La puerta

Enero. Ciclo dei mesi. Maestro Wenceslao, c. 1400. Castello del Buonconsiglio, Trento.

Ante diem undecimum decimum Kalendas Februarias
Dies Lunae

Sol en Acuario. El sol no es el sol, es un jeroglífico que desde la prehistoria identificamos como el sol. Como el cielo, superficie azul oscuro no es el cielo. Ni el paisaje. La mirada reconoce, la mente interpreta. La roca del fondo, es una colina, un cerro poco elevado. Los árboles enanos, con el zorro, Los matorrales en la nieve con el jabalí. Los cazadores con sus galgos, la liebre cobrada. La caza más difícil, en la época más dura del año.

El castillo de juguete, con tres edificios diferentes, el huerto amurallado, las torres de tejado cónico, el puente que es una tabla. La perspectiva torpe, las escenas casi confundidas, como en el estilo cristalino de siglos anteriores que la mente interpreta.

Sol en Acuario, inicio callado del año deslizándose sin advertirlo. El paisaje nevado, el río que no se ha helado. Primeras nieves en un lugar, que aunque al pie de los Alpes, las primeras nieves son novedad y causa de regocijo. De juegos de quienes tienen ocio, que se atreven a salir y jugar como niños con sus elegantes ropas borgoñonas, con sus vestidos de lana de amplio escote y talle alto…, quien durante un poco rato arrastrará las amplias mangas ornadas de pieles y pronto volverá a sus acogedoras habitaciones caldeadas.

Juego infantil, guerra de nieve entre las damas y los caballeros. Y esa figura solitaria en el huerto, más alta que las almenas, vuelta de espaldas. No parece estar en el invierno. Indiferente a lo que ocurre en la nieve más allá del puente. No se une al juego de los otros seis. Quizá lo hará más tarde, piensa que tendrá tiempo de unirse a la batalla de bolas de nieve, de unirse al juego y a la risa. A los momentos de dicha y dulzura de la vida, porque siempre habrá tiempo, dentro de un rato quizás. Dentro de un rato cruzará la muralla, caminará sobre el puente como una hoja de papel. Tiempo.

Sol en Acuario. El año abre su puerta durante el frío. Mirando más hacia el tiempo que se ha ido que hacia el que acaba de comenzar con fría blancura. Cuando la figura solitaria intente cruzar la puerta ya no habrá juego, ya no habrá risas, ya no habrá tiempo, porque cuando el año abra su puerta e intente mirar hacia el paisaje abierto no podrá hacerlo. Quedará dentro del huerto, mirando hacia el interior, desvaneciéndose como un sueño.

Johannes Ockeghem (c.1410 – 1497) – Malheur me bat

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