Feliz Navidad de parte del bosque encantado

Este bosque está tan detenido como un bosque encantado bajo el influjo de un hechizo, pero la ninfa que lo administra está ocupada en otros menesteres que ocupan su tiempo. Sin embargo, no está muerto. Bajo las hojas secas del otoño hay borradores esperando ver la luz alguna vez.

Me parecía grosero dejar pasar este día sin dar señales de vida, sabiendo que hay lectores y seguidores que se van añadiendo por más que no haya habido una publicación desde  hace siete meses, el silencio más largo desde que comencé allá por el otoño de 2010.

Un canto diferente, un idioma diferente para avivar la memoria o dar a conocer a los despistados de memoria selectiva, a los descendientes de las comunidades cristianas más antiguas del mundo, anteriores a las europeas. En algún momento de los siglos VIII y IX dejaron de rezar y cantar en griego y lo hicieron en árabe. Pero la historia era la misma, sólo cambiaba el idioma, hasta hoy.

Villancico árabe

Por si hay alguna duda es muy parecido a lo que dice esta obra muy interpretada estas fechas.

Georg Friedrich Händel – El Mesias, 1741

Y en la olvidada y maltratada lengua internacional de Europa.

Puer natus nobis est – Introito del día de Navidad

Sólo he estado una vez viendo los restos de esas comunidades cristianas orientales. Son estas de Capadocia, donde dudo que pueda volver tal como está la situación hoy en aquellas tierras.

Iglesias rupestres del Valle de Göreme

Turquía: Iglesias rupestres del Valle de Göreme. Anunciación. Basílica de Santa Catalina

Feliz Navidad – عيد ميلاد مجيد

El animal simbólico

Desde hace un par de meses parte del trabajo que realizo en mi casa consiste en haber visto ya unas cuantas decenas de documentales que están publicados en Youtube. Bastantes de ellos ya los vi en su día y son una revisión, otros son nuevos. Como el blog está moribundo pero me resisto a que muera del todo, he decidido reciclar un escrito que tiene que ver con estos documentales de mis tardes de trabajo. Quizá haya alguna entrada más de este tipo entre tiempos de sequía.

Este es un documental muy interesante que se interroga sobre el orígen de las imágenes en dos dimensiones. Las más antiguas imágenes realizadas por los humanos tienen más de 30.000 años y es posible, aunque difícil, que puedan aparecer imágenes más antiguas todavía.

Cueva de Altamira. vista general del techo de la Gran Sala. Wikimedia Commons

Cueva de Altamira. vista general del techo de la Gran Sala. Wikimedia Commons

Quiero matizar unas cuantas cosas que se ven el documental:

Primero que ese paisaje que aparece en los alrededores de la Cueva de Altamira, en la dramatización de cuando fue descubierta, no se corresponde con Cantabria, sino que esos olivares son de la provincia de Jaén, Cordoba o Sevilla, a más de 700 Km de la cueva de Altamira. Hace años que no he ido a Cantabria, pero no recuerdo haber visto un solo olivo por esas tierras. Esto lo escribo sobre todo para todos aquellos que me lean desde fuera de España. La percepción de lo español por los anglosajones en general es de lo más extraña.

La otra y más importante es que el documental da una solución a la pregunta de por qué se comenzaron a realizar imágenes en dos dimensiones: dibujo, pintura, grabados, fotografía…, pero la solución no tiene por qué ser esa o sólo esa. Una de las razones es porque se hace una similitud entre culturas y sociedades muy alejadas en el tiempo y el espacio: las culturas del paleolítico superior en las actuales Francia y España, de entre 20.000 y y 13.000 años antes del presente y la cultura contemporánea de los bosquimanos san del desierto de Kalahari y los montes Drakensberg de África del Sur. Un gran prehistoriador francés ya fallecido, André Leroi-Gourhan, llamaba a esas comparaciones “hacer el australiano” ¿Conocéis la expresión “hacer el indio”? Es una expresión que para los que hayan visto películas de western en su infancia tendrá sentido. Yo de niña he bailado alrededor de la hoguera, he invocado al espiritu de la lluvia y he hecho el tonto con gran regocijo por mi parte. Pues significa lo mismo en la expresión de Leroi-Gourhan.

La conclusión del documental es interesante, pero, si el hacer imágenes se debe a plasmar alucinaciones de estados alterados de conciencia, las imágenes habrían tenido que hacerse mucho antes de los 40.000 años. Las situaciones de ayuno provocan esos estados alterados y las alucinaciones. No hace falta tomar drogas de ningún tipo, aunque problablemente los chamanes o brujos las tomaran también. Y digo lo de los ayunos porque somos una especie que hemos evolucionado padeciendo miles de años de hambre. Las alucinaciones por ese motivo las debieron sufrir gente de todas las edades durante miles de años.  Y dado que como especie somos los mismos desde hace unos 200.000 años tendrían que haber imágenes más antiguas. Algo pasó hace unos 40.000 años para que nos convirtierámos en animales simbólicos, y no fue solamente el tener estados alterados de conciencia. Además en el documental hay imagenes separadas por miles de años y de diferentes estilos. Son imágenes en dos dimensiones sí, pero por ejemplo, los bisontes de Altamira que he puesto en la foto, su artista tuvo toda la idea de crear volumen con la pintura.

Otro aspecto que no queda claro en el documental es ¿Quienes fueron los artistas de las pinturas rupestres? ¿Los chamanes y brujos que habían tenido las visiones? Pues aparte de ser los chamanes y curanderos eran unos artistas excepcionales, vamos que lo tenían todo en uno. O es que los chamanes contaron a los artistas lo que habían “visto” en su viaje al mundo de los espíritus y los artistas lo plasmaron en imágenes. A lo largo de la Historia del Arte existen muchas imágenes y escenas pintadas o dibujadas extrañas, y no provienen de ningun tipo de alucinación, sino de un contexto cultural determinado que sabe explicar y darle significado a esas imágenes. Y aunque las imágenes provengan de alucinaciones provocadas por alguna sustancia, o directamente de los sueños o las pesadillas, como en el movimiento surrealista, los artistas estaban totalmente lúcidos cuando realizaron esas obras.

Hemos evolucionado en una interrelación de naturaleza y cultura, pero la cultura también influye en la naturaleza. El comienzo y desarrollo de la capacidad simbólica influye en el desarollo cerebral. Abandonar ciertas prácticas que llevan miles de años haciendose, como la escritura a mano, puede ser y parece que es nocivo para el desarrollo neuronal.

Siempre me han gustado los puentes entre la naturaleza y la cultura, entre el mundo humanístico y el científico. Quizá haya más entradas de este tipo en adelante. Por los demás, el documental como digo es muy interesante y vale la pena verlo. Al parecer, es el segundo de una serie de tres que he encontrado de momento, pero dado que trata del origen del arte  he preferido ponerlo el primero. Tampoco sabemos lo que durará en la red, si el canal será cerrado y lo cerrará o retirará el documental su titular

El arte crea el mundo
El día que nacieron las imágenes

Ante diem sextum Idus Decembres: Tiberinalia, Faunalia Rustica, Gaia

Amis de la science et de la volupté

Jean-Jacques Bachelier, Gato de angora blanco c.1761. Versallesm Museo Lambinet

Jean-Jacques Bachelier, Gato de angora blanco mirando una mariposa c.1761. Versalles Museo Lambinet

Ante diem sextum Idus Iulias: Ludi Apollinares

Vous aimez les chats? Esta es la pregunta que me hizo hace dos noches un correo que recibí del Museo de Grand Palais de París. El correo llevaba un regalo, durante unas horas una aplicación para iPad, Les plus beux chats de l’Histoire de l’Art, sería gratuita. La aplicación consta de 100 obras de pintura, escultura y fotografía en que aparecen “nuestros amigos de cuatro patas” La aplicación tiene las imágenes a alta resolución, pero no se pueden descargar, aunque sí capturar. No es el primer regalo que recibo de este tipo de los museos franceses, ya podría tener el Museo del Prado un detalle parecido.

Gatos egipcios, gatos romanos, gatos al final de la Edad Media, gatos del Renacimiento, del Barroco y del Rococó. Gatos del Romanticismo y del Impresionismo, gatos japoneses y gatos de los  siglos XIX y XX. Gatos en la pintura religiosa y en la mitológica, gatos en el retrato y en la alegoría. Gatos en los stilleven, que aquí en verdad son bodegones y muertas naturalezas.

El animal ambiguo, el animal amado, pero también odiado y perseguido, el considerado taimado, infiel y ladrón. En varias de las obras no es una presencia amable sino inquietante y símbolo de algo malo u oscuro. Ha tenido en el arte más suerte el perro, que al menos en el mundo occidental no ha tenido las persecuciones que sufrió el gato considerado a veces encarnación del diablo, compañero de brujas, portador de mala suerte.

El perro lleva con los humanos desde finales del Paleolítico superior. El gato llegó algo más tarde en el Mesólitico y en los inicios del Neolítico con los primeros poblados y la vida sedentaria. Aunque parece más bien que el gato fue el que eligió vivir con los humanos y asociarse a ellos. Quizá pase por esta entrada alguno de mis lectores biólogos, matice lo que escribo ahora y corrija errores. El gato es quizá el felino más inteligente y desde luego el de mayor éxito evolutivo. Su relación peso-cerebro no debe diferir de la del león o el tigre. En algún momento, hace más de cinco mil años, con el neolítico ya perfectamente asentado el gato era un animal que ya vivía con los humanos. El gato vio que las moradas de los humanos no sólo eran lugares ideales de refugio caliente sino que en ellas abundaban los roedores que devoraban las cosechas y los alimentos almacenados. Eran unos magníficos cazadores de algo que era la pesadilla de los humanos. Gatos y humanos no se molestaban ni se interferían, es más, el gato era más manso, limpio, y menos peligroso por ejemplo que los hurones, que en la Antigua Grecia hacían la misma función y mordían y podían atacar y matar a los niños pequeños. El gato en todo caso se pondría en la cuna buscando el calor del bebé. Recuerdo una antigua historia leída hace tiempo ya no recuerdo en qué libro. Cuenta que en el siglo VIII a.C. en la época de las colonizaciones griegas, barcos de mercaderes griegos llegaron a Egipto y vieron los gatos en las casas. Los griegos intentaron comerciar con los egipcios, querían comprar gatos para llevarlos a Grecia para sustituir a los peligrosos hurones. Los egipcios se negaron dado que el gato era un animal divino. Los griegos no tuvieron ningún problema: robaron gatos egipcios. La historia no creo que sea cierta porque en Chipre hay restos de gatos domesticados desde hace más de 9.000 años.

