Principio de disyunción

Roman de la Rose

Roman de la Rose c.1380  f.126 recto (Francia) British Library

Ante diem septimum decimum Kalendas Apriles: Mamuralia, Argei

No es lo que parece, al menos eso han dicho la mayoría de las parejas pilladas en tal situación. Y es verdad, no es lo que parece. Para empezar la miniatura, que aunque es de aproximadamente 1380, en los inicios de gótico internacional, tiene mucho más el estilo francogótico del siglo anterior. Si yo no veo el pie de foto en el catálogo de la Birtish Library, la ubico en el siglo XIII, en la época en que se escribió el libro. La ausencia de ambiente, ese fondo de trama romboidal azul y dorado, es propio de la miniatura durante casi dos siglos, pero aunque el fondo abstracto de trama se prolonga durante buena parte del siglo XIV antes de ir despareciendo por la representación de los interiores o el paisaje, la pareja tiene un aire demasiado esquemático para ser de tan avanzado el siglo XIV. Hay que fijarse con detenimiento y porque mi imagen está muy ampliada para distinguir al hombre, de cara más angulosa, nariz más larga y con un corta barba, de la mujer con cara más redonda, naricilla y con un peinado de trenzas recogidas en los lados de la cabeza, también sus brazos son más delgados. Por más que la miniatura no era grande, con la ampliación es posible ver las miradas que se dirigen mientras se abrazan en la cama, lo que demuestra la pericia del miniaturista. La cama tampoco tiene desperdicio, vemos que las sábanas son blancas, en Edad Media habría resultado impensable que las sábanas fueran de otro color, pero el cobertor tiene dos colores. A finales del siglo XIV en algún lugar de Francia se ha inventado el edredón reversible, con los almohadones a juego.

Pero la pareja no está sola. Ellos no se han dado cuenta aún pero en la habitación ha entrado otro personaje, viste ropas de artesano no de caballero y lleva una enorme porra indudablemente dispuesta descargarla sobre el cráneo de los amantes. Esta pareja ha sido encontrada in flagrante delicto de adulterio. La de las trenzas es sin duda la esposa del artesano de la porra, y lo que está pasando no era ninguna broma en la Edad Media, ni en los siglos posteriores, ni lo es hoy en muchos lugares. Lo que ocurra en esa habitación no es un asunto privado que habrá que resolver por medios privados. Las cosas se van a poner muy feas para los que retozan bajo el edredón reversible. Pero no es el marido el que va a realizar la disyunción en tan conjuntiva pareja.

La escena pertenece a Le Roman de la Rose, libro esquizofrénico, que fue la obra más leída de la literatura francesa entre su redacción en el siglo XIII y el siglo XVI. Hoy nos puede parecer algo increíble pues el libro llega a ser tedioso y pesado. Admito no haberlo leído entero de un tirón, ni creo que alguien lo pueda hacer ahora si no es para un trabajo erudito. De mi edición española, la de Cátedra, he ido a lo largo de los años, saltando de un pasaje a otro y leyendo más fragmentos de la segunda parte que de la primera. De este libro se conservan decenas de copias manuscritas muchas de ellas ilustradas con miniaturas. Estas copias miniadas pertenecieron siempre a los grandes de la nobleza.  Un libro que tiene 21.774 versos octosílabos, si además está decorado con miniaturas era un objeto carísimo. Muy pocos podían permitírselo.

