Can vei la lauzeta mover

Paul, Hermann y Hanequin de Limbourg. Mes de Agosto. Muy Ricas Horas del Duque de Berry. Museo Condé. Chantilly

Kalendae Augustae: Festum Spei et Martis

Agosto, agosto, dulzura del verano, qué lejos parecemos estar de la caída de las hojas, de la mengua de la luz, de los fríos del invierno. Es cierto que entre Leo y Virgo faltan los datos astronómicos, ya no llegaron aquí los calígrafos, pasó el aciago 1416, el manuscrito inacabado comenzó su odisea, pero Leo y Virgo brillan en el cielo del verano.

Al fondo, ocre, siena, tostado, amarillo de los trigales, está el castillo de Étampes, del que aún hoy día quedan restos. Étampes, nombrada por Felipe Augusto una de las doce buenas ciudades de Francia, posesión amada por Jean de Berry, tomada en 1411 por los borgoñones. Es nostalgia de la ciudad, del castillo perdido lo que pintan Pol, Hannequin y Hermann. Sólo muchos años más tarde, en 1478, cuando Jean de Berry yacía en Bourges junto a su oso de piedra, la ciudad volvería a ser del rey de Francia.

Azul ultramar en la línea del cielo que dibuja el castillo, verde jugoso en las copas de los árboles.  Se distinguen las torres, la capilla con sus contrafuertes, los edificios cubiertos de tejas, la alta torre del homenaje, la torre de Guinette cuadrangular rodeada de torres en ángulo que existe hoy día. Amaba este lugar, perdido cuando lo pintaron los hermanos, el Duque de Berry.

Los campesinos en este agosto caluroso para tan alta latitud, engavillan el trigo en un campo en pendiente que acaba de ser segado. Hace tanto calor que no bastan los sombreros de paja, el río Juine ofrece un inmediato frescor. Una campesina se apresta a desnudarse en la orilla. Como ranas, deformados por la refracción del agua, dos más se refrescan. Tarde de verano con el sol radiante, el trabajo está casi hecho, no hay tributos que pagar, la vida se encuentra en cada rincón, el invierno, la desesperanza y el hambre están muy lejos.

Por el camino, ante el prado, dos perros, tres caballos, cinco personajes montados. Un caballero ricamente ataviado con capa roja y azul ultramar, dos colores imposibles unir en tintes en esa época, con caperuza blanca, porque los nobles no están exentos del poder del sol, conduce a dos parejas, caballero y dama, que llevan como él, el halcón al puño. Caza ligera, sin peligro, en la que podían participar las damas. Ambas tocadas de blanco, una vestida de rosa, la otra con vestido marrón con volante blanco. El caballero de ésta, con sombrero de paja que le acerca a los campesinos, lanza el halcón.

De nuevo, aunque estemos en el campo, aunque veamos a los campesinos trabajar, estamos ante una escena cortesana. Si, los campesinos siegan y gavillan, nadan en un descanso en la tarde calurosa, el caballero se cubre con un sombrero de paja y el halconero, también con sombrero de paja, con dos halcones en el antebrazo, con la túnica ligera y las piernas semidesnudas conduce la comitiva. Algo en esta escena nos dice que no estamos en el tiempo jubiloso de abril y mayo. Estamos lejos. Lejos de Étampes, en manos del Duque de Borgoña, lejos del sobrino nieto querido, Charles de Orléans, prisionero en Inglaterra.  Lejos de la juventud, aunque la guerra estaba ahí presente e intermitente, la juventud que podía afrontarlo todo porque para todo había tiempo. Ahora, en agosto, cuando la luz de verano aún se prolonga en la tarde, cuando todavía canta la alondra, es tiempo de hacer balance y afrontar lo que queda de la vida, como en una cacería de halcones en la que no se quiere ser la presa.

Bernart de Ventadorn (…1147 – 1170…)
Can vei la lauzeta mover

I.

Can vei la lauzeta mover / Cuando veo la alondra que mueve
de joi sas alas contral rai, / de alegría sus alas contra el rayo de sol
que s’oblid’ e.s laissa chazer / y que se olvida y se deja caer
per la doussor c’al cor li vai, / por la dulzura que le entra en el corazón,
ai! tan grans enveya m’en ve / ¡ay! entonces siento tal envidia
de cui qu’eu veya jauzion, / por cualquiera que vea alegre,
meravilhas ai, car desse / que me admira como al instante
lo cor de dezirer no.m fon. / el corazón no se me funde de deseo.

II.

Ai, las! Tan cuidava saber / ¡Ay desdichado! ¡Creía saber tanto
d’amor, e tan petit en sai, / del amor y sé tan poco!
car eu d’amar no.m posc tener / pues no puedo abstenerme de amar
celeis don ja pro non aurai. / a aquella de la que no tendré beneficios.
Tout m’a mo cor, e tout m’a me, / Me ha quitado el corazón y a mí
e se mezeis e tot lo mon; / y a sí misma y a todo el mundo;
e can se.m tolc, no.m laisset re / cuando se me fue, no me dejó nada,
mas dezirer e cor volon. / sino deseo y un corazón anhelante.

III.

Anc non agui de me poder / ya no tuve dominio sobre mí
ni no fui meus de l’or’ en sai / ni fui mío desde el momento
que.m laisset en sos olhs vezer / que me dejó mirar en sus ojos,
en un miralh que mout me plai. / en un espejo que me agrada mucho.
Miralhs, pus me mirei en te, / Espejo, desde que me miré en ti,
m’an mort li sospir de preon, / me han matado los profundos suspiros,
c’aissi.m perdei com perdet se / de modo que me perdí igual que se perdió
lo bels Narcisus en la fon. / el hermoso Narciso en la fuente.

IV.

De las domnas me dezesper; / De las damas me desespero
ja mais en lor no.m fiarai; /nunca más confiaré en ellas;
c’aissi com las solh chaptener, / así como las solía defender,
enaissi las deschaptenrai. / así las atacaré;
pois vei c’una pro no m’en te / pues veo que ni una sola me ayuda
vas leis que.m destrui e.m cofon, / para con aquella que me destruye y confunde
totas las dopt’ e las mescre, /dudo de todas, en ninguna creo,
car be sai c’atretals se son. / porque sé que son todas iguales.

V.

D’aisso’s fa be femna parer / En eso parece mujer
ma domna, per qu’e.lh o retrai, / mi señora, y se lo reprocho,
car no vol so c’om voler, / pues no quiere lo que se debe querer
e so c’om li deveda, fai. / y hace lo que se le prohíbe.
Chazutz sui en mala merce, / He caído en desgracia
et ai be faih co.l fols en pon; / y hago como el loco en el puente;
e no sai per que m’esdeve / no sé por qué me ocurre,
mas car trop puyei contra mon. / sino porque subí demasiado alto.

VI.