Habitante de la casa, miembro de la familia desde la Antigüedad, sus penurias comenzaron en la Edad Media, que recordaba la divinidad que fue y que había que erradicar. El gato fue la encarnación del diablo, compañero de brujas en su vida nocturna. Perseguido, exterminado como causante de la peste, cuando podría haber ayudado a su control. Ejecutado y ahorcado. En el arte medieval trepa por las marginalia de los códices junto con híbridos grotescos. A partir del Renacimiento fue encontrando de nuevo su lugar en el arte. Siguió con su simbolismo ambiguo, a los pies de Eva simboliza el engaño y la astucia taimada, en las escenas de la Última Cena puede simbolizar la traición de Judas mientras el perro la fidelidad de los apóstoles. Pero el gato aparece en otras escenas religiosas, aparece en escenas mitológicas, y sobre todo en la pintura de género y en el retrato, sobre todo retratos femeninos y de niños; pero los hombres quieren ser retratados también con su amigo de cuatro patas.

Vous aimez les chats? Mais, oui.

A partir de estas imágenes de la aplicación del Grand Palais podrán salir bastantes escritos, ahora me limito a mostrar algunas de ellas y a dejar uno de los sonetos de Charles Baudelaire dedicado a los gatos. Hay que ser benévolo con mi traducción. Y una música, que por experiencia, también sé que les gusta, porque ellos aman la ciencia y el placer voluptuoso.

Charles Baudelaire – Soneto LXVI – Les Chats

Les amoureux fervents et les savants austères / Los amantes fervientes y los sabios austeros,
Aiment également, dans leur mûre saison, / aman por igual, en su edad madura,
Les chats puissants et doux, orgueil de la maison, / los gatos poderosos y suaves, orgullo de la casa,
Qui comme eux sont frileux et comme eux sédentaires. / frioleros como ellos y como ellos sedentarios.

Amis de la science et de la volupté, / Amigos de la ciencia y de la voluptuosidad,
Ils cherchent le silence et l’horreur des ténèbres; / buscan el silencio y el horror de las tinieblas;
L’Erèbe les eût pris pour ses coursiers funèbres, / Erebo los tomaría por sus corceles fúnebres,
S’ils pouvaient au servage incliner leur fierté. / si pudieran someter su fiereza a servidumbre.

Ils prennent en songeant les nobles attitudes / Adoptan mientras sueñan la noble actitud
Des grands sphinx allongés au fond des solitudes, / de grandes esfinges reclinadas en profunda soledad,
Qui semblent s’endormir dans un rêve sans fin; / que parecen dormir un sueño sin fin;

Leurs reins féconds sont pleins d’étincelles magiques /  Sus lomos fértiles están llenos de chispas mágicas,
Et des parcelles d’or, ainsi qu’un sable fin, / y partículas de oro, como una arena fina,
Etoilent vaguement leurs prunelles mystiques. /constelan vagamente sus místicas pupilas

Johann Sebastian Bach – Suite para Laúd en Sol menor BWW 995, Gavottes 1 & 2

Gatos en la Historia del Arte

 

Xelidoni & Anastasia

Amigas de la ciencia y del placer

 

Dolorido sentir

Alonso de Covarrubias. Patio de los Generales 1541. Convento de San Pedro Mártir, Toledo

Idus Apriles: Iuppiter Victor, Ludi Ceriales

Hay algo que no parece encajar; me llevan de un recinto a otro de este edificio enclavado en el centro de Toledo. Formado por varios edificios unidos a través de los siglos, ya he pasado por dos patios más pequeños. Los patios estaban cubiertos para poder hacer uso de ellos en todo momento y que la lluvia y el frío no los dejase inutilizables muchos días al año. Toledo puede tener días radiantes y cielos azules como el de la foto, pero en el centro de la península los días pueden ser extremadamente fríos. Ese mismo día de marzo que se tomó la foto, a las ocho de la mañana la temperatura era de -1ºC. Si miramos una fotografía aérea de Toledo veremos un laberinto en el que muchos edificios y casas tienen el hueco cuadrado del patio. Durante dos mil años Toledo construyó la casa romana alrededor del atrio y del peristilo. Patios diminutos de casas, patios grandes de palacios y casas señoriales, claustros pequeños de conventos y claustros inmensos, como el de la catedral o como éste. He pasado por dos patios, con sus columnas de fuste listo y sus arcos rebajados, patios que tienen más aire de casa señorial que de convento, hasta llegar a éste. Éste no está cubierto, no es recoleto como los otros y al verlo viene enseguida la imagen del patio del Museo de Santa Cruz, del Hospital Tavera o del Alcázar. Pero hay algo que no encaja. Tres pisos, el segundo y el tercero adintelados, en ellos hay algo de lo que crea una nota disonante en esta armonía renacentista. No es la zapata, tan hispánica, sobre el capitel. Tenemos la frottola y tenemos el villancico y ambos suenan bien. El fuste de la columna es demasiado corto, no guarda la proporción debida con la basa y el tamaño del capitel. Vamos a las arcadas de la planta baja. Aquí parece haberse respetado las proporciones de pedestal y columna en su anchura y altura del fuste, podemos recordar a Brunelleschi en el Ospedale degli Innocenti, pero de nuevo suena la nota discordante. El capitel de las columnas es jónico en este piso, y el orden jónico, el menos usado de los órdenes arquitectónicos, es usado en bibliotecas y centros de estudio. La orden de los Predicadores, los dominicos, es una orden intelectual y parece ir bien con el orden jónico, pero el orden de las columnas continúa siendo jónico en los dos pisos superiores. Alonso de Covarrubias y Hernán González de Lara, que terminó el patio, se han saltado la superposición de órdenes que está en el Coliseo de Roma y que Leon Battista Alberti codifica en De Re Aedificatoria.

Es un claustro, hoy un patio, casi desconocido, no porque por él no pase mucha gente durante el día, que pasa, sino porque no forma parte de un edificio que se pueda visitar fácilmente. Sólo se puede pasar por él, se puede sentar uno bajo las arcadas, si se es estudiante universitario o profesor. Porque el Patio Real, o Patio de los Generales o Patio de Covarrubias del antiguo convento de San Pedro Mártir de Toledo, hoy ya no es un convento, no lo es desde la desamortización a partir de la cual tuvo diversos usos, sino la sede de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de Castilla – La Mancha. Debo a la amistad que se genera al otro lado de la pantalla el haber podido visitar el antiguo convento convertido en universidad, haber visitado aulas y biblioteca, de la que debe ser una de las facultades más bonitas del mundo. En ninguna de mis anteriores visitas a Toledo había podido visitar el convento de San Pedro Mártir, sólo era un nombre de un edificio histórico más. Toledo es una de las ciudades europeas con mayor número de obras de arte e históricas por metro cuadrado, leí hace mucho sobre este edificio y lo había olvidado.

Visitar Toledo en 2014 es encontrarse en casi cada esquina con un nombre: el de Domenikos Theotocopoulos, El Greco, que murió en esta ciudad a la que había llegado en 1577, hace ahora cuatrocientos años. Exposición magnifica en el Museo de Santa Cruz, diversos actos culturales, más turistas que de costumbre en esta época todavía de temporada baja, no sé lo que puede llegar a ser ya estos días o en el verano. Sí que lo sé porque lo he vivido, no con exposición conmemorativa, es cierto. Toledo está unida a mi historia personal y profesional aunque hacía diez años que no la pisaba. Es El Greco el que me ha llevado de nuevo a ella, y El Greco aparecerá por este blog más adelante cuando el tiempo me sea más propicio, pero hay algo que está en el convento de San Pedro que está en mi primera relación con Toledo, cuando Toledo era un punto en el mapa y tenía más de ciudad mítica que real.

Toledo está identificada con El Greco desde que el pintor comenzó a despertar interés hace algo más de un siglo y ya no se consideró que sus obras eran mamarrachos propios de un loco, pero Toledo es también la ciudad de Garcilaso de la Vega, su ciudad natal además, y aunque hubo episodios importantes de su vida que trascurrieron fuera de España, como su muerte cerca de Niza en 1536, Toledo es importante en su obra y en su vida. Pero ¿quién se acuerda hoy de Garcilaso? El gran poeta del Renacimiento, el que usa ya la métrica italiana de forma perfecta. Dudo mucho que la mayoría de los visitantes actuales de Toledo no es que no se acuerden de él, es que sepan siquiera de su existencia. En la jibarizada enseñanza actual de la Literatura, una asignatura, nefanda palabra, que ya no existe como tal desde hace más de veinte años en el sistema educativo obligatorio, Garcilaso de la Vega será un nombre entre decenas de nombres si es que aparece en todos los libros. Decía Italo Calvino en su ensayo Por qué leer a los clásicos que la escuela tiene la obligación de enseñarlos, que luego cada lector irá eligiendo “sus clásicos”. Garcilaso podía ser un recuerdo del bachillerato cuando se pasea por Toledo, pero ahora dudo mucho que pueda ser nada.

Son los poetas los que me llevaron por primera vez a Toledo mucho antes que pudiera pisarla. Fue Garcilaso que ya aparecía en la literatura de los cursos finales de la EGB, lo que hoy es el primer ciclo de la ESO, ya estaban en el libro alguno de sus sonetos, En tanto que de rosa y azucena / se muestra la color en vuestro gesto…, algún fragmento de las églogas. Ya el maestro, se aprende a pesar de los maestros y profesores, se quejaba de que sus versos no iban dirigidos a su esposa sino a amantes más o menos platónicas. Eso es algo que queda en la memoria cuando se es muy joven. Luego vendría el instituto y la carrera universitaria y Garcilaso aparecería una y otra vez y leería toda su obra. Pero el toledano Garcilaso no me llevó a Toledo en aquellos años primeros, fue otro poeta, no toledano, pero que cantó a Toledo en su prosa: Gustavo Adolfo Bécquer. Sus leyendas toledanas pero sobre todo la menos “leyenda” de todas. Tres fechas, en que cuenta en primera persona tres vivencias de Toledo en diferentes momentos. Por las leyendas de Bécquer supe por primera vez de San Juan de los Reyes y por uno de sus textos dónde está la tumba de Garcilaso de la Vega.

