Brial

Mayo. Ciclo dei mesi. Maestro Wenceslao, c. 1400. Castello del Buonconsiglio, Trento.

Idus Maiae: Mercuralia

La dama vestida de verde del mes de abril cuyo vestido es cruzado por la columnilla torsa se incorpora al cortejo del mes de mayo. La escarpada roca rojiza de abril es el terraplén en el que una muralla del mismo color tiene sus cimientos. Sol en Géminis. El horizonte alto de bosques y montaña da paso al cielo azul oscuro. No debió utilizar el Maestro Wenceslao, ni el carísimo lapislázuli, ni casi la menos cara azurita para el cielo. Probablemente utilizó el glasto o el índigo de los tintes textiles. El glasto y el índigo que oscurecen de una manera no muy atractiva. Han pasado seis siglos desde que se pintó el fresco. Muy avanzado está el mes de mayo ya en estas tierras al pie de los Alpes en las que la primavera es tardía.

El mes de abril ha sido de afanosa labor en los campos. En el mes de mayo las cosechas que se recogerán a partir de junio siguen su curso en la tierra. No es una estación muerta de trabajo agrícola, pero los trabajos más duros están hechos. Habrá que esperar a que el sol entre en Cáncer para que los trabajos que darán alimento en los meses del invierno se inicien de nuevo.

Pasado el día 20 de mayo, ya hemos dejado Tauro, la nieve y el frío han quedado definitivamente atrás, los prados y los jardines se cubren de flores. Verde es el color que predomina en esta escena. Estamos tan acostumbrados al paisaje campestre como lugar de esparcimiento que no nos damos cuenta que eso no siempre ha sido así. Fue la Edad Media la que nos enseñó la belleza de la naturaleza, algo que luego desarrolló tanto el arte del Renacimiento. En el arte griego, el cosmos helénico sólo se preocupa de lo humano o de lo divino con figura humana. El cosmos latino atiende más a la naturaleza, ésta se manifiesta en el arte, en la pintura, en los relieves de la escultura, y la Edad Media que hace desaparecer el paisaje de la representación visual durante casi mil años, sin embargo, presenta la naturaleza en la literatura. El bosque, el prado florido, el locus amoenus de la villa clásica se manifiestan en las letras, llena la poesía de los trovadores y las flores y las plantas treparán por los márgenes de los manuscritos, hasta que en el siglo XIV los árboles, las hierbas, las flores, el paisaje, comiencen a invadir los fondos de la pintura.

Con sus ropas más elegantes los habitantes del castillo, los vecinos de los castillos cercanos, las visitas de las cortes principescas italianas se disponen a disfrutar del tiempo al aire libre, de la belleza de los días primaverales. Jóvenes y menos jóvenes, todos los personajes de esta escena son cortesanos. No hay campesinos en esta escena del Maestro Wenceslao…, o sí. Por un sendero entre los rosales parece haber un personaje que empuja algo parecido a una carretilla alta. El deterioro del fresco lo hace casi invisible. Desde la poesía de los trovadores, la primavera, mayo, son los meses del amor. Se exalta tanto la naturaleza como el sentimiento. Ocho parejas se distribuyen el espacio de la escena. Y una figura femenina no emparejada, pero no sola.

Sigamos por el sendero que caminaban las damas de naranja y verde del mes de abril. De perfil con tocado azul y barba rubia, con un largo manto rojo de probable terciopelo forrado del mismo azul que su tocado vemos al primer personaje. El Maestro Wenceslao no ha escatimado en el color de sus ropas, el rico color rojo probablemente procede del bermellón de cinabrio, y el forro azul claro, su tocado, produce de la azurita. Color que se repite también a toques en las ropas, los forros y los tocados de otros personajes. Este caballero de barba rubia en primer plano, tiene un gran parecido con el que en el mes de enero lanza bolas de nieve. Hacia él se inclina como escuchando la figura femenina de vestido claro, casi blanco. La mano del hombre parece estar sobre el brazo de la figura femenina que los precede y a la que parecen acompañar. Éste es el único personaje no emparejado, y que con estos dos forma trío. Vestida de blanco, ligeramente más baja, podría ser la hija adolescente, la jovencita de doce o trece años, a la que sus padres acompañan y dejan por primera vez ir a las fiestas de mayo en la pradera.