Merces es perduda, per ver, / En verdad, se ha perdido la compasión
– et eu non o saubi anc mai -, / – y no lo supe nunca -,
car cilh qui plus en degr’aver, / pues aquella que debía ser compasiva,
no.n a ges, et on la querrai? / no lo es; ¿dónde la buscaré?
A! Can mal sembla, qui la ve, / ¡Ay! Qué mal parece, a quien lo ve,
qued aquest chaitiu deziron / que, a este desgraciado deseoso,
que ja ses leis non aura be, / que sin ella no tendrá ningún bien,
laisse morrir, que no l.aon. / que lo deje morir, sin ayudarle.

VII.

Pus ab midons no.m pot valer / Ya que con mi señora no me valen
precs ni merces ni.l dreihz qu’eu ai, / ruegos ni compasión, ni mi propio derecho,
ni a leis no ven a plazer / y a ella no le agrada
qu’eu l’am, ja mais no.lh o dirai. / que la ame, nunca se lo volveré a decir.
Aissi.m part de leis e.m recre; / así me alejo de ella y me aparto;
mort m’a, e per mort li respon, / Me ha muerto, y como muerto respondo,
e vau m’en, pus ilh no.m rete, / me voy – ya que no me retiene
chaitius, en issilh, no sai on. / desdichado, al exilio, no sé a dónde.

VIII.

Tristans, ges no.n auretz de me, / Tristán, no tendréis nada de mí,
qu’eu m’en vau, chaitius, no sai on. / pues me voy, desdichado, no sé a dónde.
De chantar me gic e.m recre, / Abandono y dejo de cantar,
e de joi e d’amor m’escon. / y me escondo ante  la alegría y el amor.

Traducción procedente de: Poesía de Trovadores, Trouvères, Minnesinger. (De principios del siglo XII a fines del siglo XIII). Alianza Editorial, 1981.

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Er, quan renovella e gensa

Paul, Hermann y Hanequin de Limbourg. Mes de Junio. Muy Ricas Horas del Duque de Berry. Museo Condé. Chantilly

Nonae Iuniae: Semo Sancus Dius Fidius.

Miremos el mundo celestial con los siete orbes. Parece completo, están los datos astrológicos, los decanatos, las fases lunares, los días del mes y Géminis cede el paso a Cáncer, en un cielo más profundo y con más estrellas. Helio-Heraclio conduce su carro de caballos alados de fuego sobre un cielo sin nubes. Durante diez meses Helio ha llevado su carro sobre nubes de oro. En junio, cuando el verano se hace presente, cuando la luz juega con todas las superficies, el carro de Helio se desliza sobre un cielo liso, tranquilo. Pol, Hermann y Hannequin no terminaron esta miniatura. Quizá el día en que la estaban terminando faltó polvo de oro, quizá los pinceles estaban ya limpios, quizá la próxima vez se ocuparan en otra miniatura pensando que ya habría tiempo, con la lupa, con los pinceles de marta de un solo pelo, de volver sobre junio para dar los últimos y sutilísimos toques que separan el mundo de la mitología del mundo cotidiano. No volvieron nunca. Llegó 1416. En un tiempo indeterminado que no sabemos, las manos, la extraordinaria sensibilidad de los tres hermanos desaparecieron de la tierra. Entre el mundo celestial y el terrestre, en un día de junio en París, no habría fronteras.

Como en ninguna otra miniatura del calendario se juega tanto con dos colores, el azul y el verde. El cielo tranquilo sin nubes de un día de verano en Île de France, el verde del prado, de las hojas de los árboles frutales, de las pérgolas con plantas trepadoras del jardín tras las murallas. Es un mes de junio caluroso pese a estar a 48º N y ser el siglo XV una época de enfriamiento climático. Pero el tiempo, el discurrir de la Tierra nada sabe de estadísticas y de climatología histórica. Es la época de la siega del heno, algunos campesinos vestidos ligeramente con la camisa blanca, rosa, gris, y las piernas desnudas, con sombreros de paja y pañuelo en la cabeza siegan con guadaña un prado. La parte recién segada del heno se destaca en un tono verde más claro de la hierba que aún no se ha cortado. En la parte de delante, dos mujeres rastrillan el heno cortado y lo amontonan en las parvas. Ambas llevan vestidos azules aunque de tonos distintos.

La vista del paisaje está tomada desde el Hôtel de Nesle, la residencia de Jean de Berry en París. Por la mitad izquierda de la miniatura vemos el Sena con un barca, una curiosa puerta con una casa sobre ella nos abre la muralla que rodea la isla de La Cité. Estamos en el siglo XV pero los edificios son reconocibles y existen hoy día apenas modificados. Al fondo se yerguen las torres de la Conciergerie, palacio de los reyes de Francia y ya en esta época convertido en prisión. Muchos siglos más tarde el recinto de la Conciergerie sería para muchos prisioneros, para una reina de Francia, la antesala de la guillotina. Hacia la derecha dentro del recinto amurallado, donde hoy sigue en pie, la Sainte Chapelle, la joya del gótico que mandó construir San Luis.

De nuevo, en alternancia, los Hermanos Limbourg han representado una escena campesina. La postura de los hombres segando con la guadaña está minuciosamente observada, pero las dos campesinas del primer plano no desmerecen de las damas de otras miniaturas. Bajo los pañuelos que las defienden del sol, un fino rostro de pómulos marcados. De esbelto talle y pies pequeños en los que se enreda la hierba, se mueven con el rastrillo y la horca como en el salón de un castillo. Vestida de azul ultramar, con la falda recogida por delante, con la blanca camisa, la campesina tiene algo de dama de la realeza, cuyo color comparte. Ese azul que en siglo XV era imposible conseguir en un tinte textil.

El azul profundo del tímpano astronómico, el azul del cielo, el gris azulado de los tejados, el vestido de las campesinas; el verde de la hierba, el verde tierno de las hojas de los árboles, forman un dúo donde el lapislázuli y la malaquita entretejen una melodía que podemos ver hoy tal como fue en el tiempo en que los hermanos la plasmaron sobre la vitela. Códices miniados, amorosamente, celosamente conservados durante siglos. Cerradas sus tapas de rica encuadernación, en los anaqueles de las bibliotecas reales, nobiliarias, universitarias. Es allí donde están los colores de otro tiempo. Los colores que no han sido alterados por la luz, los repintes, las modas. El único lugar donde nos podemos asomar a un día de verano engalanado de hojas y flores de un tiempo perdido para siempre.

Sordello di Mantova (…1220…)
Er, quan renovella e gensa

Er, quan renovella e gensa /Ahora, cuando se renueva y engalana
estius ab fuelh’et ab flor, /el verano con hojas y flores,
pus mi fai precx, ni l’agensa / me ruega, pues le agrada
qu’ieu chant e⋅m lais de dolor, / que yo cante y deje el dolor,
silh qu’es domna de plazensa, / la que es  mi gentil dama,
chantarai, sitot d’amor / cantaré, aunque de amor
muer, quar l’am tant ses falhensa, / muera, porque la amo sin fallarle,
e pauc vey lieys qu’ieu azor. / y pocas veces veo a la que adoro.