Le Roman de la Rose es un libro esquizofrénico en el sentido literal de la palabra “mente dividida” porque tiene dos autores, muy diferentes uno del otro. El primer autor, el que lo inició y escribió los primeros 4.052 versos, Guillaume de Lorris, fue un “escolar” de Orleans que escribió una especie de biografía sentimental de forma alegórica, pues recurre al tópico del sueño, donde instruye sobre los asuntos amorosos tal como los habían ido desarrollando los trovadores desde el siglo XII. No tiene nada de original, sólo que por primera vez los asuntos del cortejo de la dama, ella es la Rosa, la espera, la paciencia, el desengaño, los maledicentes, la recompensa final, todos están unidos en una misma obra. Entre 1237 y 1240 Guillaume de Lorris muere dejando inconclusa la obra, de la que sin embargo se hacen copias y tiene un gran éxito. Y más de treinta años después, Jean Chopinel, conocido como Jean de Meun, retoma la obra hacia 1276 y escribe los 17.722 versos restantes. Jean de Meun que también es autor de Art de Chevalerie, y tradujo la Consolación de la Filosofía de Boecio al francés, fue un hombre cultísimo. Esa cultura se refleja en toda la segunda parte que es tres veces más larga que la primera. Esa segunda parte está llena de citas de los clásicos grecolatinos, pero, de ahí la esquizofrenia del libro, la parte de Jean de Meun es completamente diferente de la de Guillaume de Lorris, parece más bien una parte escrita en contra de todo lo que defendía el primer autor. Es una parte contra el mismo Roman de la Rose,  y una parte que rezuma misoginia por muchos de sus versos. Se acabó la idealización de la dama y de andar dando vueltas y dando otros nombres a lo que de verdad se busca con el cortejo. Jean de Meun se burla del amor cortés, su público ya no son los jóvenes caballeros a los que iba destinada la obra de Guillaume de Lorris, de hecho Jean de Meun critica a la nobleza en varias ocasiones, sino la naciente y pronto poderosa burguesía de las ciudades. Pero no son las diferencias entre las partes del Roman de la Rose las que crean la disyuntiva que me ha hecho tratar la miniatura, es otra cosa.

Volvamos a la miniatura del principio, dije que las cosas no son lo que parecen. Bueno algunas cosas sí son lo que parecen. Esa pareja de amantes ha sido sorprendida por el marido de la mujer. Pero ese trío no son una pareja de amantes cualesquiera, sorprendidos por un enfadado marido cualquiera. Esa miniatura está en la parte que escribió Jean de Meun, concretamente a partir del verso 13.840:

Mucho más celosa que el propio Vulcano,
El cual sorprendió a Venus,
su esposa, yaciendo con Marte en su propia cama,
sobre los que echó una red de acero
mientras se entregaban con gran frenesí
al ardiente juego que los abrasaba,
después de espiarlos laboriosamente.
Tan pronto como Vulcano conoció el asunto
y pudo probar esta tal traición,
una vez echada la red sobre el lecho
(debió de estar loco para hacer tal cosa,
pues quien cree que él solo goza a su mujer
es un insensato y sabe muy poco)
les mandó a los dioses venir sin tardanza,
quienes se rieron e hicieron mil fiestas
en cuanto los vieron así entrelazados.
La beldad de Venus fue muy apreciada
por la mayoría de los convocados,
mientras que la diosa lloraba y lloraba.
Venus, en efecto, estaba enojada
por lo que su esposo hiciera con ambos,
y en tal situación sintió gran vergüenza.
Más no fue una cosa tan maravillosa
el que Marte y Venus hicieran aquello,
puesto que Vulcano era tan feísimo
y estaba tan negro debido a su fragua
(las manos, la cara, hasta el mismo cuello),
que ella no podía amar a su esposo
aunque su mujer se considerara.

Bien ya sabemos quiénes son el trío de la miniatura ¿Nos suena de algo el episodio? Pues está en el Canto VIII de la Odisea, donde se narra todo el episodio del adulterio de Afrodita con Ares, a los que le tiende una trampa Hefesto, esposo de Afrodita y llama a todos los dioses para que contemplen a su infiel esposa. La narración ocurre en el Palacio de los Feacios ante Odiseo. Dudo que  Jean de Meun con toda su cultura clásica conociera la Odisea en griego en el siglo XIII. Más bien el episodio lo debió conocer por las Metamorfosis de Ovidio, libro que está en latín y que fue muy leído en la Edad Media, se hicieron varias redacciónes, además, moralizadas, hubo Ovidios moralizados y Virgilios moralizados, que es a las que tuvieron acceso los eruditos. En el libro IV de las Metamorfosis, en la narración de las Miníades, está de nuevo contada la historia. Esta vez los nombres de los dioses son los romanos Venus y Marte.