Muy cercanos a este trío, una pareja, vestido de verde él, un deterioro del fresco nos impide ver su cara, también de perfil, también con barba rubia. La mujer, vestida de rojo brillante se inclina al escucharle.  En un ligero plano más al fondo otra pareja: ella con vestido naranja, él con traje negro y tocado con cintas azules, inclina la cabeza para hablar o indicar algo a la mujer. Ella lleva en sus brazos un perrito blanco, probablemente un perrito maltés. Estas tres parejas, todas en pie, la que acompaña a la jovencita, la vestida de rojo y verde, y la de naranja y negro con el perrito, son las que parecen más maduras, las que ya llevan tiempo juntos, incluso el perrito que lleva la dama puede ser uno de esos perritos de lanas malteses que se ponían al pie de los sepulcros de las damas como alegoría de la fidelidad. Llevan años juntos, pero también para ellos mayo es estación del amor, donde pueden revivir los recuerdos de un mayo ya lejano en que se encontraron en la situación de las otras tres parejas de la escena.

Parecen recortados, como flotando en la pradera, entre las flores, los matorrales y los arbustos que probablemente son rosales blancos. Cercanos al espectador, entre la parte abierta del imaginario pabellón, las otras tres parejas repiten la misma situación: el hombre arrodillado ante la mujer sentada como rindiéndoles homenaje feudal, en dos ellas. Más al fondo, otra pareja, ambos arrodillados unen sus manos. Mayo es mes propicio al amor y a buscar novia, que será la esposa futura. Las formas del amor cortés han suavizado las costumbres. La mujer adopta el papel del señor, es el hombre el que se inclina ante ella, incluso ella lo corona. La situación social de las mujeres está muy lejana de tan idílica escena.

Estos personajes sí parecen más jóvenes. También cambia el vestido. A las largas hopalandas de los caballeros que pasean acompañados por sus esposas, estos llevan, excepto el hombre arrodillado de primer plano, quizá un letrado o un erudito, el jubón o jacquete, y las calzas. Incluso calzas a la italiana, de diferente color en cada pierna. Y varios de los personajes de le escena llevan los zapatos de larguísima punta.

Los vestidos de ellas oscilan entre el vestido ceñido de cintura alta y el brial suelto desde los hombros, que recuerda las modas del siglo XIII. Blanco color de luz. Blanco que difícilmente sería completamente blanco por la imposibilidad de lograrlo en esos momentos. Las mangas, tanto en hombres como en mujeres, se ensanchan exageradamente a partir del codo.  El vestido cambia, no hay la uniformidad que tenemos ahora cuando parece que hay tanta variedad. Viendo a estas damas no puedo dejar de recordar los versos del Romance de la Condesita:

Se retiró a su aposento,
llora que te llorarás;
se quitó medias de seda,
de lana las fue a calzar;
dejó zapatos de raso,
los puso de cordobán;
un brial de seda verde
que valía una ciudad,
y encima del brial puso
un hábito de sayal;
esportilla de romera
sobre el hombro se echó atrás,
cogió el bordón en la mano
y se fue a peregrinar
.

La moda no fue sólo cuestión femenina. A finales del siglo XIV, las mujeres, en general, iban vestidas de manera menos extravagante que los hombres. Los zapatos de punta exagerada eran generalmente zapatos masculinos. Todavía estas damas trentinas no van encorsetadas, incluso una de ellas, con el vestido rosa pálido, coronada, lleva su túnica suelta sin ceñir, como en el siglo XIII. Aunque ya comienza a existir lo que conocemos como “moda”, ésta se nutre de las aportaciones de distintos lugares de Europa. Por esta misma época en que se pintó el fresco, llamaban la atención los jóvenes caballeros genoveses que aparecían en la corte de Milán con sombreros y botas alemanes, cinturón catalán, jubón italiano y bata al estilo borgoñón de tela inglesa.

Hay una escena que me llama especialmente la atención porque es la primera vez, que yo sepa, que aparece en la pintura. A medida que vamos avanzando hacia, es un decir, al que nos tiene acostumbrados la pintura desde el Renacimiento, el fondo. Para el mundo de la nobleza el campo no es el lugar del duro trabajo, la maldición de Adán con la azada y el arado. El campo es el lugar de esparcimiento. En los dulces días de mayo de finales del siglo XIV es posible ver una mesa puesta en el campo con su mantel blanco y su servicio. Cercana a una fuente. Una escena cotidiana, que seiscientos años después podemos ver en tantos lugares de Europa. Creo que el Maestro Wenceslao ha pintado el primer picnic conservado de la historia de la pintura.