Ai las, e que⋅m fau miey huelh, / ¡Ay! ¿de qué me sirven mis ojos
quar no vezon so qu’ieu vuelh? / si no ven a la que yo quiero?

Sitot amors mi turmenta / Aunque el amor me atormenta
ni m’auci, non o plane re, / y me mata, no me quejo,
qu’almens muer per la pus genta, / porque muero por la más noble,
per qu’ieu prenc lo mal pel be. / por la que tomo mal por bien.
Ab que⋅l plassa e⋅m cossenta / Si al menos, le placiera y me consintiera
qu’ieu de lieys esper merce, / que tuviera de su parte alguna esperanza de merced,
ja per nulh maltrag qu’ieu senta, / porque por más dolor que sienta,
non auzira clam de me. / no oirá queja alguna de mí.

Ai las, e que⋅m fau miey huelh, / ¡Ay! ¿de qué me sirven mis ojos
quar no vezon so qu’ieu vuelh? /  si no ven a la que yo quiero?

Mortz sui si s’amors no⋅m deynha, / Muerto soy si su amor no me concede,
qu’ieu no vey ni⋅m puesc penssar / porque no veo ni puedo pensar
vas on m’an ni⋅m vir ni⋅m tenha, / dónde puedo ir, ni mantenerme
s’ilha⋅m vol de si lunhar; / si me quiere alejar de ella;
qu’autra no⋅m plai que⋅m retenha, / porque a otra no me place servir,
ni lieys no⋅m puesc oblidar; / y a ella no la puedo olvidar;
ans ades, quon que m’en prenha, / al revés, lo que me pasa
la⋅m fai mielhs amors amar. / es que el amor me hace amarla más.

Ai las, e que⋅m fau miey huelh, / ¡Ay! ¿de qué me sirven mis ojos
quar no vezon so qu’ieu vuelh? / si no ven a la que yo quiero?

Chantan prec ma douss’amia, / Cantando ruego a mi dulce amiga,
si⋅l plai, no m’auci’a tort, / si le place, que no se equivoque y me mate,
que, s’ilh sap que pechatz sia, / que ella sabe que es pecado,
pentra s’en quan m’aura mort; / y se arrepentirá si me da muerte;
empero morir volria / pero morir querría
mais que viure ses conort, / antes que vivir sin consuelo,
quar pietz trai que si moria / porque sufre peor que si muere
qui pauc ve so qu’ama fort. / quien poco ve a la que tanto ama.

Ai las, e que⋅m fau miey huelh, / ¡Ay! ¿de qué me sirven mis ojos
quar no vezon so qu’ieu vuelh? / si no ven a la que yo quiero?

Traducción propia.

Onques n’amai tant que jou fui amée

Paul, Hermann y Hanequin de Limbourg. Mes de Febrero. Muy Ricas Horas del Duque de Berry. Museo Condé. Chantilly

Idus Februariae: Faunalia, Parentalia

Hay dos colores, porque uno de ellos es un color pese a lo que se dice desde hace más de dos siglos, que hacen una alianza perfecta y están unidos desde que uno que ellos, el azul, alcanzó su  apogeo al final de la Edad Media. En el mes de febrero estos dos colores, el blanco de la nieve y el azul, se entrelazan en una danza, aparentemente perfecta, pero disonante en su música.

Mezcla de goma arábiga con pan de oro trazan las líneas de los siete orbes celestiales completos en sus datos astrológicos, Heraclio como Febo se desliza entre nubes de oro, el Aguador derrama su cántaro y Piscis nada entre las estrellas como los peces nadan en las aguas del Mar Egeo…, las únicas junto a las de Cabo Formentor, que en todos los mares que he visto, merecen el calificativo de ultramar. Y después, más abajo, la nieve. Nieve en el que quizá es el primer paisaje nevado de la pintura europea, más de un siglo antes de que Bruegel el Viejo pinte sus célebres paisajes de hielo, de nieve, llenos de personajes.

Parece que nada se acorda tan bien como el blanco de la nieve y el azul ultramar, dos colores que empezaron en esta época del otoño de la Edad Media a estar asociados a la Virgen María y a los reyes de Francia. ¿Acaso la nieve con su blancura no es fría? ¿Acaso el azul no es un color frío? Pero no, las cosas no son tan sencillas, en la Edad Media, el azul no era un color frío sino cálido…, la percepción de la calidez o frialdad de los colores ha cambiado mucho desde que Pol, Hermann y Hanequin trabajaran para el Duque de Berry.

Porque quizá en esta escena campesina de febrero más que en ninguna otra del calendario se aprecian dos mundos. El mundo celestial, perfecto y cálido de azul y oro, y el mundo terrenal en el mes más duro de año. Entre el tímpano celestial y la tierra cubierta de nieve está el cielo. Y el cielo es gris, cubierto de nubes de color acero. Pues de color acero es el cielo cuando va a nevar y las nubes de nieve quien las haya visto, sabe que son diferentes a todas. Nubes de acero con filo cortante de luz, mucho más claro. El cielo que con esos colores se presenta dará en unas horas, con viento o con calma, un manto frío y blanco que cubrirá la tierra.

Cielo gris acero, en el horizonte colinas y un pueblo con su iglesia, tejados nevados. En el camino que conduce al pueblo, un campesino arrea a un asno con una carga de leña. Los arboles del bosque ya sin hojas, el almiar, el palomar, las colmenas, el redil con las ovejas, todo está cubierto de nieve. Un personaje joven corta leña. Vestido en parte de azul ultramar, y por este color caro y distinguido, que también tiene el vestido otra de las figuras, se deduce que puede ser el dueño de la granja. Otro, con túnica rosa, envuelto como puede en una manta se apresura a entrar en el cercado, cuya empalizada de cañas también muestra los signos de la nevada.

Y en esta miniatura del mes de febrero estamos aún en la Edad Media. Porque para que veamos lo que sucede en el interior de la casa de madera, como si de un escenario teatral o de una casa de muñecas de las que aún no existen se tratase, los Hermanos Limbourg han retirado un muro desde el tejado hasta el suelo. Este es un procedimiento pictórico que va a caer en desuso en unos pocos decenios. Los pintores nos mostrarán las escenas en el exterior o en un interior…, pero ya no en los dos espacios a la vez como aquí ocurre.

En el interior, con ropa puesta secar, con un gran fuego en la chimenea, tres personajes: un hombre y una mujer, probablemente criados,  sin ningún pudor, con las túnicas y las faldas subidas se calientan. Más grande, en primer plano, con ropa interior blanca, vestida de azul ultramar, con un tocado oscuro en la cabeza, mucho más recatada, la dueña de la casa también se calienta y su mirada y sus palabras, parecen dirigidas a otro personaje, no humano esta vez, el gato blanco que está a sus pies.