Pero esta no es una entrada sobre literatura contando algo archisabido, es una entrada sobre arte, sobre la representación de un episodio de la mitología, el cual contemplándolo como lo vemos en la miniatura nunca habríamos pensado que se trataba de tal episodio. Ya sabemos que el trío no es mortal sino divino, que los tres son dioses y que por mucho que se descargue la porra no van a morir ni sufrir daño. ¿Qué es lo que ha pasado para que una historia de la mitología conocida por escrito desde el siglo VIII a.C. se represente así en el siglo XIV en una obra escrita en el siglo XIII? ¿Dónde está el “ambiente clásico”? ¿Dónde está red que teje Hefesto-Vulcano y atrapa a los amantes? Digamos que el miniaturista no ha sabido hacerlo. Que debía ser algo realmente difícil y además tiene muy poco espacio, y no, el entramado romboidal no es la red. El miniaturista ha leído sobre un pareja adúltera sorprendida por el marido y ha pintado un marido enfadado con un garrote a punto de atacar a los traidores. No es fácil representar este episodio que tampoco ha sido representado tantas veces, una de las representaciones más fieles a la historia narrada en la Odisea está en un cuadro manierista de hacia 1540 del holandés Maerten Van Heemskerck, pero no nos sirve porque ya estamos en el Renacimiento avanzado. Ahora estamos en el siglo XIV y quiero como en tantas otras entradas defender la denostada, por ignorancia, Edad Media. Y aquí habría que hablar un poco del absurdo concepto de “Edad Media”, un concepto que surge precisamente con los primeros humanistas ya en este mismo siglo XIV. Un período “intermedio” entre el mundo clásico y el “Renacimiento” al que ellos también le dan nombre. Con el tiempo el período “intermedio” tuvo nada menos que mil años.

Pero la Edad Media, las gentes que vivieron en ella, sobre todo los que vivieron a partir del siglo XII jamás se consideraron ni medievales, ni incultos, ni oscuros. Como hemos visto, en Le Roman de la Rose no faltan citas eruditas y episodios sacados de la literatura clásica, es eso lo que me ha hecho leerlo durante años y no la misoginia que enfadó y fue contestada por Christine de Pisan. Para alguien que vive en el siglo XIII y XIV, que tiene cultura, que conoce el latín y escribe, su tiempo es la continuidad de la Antigüedad clásica, y la Antigüedad clásica es lo que está en su pasado y no un mundo perdido para siempre como era para Petrarca. En esos siglos XIII y XIV, se construyen edificios en “estilo moderno” el después llamado peyorativamente gótico, que superan los que se construyeron en la Antigüedad. Pero cuidado, la mayor parte del mundo antiguo había sido pagano y el mundo en el que escribe Jean de Meun y pintan los miniaturistas de Le Roman de la Rose es cristiano. La religión de los dioses paganos había sido enemiga. Encontrar en estos siglos una estatua de un dios o de una diosa pagana tenía algo de demoníaco y en muchos casos se la destruía. Para la época medieval los dioses paganos, la mitología solo eran tolerables con el ropaje contemporáneo con el que podían ser entendidos y asimilados sin peligro. Este es el “principio de disyunción”

