, sin pausa,
Vo biauté souvereinne, / vuestra belleza soberana,
Vo gracieus atour, / vuestro porte gentil,
Vo maniere certainne / Vuestra manera confiada,
Et vo fresche coulour / y vuestro fresco color
Qui n’est pale ne veinne, / que no es pálido ni cenizo,
Vou toudis sans sejour. / están constantemente ante mí.

Comment qu’à moy lonteinne… / Aunque estáis de mí lejana

Dame, de grace pleinne, / Dama, llena de gracia,
Mais vo haute valour, / pero vuestra gran virtud,
Vo bonté souvereinne / vuestra bondad soberana
Et vo fine douçour / y vuestra exquisita dulzura
En vostre dous demeinne /  me han puesto bajo su dominio
M’ont si mis que m’amour, / que mi amor
Sans pensée vilainne, / sin bajos pensamientos
Meint en vous que j’aour, / está en vos, a quien adoro.

Comment qu’à moy lonteinne… / Aunque estáis de mí lejana…

Mais Desirs qui se peinne / Pero el deseo que se esfuerza
D’acroistre mon labour / para aumentar mi aflicción
Tenra mon cuer en peinne / mantendrá mi corazón en pena
Et de mort en paour, / y con temor a la muerte,
Se Diex l’eure m’ameinne / si Dios no me apresura la hora
Qu’à vous, qui estes flour / a vos que sois, flor
De toute flour mondeinne, / de todas las flores
Face tost mon retour. / de volver a veros.

Comment qu’à moy lonteinne… / Aunque estáis de mí lejana

Traducción propia, sólo es una aproximación a lo que dice el poema.

Guadaña

Julio. Ciclo dei mesi. Maestro Wenceslao, c. 1400. Castello del Buonconsiglio, Trento.

Julio. Ciclo dei mesi. Maestro Wenceslao, c. 1400. Castello del Buonconsiglio, Trento.

Ante diem duodecimum Kalendas Augustas: Lucaria, Ludi Victoriae Caesaris

Crucemos la columnilla torsa que separa el mes de junio del mes de julio. Es junto a la escena del mes de agosto, con la que comparte muro y ventana, la más grande de todo el ciclo. El cielo de azul de azurita, el azul de Alemania o de índigo, se ha mantenido en casi toda la superficie, pero en la escena del mes de julio el color verde predomina. Ocres, blancos, rojos, amarillos, el mismo azul del cielo retroceden ante la abundancia de verdes. Dice Cenino Cenini que con el cardenillo se hace un verde hierba perfectísimo, pero que no dura. Todos los pigmentos usados para el verde son inestables. El color omnipresente en la naturaleza es un color esquivo.

Julio afilado

Julio ya está avanzado, el jeroglífico solar dice que estamos en Leo. Caminemos desde la escena de junio. Parece prolongarse el mismo grupo de cabañas donde los pastores elaboran el queso. Pero no nos engañemos, el amplio prado al pie de las rocas entre las que se distinguen los árboles no está a la misma altura del prado en el que pastaban las vacas en el mes de junio. El Maestro Wenceslao no retrata la realidad. Entre esas rocas grises u ocres, en esos estratos inclinados sobre los que el jeroglífico del sol en Leo domina, allí, en los prados de las cumbres es donde están las vacas, en una trashumancia que se repite desde la domesticación de los animales. El prado que abarca casi la mitad de la escena está en una altura más baja, más cercano a las aldeas, en los valles, donde los prados son amplios y menos inclinados que en las cumbres.

El Maestro Wenceslao no sólo ha reservado para el mes de julio uno de los lugares más amplios del ciclo sino que las labores campesinas dominan la escena. Un grupo de tres casas. Una casa con techo de paja y pórtico. Delante, sentado a horcajadas de una viga de madera, un hombre afila una guadaña. En el amplio prado dos grupos hacen distintas tareas. Como el hombre que afila la guadaña, todos van vestidos de blanco. No sería exactamente blanco el color de las ropas sino más bien telas sin teñir, blanqueadas al sol. Estamos al pie de los Alpes, pero el calor es fuerte. Las ropas de los campesinos probablemente serían de lino o cáñamo. El algodón era un tejido de lujo que no se podían permitir los villanos. Y para el trabajo que realizan al sol del verano, han elegido las ropas más viejas y gastadas. Los hombres llevan las calzas rotas o ni siquiera las llevan. En los pies llevan abarcas semejantes a las alpargatas de esparto o incluso van descalzos. Sí, el sol es fuerte en esas alturas de la montaña, aunque estemos en un valle o en los inicios de una ladera. Todos llevan sombrero de paja para protegerse del sol. Escena campesina de siega y preparación del heno con todos sus elementos: las guadañas y su afilado, el rastrillado, el amontonamiento de la hierba con horcas y rastrillos. 