Se camina por la zona de Santo Domingo el Antiguo y otros conventos, la zona menos pisada por los turistas excepto ahora con el centenario de El Greco, y una placa de mármol en un muro dice equivocadamente que allí estuvo la casa natal del insigne vate toledano Garcilaso de la Vega. No, no era ese el lugar pero de la memoria, ya la primera vez al pasar por esas callejas desiertas saltaron los versos, Oh dulces prendas por mil halladas… Y yendo de un lugar a otro de la facultad que ocupa el antiguo convento de los dominicos, se llega a la iglesia del siglo XVII, la iglesia que ya no es iglesia, sino salón de actos universitarios, pero que aún conserva los retablos barrocos, y los sepulcros medievales y renacentistas de estatuas orantes que inspiraron a Bécquer para escribir su leyenda de El beso. Hace años que no vuelvo sobre la obra de Gustavo Adolfo Bécquer, cuando la leí tanto y tantas veces y quizá haga más todavía que no vuelvo sobre la de Garcilaso de la Vega, pero ambas volvieron en aquella iglesia que ya no es iglesia de un convento que ya no es convento, porque en un lateral, en la capilla del Rosario, que es el único resto que queda de la primitiva iglesia que aún existía en el siglo XVI, ante un altar churrigueresco, como dice Gustavo Adolfo Bécquer, en un nicho de arcosolio hay dos estatuas orantes, son Garcilaso de la Vega y su hijo Íñigo de Guzmán.

“Si muriese pasada la mar, déjenme donde me enterraren”, así lo dejó escrito en su testamento. Garcilaso de la Vega, el poeta soldado, murió en acción de guerra cerca de Niza en 1536 y allí fue enterrado, pero su viuda, Elena de Zúñiga, logró trasladar los restos dos años más tarde al convento de San Pedro Mártir donde otro de los hijos del poeta había profesado. Los restos aún se movieron en el siglo XIX y retornaron a la tumba familiar en 1900. Y hoy que siguen en ese lugar escondido, parece que los quieren llevar a un lugar más visible de Toledo, pero por lo que me contaron al parecer que seguirán estando donde están. Qué manía tan arraigada en todo este país de querer ir moviendo los huesos de los difuntos ilustres. Cómo se nota que los muertos no van a protestar. Hay otro lugar donde trasladar a Garcilaso de la Vega y hacerlo “visible” y es que la Literatura vuelva a tener el lugar que merece en el sistema de enseñanza. Una Literatura que se ocupe de los clásicos, que haga que vuelvan después de años a la memoria poemas y episodios, como tras visitar una tumba escondida de una iglesia desconsagrada adosada a un patio que no respeta la indicaciones de Leon Battista Alberti, buscara al regresar del viaje mi libro de Poesía Castellana Completa de Garcilaso de la Vega

Garcilaso de la Vega (1499 – 1536) – Francisco Guerrero (1528 -1599)
Soneto XXIII

En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende al corazón y lo refrena;

y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:

coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre;

marchitará la rosa el viento helado.
Todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.

Sepulcro de Garcilaso de la Vega y de su hijo Íñigo. Convento de San Pedro Mártir, Toledo

Bosque

Diciembre

Diciembre. Ciclo dei mesi. Maestro Wenceslao, c. 1400. Castello del Buonconsiglio, Trento.

Pridie Kalendas Ianuarias

Como en otros meses, el cielo de índigo o de glasto está muy deteriorado pero el jeroglífico solar está completo, y nos dice con su letra gótica que el sol ya ha pasado por el punto de Capricornio. El día más corto del año y a partir del que comienza a remontar la luz. Estamos a fines del siglo XIV o a principios del siglo XV, el calendario juliano ya lleva varios días de retraso. Cuando en estos años crean haber pasado el solsticio de invierno, aún no habrá ocurrido, los días previos a la Navidad, la estación muerta del campo se prepara para pasar los meses más duros.

Dos espacios se reparten la escena, la ciudad amurallada y el bosque o sus lindes. La ciudad prolonga la escena del mes de noviembre, en donde entraban los porquerizos con los cerdos. Ciudad con tres puertas, con muralla de piedra blanca. El Trentino, a pie de los Alpes es territorio bisagra entre el mundo mediterráneo y Centroeuropa. Son tierras del emperador, pero estamos en Italia. La ciudad es de casas de piedra o de ladrillo, los tejados rojos a dos aguas, de teja plana o de teja curva romana, casas de dos pisos, pero una destaca entre la demás su fachada tiene piñón escalonado como las de Flandes. Quizá la casa de un mercader extranjero, de alguien que comercia entre las ciudades de Toscana y las flamencas, con su residencia cerca de los pasos alpinos.

diciembre -ciudad

Construcciones de piedra, pero en el río junto a la doble muralla, por donde salen los caballeros, el molino es de madera con su tejado de bálago, también una barbacana es de madera y algunas partes del castillo o casa señorial dentro de la ciudad. La Edad Media podría llamarse la edad de la madera. Durante siglos las viviendas, excepto en el mundo mediterráneo fueron de madera, tan frágiles, víctimas fáciles del fuego como el molino. A partir de siglo XIV en muchos lugares de Centroeuropa y el norte se va sustituyendo la vivienda de madera por la de piedra y ladrillo. Porque desde el siglo XIII una innovación ha entrado en la vivienda. Primero en el centro de la estancia, luego adosada a un muro, completada con una campana que recoge el humo: el hogar. Primero en las residencias señoriales, en la escena sólo la gran casa señorial tiene chimenea, luego en las viviendas populares, incluso en la casa campesina. Desaparecen los hogares comunales a cielo abierto. La incorporación del hogar en el seno de la casa ocasionó cambios en  la estructura familiar, en los modos de convivencia, y creó una situación completamente nueva: la mujer lo cuidaba y obtuvo su poder doméstico. Los ancianos que se calentaban allí tenían ocasión de contar historias y leyendas, los alimentos, en sus proximidades, adquirieron posibilidades suplementarias de conservación, Y hasta en las residencias nobles, con grandes chimeneas donde se podían quemar troncos, era el lugar donde se reunían las nodrizas, los enfermos y los viejos.

La Edad de la Madera. Mangos de azadas y hachas, vajilla culinaria, zuecos, mobiliario, equipamiento artesanal y agrícola, carros, puertas y ventanas, vigas, los troncos que se quemaban en el hogar del rico y las gavillas que ardían en el hogar del pobre. Para obtener esa madera necesaria durante siglos, desde el neolítico, se atacó al bosque. En esas historias que se contaban alrededor del hogar el bosque europeo es protagonista. Es el lugar del misterio y del miedo. Quien con cierta edad ha escuchado o leído los cuentos populares ahora políticamente incorrectos, los cuentos edulcorados hoy y tan cambiados que ya no cumplen la función que tuvieron durante siglos, puede recordar el papel del bosque. El bosque es el lugar del peligro de los cuentos. Es el dominio del lobo, del jabalí y del oso. En el bosque son abandonados Blancanieves y Pulgarcito, en lo profundo del bosque está la casa de la bruja de Hansel y Gretel, los caballeros errantes de las novelas de Chretien de Troyes se enfrentan en sus primeras salidas al bosque, al bosque de Morrois huyen Tristán e Isolda como proscritos.

Leñadores y carro

El bosque europeo medieval no es una masa vegetal impenetrable que abarque toda Europa. Esa es la visión del imaginario, aunque helechos, troncos caídos, matojos impenetrables, lugares donde no se pensaba en el sanear el suelo lo hagan impracticable. El hábitat europeo es un archipiélago de claros cultivados, de aldeas y ciudades entre un océano de bosques. Robles y hayas al norte de los Alpes y el Danubio, abedules en las llanuras del este y a orillas del Báltico, castaños, olmos, tilos, más al sur, en Francia, en el sur de Alemania, encinas en el Mediterráneo y coníferas un poco en todas partes. No tantas como hoy, madera blanda y de rápido crecimiento, que las tierras señoriales hicieron prosperar. El pino romano marítimo, el ciprés de Toscana y de Grecia son colonizaciones recientes. El bosque mediterráneo fue un ecosistema más frágil que el centroeuropeo y nórdico, casi destruido antes de la era cristiana. El bosque de nuestros recuerdos culturales fue la greñuda Galia y Germania de los romanos, la que hizo que el narrador de El corazón de las tinieblas dijera que el estuario del Támesis fue un día lugar de miedo. El bosque cerca de la ciudad y la aldea, el bosque que hace linde con los campos de cultivo. Tres hombres lo atacan. Pequeños árboles que se convertirán en mangos de azada o del hacha que los destruye, ramas que alimentarán el hogar de las leyendas y los cuentos, el crisol donde se fundirá el hierro, cuyo temple en estos siglos medievales sólo será eficaz en la espada y el hacha. Otros lo cargan en carros o arrastran con el trineo sobre la nieve aún raquítica de diciembre, antes de las grandes nevadas de enero, de febrero que encierren a las gentes en sus casas, alrededor del fuego donde el bosque se quema.

El bosque lugar de misterio y temores, el bosque donde viven los leñadores y los carboneros, donde merodean los proscritos y donde se busca al santo ermitaño para obtener su perdón como hicieron Tristán e Isolda. El bosque europeo medieval es un hormiguero humano, lugar de derecho señorial de caza y fuente de alimentación de los pobres. Tristán e Isolda huirán al bosque pero en el bosque no están seguros porque pueden ser descubiertos. Como en los remotos tiempos paleolíticos, en una escala que no podemos comprender hoy el bosque alimentaba a parte de la población, sobre todo cuando a finales de invierno la cosecha se agotaba. Trabajo de mujeres y de niños era la recolección de setas, bayas dulces, manzanas silvestres, madroños, castañas, bellotas, raíces como nabos y chirivías, puerros, ajos y cebollas, berros y dientes de león. El derecho de acceso al bosque fue una lucha constante durante toda la Edad Media. El señor lo quería como territorio de caza y explotación de recursos, el pueblo campesino lo necesitaba para su supervivencia. El bosque era un elemento fundamental del ecosistema medieval.

coníferas

A escasos centímetros de la muralla, pero lejos en la realidad, al pie de las montañas alpinas, golpe tras golpe de hacha, las coníferas, quizá abetos van cayendo, limpias de ramas se colocan en los carros o el trineo. Se encaminan a la ciudad donde alimentarán los hogares ahora pletóricos de viandas para la Navidad, el Año Nuevo, la Epifanía. Al calor de esos hogares se contarán historias, historias de otros tiempos cuando el año mil se acercaba, de hambrunas cuando las gentes eran asaltadas en los bosques y devoradas, historias de amantes que se refugiaron en ellos, de proscritos que defendían a los pobres frente a los señores. Serán la materia prima de carpinteros y artesanos, el trabajo doméstico de hombres que no trabajan en los campos pues las cosechas futuras están bajo la nieve. Y un día se pondría freno a ese asalto continuo al bosque. Hubo que dejar de pensar, como se hacía en el mundo mediterráneo, que el árbol no era el enemigo que acababa con la poca agua que había, ni el que impedía el pasto del ganado o la expansión de la tierra de cultivo. Frenar ese asalto que convertía a los árboles en carbón y cenizas, y usar para alimentar los crisoles donde el hierro se funde la piedra del diablo que arde, el carbón mineral. Y llegó un día, que aunque nos contaran historias inquietantes y terribles que sucedieron en el bosque, el bosque fue un lugar de itinerarios señalizados, de violetas que crecen al borde del sendero en primavera, un lugar necesitado de protección, muy lejos de aquel lugar de misterio que conservamos en los recuerdos que nunca pudimos vivir.

