Lecciones de la música

Orazio Gentileschi. La laudista, c.1626. National Gallery of Art, Washington

Ante diem quartum decimum Kalendas Iulias

Todo es importado, no, no todo. Cuando comienza el siglo XVI sigue aferrada al gótico que va mucho más allá de la Edad Media. No es el único país que hace eso. Italia es la excepción. Los pintores, sí habrá pintores nacionales, como el exquisito miniaturista Nicholas Hilliard, pero también los pintores vendrán de otros lugares, como Holbein, como Van Dyck, como el que pintó a la joven laudista. La Reforma, los vaivenes religiosos, la guerra civil, la revolución. El estar en la periferia de Europa, en la periferia cultural, alejada de Italia no solo por la distancia sino por la religión. No existe un renacimiento inglés. El renacimiento llegará tarde con ese palladianismo insulso de pesadilla bien avanzado el siglo XVII.

No, no hay un renacimiento plástico pero sí hay un renacimiento literario y musical, sobre todo a partir del reinado de esa figura pelirroja medio calva que tuvo la suficiente inteligencia de favorecer a sus músicos, incluso a los católicos William Byrd y John Dowland.

Dice Pascal Quignard a través del Señor de Sainte Colombe que la música está para decir lo que palabra no puede, para dar voz a los que no la tienen porque aún no han nacido o porque han muerto. Pero la música no da solo voz, da también belleza donde no pudo haber o hubo muy escasa belleza visual. Donde esa belleza visual no pudo desarrollarse por lejanía, por intolerancia religiosa.

John Dowland, hijo de Saturno, exquisito y refinado laudista. La música italiana, los músicos flamencos que trabajaban en las cortes de toda Europa, tienen también canciones llenas de melancolía, pero Dowland es diferente. Dicen que reía pero es casi siempre melancólico en sus canciones, se puede reír y ser semper dolens. Sin embargo, con su música daba al arte de su país lo que no pudo dar el arte visual, un arte además, eterno, porque no está hecho de materia sino de tiempo. 

Laúd solo.

Consort de violas.

4 pensamientos en “Lecciones de la música

  1. Los sonidos del laúd me relajan plácidamente. Los busqué al final de la entrada, porque sabía que los encontraría, y con ellos acompañándome he asistido atento a esta lección de música y más…
    Gracias por la lección. Ha sido un placer aprender aquí.

    • Resulta difícil elegir entre las obras de Dowland para laúd. La tentación de subir y enlazar todo un disco o más, es mucha. Al final me decidí por dos de las obras más conocidas, de las que el propio Dowland hizo varias versiones: la pavana “Lachrimae” y la famosa pieza “Semper Dowland, semper dolens”. La pavana al ser una danza lenta se presta al tono melancólico y ambas están también para consort de violas un conjunto instrumental muy utilizado en la Inglaterra isabelina.

  2. Dowland magnífico. Me quedo con las violas de Hesperion. ¿In darkness let me weep? Cantada es también muy hermosa, sobre todo si el que canta es Alfred Deller. Anuncio comercial: En la última entrada de mi blog va la Canción del Destino, de Brahms/Hölderlin, a propósito del hombre perturbado y sus ansias de imperturbabilidad. Gracias por tus bellas contribuciones. Ahora me voy al Hodie.

    • In darkness let me weep, cantada por Emma Kirkby, en uno de mis CD preferidos, la dejo para otra entrada. Es una de mis canciones preferidas de Dowland.
      Ahora estoy pronta a salir para el trabajo, así que esta tarde o noche pasaré por tu blog. Te advierto que tocar el tema Hölderlin conmigo puede ser peligroso🙂.

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