Bosque

Diciembre

Diciembre. Ciclo dei mesi. Maestro Wenceslao, c. 1400. Castello del Buonconsiglio, Trento.

Pridie Kalendas Ianuarias

Como en otros meses, el cielo de índigo o de glasto está muy deteriorado pero el jeroglífico solar está completo, y nos dice con su letra gótica que el sol ya ha pasado por el punto de Capricornio. El día más corto del año y a partir del que comienza a remontar la luz. Estamos a fines del siglo XIV o a principios del siglo XV, el calendario juliano ya lleva varios días de retraso. Cuando en estos años crean haber pasado el solsticio de invierno, aún no habrá ocurrido, los días previos a la Navidad, la estación muerta del campo se prepara para pasar los meses más duros.

Dos espacios se reparten la escena, la ciudad amurallada y el bosque o sus lindes. La ciudad prolonga la escena del mes de noviembre, en donde entraban los porquerizos con los cerdos. Ciudad con tres puertas, con muralla de piedra blanca. El Trentino, a pie de los Alpes es territorio bisagra entre el mundo mediterráneo y Centroeuropa. Son tierras del emperador, pero estamos en Italia. La ciudad es de casas de piedra o de ladrillo, los tejados rojos a dos aguas, de teja plana o de teja curva romana, casas de dos pisos, pero una destaca entre la demás su fachada tiene piñón escalonado como las de Flandes. Quizá la casa de un mercader extranjero, de alguien que comercia entre las ciudades de Toscana y las flamencas, con su residencia cerca de los pasos alpinos.

diciembre -ciudad

Construcciones de piedra, pero en el río junto a la doble muralla, por donde salen los caballeros, el molino es de madera con su tejado de bálago, también una barbacana es de madera y algunas partes del castillo o casa señorial dentro de la ciudad. La Edad Media podría llamarse la edad de la madera. Durante siglos las viviendas, excepto en el mundo mediterráneo fueron de madera, tan frágiles, víctimas fáciles del fuego como el molino. A partir de siglo XIV en muchos lugares de Centroeuropa y el norte se va sustituyendo la vivienda de madera por la de piedra y ladrillo. Porque desde el siglo XIII una innovación ha entrado en la vivienda. Primero en el centro de la estancia, luego adosada a un muro, completada con una campana que recoge el humo: el hogar. Primero en las residencias señoriales, en la escena sólo la gran casa señorial tiene chimenea, luego en las viviendas populares, incluso en la casa campesina. Desaparecen los hogares comunales a cielo abierto. La incorporación del hogar en el seno de la casa ocasionó cambios en  la estructura familiar, en los modos de convivencia, y creó una situación completamente nueva: la mujer lo cuidaba y obtuvo su poder doméstico. Los ancianos que se calentaban allí tenían ocasión de contar historias y leyendas, los alimentos, en sus proximidades, adquirieron posibilidades suplementarias de conservación, Y hasta en las residencias nobles, con grandes chimeneas donde se podían quemar troncos, era el lugar donde se reunían las nodrizas, los enfermos y los viejos.

La Edad de la Madera. Mangos de azadas y hachas, vajilla culinaria, zuecos, mobiliario, equipamiento artesanal y agrícola, carros, puertas y ventanas, vigas, los troncos que se quemaban en el hogar del rico y las gavillas que ardían en el hogar del pobre. Para obtener esa madera necesaria durante siglos, desde el neolítico, se atacó al bosque. En esas historias que se contaban alrededor del hogar el bosque europeo es protagonista. Es el lugar del misterio y del miedo. Quien con cierta edad ha escuchado o leído los cuentos populares ahora políticamente incorrectos, los cuentos edulcorados hoy y tan cambiados que ya no cumplen la función que tuvieron durante siglos, puede recordar el papel del bosque. El bosque es el lugar del peligro de los cuentos. Es el dominio del lobo, del jabalí y del oso. En el bosque son abandonados Blancanieves y Pulgarcito, en lo profundo del bosque está la casa de la bruja de Hansel y Gretel, los caballeros errantes de las novelas de Chretien de Troyes se enfrentan en sus primeras salidas al bosque, al bosque de Morrois huyen Tristán e Isolda como proscritos.