Vendrán marzo y abril con sus brotes verdes en los árboles y vendrá la primavera. Llegará el verano con el esplendor de sus frutos y cosechas y se sentirá, al tiempo que la alegría por la renovación de la vida, por la llegada del buen tiempo, la punzada de la melancolía de que la primavera y el verano no duran, son pasajeros…Y sin embargo, el invierno, el frío y la nieve, la desolación y el hambre, como las de esas urracas que picotean algo de grano junto al redil porque nada más hay que comer, el invierno parece eterno. El invierno también pasa pero se tiene siempre la certeza de que está ahí, agazapado, dispuesto a volver, a instalarse permanentemente en el corazón de los que han perdido toda esperanza.

Richart de Fournival (Primera mitad del siglo XIII)
Onques n’amai tant que jou fui amée

Onques n’amai tant que jou fui amée; /Nunca amé tanto como fui amada;
or m’en repenc, se ce peust valoir /ahora me arrepiento, si eso vale
qu’Amours m’avoit au meillour assené / pues amor me había asignado al mejor,
pour toute hounour et toute joie avoir, / para tener toda honra y todo gozo,
et au plus bel de toute la contrée; / y al más hermoso de toda la región;
mais ore a il autrui s’amour dounée / pero ahora él ha dado su amor a otra
qui volentiers a soi l’a retenu./ que con gusto lo ha retenido para sí.
Lasse, porkoi fui je de mere née! / ¡Desdichada! ¡Por qué habré nacido!
Par mon orguel ai mon ami perdu. / Por mi orgullo he perdido a mi amigo.

Si me doint dieus d’Amours longe durée, / Así me conceda larga vida el dios del Amor,
que je l’amai de cuer sans decevoir, / que yo lo amaba con el corazón, sin mentirle,
qant me disoit k’iere de li amée, / cuando me decía que me amaba,
mais n’en osai ains descouvrir le voir: /jamás osé descubrirle la verdad:
des mesdisans doutoie de la noumée. / temía la lengua de los maledicientes.
Biau sire Dieus, baise et acolée / Buen señor Dios, me habría besado
m’ëust il or et avoeuc moi gëu; / y abrazado y conmigo hubiera yacido;
mais q’il m’ëust sans plus s’amour dounée,/ ojalá me hubiera dado sin más su amor,
si m’ëust bien tous ci siecles vëu. / aunque me hubiera visto todo el mundo.

Or m’a amours malement assenée, / El amor me ha golpeado con dureza,
qant çou que j’aim fait un autre avoir, / pues hace que otra tenga a quien yo amo,
ne ne m’en laist retraire ma pensée, / y no me deja contarle mi pensamiento,
ne si n’en puis suolas ne joie avoir. / ni puedo tener solaz ni gozo.
Lasse, l’amour, que tant li ai vëée, /Desdichada, el amor que tanto le he prohibido,
li seroit ja otroiie et dounée, / le sería concedido y otorgado ahora,
mais tart l’ai dit, car je l’ai ja perdu; / pero tarde lo he dicho, pues le he perdido ya;
or me convient amer sans estre amée, / ahora debo amar sin ser amada,
car trop ai tart mon felon cuer vaincu. / pues he vencido demasiado tarde a mi traidor corazón.

Traducción procedente de: Poesía de Trovadores, Trouvères, Minnesinger. (De principios del siglo XII a fines del siglo XIII). Alianza Editorial, 1981.

Chanterai por mon corage

Paul, Hermann y Hanequin de Limbourg. Mes de Diciembre. Muy Ricas Horas del Duque de Berry. Museo Condé. Chantilly

A lo largo del año, mes tras mes, predomina el azul. El azul en el tímpano astronómico, donde Sagitario, el centauro arquero deja paso a un Capricornio, híbrido de ser marino y terrestre, que esta vez lo es de molusco y cuerpo de cabra que sale de una caracola. Azul es el puro cielo de una mañana de invierno, pero después, contrariamente al resto de las miniaturas donde el azul y el verde, son señores de la composición, el ocre, el pardo, el marrón, el gris lo dominan casi todo. Casi todo excepto el tímpano y el cielo azul de Île de France.

Las nueve torres cuadradas que se yerguen por encima de los árboles son las del castillo de Vincennes, hoy en el área metropolitana, en la banlieue de París, pero en el siglo XIV en los alrededores. Fue la residencia real donde nació el Duque de Berry el 30 de noviembre de 1340. Entonces, el castillo no era más que la torre central, que existe hoy día. La fortaleza, comenzada a construir en 1337 carecía del gran reciento amuralladlo rectangular flanqueado por nueve torres que se ve en la miniatura, que no fue comenzado hasta 1364 por Carlos V, “artista prudente, arquitecto sabio” como lo llamó Christine de Pisan, para convertirla en  “la residencia de muchos caballeros, señores y otros de sus más amados”. Carlos V, llevó allí un parte de sus tesoros de arte, de sus más preciados manuscritos. Es indudable que la afición al arte la tuvo el Duque de Berry fue compartido con su hermano el rey.

El castillo estaba rodeado por el bosque de Vincennes,  uno de los lugares favoritos de los reyes de Francia. Bosque de árboles de hoja caduca como se ve en la miniatura, robles, hayas, quizá castaños. Todavía los vientos de los últimos días de otoño, de los primeros días de invierno, no se han llevado las hojas secas. En este bosque Luis VII había hecho construir un pabellón de caza, donde probablemente se aislaría de sus problemas con Leonor de Aquitania y Felipe Augusto, su hijo, construyó un primer castillo pequeño que posteriormente fue agrandado por San Luis. Este es el bosque que vemos aquí representado con sus tonalidades rojizas del otoño moribundo.

Bosque real, reservado para la caza del rey. La caza, esa actividad masculina desde el más remoto paleolítico. La caza que en la edad media es una actividad paramilitar, el entrenamiento de los caballeros en tiempo de paz, quien a los doce años no sabe montar a caballo y no va de caza, no sirve más que para clérigo. Finaliza una cacería de jabalíes. A la derecha, un montero mayor, vestido con una túnica azul, lanza la llamada con su cuerno. Los otros dos monteros, con túnicas rojas, el bermellón procedente del cinabrio, o el minio, óxido de plomo, el de la izquierda con las calzas raídas o rotas por la cacería, intentan sujetar a los perros. Se han soltado a los perros sobre el animal que yace en tierra. Quizá el bosque, los árboles con las hojas secas, tengan algo de telón pintado, pero la escena de caza tiene un sorprendente realismo. El encarnizamiento de los perros de caza mayor sobre la presa, sus diferentes actitudes, a posición de las patas, la expresión ávida de sus gestos, todo ha sido observado y representado cuidadosamente. Es casi posible oír los ladridos, los gritos de los monteros, el cuerno de caza, los últimos gruñidos de jabalí atacado y despedazado de manera sangrienta. Es la escena más vívida, más apasionada de este calendario, probablemente es obra de una solo artista  ¿Pol de Limbourg?, su naturalismo ni siquiera es superado por Jan van Eyck, coetáneo suyo.

