Arado

Abril. Ciclo dei mesi. Maestro Wenceslao, c. 1400. Castello del Buonconsiglio, Trento.

Ante diem septimum Kalendas Maias: Robigalia, Serapia

Contemplamos un paisaje y con nuestra percepción educada por el arte desde hace más de 500 años lo vemos normalmente en formato horizontal. Si queremos hacer una foto, usamos la forma “landscape”, pero hay paisajes en vertical. Miremos el que se abre al mes de abril en el Trentino. Es un paisaje en formato vertical. Casi todos los paisajes del gótico, donde el paisaje comienza a colonizar los fondos de la pintura, ya fuera en las miniaturas o en frescos, son verticales. Hay excepciones, claro. Como también las hay en épocas posteriores.

Un paisaje vertical, no sabemos lo que representaba el mes de marzo perdido en un incendio, pero este del mes de abril está separado del siguiente del mes de mayo por una fina columna torsa, rematada por un capitel vagamente corintio. Pero no es una columna, sino el poste de un pabellón. Un pabellón al aire libre que sostendría un techo y unas paredes de tela, como una tienda de campaña. Entre un poste y otro se abrían las telas y se contemplaba el paisaje. Entre dos postes un mes distinto y una estación del año. De ahí que fuera vertical, pero solo es una excusa, un artificio del pintor. Pero de eso quizá escriba en otro mes, no en este.

Dirijamos la mirada al lejano horizonte. De nuevo tenemos ese cielo azul oscuro y el jeroglífico solar. Sol en Aries. Ya en la tierra, el bosque y su señor, el oso. Junto a un gran haz de madera o leña cortada. El oso escarba entre la madera cortada, muy cerca de la aldea. Seis casas, paredes de madera o entramados de madera y cascajo, tejados de paja, a pesar de estar en una zona de nieves. Una de ellas, con ventanas ojivales y balcón, otra con perrera y su habitante canino dentro. Un perro blanco, desproporcionado su tamaño, en la plaza. Una iglesia encalada de tejado rojo, con ábside semicircular y espadaña sobre la cabecera. Un pozo con cigüeñal. Como en las casas de la aldea, como en la iglesia de tejado rojo, lo vemos desde arriba. Vemos el brocal circular, así como vemos los tejados como si estuviésemos volando. Un poco más allá la construcción de madera y la rueda vitrubiana de un molino hidráulico. El molino de la aldea, propiedad el señor, probablemente del obispo de Trento. Todo tiene un aire de pesebre navideño, de juguete. Cerca del molino, un caminante con su bastón, sentado, descansando del camino. Es tan grande como la casa de la perrera y más grande que el molino.

Miremos hacia la derecha. El horizonte está cerrado por dos zonas de roca o tierra de distinto color, amarillenta una y rojiza otra. Algunos árboles crecen entre ellas. Y un cercado hecho con estacas y juncos entrelazados. Tierra negra, fértil. Quizá traída de otro lugar. Nada que ver con lo que quizá sean arcillas o margas amarillentas o arenisca roja. Dos hombres. Mas grande, con ropas pardo mostaza, con una bolsa de grano en la cintura, uno de ellos siembra. Más pequeño, inmediatamente detrás, otro, montado en un caballo arrastra la grada de dientes de madera para romper los terrones y enterrar el grano. El caballo es rápido y fuerte y ese no es un trabajo pesado como tirar del arado. Hay que enterrar rápidamente el grano antes de que los pájaros que estarán acechando, pero que no se ven en esta pintura como se ven en tantas miniaturas, devoren el grano.

Mes de abril, una primavera todavía fría en estas tierras que son bisagra entre el mundo mediterráneo y Europa central. En las tierras mediterráneas no se puede sembrar en abril. Antes de que las espigas granasen el calor las agostaría. Pero tampoco en estas tierras más frías y húmedas se sembraría trigo o centeno para hacer pan en abril. Son cereales lentos que precisan más tiempo para madurar. El trigo y el centeno despuntarán en marzo o abril sus brotes pero se han sembrado meses antes, en otoño, y han dormido bajo la nieve. Los granos que están en la bolsa del sembrador serán probablemente cebada o avena. Cereales de segunda categoría conocidos, como los otros dos, desde el neolítico, no aptos para el pan pero sí para las gachas y la cerveza. Se los conocía como cereales tresmeses, en junio sería posible su siega. Si los tiempos son buenos y la cosecha abundante incluso servirán para alimentar el ganado, sobre todo esos dos caballos campesinos, animales caros y exigentes.