Leñadores y carro

El bosque europeo medieval no es una masa vegetal impenetrable que abarque toda Europa. Esa es la visión del imaginario, aunque helechos, troncos caídos, matojos impenetrables, lugares donde no se pensaba en el sanear el suelo lo hagan impracticable. El hábitat europeo es un archipiélago de claros cultivados, de aldeas y ciudades entre un océano de bosques. Robles y hayas al norte de los Alpes y el Danubio, abedules en las llanuras del este y a orillas del Báltico, castaños, olmos, tilos, más al sur, en Francia, en el sur de Alemania, encinas en el Mediterráneo y coníferas un poco en todas partes. No tantas como hoy, madera blanda y de rápido crecimiento, que las tierras señoriales hicieron prosperar. El pino romano marítimo, el ciprés de Toscana y de Grecia son colonizaciones recientes. El bosque mediterráneo fue un ecosistema más frágil que el centroeuropeo y nórdico, casi destruido antes de la era cristiana. El bosque de nuestros recuerdos culturales fue la greñuda Galia y Germania de los romanos, la que hizo que el narrador de El corazón de las tinieblas dijera que el estuario del Támesis fue un día lugar de miedo. El bosque cerca de la ciudad y la aldea, el bosque que hace linde con los campos de cultivo. Tres hombres lo atacan. Pequeños árboles que se convertirán en mangos de azada o del hacha que los destruye, ramas que alimentarán el hogar de las leyendas y los cuentos, el crisol donde se fundirá el hierro, cuyo temple en estos siglos medievales sólo será eficaz en la espada y el hacha. Otros lo cargan en carros o arrastran con el trineo sobre la nieve aún raquítica de diciembre, antes de las grandes nevadas de enero, de febrero que encierren a las gentes en sus casas, alrededor del fuego donde el bosque se quema.

El bosque lugar de misterio y temores, el bosque donde viven los leñadores y los carboneros, donde merodean los proscritos y donde se busca al santo ermitaño para obtener su perdón como hicieron Tristán e Isolda. El bosque europeo medieval es un hormiguero humano, lugar de derecho señorial de caza y fuente de alimentación de los pobres. Tristán e Isolda huirán al bosque pero en el bosque no están seguros porque pueden ser descubiertos. Como en los remotos tiempos paleolíticos, en una escala que no podemos comprender hoy el bosque alimentaba a parte de la población, sobre todo cuando a finales de invierno la cosecha se agotaba. Trabajo de mujeres y de niños era la recolección de setas, bayas dulces, manzanas silvestres, madroños, castañas, bellotas, raíces como nabos y chirivías, puerros, ajos y cebollas, berros y dientes de león. El derecho de acceso al bosque fue una lucha constante durante toda la Edad Media. El señor lo quería como territorio de caza y explotación de recursos, el pueblo campesino lo necesitaba para su supervivencia. El bosque era un elemento fundamental del ecosistema medieval.

coníferas

A escasos centímetros de la muralla, pero lejos en la realidad, al pie de las montañas alpinas, golpe tras golpe de hacha, las coníferas, quizá abetos van cayendo, limpias de ramas se colocan en los carros o el trineo. Se encaminan a la ciudad donde alimentarán los hogares ahora pletóricos de viandas para la Navidad, el Año Nuevo, la Epifanía. Al calor de esos hogares se contarán historias, historias de otros tiempos cuando el año mil se acercaba, de hambrunas cuando las gentes eran asaltadas en los bosques y devoradas, historias de amantes que se refugiaron en ellos, de proscritos que defendían a los pobres frente a los señores. Serán la materia prima de carpinteros y artesanos, el trabajo doméstico de hombres que no trabajan en los campos pues las cosechas futuras están bajo la nieve. Y un día se pondría freno a ese asalto continuo al bosque. Hubo que dejar de pensar, como se hacía en el mundo mediterráneo, que el árbol no era el enemigo que acababa con la poca agua que había, ni el que impedía el pasto del ganado o la expansión de la tierra de cultivo. Frenar ese asalto que convertía a los árboles en carbón y cenizas, y usar para alimentar los crisoles donde el hierro se funde la piedra del diablo que arde, el carbón mineral. Y llegó un día, que aunque nos contaran historias inquietantes y terribles que sucedieron en el bosque, el bosque fue un lugar de itinerarios señalizados, de violetas que crecen al borde del sendero en primavera, un lugar necesitado de protección, muy lejos de aquel lugar de misterio que conservamos en los recuerdos que nunca pudimos vivir.