Esta escena de caza donde no vemos caballeros ni damas, éstas no iban a la caza del jabalí, sino a los sirvientes y la los perros destrozando a la presa, simboliza quizá las crueles guerras que en aquel momento asolaban a Francia: los muchos años de guerra con Inglaterra en la Guerra de los Cien Años, la defección del Duque de Borgoña, la guerra civil dentro de Francia. El cuerno de caza, los gritos de los monteros, los ladridos de la jauría son en tiempos de paz una prefiguración de la guerra, pero la guerra era la realidad de Francia en 1410 cuando los Hermanos Limbourg comenzaron a trabajar para el Duque de Berry.

No es una escena hermosa aunque esté tan bien realizada. Es posible que fuera la primera miniatura del calendario pintada. Los colores como dije antes no son los que predominarán en todo el calendario. Ese claro del bosque gris ceniza, el pardo de los troncos, las hojas secas del otoño moribundo, la violencia de la escena. Cuántas veces en esos años, los gritos de guerra, la preparación de las armas, la salida de los caballeros y de las tropas de a pie, causaría pesadillas en los sueños de las damas que vivían en los castillos.

Guiot de Dijon (…1215 – 1225…)

Chanterai pour mon corage

Chanterai por mon corage / Cantaré para mi corazón
Que je vueill reconforter, / lo quiero reconfortar,
Car avec mon grant damage / porque a pesar de mi profundo dolor
Ne quier morir n’afoler, / no quiero morir ni enloquecer,
Quant de la terre sauvage / cuando de esa tierra salvaje
Ne voi nului retorner / a nadie veo volver
Ou cil est qui m’assoage / dónde está aquel que alivia
Le cuer, quant j’en oi parler. / mi corazón, al oír hablar de él.

Dex, quant crieront Outree, /¡Dios!, cuando gritan “¡Adelante!”,
Sire, aidiés au pelerin /¡Señor! ayuda al peregrino.
Por cui sui espoentee, / Por aquél por el que tiemblo,
Car felon sunt Sarrazin. / porque los sarracenos son despiadados.

Soferrai en tel estage / Sufriré mi desgracia
Tant quel voie rapasser. / hasta que lo vea regresar
Il est en pelerinage, / Él está en la Cruzada
Dont Dex le lait retorner! / ¡Déjele Dios retonar!
Et maugré tot mon lignage / Y a pesar de mi linaje
Ne quier ochoison trover / no busco ocasión
D’autre face mariage; / de casarme con otro;
Folz est qui j’en oi parler! /¡Necio es quien me habla así!

Dex, quant crieront Outree, /¡Dios!, cuando gritan “¡Adelante!…”

De ce sui au cuer dolente / Mi el corazón se duele
Que cil n’est en biau voisin /de que él no esté junto a mí
Qui si sovent me tormente: /él es la causa de mi tormento:
Or n’en ai ne gieu ne ris. /ya no sé de juegos ni risas.
S’il est biaus, et je sui gente. /Él es hermoso, yo soy gentil.
Sire, Dex, por quel feïs? /Señor, Dios ¿por qué nos has hecho esto?
Quant l’uns a l’autre atalente, /Dado que ambos nos amamos
Por coi nos as departis? /¿Por qué nos has separado?

Dex, quant crieront Outree, /¡Dios!, cuando gritan “¡Adelante!…”

De ce sui en bone atente /Me tranquiliza y da esperanza
Que je son homage pris, /que he recibido su homenaje
Et quant la douce ore vente /y cuando sopla la suave brisa
Que vient de cel douz país /que viene de ese dulce país
Ou cil est qui m’atalente, /donde se encuentra el que yo deseo
Volontiers i tor mon vis: /felizmente vuelvo mi rostro
Adont m’est vis que jel sente /entonces me parece sentirla
Par desoz mon mantel gris. /bajo mi manto gris.

Dex, quant crieront Outree, /¡Dios!, cuando gritan “¡Adelante!…”,

De ce sui mout decüe /Lo que me duele
Que ne fui au convoier; /esno haber estado allí cuando él se fue;
Sa chemise qu’ot vestue /la camisa que vestía
M’envoia por embracier: /me la envió para que la abrazara:
La nuit, quant s’amor m’argue, /por la noche, cuando su amor me posee,
La met delez moi couchier /me acuesto con ella
Mout estroit a ma char nue /toda la noche, junto a mi carne desnuda
Por mes malz assoagier. /para aliviar mi dolor.

Dex, quant crieront Outree, /¡Dios!, cuando gritan “¡Adelante!…”

Canta Anne Azéma.

Traducción propia a partir de la transcripción francesa moderna.

Under der linden

Jean Colombe y Hermanos Limbourg. Mes de Noviembre. Muy Ricas Horas del Duque de Berry. Museo Condé. Chantilly

El 30 de noviembre de 1340, el último día de la más desapacible de las estaciones, cuando la luz desaparece en la tarde y el invierno empieza a hacerse presente, nació en el castillo de Vincennes, Jean, tercer hijo del rey de Francia Juan II el Bueno. Jean, primer duque de Berry desde 1360 hasta su muerte en 1416 quiso dejar para el mes de su cumpleaños una miniatura especial. Pol, Hermann y Hannequin, prepararon todos los meses del calendario y realizaron todos los tímpanos. El duque, apasionado coleccionista, tenía una medalla o moneda, del emperador bizantino Heraclio, en la que la iconografía pagana del carro de Helio se trasformaba en el emperador griego devolviendo la verdadera cruz a Jerusalén tras su victoria sobre los persas. Esa medalla fue el modelo que los hermanos Limbourg pintaron en todos los tímpanos del calendario.

La miniatura del mes de noviembre tenía que ser especial aunque siquiera la alternancia de escenas cortesanas y campesinas. Nunca se hizo. En 1416 los hermanos Limbourg y el Duque de Berry desaparecieron. El mes de septiembre quedó a medio pintar, con el dibujo preciso de los hermanos. Los lunetos de enero, abril, mayo y agosto nunca recibieron de los calígrafos las anotaciones astronómicas. El luneto de noviembre quedó terminado, con escorpio y sagitario repartiéndose el quinto orbe, pero la escena quedó totalmente en blanco. Jean de Berry nunca tendría esa escena especial para su aniversario.