Gilles Binchois – Adieu, adieu, mon joieulx souvenir (c.1428 -1436)

Adieu, adieu, mon joieulx souvenir,
le plus hault bien qui me puist advenir,
belle et bonne que j’aim autant com moy.
Le dire adieu me donne tant d’anoy
qu’a grant paine puis je la bouche ouvrir.

Ce seroit fort que me puisse esjouir
quant j’eslonge mon souverain desir
et la chose que plus voulentiers voy.

Adieu, adieu, mon joieulx souvenir,
le plus hault bien qui me puist advenir.

Adieu, vous dy; il est temps de partir.
Adieu, celle que tant ay chier velr.
Mon povre Coeur vous remirant, par ma foy;
aultre que vous ne joira de soy;
tous deulx vous lesse, helas quel desplaisir.

Adieu, adieu, mon joieulx souvenir,
le plus hault bien qui me puist advenir,
belle et bonne que j’aim autant com moy.
Le dire adieu me donne tant d’anoy
qu’a grant paine puis je la bouche ouvrir.

Ciclo dei Mesi completo

Osa

Noviembre

Noviembre. Ciclo dei mesi. Maestro Wenceslao, c. 1400. Castello del Buonconsiglio, Trento.

Idus Novembres: Epulum Iovis, Feronia, Fortuna Primigenia, Pietas, Ludi Plebei

Sol en Sagitario en un cielo muy estropeado que ha perdido el azul, como el azul se pierde en estos diez últimos días de noviembre, acercándose el tiempo al último mes del año.  No hay trabajos agrícolas en las dos escenas que el Maestro Wenceslao ha elegido para ilustrar el que es quizá el mes más melancólico del año. El mes en que la luz declina día a día, en el que el frío avanza y los días son grises. La tierra duerme hasta la primavera. El trigo y el centeno con que se hará el pan ya se ha sembrado y dormirá bajo la nieve varios meses hasta que comience a germinar en marzo.  En abril se sembrará la cebada y la avena, los productos de huerta también se han cosechado. En otros ciclos, en libros de horas, en el mes de noviembre todavía se ve en los graneros las labores de trabajo con el trigo que se ha ido secando desde la siega de agosto. Pero el Maestro Wenceslao no ha querido ilustrar ninguna labor agrícola en estas tierras de montaña. Tampoco en esta escena hay ninguna mujer, ni dama, ni campesina. Noviembre y también diciembre, son las dos únicas escenas del ciclo sin presencia femenina.

Noviembre cerdos

Dos grandes escenas se reparten la superficie de la pintura. Ante nuestros ojos, en la parte baja, la ciudad blanca amurallada. Casas blancas, tejas de cerámica roja, iglesia con su campanario cuadrado, probablemente románico. La puerta de entrada con su puente, un hombre entrando por la puerta. Como siempre la desproporción de los tamaños, la ciudad que parece de juguete. Dirigiéndose también a la puerta de la muralla otros dos hombres envueltos en una capa corta. Dirigen una piara de cerdos, tres, quizá cuatro dado el deterioro de la pintura. No demasiado grandes, y de color pardo, más cercanos al jabalí que los cerdos actuales. No hay libro de horas con su ciclo anual, no hay catedral, iglesia, baptisterio o fuente que tenga un calendario del año con sus trabajos, donde no esté presente el cerdo.

En la Edad Media se hicieron preguntan que hoy nos seguimos haciendo, aunque la biología molecular ya las haya contestado. Una pregunta que inquietó a eruditos y a gente común fue cual es el animal que más se parece al hombre. En Europa, en épocas de las que tenemos testimonio escrito, sólo hay tres animales en los que realmente se ha pensado que mantienen con el ser humanos lazos de semejanza, proximidad y parentesco: el oso, el cerdo y el mono. Acudiendo siempre a los clásicos, a Aristóteles y a Plinio, para ellos el mono es el más próximo y también esa ha sido la respuesta de la biología con respecto a los simios antropoides. Pero para la Europa medieval el simio representa lo más feo, vil y diabólico. Los otros dos, cerdo y oso, están en la pintura del Maestro Wenceslao.

La relación de los europeos con el cerdo es de una curiosa ambigüedad: es un animal que se cría exclusivamente por su carne, pero que también provee de otros productos como piel. Proporciona buena parte de las proteínas animales que durante siglos pudieron comer las clases populares. Su cría no resultaba especialmente costosa, los bosques proveían de lo necesario para su alimentación y por las ciudades y aldeas campaban a sus anchas sueltos devorando desperdicios y causando más de un accidente. La matanza se producía en este mes de noviembre o en diciembre. Su carne se procesaba de diferentes maneras para conservarla. La cultura material europea le debe mucho al cerdo, uno de los grandes animales domesticados, junto a los bóvidos, el caballo y el asno, la oveja y la cabra. Y sin embargo, el cerdo no era un animal admirable en absoluto. Se lo consideraba criatura impura, sus atributos son la suciedad, sorditas, la gula, la pereza y la lujuria, todo unido. Pero la Europa cristiana, no se privó de su carne. Y no sólo de su carne. Durante siglos su cuerpo se utilizó en los estudios de medicina dado su parecido con el ser humano. En Salerno, en Montpellier, se diseccionaban cerdos para estudiar la anatomía humana, antes de que Andrea Vesalio viniera a desmentir ese pretendido parecido. Quizá las reticencias hacia el cerdo no tenían tanto que ver con sus costumbres consideradas sucias, el cerdo no suda y necesita refrescarse con el barro o con lo que tenga cerca, sino con ese inquietante parecido.

En el mes de diciembre, si el año ha sido bueno, con los graneros rebosantes, con la matanza realizada y elaborados los embutidos y la carne en las orzas de barro llegará la época de las comilonas navideñas, las que antes fueron saturnales romanas. Durante miles de años los humanos comieron cuando había comida, y pasaron épocas de ayuno y hambre cuando escaseaba. A esos cerdos que llevan los porquerizos pintados por el Maestro Wenceslao les quedan pocos días de vida y en los días de Navidad estarán en las mesas. Cuando llegue la primavera casi no quedarán provisiones cárnicas y la cosecha se habrá ido agotando, será entonces el tiempo de los ayunos cuaresmales y de las vigilias de Semana Santa.

Noviembre Caza del Oso

El otro animal, el oso, está en la escena alta. Caza del oso en la alta montaña. Las rocas de color rosa emergen del amplio escenario, recordando los Dolomitas de Brenta. Una batida, un amplio espacio. Una osa perseguida por una jauría de perros y precedida por dos oseznos, se da la vuelta hacia el peligro inminente que la acecha. Caballeros y hombres a pie. Dos órdenes sociales juntos para acabar con un pobre animal perseguido durante toda la Edad Media. Un cazador hace sonar el cuerno para advertir a los cazadores estratégicamente distribuidos para impedir el paso a la presa. A la derecha, un grupo de tres hombres sujetan con una correa a los perros preparados para ponerlos en libertad. Están armados con largas lanzas con una gran punta de hierro, cordadas y con un gancho atado a la cuerda como un arpón.  Catorce hombres armados de hierro, acompañados de perros de caza contra la osa y los dos oseznos que debieron nacer el invierno anterior en la osera que hibernaba. 

Si el cerdo es ejemplo de sordidez el oso es el enemigo. El oso fue la primera divinidad europea, el rey de los animales antes de que un animal foráneo como el león lo desplazara. La griega Ártemis y la celta Arduina, venerada en estas tierras del Trentino fueron sus diosas. Al oso le declaró la guerra la Iglesia porque tenazmente se mantenía en el imaginario popular como el animal regio que había sido. La Iglesia Católica tuvo que poner fiestas de santos ursinos, como San Martín el santo más popular de la edad media, cuyo nombre lleva también la raíz art, que significa oso, en la época de hibernación, noviembre, y en la época del despertar, febrero. Cuando el Maestro Wenceslao pinta el mes de noviembre, los osos han retrocedido en toda Europa hacia las aéreas de montaña. El rey de los animales de Europa es un animal despreciado en el Roman de Renart y un entretenimiento en las plazas de ciudades y aldeas.  La osa que persiguen estos catorce hombres y su jauría no acabará en ningún espectáculo de juglares, morirá atravesada por las lanzas defendiendo a sus crías. Las osas son, no sólo de las mejores madres del mundo animal, sino que tienen la capacidad y la fuerza de defenderse, pero no contra una batida de lanzas de hierro y arpones. Esa osa no regresará a su osera para hibernar con sus oseznos a los que despediría en la primavera siguiente. Quizá los oseznos sí sobrevivan y sean capturados vivos. Quizá puedan superar el dolor de la separación de su madre y acostumbrarse a los humanos que los entrenarán o los encerrarán en una colección de fieras de algún noble. Pero no volverán a la montaña ni a los bosques alpinos. La acción que pinta el maestro Wenceslao es la que ha tenido la consecuencia de que hoy haya casi desaparecido el oso pardo, ursus arctos, de casi toda Europa, y antes de que se extinga definitivamente, desesperadamente se traen osos de Eslovenia al Trentino, a la Cordillera Cantábrica, a los Pirineos. Osos que no pudieron ser descendientes de esta osa que mira hacia atrás, que se da cuenta del peligro y que defenderá hasta la muerte a sus oseznos.

Noviembre Osa y oseznos

Ghirardello da Firenze  (c. 1320-1325 – 1362 ó 1363)
Con levrieri e mastini, segugi e bracchi

Con levreri e mastini, segugi e brachi,
cacciando vo da ssera e da mattina
Sol per gigliare la bianca porcellina.
Perché sommo dilecto spero il giarno
Ch’i’ sinerò a caccia perso’l corno.