¿Por qué ese duro trabajo al sol del verano con la hierba? Los seres humanos no comemos hierba. El trabajo del mes de julio al pie de los Alpes es la consecuencia de tener los animales que aparecen en el mes de junio y de otras escenas del ciclo, no solo de este ciclo sino de tantos ciclos medievales representando los meses del año. Vacas y caballos, son animales valiosos, importantes y necesarios para el trabajo. La asociación con ellos desde su domesticación añadió la tarea de mantenerlos en los meses de año en que escasearían los pastos. Todas las zonas de Europa se encontraron durante siglos con el problema de mantener y alimentar el ganado de grandes animales, demasiado valiosos para sacrificarlos todos los años. También con el más pequeño de ovejas y cabras, animales mucho menos exigentes. La Europa mediterránea tiene un verano demasiado largo y seco, que agosta la hierba, de ahí la trashumancia en busca de pastos. La Europa alpina, central y nórdica tiene un larguísimo invierno con la tierra cubierta por la nieve. Vivir con los animales implica cuidarlos, buscarles sustento que ellos con la domesticación no son capaces de encontrar. En la zona alpina, en las zonas de montaña, en Europa central, en las grandes llanuras del este y del norte, la llegada del verano significa la hierba alta, jugosa, la hierba que se va segar y secar, que servirá para alimentar al ganado durante los meses de invierno.

Siempre que veo representada un escena de siega del heno con guadaña recuerdo el capítulo IV en la tercera parte de Ana Karenina, en que Levin, personaje que me es profundamente antipático, se va segar, a guadañar, la hierba con los campesinos. Cómo un trabajo que aparentemente es fácil y ligero acaba siendo una dura jornada en el verano, en que además, el señor que juega a la hermandad con los campesinos, siega mal y los campesinos se dan cuenta y lo comentan entre ellos, así como que el trabajo que hace Levin no les parece propio ni adecuado.

Julio segadores

No hay señores segando en la escena del Maestro Wenceslao. Los tres órdenes, las divisiones sociales y de trabajo estaban muy claras en la Edad Media y el único caballero que vemos en la escena, seguro que no se le pasaba por la cabeza jugar a ser campesino. La espada y la armadura son para los caballeros. El rastrillo, las horcas, el mayal, la hoz, la guadaña, para los villanos. Aperos agrícolas que se podían convertir en armas formidables en las jacqueries de esta época.

La guadaña está documentada desde la edad del hierro, casi con la misma forma que tiene la pintada por el Maestro Wenceslao y la que se pueda usar actualmente en las competiciones de siega a las que ha quedado relegada. Columela y Catón hablan de ella, y Plinio el Viejo en el libro XVIII de la Historia Natural, explica cómo era la siega en los latifundios de la Galia se recurre a guadañas más largas, que reducen el trabajo porque sólo cortan las hierbas de mediana altura y dejan de lado las más cortas. Y también comenta lo costosa que era la operación de siega, como la cuchilla iba perdiendo filo y el segador caminaba con un cuerno de aceite atado a la pierna, donde estaba la piedra de afilar. Todos esos detalles es posible verlos en la escena del mes de julio. Casi mil quinientos años después de Plinio la situación no ha cambiado, sólo empezaría a cambiar hace menos de cien años.

