Pastos

Junio. Ciclo dei mesi. Maestro Wenceslao, c. 1400. Castello del Buonconsiglio, Trento.

Ante diem undecimum Kalendas Iulias
Solsticio de Verano

En el mes de Junio, con el jeroglífico solar en Cáncer, pasada la línea del solsticio de verano, entre las dos columnillas – postes torsas, el Maestro Wenceslao ha estrechado espacio y altura. Si miramos lo más cercano a la altura de nuestros ojos, seguidos por un grupo de músicos que tocan trompetas, y antepasados del óboe y el clarinete, un cortejo de cinco parejas elegantemente vestidas. Todos los hombres, excepto uno, llevan largas hopalandas y llama la atención que sean ellos quienes vayan del brazo de la mujer y no al revés. Son de diferentes edades y creo que la primera pareja que precede a los músicos son madre e hijo. La mujer, con su largo y cerrado vestido marrón, parece ser más la madre del hombre que su esposa.

No sé a qué puede deberse ese cortejo ya sobrepasado el 21 de junio. Todas las fiestas litúrgicas de la primavera, han pasado ya: Ascensión, Corpus, quizá Pentecostés la última, si la Pascua ha sido muy tardía. El cortejo tiene algo de solemne y no hay jóvenes o no se ve presencia muy joven como en el mes de mayo. Quizá es una fiesta o una celebración local pero que carece de la alegría y la espontaneidad de otras escenas nobles.

De nuevo vemos la elegancia de los vestidos influidos por la moda borgoñona. La corte de Borgoña es donde se inventó la moda tal como la conocemos: la necesidad creada de cambiar de vestido antes de que este estuviese inservible o deteriorado. Pero eso es algo que durante siglos se lo pudo permitir una minoría. La moda no fue sólo una cuestión femenina, pues no hay más que ver a los hombres del cortejo del mes de junio. Pero ya en el Renacimiento, la mayor parte de los críticos sociales consideraban que la moda era asunto de mujeres, confirmando así una asociación entre las ropas y el sexo femenino que habría de durar durante siglos: Doña moda y doña elegancia / son dos hermanas. Pero nada hay nuevo. Esta misma asociación también se observó en la Roma imperial, donde los autores satíricos y los moralistas desarrollaron todo un estilo burlón y ridiculizante sobre el apego de las mujeres a la vestimenta lujosa, que sería recogido y desarrollado por los primeros críticos cristianos, como Clemente de Alejandría y Tertuliano. Sus argumentos, perdieron fuerza y audiencia a lo largo de los siglos del asentamiento germano que produjo una Europa nueva y menos urbana. Y es que pesar de los panegíricos de Tácito sobre los germanos y sus “sanas costumbres” comparadas con las que él consideraba el corrupto modo de vida romano en el siglo II, pues siempre ha habido moralistas estúpidos y antipáticos partidarios del buen salvaje, los germanos acogieron los lujos de imperio con mayor placer que el que le hubiera gustado admitir a Tácito y dentro del mundo germano moralistas como San Adelmo y Alcuino de York, tendieron a describirlos como un vicio masculino.

Las mujeres tardarán siglos en acortar las faldas, pero los hombres no escatimaron metros de tela lujosa, probablemente paños flamencos teñidos de rojo, azul, verde, que no desmerecen de los de sus compañeras, para sus largas hopalandas de ceremonia, con mangas tan largas y amplias, y tan inútiles para cualquier trabajo como los vestidos de las mujeres que los acompañan. Y de nuevo, como en enero y en mayo, el mismo personaje con su largo traje de probable terciopelo rojo y su barba rubia. Es el primero del cortejo, lo vemos de espalda y perfil, acompañando a la mujer de vestido azul grisáceo y larga trenza rubia.

Junio cortejo

Es un misterio esa salida solemne del recinto de la ciudad, en fila que ya da la vuelta o se ha detenido. Rampantes, como en los antiguos sellos mesopotámicos, dos perrillos delgados, los galgos que veremos en otros meses, se enfrentan, y más hacia el centro de la pintura, persiguen a las perdices. En esta época entre mayo y julio, espontáneamente en el campo, han florecido las azucenas, el lilium candidum de los cuadros de la Anunciación y que la monarquía francesa eligió como flor heráldica.

El cortejo ha salido de la ciudad. Esta vez el Maestro Wenceslao ha pintado una ciudad menos detallada y más de juguete. Por la puerta de la muralla, habiendo cruzado ya el puente levadizo, tan alta como la misma puerta, una dama solitaria vestida de verde, acompañada por un perrito delgado lleva una caja o arqueta en las manos. ¿Se dirige al cortejo del que ha quedado rezagada? ¿Lo espera a que regrese? Acaso no tenga ver nada con él, como tampoco el elegante joven vestido de rojo, que se dispone a salir cruzando el puente.

Qué desproporción en los tamaños que no respeta la escala de las cosas. Porque a pocos centímetros de la puerta de la ciudad pero muchos kilómetros en la lejanía real y cientos de metros, quizá superando los mil metros de altura, hay otra escena. Nada que ver con los elegantes vestidos y las músicas que cierran cortejos de la nobleza. Ahora de nuevo como es habitual volamos sobre las escena y vemos los tejados de las cabañas. Cabañas que son un bloque rectangular, de paredes de troncos y techo de paja. Esas cabañas dan albergue a las mujeres y hombres que se ocupan del ganado en los pastos de montaña. El invierno ha quedado definitivamente atrás y las nieves perpetuas, están a mayor altura, pero entre junio y agosto la hierba es abundante, jugosa, y el ganado que ha pasado el invierno en los establos de las tierras bajas, alimentado con heno cortado en el verano anterior, sube a las montañas. Una trashumancia que se remonta desde la edad del bronce, quizá incluso antes, desde la misma domesticación del ganado vacuno. Las vacas son más exigentes en su alimentación que ovejas y cabras, que son ganado de zonas más pobres y secas.