Vendimia

Octubre

Octubre. Ciclo dei mesi. Maestro Wenceslao, c. 1400. Castello del Buonconsiglio, Trento.

Ante diem quartum Idus Octobres: Augustalia, Ludi Divi Augusti et Fortunae Reducis

Comencemos como en los otros meses por la parte alta de la pintura. El Maestro Wenceslao aún no domina la perspectiva, pero en unos años tendremos paisajes de horizonte muy alto, sobre los que la mirada vuela. Entre las dos columnillas torsas, el cielo casi completo, de azul oscuro. Las rocas rosadas y grises cierran el horizonte, entre ellas una casa de madera con pórtico lateral y techo de paja. Árboles en lo que parece un prado y después, ocupando casi todo el espacio, las viñas emparradas y los personajes vestidos de blanco que se afanan en la vendimia. De nuevo el verde omnipresente. Verde en la pradera, en los árboles, incluso en los vestidos. Verde, sólo interrumpido, por la luz del blanco de las ropas campesinas.

Hay algo que me ha resultado extraño en este ciclo, y es lo tardías que parecen ciertas labores del campo. La siega del trigo se da en agosto, aunque eso es comprensible al ser tierras más altas y frías. También la siega del trigo aparece en agosto en otros calendarios. El trigo a fin de cuentas es un producto “seco” que aún tiene que secarse más antes de la molienda. Pero la uva es un fruto jugoso, húmedo, que está en sazón unos días y que hay que procesar rápido. Y el jeroglífico solar está “in Escorpione”. Es decir, en el último decano de octubre ya cerca del mes de noviembre. Muy tardía es la vendimia en estas tierras al pie de los Alpes. A mayor latitud, estamos en el paralelo 46ºN, más tardía la vendimia, aunque se trate como se ve en la pintura de uva blanca. Es tiempo de vendimia y la escena campesina domina la pintura, apenas tenemos personajes de la nobleza, son sólo tres, pero ahí están con su presencia haciendo saber quien domina estas tierras. Pero hay momentos en que los personajes cortesanos son una anécdota o casi. Como en abril, como en agosto, hay labores del campo tan importantes que sólo los que lo trabajan pueden ser protagonistas.

Casi toda la pintura, más que en ninguna otra escena del ciclo está ocupada por las viñas o por las labores de procesado de la uva. Toda la parte derecha está ocupada por las vides emparradas, donde trabajan siete personajes. Todavía el sol es fuerte en estas tierras y todos llevan la cabeza cubierta. Sus ropas blancas serán de lino o de lana sin teñir. Cuatro de ellos están recogiendo uvas. Un hombre con un gran recipiente cónico a la espalda hecho con tablillas de madera acarrea la uva blanca que se lleva a las cubas de prensado, y una mujer, con una cesta de uvas en la cabeza lleva pendiente de un palo, un recipiente hermético, también de madera. Probablemente lleva agua a los vendimiadores que están en el campo. Octubre - vendimiando

Todos los recipientes que vemos son de madera clara. El mundo del bosque ha ganado la partida al mundo mediterráneo antiguo de la arcilla cocida. Cuenta Plinio en su Historia Natural de un árbol de la Galia, el abedul, de madera clarísima y delgado tronco, cuya flexibilidad lo hacen ideal para confeccionar cestos y barriles. Sí los barriles de madera ya se conocían en el mundo antiguo, sólo era cuestión de unos pocos siglos que acabaran desplazando a las ánforas de barro. Más abajo, en la parte inferior derecha, cerca de nuestra mirada si nos situásemos en la sala de la Torre Aquila, un hombre de verde y una mujer de blanco, arrodillados en tierra, ponen racimos en una tabla y cortan dejando los racimos limpios. Las dos damas, grandes, en primer plano, vestidas de verde y naranja, quizá las mismas que iban por el camino de abril hacia el cortejo del mes de mayo, una coronada y con un recipiente en la mano que prueba el vino, la de naranja con su cara perdida por el deterioro de los siglos, cierran la escena por la derecha.

A la izquierda de la pintura, de arriba abajo tenemos, no ya la vendimia sino el prensado y el proceso de vinificación. La edad media está en su último siglo, pero las labores y los artefactos que aparecen, a diferencia de otras representaciones de la vendimia no son tan “modernos” como podríamos pensar. Todos los ciclos medievales desde el Mediterráneo a la Europa nórdica, en septiembre u octubre tienen a la vendimia como protagonista. Hace ocho mil años que la vitis vinífera desde Anatolia comenzó a conquistar Europa. Antes de que lo romanos llegaran a estas tierras de la Galia Cisalpina, y a otros lugares occidentales y bárbaros de lo que fue su Imperio la vid ya se cultivaba. Los romanos organizaron la producción, llevaron variedades de cepas de un lugar a otro. Todavía en la época en que se pinta la pintura se cultivaba vid en Gran Bretaña, en los Países Bajos, incluso en Escandinavia. Vinos de escasa calidad, pero vino al fin.

La vid es un arbusto sobrio, soporta los suelos pobres, los veranos secos, los inviernos fríos, una planta agradecida. Para los griegos, la vid fue un regalo de Dionisos. Esta planta que crece con gran frondosidad pero que debe podarse bien si se quiere que florezca y cuyo fruto hay que prensar y dejar fermentar para producir una bebida tan deliciosa como peligrosa. En el mundo medieval como en el antiguo el vino acompañaba las danzas sagradas, las comidas festivas y las libaciones piadosas; marcaba la acogida del viajero y del huésped, la bendición de la madre y la firma de un contrato. Tenía sus peligros, muchos personajes importantes bebían demasiado, a pesar de tener el vino medieval poca graduación. Unos años más tarde de pintarse esta escena la guerra hizo un favor llevándose a Carlos el Temerario antes que la cirrosis. El himno homérico a Dionisos cuenta episodio en que el dios, fue capturado por piratas tirrenos que lo llevaron a bordo de su barco. Avisado por el timonel, hizo crecer por toda la cubierta una inmensa vid y convirtió a los impíos piratas en delfines. En la copa de Exequias vemos la vid trepar por el mástil y los racimos de uva que se extienden por toda la parte superior, los delfines-piratas nadan en un mar de vino mientras Dionisos de dimensiones sobrehumanas, se revela como señor de la vid y del vino. En 1400, en toda la Edad Media, Dionisos ya no es el señor del vino, el vino es una especie eucarística y toda parroquia, todo monasterio precisa de él. Muy duras tienen que ser las condiciones de la tierra para que se renuncie a la viña. A miles de kilómetros de Europa, cruzando el Trópico de Capricornio, en el lejano desierto de Atacama, en la iglesia de Toconao vi una curiosa representación de Cristo que tenía un lejano parentesco con la copa de Exequias: del costado de Cristo creía una vid que llenaba la superficie del cuadro.

La vid siempre fue algo aparte en las tierras cultivadas, el viñador fue un agricultor especial, aunque las tierras no fuesen suyas y cultivara la viña del señor, como parece ocurrir en la escena del Maestro Wenceslao. Su trabajo era minucioso, especializado, casi un arte y el viñador despreciaba al hombre del arado y sobre todo al pastor, cuyos animales tenían prohibido cruzar el cercado. Poseer viñas, beber su propio vino era y es un signo de distinción social. En estos tiempos medievales cuando un hombre de ciudad poseía un campo fuera de las murallas era una viña. Llegado el tiempo de la vendimia se movilizaba a toda la familia, a la comunidad. El proceso tenía que hacerse en pocos días.

En la mayoría de los ciclos de pinturas, ya sean murales, ya libros de horas, junto a la vendimia o prescindiendo de ella está el proceso de prensado. Desde la antigüedad lo vemos hecho con los pies, pero el prensado mecánico es muy antiguo. Ya los egipcios prescindían de los pies y usaban telas de lino que se retorcían con palos. En época romana ya se usaban prensas. Y a Carlomagno no le gustaba el prensado con los pies. En la Capitular de villis, en su artículo 48, se dice claramente: “que nadie presuma de pisar con los pies nuestra vendimia, todo debe hacerse con limpieza y propiedad”. Esta pintura, desde luego, presenta un proceso más limpio que el que aparece en el mes de septiembre en las Grandes Horas de Ana de Bretaña.

Octubre - PrensaLa pintura del Maestro Wenceslao tiene una prensa protegida por un cobertizo. Cuatro postes verticales fijados en el suelo sostienen el techo de cubierta de paja para proteger la máquina. Los postes tienen insertados unas traviesas que al parecer sirven para ajustar la presión en el proceso de exprimir, entre ellas se mueve la pieza conectada al tornillo helicoidal de madera insertado en un gran piedra que es accionado por dos hombres. En una gran caja de madera está la uva que es triturada y el zumo cae en un recipiente colador antes de pasar a la cuba de madera. Delante de la máquina otras dos cubas: en primer plano dos hombres uno descarga la uva y el otro parecer hacer un primer prensado con una maza. Entre esta primera cuba y la prensa, una mujer en el recipiente de mosto ya elaborado llena un cubo. Un caballero prueba en una copa el líquido ya en transformación.Octubre - mosto

Hombres y mujeres trabajan en la viña, prensan la uva, pero el resultado del trabajo, iba al abastecimiento de la bodega del señor, para su consumo propio y para el comercio, dado que el vino era el único producto agrícola medieval objeto de comercio internacional. Fue el prestigio de los grandes viñedos señoriales de algunas zonas de Europa como Burdeos, y no el cambio climático, lo que hizo que se fueran abandonando las zonas secundarias como Gran Bretaña o el norte de Europa. Con suerte, estos trece campesinos de la pintura del Maestro Wenceslao tendrían una pequeña viña con la que elaborar un vino peleón, pisado con los pies, para consumo propio. Los grandes viñedos de las reservas señoriales eran los que producían el vino de calidad y ese vino, entonces y ahora, solo lo beben los ricos.

Anónimo c.1530 Tourdion: Quand je bois du vin

Quand je bois du vin clairet, / Cuando bebo vino rosado,
Amis, tout tourne, / amigos, todo da vueltas
Aussi désormais / por eso, a partir de ahora,
je bois Anjou ou Arbois. / bebo Anjou o Arbois.
Chantons et buvons, / Cantemos y bebamos,
à ce flacon faisons la guerre, / con este frasco hagamos la guerra
chantons et buvons, / cantemos y bebamos,
mes amis, buvons donc. / amigos míos, bebamos pues.