Julio rastrillado

La escena contigua en el mismo prado es la del amontonamiento y rastrillado del heno para formar posteriormente los almiares y dejar preparado el forraje para el invierno. En el grupo de cuatro personajes está la única mujer que trabaja de toda la pintura. Contrasta con sus compañeros que con las piernas desnudas, voltean y rastrillan la hierba con ella, lo tapada que está. No solo su vestido llega hasta los pies y las mangas son largas, sino que lleva un pañuelo que le cubre el cuello y la cabeza bajo el sombrero. Sus ropas serán del mismo no color que las de ellos, pero no aparecen rotas, y el estar tan cubierta trabajando en un día de julio no es por pudor, sino para protegerse del sol. El sol que la avejentará junto con el duro trabajo antes de los treinta años, pero aún campesina, no puede resistirse a preservar algo de lo que es signo de belleza y distinción en su época y lo seguirá siendo varios siglos más: la piel blanca.

La mirada va bajando y deja el prado, nos acercamos a la zona urbana o señorial. Las construcciones ya no son de madera con techumbre de paja sino de piedra. Una extraña construcción rojiza a la derecha ¿Es un castillo, una iglesia fortificada? Y luego una barca con tres hombres. Una barca de pesca con red. No, no estamos cerca del mar, pero en los lagos alpinos, en el lago de Garda, como en un pequeño mar interior, que llega hasta el Trentino, la pesca sería con red.

Julio Halconeros

Pasemos a la otra orilla del lago camino hacia la ciudad fortificada. Dos nuevos personajes. También visten de blanco no-color, pero no calzan alpargatas sino zapatos, ambos llevan las calzas bajadas, pues aunque no sieguen el calor también les afecta en su trabajo, pues son los halconeros del señor del lugar. El que está más a la izquierda y se dispone a cruzar el puente de tablas lleva dos perchas, en la mano izquierda con un halcón y en la derecha dos, a modo de balanza. El de la derecha, que lleva una percha cuadrada a modo de marco de telar, lleva seis halcones o azores. Ninguno de los animales que llevan está encapuchado. Otra relación con los animales, éstos no sometidos al trabajo, sino adestrados para ser colaboradores en la caza. En el mes de julio es la primera vez que aparecen. Volveremos a verlos en los meses de agosto y septiembre.

Julio Ofrenda

Ya llegamos a la zona baja de la pintura, también en un prado, rodeado de bosquecillos de juguete, fuera del recinto de la ciudad amurallada. Aquí aparecen los dos personajes no villanos del mes. La dama rubia, con su tocado en forma de corona. Ella sí lleva un vestido blanco, de lana fina, de algodón, de lino, quizá de seda, con ribete dorado en el escote y las mangas. Ella puede permitirse el ir más descubierta que la campesina que rastrilla, dado que poco tiempo estará al sol, siempre podrá retirarse a la sombra o a cubierto. Para ella como para el caballero de rizado pelo rubio que se arrodilla ante ella, el prado con sus flores es locus amoenus. De nuevo vemos una escena parecida a la del mes de mayo, en que el caballero rinde honor a la dama, pero ahora hay algo diferente. Este caballero vestido de rojo y negro a la moda italiana, le entrega algo a la dama: es un halcón. Por su tamaño y la resolución no me permite ver si está encapuchado, aunque probablemente lo estuviera dado la postura forzada boca arriba del ave. La dama, delicadamente, le ata las patas. Hay algo de ritual en esta ofrenda de amor. Arrodillado, el caballero parece decir: yo caballero, me consagro a ti del mismo modo que tú atas las patas de mi halcón.

Lorenzo da Firenze (? – Diciembre 1372 o Enero 1373)
Sento d’amor la fiamma

Sento d’amor la fiamma e ’l gran podere
E veggio che temere
Non si convien chi vuol vincer la prova.

Ma se fiereza in questa ognor si trova,
De’ che farò ?
I’ tei dirò:
Perseverando vincerò la guerra.
Non fu d’amor già mai donna sì nova
Che, s’ i’ vorrò
E seguirò,
Con suo’ potenza Amor nolla dissera.

Non sia però l’ardir contra ’l dovere;
Anzi si vuol calere
Che sdegno di pietà nolla rimova.

Pastos

Junio. Ciclo dei mesi. Maestro Wenceslao, c. 1400. Castello del Buonconsiglio, Trento.