Roman de la Rose 1490

Roman de la Rose c. 1490 – 1500  f 122verso (Holanda) British Library

Cada vez que en la Edad Media plena, siglos XII y XIII, y tardía, siglo XIV y XV, se enfrenta a una obra de arte que tiene un modelo clásico siempre lo hace con una figuración y significación no clásica, es más, una representación contemporánea. De ahí el vestido de artesano y el garrote de Vulcano cuando se acerca a los amantes, aparte de la torpeza de no haber podido representar la red. De ahí las trenzas de Venus, de ahí en esta otra representación de la misma escena en Le Roman de la Rose ya muy tardía, donde sí vemos el dormitorio, la cama con dosel, los muebles y Vulcano va vestido con un elegante traje cortesano y en la pareja que está en la cama con los pies atados, de nuevo el miniaturista no ha sabido o querido representar la red, pero en el que ese Marte de labios pulposos que mira hacia otro lado con cara de “yo no he tenido la culpa” lleve gorro de dormir.

¿Nos imaginamos ahora a Marte-Ares así? De ninguna manera, nuestro Marte es otro, sus representaciones son las que tenemos a partir del Renacimiento, este con mayúscula, el que se inició en Italia, el que veía el mundo clásico como un mundo perdido al que había que hacer renacer. El mundo que no se veía como una continuidad, en la que Venus era una mal mariée, una malcasada que se vengaba con la infidelidad, como ocurría en los siglos XIII y XIV sobre todo fuera de Italia. El Renacimiento italiano que fue una mutación en la cultura occidental, investigó los mitos y los representó de otra forma. Alguien podría decirme que el cuadro de Botticelli, contemporáneo de Le Roman de la Rose holandés puede tener también la representación propia del “principio de disyunción”: el vestido de Venus es florentino y aparece el modelo en otros cuadros de Botticelli y las armas y la armadura de Marte son propias de finales del siglo XV. Pero aquí no hay principio de disyunción aunque haya moda florentina de finales del siglo XV. La idea de este cuadro es muy diferente, y no ya porque aquí no se narra el episodio de la Odisea, ni de la Metamorfosis ni de Le Roman de la Rose. Podemos ver a Marte y Venus como amantes pero también son dos ideas contrapuestas: la armonía y la belleza frente a la fuerza y la violencia a la que ha vencido. Aquí Venus no es una mal mariée sino que recoge una idea que ya estaba en la Antigüedad: que el verdadero esposo de Afrodita-Venus no fue Hefesto-Vulcano, cuyo episodio en la Odisea le sirve a Homero para burlarse de los dioses, sino Ares-Marte. No sólo porque reunía a las dos figuras más fuertemente sexuadas de la mitología clásica sino a dos personajes contrapuestos a la vez que complementarios. Detrás de la representación de Botticelli está Angelo Poliziano y otros humanistas, proporcionando las ideas y dando los detalles.

Sin embargo, la cotidianeidad que había en las representaciones medievales no deja de estar aquí. Se puede ver en el cuadro de Botticelli una cierta sorna, una ligerísima y elegante ironía en la mirada y sonrisa de Venus que mira a Marte desnudo, despojado de sus armas con las que juegan los pequeños faunos, durmiendo. Hay algo en la pintura que está fuera de nuestro alcance pero que nos dice la mirada de Venus: Marte está roncando

Sandro Boticelli, Venus y Marte, 1483. National Gallery. Londres

Sandro Boticelli, Venus y Marte, 1483. National Gallery. Londres

Moniot de Paris (… –  post 1250) – Je chevauchoie l’autrier

Je chevauchoie l’autrier / Yo cabalgaba el otro día
Seur la rive de la Saine. / junto a la orilla del Sena.
Dame dejoste un vergier / Vi a una dama cerca de un huerto
Vi plus blanche que laine; / más blanca que la lana;
Chançon prist a commencier / Ella comenzó  suavemente
Souef, a douce alaine. / a cantar.
Mult doucement li oï dire et noter: / Muy dulcemente entendí:
“Honi soit qui a vilain me fist doner!” / “Maldito sea quien me dio a un villano!
J’aim mult melz un poi de joie a demener / Prefiero antes un poco de alegría
Que mil mars d’argent avoir et pluis plorer / que tener mil marcos de oro y llorar después.