Le bon vin nous a rendus gais, chantons, / El buen vino nos ha alegrado, cantemos
oublions nos peines, chantons. / olvidemos nuestras penas, cantemos
En mangeant d’un gras jambon, / Comiendo buen jamón,
à ce flacon faisons la guerre. / con este frasco hagamos la guerra.

Buvons bien, là buvons donc / Bebamos mucho, trinquemos, pues
à ce flacon faisons la guerre. / con este frasco hagamos la guerra.
En mangeant d’un gras jambon / Comiendo buen jamón,
à ce flacon faisons la guerre. / con este frasco hagamos la guerra.

Buvons bien, mes amis, trinquons, / Bebamos mucho, amigos míos, brindemos,
buvons, vidons nos verres. / bebamos, vaciemos nuestras copas,

En mangeant d’un gras jambon / Comiendo buen jamón,
à ce flacon faisons la guerre / con este frasco hagamos la guerra.

En los meses anteriores no me he saltado la norma que me puse en enero de poner solo música de la época de la pintura. Esta vez me la salto. Esta canción, aunque de origen medieval, está datada hacia 1530. pero la pongo para ilustrar musicalmente la entrada porque su letra es más que adecuada, además de ser una divertida parodia de L’homme armé.

Cetrería

Septiembre

Septiembre. Ciclo dei mesi. Maestro Wenceslao, c. 1400. Castello del Buonconsiglio, Trento.

Ante diem decimum Kalendas Octobres
Equinoccio de otoño

Si echara a volar, desde la roca donde observa la cacería, veríamos como es en verdad este paisaje o estas escenas. Hay tantos personajes en tan poco espacio que podemos confundirnos. Está en la roca, deteriorada, por el incendio y los siglos. Es la única criatura que nos puede explicar este espacio. Hagámonos la idea de que somos ella, que levantamos el vuelo y nos vamos hacia la zona más alejada. El cielo de azurita, de índigo o de glasto casi no existe. El jeroglífico del Sol en Libra reina en un espacio oscuro y marrón. El Sol está en Libra, hemos cruzado ya el tiempo del equinoccio. A partir de ahora sí que la luz iniciará un retroceso acelerado, mientras los últimos días cálidos desaparecen.

En el mes de septiembre vuelve a reinar el verde. Verdes oscuros de árboles y matorrales, de los surcos abiertos por el arado. Verdes tiernos de la hierba y verdes amarillentos. Apenas los ocres y los rojizos tienen presencia entre la variedad de verdes. Casi no tenemos rocas, ni montañas, ni edificaciones campesinas. Una casa con tejado de paja y un puente de tablas sobre un arroyo. Una construcción rojiza con torre almenada y una extraña chimenea dentro del recinto, nos indica el mundo señorial o urbano. El verano, incluso el verano climático en estas tierras alpinas ha pasado ya, pero la altura, las lluvias, la cercanía de los lagos llenan de verdor la tierra. Sigamos su vuelo. Tres bandas, dos mundos, o dos órdenes, el mismo mundo pero diferente condición. Todos envueltos en el color verde.

No parece que el horizonte lo cierren las montañas. Los árboles que cierran la primera escena o banda horizontal tienen más de frutales que de frondosas o coníferas de bosque. Estamos en el valle. De nuevo, un campo cercado. Si nos atenemos a lo que ha pintado el Maestro Wenceslao este campo es imposible por su pequeño tamaño. El arado pesado de vertedera y su tiro formado por una pareja de bueyes y otra de caballos es casi tan largo como el mismo campo. Antes de terminar el surco ya habría que dar la vuelta al arado. Pero no nos atenemos a lo que vemos, somos ella y estamos volando sobre un campo que por su verdor parece un huerto. Pero no es un huerto, aunque nos engañe en un primer momento la mujer con la azada que trabaja en los surcos ya abiertos.

Septiembre-arando

Ningún huerto necesitaría la entrada del arado de vertedera. Los huertos suelen ser parcelas de pequeño tamaño y una consecuencia del uso de este arado es que ha conformado el paisaje agrario de Europa hasta hoy. La dificultad de darle la vuelta a un arado tan complejo creó a lo largo de los siglos parcelas largas y estrechas. Este arado es prácticamente como el del mes de abril. Parece algo más pequeño pero no lo debe ser, pues de él tira un animal más. Para manejarlo se necesitan dos hombres: el que ara y el que hace de timonel del tiro. En septiembre, como en abril, la tierra debe ser húmeda y pesada, de ahí la necesitad de la vertedera y de la fuerza que tienen que hacer los animales, los bueyes uncidos al yugo, los caballos con la collera. No es fácil trabajar estas tierras alpinas, pero todas las innovaciones medievales poco tienen que ver con Varrón o Columela, citados y poco leídos por lo monjes. De estos personajes nada saben los campesinos cuyas innovaciones proceden del ensayo y el error. Dónde la azada que maneja la mujer en nada se diferencia de la usada por los romanos o por un campesino del siglo XIX. Hay herramientas perfectas hechas a la mano y desesperación de arqueólogos, y las innovaciones, las innovaciones no siempre son bien vistas, sobre todo por la Iglesia, que sospecha del individualismo y vislumbra tras él el afán de riqueza o de cambio. El campo del mes de septiembre, no es un huerto, es un campo alargado, lo vemos desde el aire, que se prepara para recibir la siembra del cereal de invierno, del trigo o del centeno que dará el pan en la cosecha del verano del año siguiente. Pero a diferencia de otras escenas septembrinas en palacios o libros de horas, al campesino del arado no le sigue el sembrador y el campesino con el caballo y la grada. En el campo, una mujer con la azada desmenuza los terrones húmedos llenos de la hierba otoñal, para conseguir una tierra más homogénea para la siembra.

Septiembre-campo de nabos

Sigamos a vista de pájaro. Separado por un cercado o un camino, con algunos árboles frutales tenemos otro campo. Tan grande en la pintura del Maestro Wenceslao como el campo que se está arando. Este campo, también con las hierbecillas que han salido con las lluvias, ya está trabajado, y su cosecha lista para recoger. Los caballeros y las damas del primer plano tienen como fondo de sus acciones un vulgar huerto de nabos. Estamos muy lejos todavía en el tiempo de la revolución agraria que se producirá en las tierras flamencas y holandesas y que tendrán a estas humildes raíces comestibles como protagonistas principales. En el siglo XIII, la recogida de los nabos está representada por Benedetto Antelami en el ciclo anual del interior del Baptisterio de Parma, pero en el mes de noviembre.

El campo de nabos en el que una mujer, tras arrancarlos los acumula en racimos, era fundamental para la supervivencia campesina. Había multas y otros castigos para quien los robara, dado que eran un alimento quizá considerado vil por nobles y eclesiásticos de alto rango, pero los nabos, convertidos en dados, fritos en una sartén con mantequilla y grasa animal, no estamos en tierras de aceite de oliva, era una comida muy sabrosa para acompañar las sopas de cebada o un pan de centeno.

Septiembre-caza con halcones

No serían nabos lo que comerían ni como guarnición los cinco personajes a caballo de la primera banda, la que está  frente a nuestros ojos entre las dos columnillas torsas, la que observa ella desde la roca. No parece ella parte del grupo, aunque tomadas del nido, y alimentadas como dice Federico II, con carne cruda de pollo cortada en trocitos finos o con huevo batido no cuajado del todo, mezclado con leche, los pollos de águilas, halcones, azores se acostumbran y se avienen al entrenamiento. El águila siempre volará sobre los perros. Cazará presas grandes como patos, conejos y liebres. Los halcones peregrinos cerrando las alas se lanzarán como una flecha sobre las presas pequeñas. En esta escena, dos caballeros, al unísono, lanzan sus halcones sobre las perdices que han levantado los perros. El caballero que acompaña a la dama de largas trenzas y a la del cabello suelto no tiene tanta suerte: ha lanzado su halcón contra las perdices y el perro salta para atraparla pero sin éxito.

Ella observa, observa desde el campo que se está arando hasta la roca donde ve a jinetes y amazonas, la relación de los hombres con los animales. Extraña relación que se inicia en la Edad Media y que con cambios llega a nuestros días. El mundo antiguo no vio al animal de la misma manera, lo ignoraba, despreciaba o lo sacrificaba, pero el cristianismo habló de todas las criaturas. Cristo nació en un pesebre entre dos animales, y a finales del siglo XIV ningún Papa había desterrado al buey y a la mula de la Natividad. Y vino a salvar a todas las criaturas, y entre todas las criaturas estaban los animales. La Edad Media dotó al animal de un alma más o menos moral y se preguntó por la responsabilidad de los actos de los animales. También es cierto que los clérigos tronaban contra el amor y el apego que se les tenía a ciertos animales, como caballos, perros y halcones, los tres representados aquí, los tres, compañeros  y aliados en la caza, en el ocio o en la guerra, de la misma manera que en el campo, bueyes y caballos comparten el duro trabajo de los campesinos.

Septiembre-Aguila

Jacopo da Bologna (antes de 1340 – 1386) – Aquila altera/Creatura gentile/Uccel di Dio
Anónimo sobre Jacopo da Bologna – Aquila altera (Codex Faenza)

Superius

Aquila altera, ferma in su la vetta / Águila orgullosa, fija en lo más alto
de l’alta mente l’ochio valoroso, / la valerosa mirada del escarpado monte,
dove tuo vita prende suo riposo, / allá donde tu vida encuentra su reposo,
là è ‘l parer e là l’esser beato. / allá parece un espíritu bendito.

Contra tenor

Creatura gentil, animal degno, / Criatura gentil, animal digno,
salire in alto e rimirare ‘l sole / elevarte y mirar el sol
singularmente tuo natura vole. / es todo lo que tu naturaleza desea.
Là è l’imagine e la perfezione. / Ahí están la imagen y su perfección.

Tenor

Uccel di Dio, insegna di giustizia, / Pájaro de Dios, símbolo de justicia,
tu hai principalmente chiara gloria, / tuya es la esencia de la gloria
perché ne le grand’opre è tua vittoria. / porque vences sobre toda la creación.
Là vidi l’ ombra e là la vera essenza. / Allá está la sombra y aquí la verdadera esencia.

Traducción procedente del libreto del disco.

 

Hoz

Agosto ciclo dei mesi

Agosto. Ciclo dei mesi. Maestro Wenceslao, c. 1400. Castello del Buonconsiglio, Trento.