Junio vaqueras

Durante tres, con suerte cuatro meses, el ganado vacuno podrá moverse libremente por los pastos, las vacas tendrán sus terneros y podrán alimentarse de la hierba nutriente y perfumada de los pastos alpinos, llena de plantas aromáticas como la aquilea almizclera que favorecen la lactancia. En otros tiempos, los animales se moverían ellos solos para buscar los pastos, domesticados ahora, son las vaqueras los que los cuidan. La escena que ha pintado el maestro Wenceslao es idílica. Las vacas están agrupadas, tranquilas, echadas sobre la hierba, con una expresión de felicidad animal en los ojos. Una mujer ordeña a una de las vacas, otra entre las cabañas, acarrea los cubos de leche, y otra con la mantequera, hace mantequilla, la grasa comestible y lujosa de estas tierras alpinas. Los animales pueden vivir unos meses de libertad en los pastos de altura, pero no están solos. No sólo porque hay que protegerlos de lobos, sino porque toda una explotación de recursos que serán necesarios para sobrevivir en invierno depende de ello.

Junio mantquera

Escena idílica de duro trabajo. Hay que ordeñar todos los días, no hay domingos ni fiestas, hay que acarrear la leche y estar horas y horas moviendo el mango de la mantequera. Convertir la leche en queso como hace el cuarto personaje de la escena. Personaje ambiguo que no podemos asegurar si es hombre o mujer. De todos los trabajos que vemos es el más prestigioso, depende al menos de otros dos: el ordeño y acarreo que hacen sin duda mujeres. Y sin ninguna duda, la elaboración de la mantequilla la hace una mujer. Como el huso, instrumento de la primera fase del proceso textil, necesario pero repetitivo y monótono, siempre se ve en manos de mujeres, la mantequera es algo similar. Trabajo de mujeres. Trabajo de horas y horas haciendo los mismos y monótonos movimientos. Trabajos necesarios y trabajos despreciados. ¿Acaso el queso no lo puede hacer una mujer? Sí puede hacerlo y de hecho lo haría, es posible que el personaje de rojo sea una mujer también. Pero seguro que en los pastos de altura no habría solo mujeres cuidando del ganado. Y el trabajo se repartiría y habría trabajos que de ninguna manera harían los hombres. Los hombres no harían mantequilla. Los hombres si podían evitarlo no ordeñarían a las vacas. Y también evitarían en lo posible el trabajo de bestia de carga con los baldes de leche. El personaje vestido de rojo claro con su tocado amarillo esperaría a que llegara la vaquera con la leche a la zona de las cabañas y allí comenzaría su trabajo de separar los distintos componentes de la leche para fabricar el queso que maduraría en las cabañas, serviría para comerciar y alimentaría el próximo invierno.

Junio elaboración del queso

Francesco Landini (c.1325 – 1397)
La bionda treçça

6 pensamientos en “Pastos

  1. 21 de junio caluroso por estas partes en las que cualquier ropaje parece pesar… ese fresco inicio del verano y sus trabajos es una imagen preciosa para empezar la jornada y pensar en cómo encontrar tiernos prados en los que pacer: vaca, mujer y hombre según las circunstancias. Gracias por este precioso trabajo: conduces la mirada, transportas y derramas tibias las ideas con sabor de sensaciones y con tus manos nos las preparas para saborearlas.

    • Varias veces he visto esa mirada de felicidad vacuna, en los pastos verdes de verano; en Asturias, en Cantabria, en Galicia, en Gredos, en el Pirineo y también en Auvernia, en el centro de Francia, donde una tranquila vaca parda como las que pintó el Maestro Wenceslao, se negó a retirarse de la carretera, mientras ella pastaba tranquilamente en la cuneta, creado una cola de decenas de coches.

      Hoy ya solsticio de verano es tiempo de buscar un prado verde y perfumado y una sombra fresca.

  2. En el itinerario que militas, guías y conduces con acierto, con prestancia técnica y pienso que de un de vivir u observación muy incorporada, la revelación que realzas a cada instante, a cada paso, a cada ocasión… Los detalles son exclusivos -saber en línea abierta y/o concreta… Ver ese dato del llevar del brazo quienes a quieres, o todo un apunte condensado social histórico sobre el tema de la moda, o de los oficios a reparto del sentido del sexo al que se pertenece…
    En fin una delicia, no perdida, aunque he llegado tarde. Es muy de agradecer, y ya lo expreso.
    Hes: todo un abrazo, y resta esperar tu descanso, indagación y futuros aportes de trabajo en tu ejemplar, sólido y excelente cuaderno en la red.
    Hasta ver, Al

    • Mi felina…, que mi gran duquesa Anastasia es muy suya🙂
      Los cactus parecen haber acabado ya con las floraciones, pero parte de este invierno alargado han sido una maravilla.

      • Lo han sido, seguro…
        Y para tu felina blanca, su alteza la muy propia gran duquesa y nada menos que Anastasia, ya suplico su perdón, y a ti misma que me pongas a sus pies, a prudente distancia, desde luego, no sea que me tome por ratón y me retenga con sus vueltas y posible altivez, serena, pero altiva.🙂 Todos mis respetos, Y un gran saludo, Hes.

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