Ante diem undecimum Kalendas Iulias
Solsticio de Verano

En el mes de Junio, con el jeroglífico solar en Cáncer, pasada la línea del solsticio de verano, entre las dos columnillas – postes torsas, el Maestro Wenceslao ha estrechado espacio y altura. Si miramos lo más cercano a la altura de nuestros ojos, seguidos por un grupo de músicos que tocan trompetas, y antepasados del óboe y el clarinete, un cortejo de cinco parejas elegantemente vestidas. Todos los hombres, excepto uno, llevan largas hopalandas y llama la atención que sean ellos quienes vayan del brazo de la mujer y no al revés. Son de diferentes edades y creo que la primera pareja que precede a los músicos son madre e hijo. La mujer, con su largo y cerrado vestido marrón, parece ser más la madre del hombre que su esposa.

No sé a qué puede deberse ese cortejo ya sobrepasado el 21 de junio. Todas las fiestas litúrgicas de la primavera, han pasado ya: Ascensión, Corpus, quizá Pentecostés la última, si la Pascua ha sido muy tardía. El cortejo tiene algo de solemne y no hay jóvenes o no se ve presencia muy joven como en el mes de mayo. Quizá es una fiesta o una celebración local pero que carece de la alegría y la espontaneidad de otras escenas nobles.

De nuevo vemos la elegancia de los vestidos influidos por la moda borgoñona. La corte de Borgoña es donde se inventó la moda tal como la conocemos: la necesidad creada de cambiar de vestido antes de que este estuviese inservible o deteriorado. Pero eso es algo que durante siglos se lo pudo permitir una minoría. La moda no fue sólo una cuestión femenina, pues no hay más que ver a los hombres del cortejo del mes de junio. Pero ya en el Renacimiento, la mayor parte de los críticos sociales consideraban que la moda era asunto de mujeres, confirmando así una asociación entre las ropas y el sexo femenino que habría de durar durante siglos: Doña moda y doña elegancia / son dos hermanas. Pero nada hay nuevo. Esta misma asociación también se observó en la Roma imperial, donde los autores satíricos y los moralistas desarrollaron todo un estilo burlón y ridiculizante sobre el apego de las mujeres a la vestimenta lujosa, que sería recogido y desarrollado por los primeros críticos cristianos, como Clemente de Alejandría y Tertuliano. Sus argumentos, perdieron fuerza y audiencia a lo largo de los siglos del asentamiento germano que produjo una Europa nueva y menos urbana. Y es que pesar de los panegíricos de Tácito sobre los germanos y sus “sanas costumbres” comparadas con las que él consideraba el corrupto modo de vida romano en el siglo II, pues siempre ha habido moralistas estúpidos y antipáticos partidarios del buen salvaje, los germanos acogieron los lujos de imperio con mayor placer que el que le hubiera gustado admitir a Tácito y dentro del mundo germano moralistas como San Adelmo y Alcuino de York, tendieron a describirlos como un vicio masculino.

Las mujeres tardarán siglos en acortar las faldas, pero los hombres no escatimaron metros de tela lujosa, probablemente paños flamencos teñidos de rojo, azul, verde, que no desmerecen de los de sus compañeras, para sus largas hopalandas de ceremonia, con mangas tan largas y amplias, y tan inútiles para cualquier trabajo como los vestidos de las mujeres que los acompañan. Y de nuevo, como en enero y en mayo, el mismo personaje con su largo traje de probable terciopelo rojo y su barba rubia. Es el primero del cortejo, lo vemos de espalda y perfil, acompañando a la mujer de vestido azul grisáceo y larga trenza rubia.

Junio cortejo

Es un misterio esa salida solemne del recinto de la ciudad, en fila que ya da la vuelta o se ha detenido. Rampantes, como en los antiguos sellos mesopotámicos, dos perrillos delgados, los galgos que veremos en otros meses, se enfrentan, y más hacia el centro de la pintura, persiguen a las perdices. En esta época entre mayo y julio, espontáneamente en el campo, han florecido las azucenas, el lilium candidum de los cuadros de la Anunciación y que la monarquía francesa eligió como flor heráldica.

El cortejo ha salido de la ciudad. Esta vez el Maestro Wenceslao ha pintado una ciudad menos detallada y más de juguete. Por la puerta de la muralla, habiendo cruzado ya el puente levadizo, tan alta como la misma puerta, una dama solitaria vestida de verde, acompañada por un perrito delgado lleva una caja o arqueta en las manos. ¿Se dirige al cortejo del que ha quedado rezagada? ¿Lo espera a que regrese? Acaso no tenga ver nada con él, como tampoco el elegante joven vestido de rojo, que se dispone a salir cruzando el puente.