En 1480 el manuscrito inacabado pertenecía a Carlos I, Duque de Saboya. Éste encargó a Jean Colombe acabar el manuscrito pero el estilo había cambiado completamente. En los años ochenta del siglo XV el gótico internacional, el estilo en que pintaron los Limbourg ha desaparecido. Muy pronto incluso los libros de horas, todos los libros manuscritos, serán una reliquia de pasado, pues ya hace treinta años que se están imprimiendo libros. Jean Colombe, rechazó la imitación del pasado, pintó con el estilo de su tiempo. Ahora la miniatura está influenciada por el cuadro de caballete, son los pintores flamencos los que imponen las formas de representación.

Jean Colombe no es el mejor de los miniaturistas, pero el mes de noviembre no desmerece de las demás del calendario. Se eligió una escena campesina: la recogida de la bellota, en la que se ve al campesino del primer término, una figura mucho más recia que la de los Limbourg, varear las encinas. Los cerdos, vigilados por el perro, se alimentan de ellas. La escena es severa y oscura, contrastando con ella está el paisaje. A diferencia de las otras miniaturas vistas hasta ahora, no corresponde a ningún paisaje real, no hay ninguno de los castillos amados por el Duque de Berry, aunque es posible que estuviera inspirado en algún valle alpino de Saboya. Varios planos se escalonan: el claro del bosque de encinas con los cerdos, alejándonos, a la izquierda un castillo y una aldea trepan por la colina, entre los troncos de las encinas se adivina un valle, un río y las montañas que se vuelven azules en la lejanía.

En medio del tiempo, entre la Edad Media que declina y el Renacimiento italiano y flamenco que aún no ha llegado a las tierras de Saboya, Jean Colombe intenta un equilibrio del que sale airoso en esta escena otoñal. No es como alguno de los últimos maestros de la miniatura flamenca, que están pintando en el últimos códices miniados los paisajes que aparecen en las ventanas de Jean van Eyck, en las Hans Memling o Roger van der Weyden, que pronto enseñorearán las obras de Patinir. Y no es como Pol, Hermann y Hannequin, con su elegancia gótica. Ni siquiera podrá terminar su trabajo. En 1489 morirá el Duque de Saboya, las Muy Ricas Horas serán un libro que quedará siempre inacabado, pertenecían a otro tiempo ya desaparecido al que era imposible volver.

Voy a imaginar la escena otoñal que habría querido ver el Duque de Berry en el mes de su aniversario. Al fondo esta vez no habría un castillo, sobresaldrían las torres, los pináculos, de la catedral de Bourges, una de las más hermosas de Francia, que se acabó de construir bajo su mandado ducal. Y aunque fuera el tiempo desapacible de noviembre algo evocaría el paisaje los meses más luminosos. La hierba en los claros del bosque aún tendría las huellas del paso y el juego de los amantes.

Walther von der Vogelweide (hacia 1170 – hacia 1230)

Under der linden – Bajo el tilo

Under der linden
an der heide,
dâ unser zweier bette was,
dâ muget ir vinden
schône beide
gebrochen bluomen unde gras.
Vor dem walde in einem tal,
tandaradei,
schône sanc diu nahtegal.

Bajo el tilo,
en el campo,
allí donde estuvo nuestro lecho,
podréis encontrar
con gracia
rotas las flores y la hierba.
En un valle, junto al bosque,
tandaradei,
cantaba, bello, el ruiseñor.

Ich kam gegangen
zuo der ouwe,
dô was mîn friedel komen ê.
Dâ wart ich enpfangen,
hêre frouwe,
daz ich bin sælic iemer mê.
Kuster mich? Wol tûsentstunt:
tandaradei,
seht, wie rôt mir ist der munt.

Fui andando
a la pradera
y ya estaba allí mi amor.
Allí fui recibida
como gentil dama,
por lo que estaré siempre contenta.
¿Me besó? ¡Más de mil veces!
tandaradei,
mirad como tengo de roja la boca.

Dô het er gemachet
alsô rîche
von bluomen eine bettestat.
Des wirt noch gelachet
inneclîche,
kumt iemen an daz selbe pfat.
Bî den rôsen er wol mac,
tandaradei,
merken, wâ mirz houbet lac.

Él había hecho allí
un lecho
muy rico, de flores,
aún sonreirá
de corazón
quien vaya por aquel sendero:
entre las rosas,
tandaradei,
reconocerá donde apoyaba yo la cabeza.

Daz er bî mir læge,
wesse’z iemen
(nû enwelle got!), sô schamt ich mich.
Wes er mit mir pflæge,
niemer niemen
bevinde daz, wan er und ich,
und ein kleinez vogellîn:
tandaradei,
daz mac wol getriuwe sîn.

Lo que hizo conmigo,
si lo supiera alguien
(¡no quiera Dios!), me avergonzaría.
Cuál fue su comportamiento conmigo
nadie lo sabe,
sino él y yo
y un pajarillo:
tandaradei,
fielmente nos guardará el secreto.

Traducción procedente de: Poesía de Trovadores, Trouvères, Minnesinger. (De principios del siglo XII a fines del siglo XIII). Alianza Editorial, 1981.

Kalenda Maia

Paul, Hermann y Hanequin de Limbourg. Mes de Mayo. Muy Ricas Horas del Duque de Berry. Museo Condé. Chantilly

Quizá es esta la miniatura más perfecta del calendario, la más reproducida. También por esta razón la primera que me encontré. Estaba en mi libro de lengua y literatura de sexto de EGB, en las páginas donde por primera vez leí el nombre de Petrarca. Eran otros tiempos aquellos. Pero no estaba en color, sino en tonos sepia.

El mundo celestial, en azul ultramar y oro sigue inacabado. Tauro y Géminis en el quinto orbe. Pero esta vez el mundo terrenal compite con el celestial. El cortejo, precedido de una fanfarria, se engalana de guirnaldas y coronas de hojas bordeando probablemente el Bois de Boulonge. Al fondo se adivina París. Es mayo. Surge el verde por doquier. Invade los prados, los árboles ya tienen todas sus hojas, incluso los prudentes robles más tardíos. Ya no estamos en la neblina verde de marzo y abril. El verde no solo está en la naturaleza sino en los vestidos de las jóvenes. En la corte de Francia el rey, regalaba vestidos de verde alegre a sus acompañantes, la librea de mayo. Perfecto verde de Hungría en los pigmentos de malaquita para las miniaturas, esquivo, difícil de fijar, en los tintes para los vestidos. No serían de un verde tan bello los vestidos reales ni los arreos de los caballos.

Fiesta de la juventud en la que le duque participó muchas veces. Ahora hombre maduro casi viejo, cuando encarga a los hermanos Limbourg este libro de horas, se hace representar en el cortejo, con la corona de hojas verdes, con sus vestiduras azul y oro, colores reales de Francia, junto a las jóvenes ricamente vestidas, de espaldas, imposible saber si es joven o no. Queda el misterio. En una escena soñada que difícilmente sería tan hermosa en la realidad, el duque, como todos los que alcanzan una edad que parecía tan lejana que nunca llegaría, sentiría la nostalgia de aquellos dulces días de mayo en que con otros seres todavía sin historia, salía a celebrar con cantos, con música, la primavera, símbolo de una juventud que parecía eterna.