Un camino de tierra rojiza y dos hombres más. Uno de ellos con un saco a la espalda, otro descalzo, delante, conduce una yunta de bueyes que parece arrastrar una carreta.  A la izquierda del camino otro cercado de juncos. Dos árboles, probablemente manzanos en flor. Dos mujeres, vestida de rojo una y otra de blanco, agachadas, casi arrodilladas, trabajando. ¿Nos engaña el Maestro Wenceslao? En este cuadro de la vida campesina ¿ha querido hacer más bonita la escena? Meses tendré para hablar del trabajo de las mujeres en el campo. Estas dos mujeres no son campesinas, están plantando y regando un jardín de hierbas pequeñas, di erbe piccole, como decía Pietro di Crescenzi. Sutiles y diminutas: salvia, menta, albahaca, mejorana, violetas, azucenas, rosas e iris. La mujer vestida de rojo siembra las plantitas, la de blanco con un cuenco de terracota, con su pulgar e índice las riega. Las campesinas no se dedican a la jardinería y ninguna campesina ni dama trabajaría en el jardín con su mejor vestido, de color rojo, el color de la fiesta. Pero ese color es el que nos dice que estás mujeres no viven en la aldea sino en el castillo.

Sigamos avanzando y llegamos casi al primer plano. Un bosquecillo con los árboles con sus hojas. Estamos en abril, el invierno no es excesivamente largo en el Trentino, pero es duro. Estos árboles con todo su follaje serán probablemente encinas. Los robles son lentos y aún estarán desnudos. En el bosque un zorro persigue una libre o un conejo. Las lluvias de primavera han llenado el sotobosque de setas blancas.

Ya estamos en el primer plano. Cuando se abren las imaginarias colgaduras verticales de este pabellón pintado, a la altura de nuestros ojos es lo primero que vemos: otro recinto cercado, en este acaso de árboles frutales. Árboles que aún no tienen flor. Dos mujeres, estas sí, dos damas, las figuras más grandes de toda la imagen, con elegantes vestidos borgoñones de talle alto y amplias mangas. Una, verde amarillento, tinte dificilísimo de obtener en esta época de finales del siglo XIV.  La otra, con su vestido escotado de color naranja, pues no es totalmente rojo ni es amarillo. Otro color casi imposible. ¿Nos engaña de nuevo el Maestro Wenceslao? ¿Pintó con los colores que prefirió en ese momento? ¿Utilizó los pigmentos de que disponía sin tener en cuenta la realidad? Un pintor de esa época no hace realismo, en verdad, ningún pintor tiene por qué hacerlo. El verde es un color inestable y conseguirlo en los tintes en aquella época era prácticamente imposible. De verde, de verdes parduzcos, podrían vestir los campesinos pero no la gente pudiente. Los tintes no se mezclaban, pues la Edad Media abomina de la mezcla y tampoco sabe nada del espectro. Para un pintor, para un tintorero de la Edad Media, el verde no es un color que esté entre el amarillo y el azul. Como el naranja no es un color que esté entre el amarillo y el rojo. Y no se mezclan los tintes no sólo porque la mezcla se considere algo indeseable, sino porque los tintoreros trabajan con unos colores y todo está perfectamente reglamentado. Los tintoreros de rojo no tiñen de azul, lo tienen prohibido, y al revés. Los tintoreros de rojo podían teñir de amarillo y los de azul de negro, pero sus lugares de trabajo y las cubas de los tintes estaban muy alejadas unas de otras. El vestido naranja se podía conseguir con manipulaciones de la rubia, el tinte más abundante y barato para el color rojo, pero el vestido verde tuvo que salir de experimentos que hicieran los tintoreros de azul, o de que el Maestro Wenceslao quiso pintar un vestido verde…, o que los restauradores del Ciclo dei Mesi tras el incendio repintaran los frescos como les dio la gana.