Kalendae Augustae: Festum Spei et Martis

Sobre el medallón pintado en la clave del arco rebajado de la ventana está el poste-columnilla que separa el mes de julio del mes de agosto. El obispo moravo de Trento o el mismo Maestro Wenceslao eligieron la superficie más grande de la sala para colocar las escenas de los meses del verano. Como en el mes de julio con respecto a mayo vemos prolongarse el paisaje, una de las rocas que simulan las cumbres alpinas, pero enseguida lo que cierra el horizonte es un bosque. No estamos en las alturas, sino en el valle, en los campos que rodean las aldeas y las villas del obispado. En un cielo muy completo de color, el jeroglífico solar en Virgo, alcanza las copas de los árboles.

Si este fuera un ciclo meridional, la escena principal que vemos representada estaría en el mes de junio con el sol ya en Cáncer o como mucho en julio. Desconozco la razón astrológica por la que el Maestro Wenceslao ha colocado todo los meses con el signo astrológico en el último decanato. Pero incluso en las tierras alpinas dudo que la siega del trigo se produjera tan tarde, en los últimos diez días de agosto.

Más de la mitad de la pintura ocupa la escena campesina. El bosque cierra el horizonte. A la derecha la villa o aldea. Seis construcciones con tejado de paja a dos aguas. Una construcción más elaborada, tejas planas, un balcón de madera, un recinto cercado ante la puerta con puerta de madera con bisagras de hierro. Agosto - cleroA su lado la iglesia gótica, de piedra rojiza, con torre en el crucero, rosetón y pórtico. ¿Acaso la catedral de Trento? Y el personaje eclesiástico que lee en el jardín de su casa, no es el obispo, no, que ese está en su palacio, en el castillo donde están pintados los frescos que me ocupan mes tras mes, pero puede ser uno de los canónigos o el mismo deán. Lee en su breviario, reza.., o quizá da gracias y bendice que la acción que está sucediendo al otro lado de la cerca de madera de su casa se esté realizando. Porque de todos los trabajos campesinos que vemos en los distintos meses, el del mes de agosto es la culminación, todos son necesarios, todos se complementan, pero la recogida de la cosecha de cereales, del trigo, significa que se podrá sobrevivir otro año.

Un campo cercado, un campo cerrado como es habitual en las tierras altas de toda Europa occidental. La cerca es de estacas con ramas entrelazadas. La cerca no delimita sólo las lindes del campo, sino que protege el sembrado del ganado. El Maestro Wenceslao no ha pintado la cerca en el límite del bosque y junto a la columnilla torsa la cerca parece ser de seto vivo. Pero probablemente toda la cerca sería artificial, hay que dejar que el artista haga una composición armoniosa. En el mes de agosto reina el color amarillo: pigmentos de azafrán, oropimente, giallorino u ocre derivado del azufre. Amarillo para representar lo más fielmente posible el trigo maduro, el origen del pan que se comerá todo un año hasta la próxima cosecha.

Agosto - siega

Sí, quizá de todos los trabajos campesinos que aparecen en este ciclo éste es el más duro. Vemos a la izquierda el campo con las espigas maduras, una fila de cuatro personajes, entre los que hay una mujer, vestidos con sus ropas claras de lino o cáñamo, con la cabeza cubierta, inclinados, siegan con hoz. Los campos de cereales se podrían segar también con guadaña, que por fatigoso que sea el trabajo con ella lo es menos que con la hoz. Pero la hoz es más precisa, y cada espiga cuenta. El segador maneja la hoz con la mano derecha y con la izquierda agarra los tallos que se van a cortar. La dureza del trabajo no solo viene de la postura con la espalda inclinada durante horas al sol ardiente del verano, del movimiento del corte durante horas. La mano que sujeta los tallos se lastima con heridas finas y profundas, dado que los tallos del trigo están altamente silicificados, son duros y cortantes. Desde la antigüedad se han usado manoplas de madera para evitar los cortes, aunque los cuatro segadores de agosto llevan las manos desnudas.

Y la herramienta usada, la hoz, pesadilla de la arqueología medieval, dado que su parecido durante siglos hace dificilísima su datación. Hoces de hierro que se dejaban en los testamentos. Adaptada a la mano. Una cuchilla en forma de media luna con el filo interior, un mango de madera. No hay razón de cambiar una herramienta que se ha comprobado perfecta, que reinará hasta que las cosechadoras mecánicas la desbanquen hace medio siglo. Una herramienta que es más antigua que la agricultura, que ya debió existir en paleolítico superior, los microlitos de sílex afiladísimos enmangados en una estructura de madera. Herramienta de las mujeres que salían a recolectar, que gestionaron durante miles de años los recursos vegetales aunque no cultivaran, que cuando se dio el cambio climático que provocó la invención de la agricultura ya sabían que plantas eran las adecuadas para la supervivencia del grupo.

Para cosechar el trigo sembrado en otoño, que ha dormido bajo la nieve del invierno, que ha resistido las lluvias primaverales, ahora es fundamental, una organización racional, que requiere todas las manos posibles para trabajar en sincronía en función de la amplitud de los campos. Hay que trabajar rápido. El trabajo de meses puede ser destruido en pocas horas. Columela dice que cuando la cosecha está madura hay que segar a toda prisa, antes de que el calor reseque las espigas y caigan los granos. El enemigo es el calor, pero también las tormentas de verano con sus granizadas, que pueden condenar al hambre a toda la comarca. Hay que trabajar deprisa, primero las tierras del señor si aún existe en esos momentos de finales del siglo XIV reserva señorial, luego las parcelas campesinas. Si la tormenta amenaza en domingo se rezará para evitar el pecado de trabajar, pero hasta el clérigo que lee en su breviario dará la absolución a los infractores. Esta es la única escena del ciclo en que vemos representados a los tres órdenes. Nunca quedó más claro aquello que escribió Adalberón a finales del siglo X: otros trabajan, porque provisiones y vestidos son suministrados a todos por ellos.

Filas de segadores, hombres y mujeres que avanzan cortando tallos, otros, como el hombre y la mujer de la escena que atan las gavillas y el que en la zona del campo segado, que en pie, vestido de manera diferente, un enviado del señor quizá, apila las gavillas en ángulo recto. No sólo grano, harinas y pan saldrá de esta cosecha. Como cuenta Plinio, segados los tallos a ras de suelo, la paja del trigo servirá para las techumbres de las casas campesinas, de los graneros y de las cabañas de montaña que se ven el mes de mayo.

Fuera del recinto, en el camino, ya en la aldea, las carretas que llevan las gavillas de trigo a los graneros. Carros de cuatro ruedas, de ejes fijos, del mismo tipo que los de la edad del bronce, tirados ahora por una yunta de bueyes y un caballo, única innovación medieval. Agosto - carrosNo es este un ciclo meridional, del sur de Italia, de la Península Ibérica. A la siega no le sigue inmediatamente la trilla y el aventado del grano. Las gavillas son instaladas en el granero sin puerta, en el piso alto, con una horquilla. Allí el trigo se irá secando y en los meses posteriores, mientras lo permita el tiempo, al aire libre, después, en el interior de los graneros se producirá la separación de la paja del grano. El trigo servirá para pagar tributos e irá primero al molino y luego al horno señorial para convertirse en el pan que alimentará a todos, con suerte si la cosecha ha sido abundante,  hasta la próxima siega.

Dejamos el cercado del trigal y el camino de la villa. Otro cercado de estacas y lo que parece ser un huerto de árboles frutales, se pueden distinguir el manzano y el peral. El edificio de piedra rojiza almenado a la izquierda y los tres personajes del segundo orden, o el primero, según de dónde se esté. Como en el mes de julio tenemos una escena de cetrería, que tuvo su edad de oro en la Edad Media. La caza refinada e inteligente, a la que los mismos reyes prestaron atención y escribieron obras. AzorUn caballero de espaldas, con su elegante traje y sus puntiagudos zapatos a la moda borgoñona, reclama hacia sí con un cebo de carne en su mano izquierda, a un azor, que está junto a la zona pintada de la ventana, en posición de alerta, con robustos anillos en las patas. Y de frente, elegantemente vestidas, dos damas una con vestido azul claro y otra con vestido negro y rojo, acarician y tranquilizan a sus halcones. La cetrería sólo estaba autorizada a los dos órdenes privilegiados, aunque bastante restringida para el clero. También estaba reglamentado que tipo de aves se podían usar. Las damas no podían cazar con azor o gavilán. Era un tipo de caza no peligrosa, las señoras de la nobleza no iban a las partidas de caza mayor, aunque más que el peligro parece ser el recuerdo del Jabalí de Calidón. Pero estas dos damas trentinas que acarician a sus aves de presa, debían ser tan aficionadas a cazar con halcones como Violante de Aragón, reina de Castilla o Ana de Bretaña, reina de Francia.

Agosto - cetrería

Guillaume de Machaut (c.1300 – 1377)
Comment qu’à moy lonteinne

Comment qu’à moy lonteinne / Aunque estáis de mí lejana
Soiez, dame d’onnour, / dama honorable
Si m’estes vous procheinne / de mí estáis cercana
Par penser nuit et jour. / en mis pensamientos día y noche.

Car Souvenir me meinne, / Vuestro recuerdo me guía,
Si qu’adès sans sejour / siempre, sin pausa,
Vo biauté souvereinne, / vuestra belleza soberana,
Vo gracieus atour, / vuestro porte gentil,
Vo maniere certainne / Vuestra manera confiada,
Et vo fresche coulour / y vuestro fresco color
Qui n’est pale ne veinne, / que no es pálido ni cenizo,
Vou toudis sans sejour. / están constantemente ante mí.

Comment qu’à moy lonteinne… / Aunque estáis de mí lejana

Dame, de grace pleinne, / Dama, llena de gracia,
Mais vo haute valour, / pero vuestra gran virtud,
Vo bonté souvereinne / vuestra bondad soberana
Et vo fine douçour / y vuestra exquisita dulzura
En vostre dous demeinne /  me han puesto bajo su dominio
M’ont si mis que m’amour, / que mi amor
Sans pensée vilainne, / sin bajos pensamientos
Meint en vous que j’aour, / está en vos, a quien adoro.

Comment qu’à moy lonteinne… / Aunque estáis de mí lejana…

Mais Desirs qui se peinne / Pero el deseo que se esfuerza
D’acroistre mon labour / para aumentar mi aflicción
Tenra mon cuer en peinne / mantendrá mi corazón en pena
Et de mort en paour, / y con temor a la muerte,
Se Diex l’eure m’ameinne / si Dios no me apresura la hora
Qu’à vous, qui estes flour / a vos que sois, flor
De toute flour mondeinne, / de todas las flores
Face tost mon retour. / de volver a veros.

Comment qu’à moy lonteinne… / Aunque estáis de mí lejana

Traducción propia, sólo es una aproximación a lo que dice el poema.