Rimbaut de Vaquieras (c.1180 – 1207) – Kalenda Maia

Kalenda maia / Ni la calenda de mayo
ni fueills de faia / ni la hoja de haya
ni chans d’auzell,   ni flors de glaia / ni el canto del pájaro,  ni el gladiolo
non es qe.m plaia, / creo que me alegren ya,
pros dona gaia, / noble dama gozosa,
tro q’un isnell messagier aia / hasta que reciba  un veloz mensajero
del vostre bell cors, qi.m retraia / de vuestra bella   persona, que me diga
plazer novell   q’amors m’atraia / el nuevo placer  con que amor me llama
e jaia,  e.m traia  vas vos, / y hasta   que yazga  y me dirija a vos,
donna veraia, / dama verdadera
e chaia  de plaia  .l gelos,  / y hasta   que el celoso  caiga herido
anz qe.m n’estraia. / antes que yo renuncie.

Ma bell’ amia, / Mi bella amiga
per Dieu non sia /¡por Dios! que no ocurra
qe ja.l gelos   de mon dan ria, / que el celoso  se ría de mi dolor
qe car vendria / pues vendería caros
sa gelozia, / sus celos
si aitals dos  amantz partia; / si separara  a tales dos amantes;
q’ieu ja joios   mais non seria, / yo no estaría  nunca más contento
ni jois ses vos   pro no.m tenria; / ni me serviría   de nada el gozo sin vos;
tal via  faria  q’oms ja / y tomaría  tal camino  que nadie
mais no.m veiria; / me volvería a ver;
cell dia  morria,  donna / moriré  el día,   señora
pros, q’ie.us perdria. / noble, que os pierda.

Con er perduda / ¿Cómo perderé
ni m’er renduda / ni se me devolverá
donna, s’enanz   non l’ai aguda / la dama, si antes no la he tenido?
Qe drutz ni druda / Los amantes
non es per cuda; / no existen en la mente
mas qant amantz   en drut si muda, / cuando el enamorado  se hace amante,
l’onors es granz   qe.l n’es creguda, / es grande el honor  que crece en él
e.l bels semblanz   fai far tal bruda; / y la alegre cara  produce gran murmullo;
qe nuda  tenguda  no.us ai, / no os he   tenido  desnuda,
ni d’als vencuda; / ni os he obligado a nada;
volguda,  cresuda  vos ai, / os he  querido  y creído
ses autr’ajuda. / sin ninguna ayuda.

Tart m’esjauzira, / Poco me alegraría
pos ja.m partira, / si me alejara
Bells Cavalhiers, de vos ab ira, /Bello Caballero, de vos entristecido,
q’ailhors no.s vira /pues no vuelve a otro sitio
mos cors, ni.m tira / mi corazón, ni me arrastra
mos deziriers,  q’als non dezira; / mi deseo  pues otra cosa no desea;
q’a lauzengiers  sai q’abellira, / a los maledicientes  sé que esto agradaría
donna, q’estiers  non lur garira: / señora, que otra  cosa no los sanará:
tals vira,  sentira  mos danz, / alguno,  si viera   o notara mi dolor,
qi.lls vos grazira, / os lo agradecería,
qe.us mira,  cossira  cuidanz, / pues mira  y piensa  meditabundo,
don cors sospira. / y por eso, el corazón suspira.

Tant gent comensa, / Tan gentil empieza,
part totas gensa, / hermosa sobre todas,
Na Beatritz,  e pren creissensa / Beatriz,  y aumenta
vostra valensa; / vuestro valor;
per ma credensa, / según creo
de pretz garnitz  vostra tenensa /adornáis con motivo  vuestro poder
e de bels ditz,  senes failhensa; / y con bellas palabras, sin duda;
de faitz grazitz  tenetz semensa; / de hechos notables  tenéis la semilla;
siensa,  sufrensa  avetz / conocimiento,  paciencia  tenéis
e coneissensa; / y sabiduría;
valensa  ses tensa  vistetz / sin discusión  vestís  valor
ab benvolensa. / y benevolencia.

Donna grazida, / Señora agradable,
qecs lauz’ e crida / todos alaban y acalaman
vostra valor   q’es abellida, / vuestro valor,  que es hermoso,
e qi.us oblida, / ya a quien os olvida
pauc li val vida, / de poco le vale la vida
per q’ie.us azor, donn’ eissernida; / por eso os adoro,  dama distinguida,
qar per gencor  vos ai chauzida / pues os he escogido  como la mas gentil
e per meilhor, de prez complida, / y la mejor,  de gran mérito
blandida,  servida  genses / y os he cortejado  y servido  mejor
q’Erecs Enida. / que Erec a Enide
Bastida,  finida,  N’Engles, / Englés, he construido  y acabado
ai l’estampida. / la estampida.

Traducción procedente de: Poesía de Trovadores, Trouvères, Minnesinger. (De principios del siglo XII a fines del siglo XIII). Alianza Editorial, 1981.

A chantar m’er de so qu’ieu non volria

Herman, Paul, y Johan de Limbourg. Mes de Abril. Muy Ricas Horas del Duque de Berry. Museo Condé, Chantilly

Ha pasado el tiempo, estamos en algún momento posterior a 1416. El duque bibliófilo ha muerto en su castillo de Nesle y quizá ya está enterrado en su tumba de la catedral de Bourges. Él, hombre pacífico y conciliador en una época terrible de guerra, se hizo representar con el animal rey destronado de Europa. En el taller de alguno de sus castillos, los pinceles de marta, las lupas, los almireces para moler los colores, la piedra de alabastro para mezclarlos, los sacos llenos del valioso lapislázuli, se llenan de polvo. Porque también en ese mismo año de 1416 o algo antes, la muerte vestida de epidemia de peste se ha llevado a Paul, Hermann y Hannequin. El carro de Helios corriendo sobre las nubes tiene menos partículas de oro y los cuatro primeros orbes celestiales y el sexto y el séptimo están vacíos. Solo en el quinto orbe, Aries y Tauro reinan entre las estrellas.

No tuvieron tiempo los hermanos miniaturistas de acabar el mundo celestial, aunque ellos no eran los calígrafos que tenían que completarlo, pero sí está completo el mundo terrenal del mes de Abril. Es quizá de todos los meses del calendario el que tiene las figuras más grandes.

Al fondo, en el cielo de azul ultramar, Dourdan, con su gran castillo hoy en ruinas y la pequeña ciudad apiñada a su pies. El río Orga donde bogan dos barcas. Un bosquecillo a la izquierda y una edificación a la derecha de la que apreciamos el huerto cercado por un muro de piedra. En el hortus conclusus florecen cerezos, ciruelos o manzanos.