La dama de verde ya se aleja, el poste-columnilla torsa cruza su vestido, pero sin embargo, aunque ellas son más grandes, en primer plano tras el huerto de frutales hay otros personajes: hombres y animales. Otro campo de tierra negra, una yunta de bueyes, un caballo que tira de ella, algo inusual, dos hombres. El que conduce el arado y el “timonel” del tiro de animales que conduce al caballo. Esta parte de la pintura seguro que ha hecho las delicias de los historiadores de la economía medieval, pues aquí en todas sus partes, está representado un arado pesado. Un arado con ruedas, cuchilla, reja y vertedera. Con sus partes metálicas, tan importantes que se dejaban en los testamentos, pues estamos muy lejos de la sociedad de consumo. Tan pesado e incómodo que para tirar de él, se necesita en este pintura una yunta de bueyes y un caballo. El arado que libro tras libro se dice que aparece hacia el año mil en la zona de Normandía. El arado que introducen en Inglaterra los hombres de Guillermo el Conquistador, el arado de la Europa central y atlántica, la revolución agrícola de la Edad Media, bla, bla, bla…

En estas mismas tierras fronterizas con Suiza, Austria y el sur de Alemania, en el siglo I d.C. Plinio el Viejo en su Historia Natural, menciona un arado que se utilizaba en el norte de Italia tirado por ocho bueyes. No se trataba del arado ligero mediterráneo que también se ha usado hasta tiempos recientes. Plinio también hablaba de un arado montado sobre dos ruedas que se usaba en los Alpes, llamado plaumorati, una palabra no latina que ha sido interpretada como plovum raeti, arado de los Recios, la provincia Raetia del Imperio Romano. Esto desmonta la hipótesis del atraso del mundo clásico con sus arados ligeros que apenas arañaban la tierra, incapaz de inventar un arado más eficaz para las tierras profundas y pesadas…, pero este escrito es ya demasiado largo y el Maestro Wenceslao me dejará seguir escribiendo sobre el arado en otro mes.

He hecho algo de trampa comenzando por el horizonte que no es tal. He hecho trampa porque también el Maestro Wenceslao la hace, mejor dicho, no se trata de trampa sino que todavía estamos en el gótico y la pintura hace diversos ensayos aunque tampoco este término es correcto. Esta pintura sería considerada una aberración cincuenta años más tarde cuando ya haya comenzado el Renacimiento y se apliquen las leyes de la perspectiva cónica. Porque en el mes de abril, el Maestro Wenceslao aparte de utilizar la perspectiva caballera, y un punto de vista alto casi siempre, por eso parece que estemos volando sobre la escena, utiliza un procedimiento muy arcaico, que nos hace retroceder más allá del año mil. El mes de abril es demasiado importante para la supervivencia de todos y casi todas las escenas tienen que ver con trabajos del campo. No tenemos castillo, no tenemos de hecho, escenas cortesanas. Solo están esas dos jardineras y las damas que pasean y se alejan por la derecha…, pero esas dos damas pese a estar en un plano posterior al arado pesado y los dos campesinos que trabajan con él, están representadas en tamaño más grande. El Maestro Wenceslao ha dado toda su importancia al campo y a sus habitantes pero no ha podido evitar utilizar la perspectiva inversa para que estas damas de la nobleza destaquen sobre los demás personajes.

Anónimo siglo XIV – Rotta della Manfredina

6 pensamientos en “Arado

  1. Veo una exquisita pormenorización del cuadro y, en muchos ordenes muy diversos…
    Queda sorprendente el trabajo… excelente. Conocer al descubierto tantas cuestiones detalladas de un cuadro admirable -en los valores formales compositivos y colorísticos del Maestro, deformados o informados por la idea y el sentir histórico y artístico del momento- me ha dado un gran placer. Una gran pedagogía se resalta. Nada que ver con otros modos en el arte, pero ahora esta obra se nos muestra rica, entrañable y muy bella.
    Te felicito y agradezco el esfuerzo. Quedó bien cumplido. Un gran saludo. Buen día.

    • Gracias alpuymuz. Estos frescos del Castillo de Buonconsiglio tienen tan gran cantidad de detalles en sus escenas que a veces temo que las entradas se hagan demasiado largas. Hay descripción y explicación para muchos meses, espero poder completarla.
      Un saludo y buena y lluviosa tarde.

      • Pueden resultar largas… pero es cuestión del sentir receptivo y de la idea del autor: en todo caso tú mandas. Y a mí, en particular, no me disgusta. Son trabajos buenísimos.
        Gracias por todo cuato enseñas, excelente H.. Buen día y saludo.

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