Si antes hemos visto a las parejas caminar entre las flores y ofrecerse sus promesas de amor en el prado mirándolas de frente, ahora ante este grupo de cuatro, los dos hombres y la mujer sentados a la mesa, la mujer que se acerca a la fuente, que disfrutan de su comida al aire libre, cercanos a la ciudad, de nuevo vemos las cosas a vista de pájaro. La perspectiva caballera que usa el Maestro Wenceslao. A ellos los vemos de frente, pero la mesa servida, la fuente, los tejados rojos de la ciudad, la iglesia blanca gótica con sus torres en la fachada y sus contrafuertes, los vemos como si voláramos. De nuevo el punto de vista cambiante, el ojo saltarín y la desproporción de los tamaños.

Tan altos como las murallas de la ciudadela son los comensales del picnic. En las tierras del Trentino no había ninguna ciudad con esas características. El obispo moravo que encargó los frescos al Maestro Wenceslao debió describirle algún lugar amado. Un foso o río, un puente levadizo de madera suspendido sobre él. Murallas con almenas y barbacana para defender la puerta. En la ciudad, en el piso superior de los edificios, amplias ventanas típicas del gótico. La ciudad es imaginaria, pero si nos fijamos, cercano a la iglesia, en la plaza, hay un pórtico con columnas cuyo capitel podría ser tanto toscano como jónico, y detrás de la iglesia blanca, hay una columna, sobre la que se yergue una estatua. Estamos en el Otoño de la Edad Media y estamos muy lejos de Roma y de Florencia, sin embargo, en pequeños detalles, parece que el Renacimiento está llegando también a estas tierras del norte.

Detalle del mes de mayo.

Detalle del mes de mayo.

Francesco Landini (1325-1397) – Ecco la primavera

Ecco la primavera, / Llega la primavera
Che’l cor fa rallegrare, / que alegra el corazón,
Temp’è d’annamorare / tiempo de enamorarse
E star con lieta cera. / Y estar con la cara feliz.

Noi vegiam l’aria e’l tempo /Vemos que el aire y el tiempo
Che pur chiam’ allegria / que también llaman a la alegría
In questo vago tempo / En este bello tiempo
Ogni cosa vagheça. / todo es belleza.

L’erbe con gran frescheça /La hierba con gran frescura
E fior’ coprono i prati, / y las flores cubren los prados,
E gli albori adornati / y los árboles se adornan
Sono in simil manera. /de similar manera.

Ecco la primavera /Llega la primavera
Che’l cor fa rallegrare /que alegra el corazón,
Temp’è d’annamorare /tiempo de enamorarse
E star con lieta cera. / Y estar con la cara feliz.

Traducción propia.

Ahora sí. Me callo hasta más allá de las nonas, quien sabe si hasta los idus de junio. Gracias a todos los que seguís visitando en este lugar.

17 pensamientos en “Brial

  1. Que placer, como siempre, seguir tu mirada atenta y ver esta primavera con lo que ella recrea… hoy llueve a Roma y este mayo parece no invitar a la ‘lieta cera’. Viajo contigo a estos lugares y me siento sobre la hierba imaginando la escena, inevitablemente imagino también a Paolo e Francesca y sonrío pensando que quizás ahora estarían con un tablet quizás leyendo tus palabras. Espero que llegue la primavera che’l cor fa rallegrare. Gracias por interrumpir tu silencio.

    • Solo decirte que la visión de Paolo y Francesca inclinándose sobre una tablet para leer este escrito me ha encantado.
      Gracias por estar ahí y comentar. Volveré en algo menos de un mes🙂

  2. En tu plena línea, H., el trabajo sobre tan hermoso fresco… ¡Menudo conocimiento: un asombro!
    Me gusta esa imagen en que de modo concreto aludes al amor cortés, es como una suerte de icono; me encanta la imagen, la gestoforma, de esa dama de rojo, abajo a la izquierda; esa noticia del picnic del maestro… Me ha descolocado, en cambio, una nota que supone, si he entendido bien, la moda o el fuste del atuendo (en el tiempo gneral) como un asunto más de la mano de la mujer que del hombre (pero no me has de tomar consideración este parecer sin importancia).
    Y un ruego para contemplar: ¿no las ilustraciones mejor en zonas medias del texto para que tus atentos no sufran al tener que mover de continuo tanto moviento el escritorio del ordenador arriba y abajo? Creo que lo agradeceríamos….
    Feliz seas en lo que emplees tu buen tiempo en adelante. Mil gracias y un muy cordial saludo.