Y siete personajes, los más grandes de todo el calendario. Inclinadas sobre la hierba, dos jóvenes cogen violetas, una vestida rosa, rosa de París, obtenido del brasilete, una madera, la otra de azul intenso y negro. El negro que también lleva otro personaje femenino, ese color negro que en esta época a partir de la corte de Borgoña se convertirá para siempre en el color de la elegancia. Cuatro personajes agrupados. Es una escena de boda, la novia con un vestido azul pálido, azul de Alemania,  bordado o de brocado, con un tocado de pieles y plumas tiende la mano para recibir el anillo del novio, vestido con un manto azul intenso de lapislázuli bordado de oro. La madre y el padre de la novia asisten a la escena, un niño, vestido de rojo y negro está más alejado. Todos los personajes en lo que se puede apreciar tienen el cabello rubio simbolo de belleza real.

Verdes prados, árboles de verde tierno, de la neblina verde que llena las ramas en la primavera, verde de Hungría extraído de la malaquita. ¿En verdad Paul y sus hermanos acabaron esta miniatura? El fondo de la hierba es demasiado liso, faltan detalles, falta la sombra…, es como si la escena se hubiera detenido en el tiempo. Porque lo más seguro es que este grupo escenifique la boda de Charles de Orleáns y Bonne de Armangnac, nieta del duque de Berry en 1410. Charles, cuyo más famoso poema da nombre a este blog, tenía dieciséis años y su novia catorce. De Bonne escribiría Charles: “Ah! Cuan grato es contemplar a la graciosa, buena y bella”. Bonne tuvo tiempo de crecer para vivir poco tiempo con su marido hasta cinco años más tarde. Porque el tiempo se detendría como está detenido en la miniatura. Charles fue uno de los prisioneros hechos por los ingleses en la batalla de Azincourt de 1415. El más valioso de los prisioneros, cuyo rescate no solo dependía del dinero sino de los vaivenes políticos. Veinticinco años pasaría Charles de Orleáns prisionero en Inglaterra. Para Bonne la historia sería más terrible: se retiró al monasterio de Castelnau-de-Montmiral, donde en el país de oc, esperó el regreso de Charles. Regreso que no pudo ver, porque para ella sí que hubo una larga e inútil espera hasta un día en que se apagó su vida en 1435.

Charles escribió de la primavera, quizá recordando el tiempo detenido en que se casó con Bonne:

Le temps a laissé son manteau / El tiempo ha dejado su manto
De vent, de froidure et de pluie / de viento, de frío y de lluvía
Et s’est vêtu de broderie, /y se ha vestido de bordados,
De soleil luisant, clair et beau. /de sol brillante, claro y hermoso.

Pero quizá Bonne, en sus largos días sola en el monasterio del país de oc leyó el lamento amoroso que otra mujer escribió en esa lengua tres siglos antes.

La Condesa de Dia – Ahora deberé cantar lo que no querría

A chantar m’er de so qu’ieu non volria / Ahora deberé cantar de lo que no querría,
tan me rancur de lui cui sui amia, /
tanto me lamento del que soy amiga,
car ieu l’am mais que nuilla ren que sia:/
pues le amo más que a cualquier cosa en el mundo
vas lui no .m val merces ni cortesía /
pero no valen ante él ni la piedad ni la cortesía
ni ma beltatz ni mos pret ni mos sens,/
ni mi belleza, ni mi valor, ni mi juicio,
c’atressi .m sui enganad’e trahïa /
porque soy engañada y traicionada
com degr’ esser, s’ieu fos desavinens./
como sucedería si fuera poco agraciada.

D’aisso.m conort car anc.non fi faillenssa,/ Me conforto pensando que jamás y de ningún modo
amics, vas vos per nuilla captenenssa, /
cometería equívoco hacia vos, amigo,
anz vos am mais non fetz Seguis Valenssa,/
sino que os amo más de lo que Seguis amó a Valensa,
e platz mi mout quez eu d’ámar vos venssa/,
y me agrada venceros en amor,
lo mieus amics, car etz lo plus valens /
amigo mío, porque sois el mejor;
mi faitz orguoill en ditz et en parvenssa,/
sois orgulloso conmigo en las palabras y en los modos,
e si etz francs vas totas autras gens./
mientras que os mostráis amables con todos.

Be .m meravill com vostre cors s’orguoilla/ Me sorprende como hacia mí vuestro corazón se muestra duro,
amics, vas me, per qu’ai razon qu’ieu .m duoilla;/
amigo, por lo que tengo razón para dolerme;
non es ges dreitz c’autr’amors vos mi tuoilla /
no es justo en absoluto que otro amor os aparte de mí,
per nuilla ren qu’ie .us diga ni acuoilla;/
sea lo que sea lo que os diga o conceda; 

e membre vos cals fo .l comenssamens /¡y recordad cuál fue el inicio de nuestro amor!
de nostr’amor! Ja Dompnedieus non vuoilla/
el Señor Dios no quiera
qu’en ma colpa sia .l departimens./
que sea mía la culpa de la separación.

Proesa grans qu’el vostre cors s’aizina/ La noble virtud que habita en vuestro corazón
e lo rics prtez qu’avetz m’en ataïna,/
y el alto valor que poseéis me intimidan,
c’una non sai, loindana ni vezina,/
pues no conozco dama cercana o lejana,
si vol amar, vas vos non si’ aclina;/
que, dispuesta a amar, no sea atraída por vos.
mas vos, amics, etz ben tan conoissens/
pero vos, amigo, tenéis tanto juicio
que ben devetz conoisser la plus fina,/
que bien debéis conocer la más perfecta;
e membre vos de nostres covinens./
y acordaos de vuestro pacto.

Valer mi deu os pret e mos partages/ deben ayudarme mérito y nobleza
e ma beltatz e plus mos fis coratges,/
y la belleza y aún más la sinceridad de ánimo,
per qu’ieu vos mandad lai on es vostr’ estatges/
por ello os mando allá donde moráis


esta chansson que me isa messatges:/
esta canción, que sea mi mensajera;
ieu vuoill saber, lo mieus bels amics gens,/
y quiero saber, mi gentil y bello amigo,
per que vos m’etz tanta fers ni tant salvatges,/
por qué sois tan altanero y cruel conmigo:
non sai, si s’es orguoills o maltalens./
no sé si por orgullo o mal talante.

Mas aitan plus vuoill li digas messatges,/ Más aún quiero que os diga el mensajero:
qu’en trop d’orguoills o ant gran dan maintas gens./
por
demasiado orgullo mucha gente ha sufrido gran daño.

Traducción procedente de: Las Trovadoras, poetisas del amor cortés. Ed. Horas y Horas, 1997.

Grupo Sinfonye, dirigido por Stevie Wishart, canta Mara Kiek.