Hautement la saluai / La saludé dignamente
De Dieu le filz Maris. / en nombre de Dios el hijo de María.
El responi sanz delai: / Ella respondió rápidamente:
“Jhesu vos beneïe!” / “Jesús os bendiga
Mult doucement li proié / Yo le rogué dulcemente
Q’el devenist m’amie. / si ella quería ser mi amiga.
Tot errant me commençoit à raconter / Enseguida comenzó a contarme
Conme ses maris la bat por bien amer. / como su marido la golpeaba para hacerle el amor.
J’aim mult melz un poi de joie a demener / Prefiero antes un poco de alegría
Que mil mars d’argent avoir et pluis plorer /  que tener mil marcos de oro y llorar después.

“Dame, estes vos de Paris? / “Señora, ¿sois de París?
-Oïl, certes, beau sire; / – Así es, gentil señor
Seur Grant-Pont maint mes maris, / mi marido vive en el Gran Puente,
Des mauvés tot le pire. / de todos los males, el peor.
Or puet il estre marris: / pero es muy triste:
Jamés de moi n’iert sire!/ ¡porque nunca será mi dueño!
Trop est fel et rioteus, trop puet parler, / Es muy traicionero, pendenciero, y ya podrá decir buenas palabras
Car je m’en vueil avec vos aler joër.” / porque con vos me voy a divertir
J’aim mult melz un poi de joie a demener / Prefiero antes un poco de alegría
Que mil mars d’argent avoir et pluis plorer / que tener mil marcos de oro y llorar después.

“Mal est qui me maria! /”¡Maldito sea quien se casó conmigo!
Tant en ait or le prestre, / Así como el sacerdote
Qu’a un vilain me dona / que me dio a un villano
Felon et de put estre. / felón y de bajo nacimiento
Je croi bien que poior n’a / que no creo peor
De ci tresqu’a Vincestre. / de aquí a Vincestre.
Je ne pris tot son avoir pas mon souler, / No vale toda su riqueza más que mi zapato,
Quant il me bat et ledenge por amer.” / cuando me pega y abusa de mí.”
J’aim mult melz un poi de joie a demener / Prefiero antes un poco de alegría
Que mil mars d’argent avoir et pluis plorer / que tener mil marcos de oro y llorar después.

“Enondieu, je amerai / “En nombre de Dios, amaré
Et si serai amee, / y seré amada,
Et si me renvoiserai / Me demoraré mi tiempo
El bois soz la ramee, / en el bosque bajo las ramas,
Et mon mar maudirai / y a mi marido maldeciré
Et soir et matinee. / noche y mañana.
-Dame de Paris, amez, lassiez ester / – Dama de París, amad, dejad
Vostre mari, si venez o moi jöer!” / a vuestro marido, y venid conmigo a gozar.”
J’aim mult melz un poi de joie a demener / Prefiero antes un poco de alegría
Que mil mars d’argent avoir et pluis plorer. / que tener mil marcos de oro y llorar después.

Traducción propia a partir de la transcripción moderna.

24 pensamientos en “Principio de disyunción

  1. Cuando acabo de leer tus hermosos escritos, lo cierto es que me quedo corta de palabras y alabanzas sobre lo que está delante de mi. Cuanto tienes que haber estudiado para escribir así!!!!!!!!!!! En cuanto a la representación del cuadro y la famosa frase “esto no es lo que parece”, siempre ha pasado desde que el mundo existe y siempre existirá, tanto por parte del hombre como de la mujer, aunque siempre se ha dicho que la mujer era siempre la culpable…..