Guadaña

Julio. Ciclo dei mesi. Maestro Wenceslao, c. 1400. Castello del Buonconsiglio, Trento.

Julio. Ciclo dei mesi. Maestro Wenceslao, c. 1400. Castello del Buonconsiglio, Trento.

Ante diem duodecimum Kalendas Augustas: Lucaria, Ludi Victoriae Caesaris

Crucemos la columnilla torsa que separa el mes de junio del mes de julio. Es junto a la escena del mes de agosto, con la que comparte muro y ventana, la más grande de todo el ciclo. El cielo de azul de azurita, el azul de Alemania o de índigo, se ha mantenido en casi toda la superficie, pero en la escena del mes de julio el color verde predomina. Ocres, blancos, rojos, amarillos, el mismo azul del cielo retroceden ante la abundancia de verdes. Dice Cenino Cenini que con el cardenillo se hace un verde hierba perfectísimo, pero que no dura. Todos los pigmentos usados para el verde son inestables. El color omnipresente en la naturaleza es un color esquivo.

Julio afilado

Julio ya está avanzado, el jeroglífico solar dice que estamos en Leo. Caminemos desde la escena de junio. Parece prolongarse el mismo grupo de cabañas donde los pastores elaboran el queso. Pero no nos engañemos, el amplio prado al pie de las rocas entre las que se distinguen los árboles no está a la misma altura del prado en el que pastaban las vacas en el mes de junio. El Maestro Wenceslao no retrata la realidad. Entre esas rocas grises u ocres, en esos estratos inclinados sobre los que el jeroglífico del sol en Leo domina, allí, en los prados de las cumbres es donde están las vacas, en una trashumancia que se repite desde la domesticación de los animales. El prado que abarca casi la mitad de la escena está en una altura más baja, más cercano a las aldeas, en los valles, donde los prados son amplios y menos inclinados que en las cumbres.

El Maestro Wenceslao no sólo ha reservado para el mes de julio uno de los lugares más amplios del ciclo sino que las labores campesinas dominan la escena. Un grupo de tres casas. Una casa con techo de paja y pórtico. Delante, sentado a horcajadas de una viga de madera, un hombre afila una guadaña. En el amplio prado dos grupos hacen distintas tareas. Como el hombre que afila la guadaña, todos van vestidos de blanco. No sería exactamente blanco el color de las ropas sino más bien telas sin teñir, blanqueadas al sol. Estamos al pie de los Alpes, pero el calor es fuerte. Las ropas de los campesinos probablemente serían de lino o cáñamo. El algodón era un tejido de lujo que no se podían permitir los villanos. Y para el trabajo que realizan al sol del verano, han elegido las ropas más viejas y gastadas. Los hombres llevan las calzas rotas o ni siquiera las llevan. En los pies llevan abarcas semejantes a las alpargatas de esparto o incluso van descalzos. Sí, el sol es fuerte en esas alturas de la montaña, aunque estemos en un valle o en los inicios de una ladera. Todos llevan sombrero de paja para protegerse del sol. Escena campesina de siega y preparación del heno con todos sus elementos: las guadañas y su afilado, el rastrillado, el amontonamiento de la hierba con horcas y rastrillos. 

¿Por qué ese duro trabajo al sol del verano con la hierba? Los seres humanos no comemos hierba. El trabajo del mes de julio al pie de los Alpes es la consecuencia de tener los animales que aparecen en el mes de junio y de otras escenas del ciclo, no solo de este ciclo sino de tantos ciclos medievales representando los meses del año. Vacas y caballos, son animales valiosos, importantes y necesarios para el trabajo. La asociación con ellos desde su domesticación añadió la tarea de mantenerlos en los meses de año en que escasearían los pastos. Todas las zonas de Europa se encontraron durante siglos con el problema de mantener y alimentar el ganado de grandes animales, demasiado valiosos para sacrificarlos todos los años. También con el más pequeño de ovejas y cabras, animales mucho menos exigentes. La Europa mediterránea tiene un verano demasiado largo y seco, que agosta la hierba, de ahí la trashumancia en busca de pastos. La Europa alpina, central y nórdica tiene un larguísimo invierno con la tierra cubierta por la nieve. Vivir con los animales implica cuidarlos, buscarles sustento que ellos con la domesticación no son capaces de encontrar. En la zona alpina, en las zonas de montaña, en Europa central, en las grandes llanuras del este y del norte, la llegada del verano significa la hierba alta, jugosa, la hierba que se va segar y secar, que servirá para alimentar al ganado durante los meses de invierno.

Siempre que veo representada un escena de siega del heno con guadaña recuerdo el capítulo IV en la tercera parte de Ana Karenina, en que Levin, personaje que me es profundamente antipático, se va segar, a guadañar, la hierba con los campesinos. Cómo un trabajo que aparentemente es fácil y ligero acaba siendo una dura jornada en el verano, en que además, el señor que juega a la hermandad con los campesinos, siega mal y los campesinos se dan cuenta y lo comentan entre ellos, así como que el trabajo que hace Levin no les parece propio ni adecuado.

Julio segadores

No hay señores segando en la escena del Maestro Wenceslao. Los tres órdenes, las divisiones sociales y de trabajo estaban muy claras en la Edad Media y el único caballero que vemos en la escena, seguro que no se le pasaba por la cabeza jugar a ser campesino. La espada y la armadura son para los caballeros. El rastrillo, las horcas, el mayal, la hoz, la guadaña, para los villanos. Aperos agrícolas que se podían convertir en armas formidables en las jacqueries de esta época.

La guadaña está documentada desde la edad del hierro, casi con la misma forma que tiene la pintada por el Maestro Wenceslao y la que se pueda usar actualmente en las competiciones de siega a las que ha quedado relegada. Columela y Catón hablan de ella, y Plinio el Viejo en el libro XVIII de la Historia Natural, explica cómo era la siega en los latifundios de la Galia se recurre a guadañas más largas, que reducen el trabajo porque sólo cortan las hierbas de mediana altura y dejan de lado las más cortas. Y también comenta lo costosa que era la operación de siega, como la cuchilla iba perdiendo filo y el segador caminaba con un cuerno de aceite atado a la pierna, donde estaba la piedra de afilar. Todos esos detalles es posible verlos en la escena del mes de julio. Casi mil quinientos años después de Plinio la situación no ha cambiado, sólo empezaría a cambiar hace menos de cien años.

Julio rastrillado

La escena contigua en el mismo prado es la del amontonamiento y rastrillado del heno para formar posteriormente los almiares y dejar preparado el forraje para el invierno. En el grupo de cuatro personajes está la única mujer que trabaja de toda la pintura. Contrasta con sus compañeros que con las piernas desnudas, voltean y rastrillan la hierba con ella, lo tapada que está. No solo su vestido llega hasta los pies y las mangas son largas, sino que lleva un pañuelo que le cubre el cuello y la cabeza bajo el sombrero. Sus ropas serán del mismo no color que las de ellos, pero no aparecen rotas, y el estar tan cubierta trabajando en un día de julio no es por pudor, sino para protegerse del sol. El sol que la avejentará junto con el duro trabajo antes de los treinta años, pero aún campesina, no puede resistirse a preservar algo de lo que es signo de belleza y distinción en su época y lo seguirá siendo varios siglos más: la piel blanca.

La mirada va bajando y deja el prado, nos acercamos a la zona urbana o señorial. Las construcciones ya no son de madera con techumbre de paja sino de piedra. Una extraña construcción rojiza a la derecha ¿Es un castillo, una iglesia fortificada? Y luego una barca con tres hombres. Una barca de pesca con red. No, no estamos cerca del mar, pero en los lagos alpinos, en el lago de Garda, como en un pequeño mar interior, que llega hasta el Trentino, la pesca sería con red.

Julio Halconeros

Pasemos a la otra orilla del lago camino hacia la ciudad fortificada. Dos nuevos personajes. También visten de blanco no-color, pero no calzan alpargatas sino zapatos, ambos llevan las calzas bajadas, pues aunque no sieguen el calor también les afecta en su trabajo, pues son los halconeros del señor del lugar. El que está más a la izquierda y se dispone a cruzar el puente de tablas lleva dos perchas, en la mano izquierda con un halcón y en la derecha dos, a modo de balanza. El de la derecha, que lleva una percha cuadrada a modo de marco de telar, lleva seis halcones o azores. Ninguno de los animales que llevan está encapuchado. Otra relación con los animales, éstos no sometidos al trabajo, sino adestrados para ser colaboradores en la caza. En el mes de julio es la primera vez que aparecen. Volveremos a verlos en los meses de agosto y septiembre.

Julio Ofrenda

Ya llegamos a la zona baja de la pintura, también en un prado, rodeado de bosquecillos de juguete, fuera del recinto de la ciudad amurallada. Aquí aparecen los dos personajes no villanos del mes. La dama rubia, con su tocado en forma de corona. Ella sí lleva un vestido blanco, de lana fina, de algodón, de lino, quizá de seda, con ribete dorado en el escote y las mangas. Ella puede permitirse el ir más descubierta que la campesina que rastrilla, dado que poco tiempo estará al sol, siempre podrá retirarse a la sombra o a cubierto. Para ella como para el caballero de rizado pelo rubio que se arrodilla ante ella, el prado con sus flores es locus amoenus. De nuevo vemos una escena parecida a la del mes de mayo, en que el caballero rinde honor a la dama, pero ahora hay algo diferente. Este caballero vestido de rojo y negro a la moda italiana, le entrega algo a la dama: es un halcón. Por su tamaño y la resolución no me permite ver si está encapuchado, aunque probablemente lo estuviera dado la postura forzada boca arriba del ave. La dama, delicadamente, le ata las patas. Hay algo de ritual en esta ofrenda de amor. Arrodillado, el caballero parece decir: yo caballero, me consagro a ti del mismo modo que tú atas las patas de mi halcón.

Lorenzo da Firenze (? – Diciembre 1372 o Enero 1373)
Sento d’amor la fiamma

Sento d’amor la fiamma e ’l gran podere
E veggio che temere
Non si convien chi vuol vincer la prova.

Ma se fiereza in questa ognor si trova,
De’ che farò ?
I’ tei dirò:
Perseverando vincerò la guerra.
Non fu d’amor già mai donna sì nova
Che, s’ i’ vorrò
E seguirò,
Con suo’ potenza Amor nolla dissera.

Non sia però l’ardir contra ’l dovere;
Anzi si vuol calere
Che sdegno di pietà nolla rimova.