Guadaña

Julio. Ciclo dei mesi. Maestro Wenceslao, c. 1400. Castello del Buonconsiglio, Trento.

Julio. Ciclo dei mesi. Maestro Wenceslao, c. 1400. Castello del Buonconsiglio, Trento.

Ante diem duodecimum Kalendas Augustas: Lucaria, Ludi Victoriae Caesaris

Crucemos la columnilla torsa que separa el mes de junio del mes de julio. Es junto a la escena del mes de agosto, con la que comparte muro y ventana, la más grande de todo el ciclo. El cielo de azul de azurita, el azul de Alemania o de índigo, se ha mantenido en casi toda la superficie, pero en la escena del mes de julio el color verde predomina. Ocres, blancos, rojos, amarillos, el mismo azul del cielo retroceden ante la abundancia de verdes. Dice Cenino Cenini que con el cardenillo se hace un verde hierba perfectísimo, pero que no dura. Todos los pigmentos usados para el verde son inestables. El color omnipresente en la naturaleza es un color esquivo.

Julio afilado

Julio ya está avanzado, el jeroglífico solar dice que estamos en Leo. Caminemos desde la escena de junio. Parece prolongarse el mismo grupo de cabañas donde los pastores elaboran el queso. Pero no nos engañemos, el amplio prado al pie de las rocas entre las que se distinguen los árboles no está a la misma altura del prado en el que pastaban las vacas en el mes de junio. El Maestro Wenceslao no retrata la realidad. Entre esas rocas grises u ocres, en esos estratos inclinados sobre los que el jeroglífico del sol en Leo domina, allí, en los prados de las cumbres es donde están las vacas, en una trashumancia que se repite desde la domesticación de los animales. El prado que abarca casi la mitad de la escena está en una altura más baja, más cercano a las aldeas, en los valles, donde los prados son amplios y menos inclinados que en las cumbres.

El Maestro Wenceslao no sólo ha reservado para el mes de julio uno de los lugares más amplios del ciclo sino que las labores campesinas dominan la escena. Un grupo de tres casas. Una casa con techo de paja y pórtico. Delante, sentado a horcajadas de una viga de madera, un hombre afila una guadaña. En el amplio prado dos grupos hacen distintas tareas. Como el hombre que afila la guadaña, todos van vestidos de blanco. No sería exactamente blanco el color de las ropas sino más bien telas sin teñir, blanqueadas al sol. Estamos al pie de los Alpes, pero el calor es fuerte. Las ropas de los campesinos probablemente serían de lino o cáñamo. El algodón era un tejido de lujo que no se podían permitir los villanos. Y para el trabajo que realizan al sol del verano, han elegido las ropas más viejas y gastadas. Los hombres llevan las calzas rotas o ni siquiera las llevan. En los pies llevan abarcas semejantes a las alpargatas de esparto o incluso van descalzos. Sí, el sol es fuerte en esas alturas de la montaña, aunque estemos en un valle o en los inicios de una ladera. Todos llevan sombrero de paja para protegerse del sol. Escena campesina de siega y preparación del heno con todos sus elementos: las guadañas y su afilado, el rastrillado, el amontonamiento de la hierba con horcas y rastrillos. 

¿Por qué ese duro trabajo al sol del verano con la hierba? Los seres humanos no comemos hierba. El trabajo del mes de julio al pie de los Alpes es la consecuencia de tener los animales que aparecen en el mes de junio y de otras escenas del ciclo, no solo de este ciclo sino de tantos ciclos medievales representando los meses del año. Vacas y caballos, son animales valiosos, importantes y necesarios para el trabajo. La asociación con ellos desde su domesticación añadió la tarea de mantenerlos en los meses de año en que escasearían los pastos. Todas las zonas de Europa se encontraron durante siglos con el problema de mantener y alimentar el ganado de grandes animales, demasiado valiosos para sacrificarlos todos los años. También con el más pequeño de ovejas y cabras, animales mucho menos exigentes. La Europa mediterránea tiene un verano demasiado largo y seco, que agosta la hierba, de ahí la trashumancia en busca de pastos. La Europa alpina, central y nórdica tiene un larguísimo invierno con la tierra cubierta por la nieve. Vivir con los animales implica cuidarlos, buscarles sustento que ellos con la domesticación no son capaces de encontrar. En la zona alpina, en las zonas de montaña, en Europa central, en las grandes llanuras del este y del norte, la llegada del verano significa la hierba alta, jugosa, la hierba que se va segar y secar, que servirá para alimentar al ganado durante los meses de invierno.