    • Rosa, más que haber estudiado es el resultado de haberse pasado la vida leyendo y teniendo una curiosidad insaciable. Y que libros como Le Roman de la Rose no me asustaran y quisiera echarle una mirada. En mi caso si que se cumplió lo que dice Italo Calvino en Por qué leer a los clásicos, que la escuela tiene que enseñártelos…, y luego ya elegirás tú los tuyos.
      Y este blog me sirve también para compartir la música que me gusta, que lleva años conmigo, los Cds que van trepando por las estanterías. Porque ahora mismo, en mi entorno cotidiano, con la gente con la que me relaciono, a nadie, absolutamente nadie le interesan ni siente la menor curiosidad por estas cosas y esta música. Al menos el blog me ha quitado parte de esa sensación de ser marciana o venusina😀

      • A quienes nos gusta esa música y esos mundos, Hespertusa, nos encontramos dispersos por todo el mundo…
        No estas sola,y gracias por la compañia.

        • La compañía la tengo con comentarios como el tuyo. Apareces de cuando en cuando, pero estás allí, en el hemisferio sur leyendo los que escribo y escuchando la música que pongo.

  2. Hola Hesperetusa,
    tras leer esta entrada me he quedado sin palabras, te lo digo en serio. Como diría quien lo llevara puesto, me quito el sombrero. Asimilar, cultivarse y aprender todo lo que nos explicas con la música de fondo -tan acertada por cierto-, es un verdadero placer. Si a eso añadimos cómo nos lo explicas, pues en fin, lo dicho, una delicia.
    El título “principio de disyunción” engaña y sorprende al principio, pero después adquiere toda su razón. ¡Magistral! Creo que Vulcano, siendo tan feo como lo describe Jean de Meun, debería haber intentado conquistar a su mujer con otras artes para no verse en esta agria situación.
    Si me lo permites comentaría algo sobre el libro que haces referencia y al que te refieres como esquizofrénico, Le Roman de la Rose. Realmente fue un best-seller de la época y por lo que sé han aparecido unos cien ejemplares en Francia. Pueden parecer pocos pero estamos hablando de pergaminos escritos con santa paciencia a mano, letra a letra, con sus increíbles y coloridas miniaturas. Todavía Gutenberg no había inventado su imprenta con carácteres móviles y poseer una de estas obras podría ser el equivalente a comprarse un Ferrari. Entendemos entonces que encontrar cien “Ferraris literarios” de hace muchos siglos atrás tiene su mérito y muestra la importancia que tuvo esta obra en su tiempo.

    Lo dicho, gracias por este artículo.

    • Gaacias Francisco Javier.
      El principio de disyunción es un concepto que está en la obra de Erwin Panofsky y que explica el porqué de la iconografía medieval de los temas clásicos. Esta obra ya la cité en otra entrada ἕλαδε.
      En cuanto a los manuscritos de Le Roman de la Rose, en efecto, fue un best seller, si se han conservado cien es que hubo muchos más. Como digo en la entrada los códices miniados eran obras carísimas, los Ferraris de la época, lo cual dice mucho de la afición a la lectura de la gente que los encargaba y los compraba. El Marqués de Santillana poseía dos manuscritos de Le Roman de la Rose, aunque prefería a los itálicos como Petrarca, con lo que estoy de acuerdo con don Íñigo. Sin embargo, ahora con digitalizaciones como las de la British Library tenemos acceso a códices que no tuvieron los reyes y príncipes bibliófilos del final de la Edad Media.

  3. Con mi comentario no voy a agregar nada a tus bellos escritos, pero quiero que sepas que através de ellos admiro a la profesora, a la mujer que hay en tí. Exquisito léxico que refleja seguridad y un profundo estudio en lo que haces.
    Un placer, es entrar aquí.

  4. Música y palabras como agua. Agua incontenible que busca su cauce, su inclinación, como el amor. Me inclino amorosamente leyendo y releyendo tus palabras que invitan a contemplar la belleza, perenne cuando auténtica y presente en todas las épocas. Música cantarina como encontrar una fuente en el bosque y tus palabras sobre el Roman de la Rose que no he leído, como una invitación y una representación de nuestras verdades, hermosas y terribles, irónicas y que encuentran un eco que asiente en nuestra imaginación-memoria. En este bosque come Nastagio degli Onesti y el caballero cerca del Sena, no dejo de encontrar sorpresas. Te sigo perdiéndome. Gracias.