Qué desproporción en los tamaños que no respeta la escala de las cosas. Porque a pocos centímetros de la puerta de la ciudad pero muchos kilómetros en la lejanía real y cientos de metros, quizá superando los mil metros de altura, hay otra escena. Nada que ver con los elegantes vestidos y las músicas que cierran cortejos de la nobleza. Ahora de nuevo como es habitual volamos sobre las escena y vemos los tejados de las cabañas. Cabañas que son un bloque rectangular, de paredes de troncos y techo de paja. Esas cabañas dan albergue a las mujeres y hombres que se ocupan del ganado en los pastos de montaña. El invierno ha quedado definitivamente atrás y las nieves perpetuas, están a mayor altura, pero entre junio y agosto la hierba es abundante, jugosa, y el ganado que ha pasado el invierno en los establos de las tierras bajas, alimentado con heno cortado en el verano anterior, sube a las montañas. Una trashumancia que se remonta desde la edad del bronce, quizá incluso antes, desde la misma domesticación del ganado vacuno. Las vacas son más exigentes en su alimentación que ovejas y cabras, que son ganado de zonas más pobres y secas.

Junio vaqueras

Durante tres, con suerte cuatro meses, el ganado vacuno podrá moverse libremente por los pastos, las vacas tendrán sus terneros y podrán alimentarse de la hierba nutriente y perfumada de los pastos alpinos, llena de plantas aromáticas como la aquilea almizclera que favorecen la lactancia. En otros tiempos, los animales se moverían ellos solos para buscar los pastos, domesticados ahora, son las vaqueras los que los cuidan. La escena que ha pintado el maestro Wenceslao es idílica. Las vacas están agrupadas, tranquilas, echadas sobre la hierba, con una expresión de felicidad animal en los ojos. Una mujer ordeña a una de las vacas, otra entre las cabañas, acarrea los cubos de leche, y otra con la mantequera, hace mantequilla, la grasa comestible y lujosa de estas tierras alpinas. Los animales pueden vivir unos meses de libertad en los pastos de altura, pero no están solos. No sólo porque hay que protegerlos de lobos, sino porque toda una explotación de recursos que serán necesarios para sobrevivir en invierno depende de ello.

Junio mantquera

Escena idílica de duro trabajo. Hay que ordeñar todos los días, no hay domingos ni fiestas, hay que acarrear la leche y estar horas y horas moviendo el mango de la mantequera. Convertir la leche en queso como hace el cuarto personaje de la escena. Personaje ambiguo que no podemos asegurar si es hombre o mujer. De todos los trabajos que vemos es el más prestigioso, depende al menos de otros dos: el ordeño y acarreo que hacen sin duda mujeres. Y sin ninguna duda, la elaboración de la mantequilla la hace una mujer. Como el huso, instrumento de la primera fase del proceso textil, necesario pero repetitivo y monótono, siempre se ve en manos de mujeres, la mantequera es algo similar. Trabajo de mujeres. Trabajo de horas y horas haciendo los mismos y monótonos movimientos. Trabajos necesarios y trabajos despreciados. ¿Acaso el queso no lo puede hacer una mujer? Sí puede hacerlo y de hecho lo haría, es posible que el personaje de rojo sea una mujer también. Pero seguro que en los pastos de altura no habría solo mujeres cuidando del ganado. Y el trabajo se repartiría y habría trabajos que de ninguna manera harían los hombres. Los hombres no harían mantequilla. Los hombres si podían evitarlo no ordeñarían a las vacas. Y también evitarían en lo posible el trabajo de bestia de carga con los baldes de leche. El personaje vestido de rojo claro con su tocado amarillo esperaría a que llegara la vaquera con la leche a la zona de las cabañas y allí comenzaría su trabajo de separar los distintos componentes de la leche para fabricar el queso que maduraría en las cabañas, serviría para comerciar y alimentaría el próximo invierno.

Junio elaboración del queso

Francesco Landini (c.1325 – 1397)
La bionda treçça