Siempre que veo representada un escena de siega del heno con guadaña recuerdo el capítulo IV en la tercera parte de Ana Karenina, en que Levin, personaje que me es profundamente antipático, se va segar, a guadañar, la hierba con los campesinos. Cómo un trabajo que aparentemente es fácil y ligero acaba siendo una dura jornada en el verano, en que además, el señor que juega a la hermandad con los campesinos, siega mal y los campesinos se dan cuenta y lo comentan entre ellos, así como que el trabajo que hace Levin no les parece propio ni adecuado.

Julio segadores

No hay señores segando en la escena del Maestro Wenceslao. Los tres órdenes, las divisiones sociales y de trabajo estaban muy claras en la Edad Media y el único caballero que vemos en la escena, seguro que no se le pasaba por la cabeza jugar a ser campesino. La espada y la armadura son para los caballeros. El rastrillo, las horcas, el mayal, la hoz, la guadaña, para los villanos. Aperos agrícolas que se podían convertir en armas formidables en las jacqueries de esta época.

La guadaña está documentada desde la edad del hierro, casi con la misma forma que tiene la pintada por el Maestro Wenceslao y la que se pueda usar actualmente en las competiciones de siega a las que ha quedado relegada. Columela y Catón hablan de ella, y Plinio el Viejo en el libro XVIII de la Historia Natural, explica cómo era la siega en los latifundios de la Galia se recurre a guadañas más largas, que reducen el trabajo porque sólo cortan las hierbas de mediana altura y dejan de lado las más cortas. Y también comenta lo costosa que era la operación de siega, como la cuchilla iba perdiendo filo y el segador caminaba con un cuerno de aceite atado a la pierna, donde estaba la piedra de afilar. Todos esos detalles es posible verlos en la escena del mes de julio. Casi mil quinientos años después de Plinio la situación no ha cambiado, sólo empezaría a cambiar hace menos de cien años.

Julio rastrillado

La escena contigua en el mismo prado es la del amontonamiento y rastrillado del heno para formar posteriormente los almiares y dejar preparado el forraje para el invierno. En el grupo de cuatro personajes está la única mujer que trabaja de toda la pintura. Contrasta con sus compañeros que con las piernas desnudas, voltean y rastrillan la hierba con ella, lo tapada que está. No solo su vestido llega hasta los pies y las mangas son largas, sino que lleva un pañuelo que le cubre el cuello y la cabeza bajo el sombrero. Sus ropas serán del mismo no color que las de ellos, pero no aparecen rotas, y el estar tan cubierta trabajando en un día de julio no es por pudor, sino para protegerse del sol. El sol que la avejentará junto con el duro trabajo antes de los treinta años, pero aún campesina, no puede resistirse a preservar algo de lo que es signo de belleza y distinción en su época y lo seguirá siendo varios siglos más: la piel blanca.

La mirada va bajando y deja el prado, nos acercamos a la zona urbana o señorial. Las construcciones ya no son de madera con techumbre de paja sino de piedra. Una extraña construcción rojiza a la derecha ¿Es un castillo, una iglesia fortificada? Y luego una barca con tres hombres. Una barca de pesca con red. No, no estamos cerca del mar, pero en los lagos alpinos, en el lago de Garda, como en un pequeño mar interior, que llega hasta el Trentino, la pesca sería con red.

Julio Halconeros

Pasemos a la otra orilla del lago camino hacia la ciudad fortificada. Dos nuevos personajes. También visten de blanco no-color, pero no calzan alpargatas sino zapatos, ambos llevan las calzas bajadas, pues aunque no sieguen el calor también les afecta en su trabajo, pues son los halconeros del señor del lugar. El que está más a la izquierda y se dispone a cruzar el puente de tablas lleva dos perchas, en la mano izquierda con un halcón y en la derecha dos, a modo de balanza. El de la derecha, que lleva una percha cuadrada a modo de marco de telar, lleva seis halcones o azores. Ninguno de los animales que llevan está encapuchado. Otra relación con los animales, éstos no sometidos al trabajo, sino adestrados para ser colaboradores en la caza. En el mes de julio es la primera vez que aparecen. Volveremos a verlos en los meses de agosto y septiembre.