Gilles Binchois – Adieu, adieu, mon joieulx souvenir (c.1428 -1436)

Adieu, adieu, mon joieulx souvenir,
le plus hault bien qui me puist advenir,
belle et bonne que j’aim autant com moy.
Le dire adieu me donne tant d’anoy
qu’a grant paine puis je la bouche ouvrir.

Ce seroit fort que me puisse esjouir
quant j’eslonge mon souverain desir
et la chose que plus voulentiers voy.

Adieu, adieu, mon joieulx souvenir,
le plus hault bien qui me puist advenir.

Adieu, vous dy; il est temps de partir.
Adieu, celle que tant ay chier velr.
Mon povre Coeur vous remirant, par ma foy;
aultre que vous ne joira de soy;
tous deulx vous lesse, helas quel desplaisir.

Adieu, adieu, mon joieulx souvenir,
le plus hault bien qui me puist advenir,
belle et bonne que j’aim autant com moy.
Le dire adieu me donne tant d’anoy
qu’a grant paine puis je la bouche ouvrir.

Ciclo dei Mesi completo

19 pensamientos en “Bosque

  1. Hola Hesperetusa,
    todos nosotros somos como tablas de madera que también alguien cortó en el bosque a un árbol milenario. Seguiré visitando la frondosidad del tuyo pues merece mucho la pena adentrarse en él.
    ¡Buena entrada de Año Nuevo, amiga!

  2. Es un gran placer leer tus escritos, amplias muchísimo más mis conocimientos y más aún con los complementos de los cuadros y música. Continua en 2014 con mucha salud y alegría….

  3. El Bosque de tus palabras alumbra y da calor, es una silva y númen donde soñar visiones que completan la realidad de los días y nos hacen tocar sus bellezas escondidas. Gracias y que siga creciendo en este nuevo año cada día. Felicidad!

  4. Me he recreado en esta preciosa y precisa lección colocada en la historia que contempla un cuadro y tú revelas con tantos detalles y ampliaciones. Lección es, o cuento casi… porque de ambos encantos didácticos participan felizmente tus letras.
    Dos cosillas, Hes: es látima que tanto tiempo de tu trabajo se tome en tan poco; me es gozoso deserte todo lo mejor para el Año Nuevo y ya mandarte un cálido abrazo nada invernal.
    Felicidades! (por todo). Al

  5. Estoy aprendiendo aquí a observar una imagen: tus minuciosas descripciones, tan analíticas, constituyen casi una metodología. Además, usas unas ilustraciones tan preciosoistas que enganchan.
    Nunca se me había ocurrido vincular el descubrimiento del hogar con el rol de ama de casa. Y ese bosque-símbolo de lo intrincado, de lo complejo e incomprensible…
    Leyendo tu post me he acordado de un cuento mío que refleja precisamente ese ambiente. Te lo enlazo: http://albertogranados.wordpress.com/2011/01/11/mester-de-juglaria/

    Respecto a la música… la oiré cuando mi gente esté de pie.
    Feliz año.

    AG

  6. Desde este Montevideo de días tórridos, quiero que sepas que es un placer refugiarme en tu bosque.
    Que el año que se inicia le de a tu saber, a tu finura, el gran reconocimiento que mereces.

    • Muchas gracias Stella. Es un placer saber que me leen con detenimiento desde tan lejos que hasta las estaciones de año son diferentes.
      Te deseo lo mismo en este año que comienza para ti, como todos, en verano.

  7. Hesperetusa: sabes transmitir un fin de año lleno de comentarios bellos, de estas ilustraciones maravillosas.
    ¡Cuánta paz en el trasiego de las labores diarias, de estas gentes del pasado! Cada uno sabe su cometido, siguiendo las leyes de la naturaleza en sus distintas estaciones.
    Así. ..no tenemos más remedio, nosotros, que mirar la realidad de otra forma.
    Fantasía para el nuevo año 2014, que te deseo feliz del todo. Un Abrazo.

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