  5. ¡¡¡¡¡ !!!!! [Sin palabras… y no sé expresar mi admiración de otra manera]. Decir lo primero que se me ocurrió… ¡Excelente! ¡Extraordinario! Me parece demasiado poco.
    Gracias infinitas.

  6. Excelente entrada, me ha encantado.
    Recordé la pintura renacentista “El Parnaso” pintada en 1497 por Andrea Mantegna inspirada también en la famosa escena de adulterio descrita en la Odisea referida por E. H. Gombrich en “Imágenes Simbólicas” (pgs. 131-133) El gran investigador dice sobre esta pintura:
    “…¿qué significado más bello podríamos encontrar en este tema clásico que el nacimiento de Armonía de la unión de Marte y Venus?”
    Allí aparece Venus y Marte coronando la escena, a sus pies Cupido lanzando un dardo a Vulcano que está un poco más abajo a la izquierda en su fragua y que parece tomar . Más abajo entre otros Apolo tocando el arpa las Musas danzando Mercurio, Pegaso…

    Saludos, enhorabuena por el blog

    • Hola Jan.
      Creo que ya pasaste al menos una vez a comentar por este blog. Tengo tan poco tiempo ahora para poder visitar otros blogs que he recordado ahora cuan interesante es el tuyo. Pero tengo serios problemas para comentar en Blogger y con el poco tiempo desisto la mayor parte de las veces.
      E. H. Gombrich y sus Imagénes simbólicas también esta detrás de alguna de las entradas que publico.
      Gracias por el comentario.

  7. Hola Hesperetusa. Un placer perderse en este bosque y dejar que el tiempo corra. Los autores de las iconografías se las ingeniaron para no terminar en los sótanos del inquisidor, y entonces tu blog nos permite acceder a una parte de su mundo. Bendito principio de disyunción.
    En cuanto a Botticelli, Venus y Marte, tu interpretación me ha parecido muy divertida; agregaría que la cotidianeidad de la relación marital le otorga a Venus esa expresión levemente irónica ante la boca semiabierta de su esposo.
    Un saludo desde Argentina

    • Gracias bellaespiritu por pasar por aquí y comentar.
      Uno podrá ser un dios pero no está libre de los ronquidos🙂
      Perdona que no haya contestado antes, pero en las últimas semanas he tenido poco tiempo y se me fueron de la memoria el responder a comentarios algo más antiguos.

  8. ¡Muy buena entrada! (Como todo el blog en general). Aporto una “nugae”: En la miniatura de 1380 puede haber una influencia del Cantar de los Cantares 2,6: «Ponme la mano izquierda bajo la cabeza y abrázame con la derecha» y 8,3: «Su izquierda rodea mi cabeza y me abraza con la derecha». Ambas frases en boca de la mujer. Es exactamente la postura que adopta Marte en la ilustración.

    • Garcias Alexis.
      Hay que tener en cuenta que las formas de abrazar son limitadas🙂 y los pintores miniaturistas ilustrarían tanto obras como Le Roman de la Rose como la Biblia, aunque creo que el Cantar de los Cantares estaba prohibido o censurada su lectura antes de los 35 años, y eso para clérigos y monjes que leían la Biblia en latín. Fue una suerte que tan hermoso poema erótico se colara en el conjunto de la Biblia.
      Como le he dicho antes a bellaespiritu, perdona la tardanza en responder.

  9. Recuerdo haberme recreado en este trabajo y que el tiempo disponible me tomó de su mala mano y ausencia. Veo un gran retraso en agradecerte tus apariciones´porque me encantan; pido disculpas y ya voy a procurar seguirte de forma más correcta, si lo consigo. La edición de un libro de poemas, sus largos y enredados flecos, es asunto engorroso…
    Te mando un cordial abrazo, Hes.

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