Julio Ofrenda

Ya llegamos a la zona baja de la pintura, también en un prado, rodeado de bosquecillos de juguete, fuera del recinto de la ciudad amurallada. Aquí aparecen los dos personajes no villanos del mes. La dama rubia, con su tocado en forma de corona. Ella sí lleva un vestido blanco, de lana fina, de algodón, de lino, quizá de seda, con ribete dorado en el escote y las mangas. Ella puede permitirse el ir más descubierta que la campesina que rastrilla, dado que poco tiempo estará al sol, siempre podrá retirarse a la sombra o a cubierto. Para ella como para el caballero de rizado pelo rubio que se arrodilla ante ella, el prado con sus flores es locus amoenus. De nuevo vemos una escena parecida a la del mes de mayo, en que el caballero rinde honor a la dama, pero ahora hay algo diferente. Este caballero vestido de rojo y negro a la moda italiana, le entrega algo a la dama: es un halcón. Por su tamaño y la resolución no me permite ver si está encapuchado, aunque probablemente lo estuviera dado la postura forzada boca arriba del ave. La dama, delicadamente, le ata las patas. Hay algo de ritual en esta ofrenda de amor. Arrodillado, el caballero parece decir: yo caballero, me consagro a ti del mismo modo que tú atas las patas de mi halcón.

Lorenzo da Firenze (? – Diciembre 1372 o Enero 1373)
Sento d’amor la fiamma

Sento d’amor la fiamma e ’l gran podere
E veggio che temere
Non si convien chi vuol vincer la prova.

Ma se fiereza in questa ognor si trova,
De’ che farò ?
I’ tei dirò:
Perseverando vincerò la guerra.
Non fu d’amor già mai donna sì nova
Che, s’ i’ vorrò
E seguirò,
Con suo’ potenza Amor nolla dissera.

Non sia però l’ardir contra ’l dovere;
Anzi si vuol calere
Che sdegno di pietà nolla rimova.

Never

Gustave Moreau. La muerte de Safo, 1872-1875. Museo gustave Moreau, Paris

Gustave Moreau. La muerte de Safo, 1872-1875. Museo Gustave Moreau, Paris

Ante diem quartum Idus Iulias: Ludi Apollinares

Si pasas junto a la tumba eolia, oh extranjero, nunca digas
que yo, de Mitilene la cantora, muerta estoy.
la tumba la erigieron las manos de los hombres:
tales obras mortales corren hacia el olvido.
Pero si me colocas al lado de las Musas,
– en mis nueve libros dediqué una flor a cada una –
sabrás que yo evité las tinieblas del Hades
y no saldrá ni un sol que desconozca
el nombre de Safo la poetisa.

Marco Tulio Laurea (S-I a.C.), Antologia Palatina, 7, 17.

Son de épocas distintas y de estilos muy diferentes. Gustave Moreau pertenece al Simbolismo de fin del siglo XIX.  The Fairy Queen es una mascarada sobre El sueño de una noche de verano de William Shakespeare, pero Henry Purcell retrata el dolor de la pérdida de ser amado, con su palabra obsesiva: never.

En mi imaginación se juntan muchas veces, descubiertos casi al mismo tiempo, en esos años de descubrimiento del mundo, aunque ninguno de ellos estaba en los libros de texto.

Y ella, sus versos fragmentarios, como los de otros líricos arcaicos, ella sí que estaba en los libros. El conocimiento de esta poesía, el comienzo, ya entonces, de la docena de libros de lírica griega que se alinean en las estanterías, no habría sido posible tan pronto de no ser por aquellas clases de traducción diaria en el pequeño Departamento de Griego, esos departamentos, considerados hoy un lujo inútil, que ya han desaparecido en tantos institutos.

Henry Purcell – The plaint (The Fairy Queen) 1692

O let me weep, for ever weep, / ¡Oh, déjame llorar, llorar para siempre!
my eyes no more the shall welcome sleep; / ¡Que mis ojos no conozcan más el sueño!
I’ll hide me from the sight of day, / Me esconderé de la luz del día y,
and sigh, and sigh my soul away. / suspiro a suspiro, liberaré mi alma.
He’s gone, he’s gone, his loss deplore; / ¡Él se ha ido, se ha ido! ¡Lamentad su pérdida
and I shall never see him more. / puesto que nunca más lo volveré a ver!

Traducción procedente de Kareol.

El poema, de Safo. Poemas y testimonios. Acantilado, 2005.