    • Estimado Alfredo, el asunto de la moda continuará en el fresco del mes de junio, con algunos datos curiosos. El ciclo de los meses de la Torre Aquila da para mucho y aún quedan siete frescos. No he querido desarrollar en esta entrada todo el asunto de la moda porque habría salido un escrito muy largo y el mes de junio está a la vuelta de la esquina para poder continuar😀

      Como has podido ver ya en esta entrada he puesto otra imagen con el detalle. En las siguientes pondré detalles de las escenas que describo…, ya me había dado cuenta que con la cantidad de detalles que tiene cada mes esto podía ser molesto para el que lee (yo me pongo en otra pestaña la pintura mientras describo…, a mano o con teclado)…, el único problema que tenía es que me faltaba resolución en la imagen, pero creo que lo he solucionado ya.

      • Excelente seño o profe (es entrañable asunto de pequeños): no te tomo tiempo precioso, pero agradezco tu extensa atención, y la coincidencia en el ruego trasladado (no me sentí con fuerza alguna para pedirte justo lo que ahora ya contemplas, porque nos vendrá de maravilla a los discípulos. Añado que las dudas eran de lo más razonable, pero la voz de las imagenes llegan brillantes y perfectas (como tus letras).
        Un gran saludo, para un buen y merecidi descanso ( con algún trabajo en medio, supongo).Mil gracias, Hesperetusa. Al

  3. Me encanta la música que pones en tu blog. Pero solo me acuerdo de oirla cuando entras en el de Pseudópodo y pincho en tu enlace. Visita muchas veces (please) el blog de Pseudópodo.
    Aunque voy a ver si te enlazo en favoritos en el IPad y me convierto en oyente habitual.

  4. No sé si esto podría tener que ver con el problema de LAS RELACIONES.

    Es un viejo problema que me acabo de encontrar hoy al releer unos apuntes sobre Russell.

    “Russell considera que el error del idealismo radica en una teoría falsa sobre las relaciones. LA TEORÍA DE LAS RELACIONES INTERNAS (la que defiende Hegel) sostiene que las relaciones que existen entre los individuos pertenecen a la naturaleza de éstos, son internas a ellos.
    La totalidad constituye un sistema de relaciones que determina el ser de cada individuo.
    LA TEORÍA DE LAS RELACIONES EXTERNAS (la que defiende Russell) sostiene que las relaciones son independientes de los términos relacionados. Una cosa es lo que es independientemente de que sea mayor, igual o menor que otra. Ser mayor o menor que otra (o cualquier relación) no pertenece al ser de esa cosa, ni es una propiedad suya.”

    Parece que en este problema se está hablando de RELACIONES PENSADAS, y si es así quizás no tenga nada que ver con el tema (o quizás sí). pero quizás se pueda entender que el hecho de que el mundo no esté hecho de partículas sino de fuerzas o campos o lo que sea… quizás indica que “las cosas” están hechas de referencias esenciales a otras cosas, de modo que no hay propiamente cosas sino una red de relaciones en las cuales nosotros nos fijamos en los nudos que solo están hechos de cuerdas que van y vienen de otros sitios.
    Un físico me explicó una vez que la realidad se podría explicar como si fuera la piel de un tambor: los objetos al colocarse en ella la hundirían con su peso y producirían una serie de inclinaciones en toda la membrana. Más que fijarse en los objetos (que consistirían en el hundimiento que provocan) lo real son las inclinaciones y como cada una modifica toda la piel del tambor. Volveré a leer esto de las provincias impuras, pero de momento si no quiero pensar en ladrillos me es más fácil (y más visual) el simil del tambor hundido en distintas zonas que tiran unas de otras y en la que cada nuevo hundimiento condiciona toda la piel.

  5. Un momento gozoso en medio de esos campos primaverales. Salta la vida y, sobre todo, el deseo de vida: los sentidos, los amores, los encuentros, el paisaje como reflejo de la alegría del corazón, de espacio donde la vida ocurre y transcurre. Bellisimo fresco y bellísimo tu texto explicativo, tan hondo. Saludos cordiales.

  6. Wonderful post..such a beautiful art! Thank you so much for the follow..nice to meet you🙂. Have a beautiful Tuesday! Maarit

    • Gracias Stella. Y gracias a todos los que siguen pasando por aquí y leen y comentan a pesar de que no hay mucha actividad.

      Estos días de junio necesitaría que tuvieran cincuenta horas y aún así me faltaría todavía tiempo.

  7. Al leer textos divinos como éste siento que he nacido en una época equivocada y en el lugar equivocado. Al menos, intentaré a lo largo de mi vida que mi mente pueda transportarse a idílicos lares como los que describes tan perfectamente. Antes, tenía para eso a la poesía, la pintura y la música, pero ahora, también se suma a esto tu blog, querida mía. Saludos desde el otro lado del océano.

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