Entre el Pantheon y Piazza Navona, tres días ha…

Órgano de la Iglesia de Santa María Magdalena, 1736. Roma

Ante diem septimum decimum Kalendas Maias: Fordicidia, Ludi Ceriales

Espera, detente un poco, no tengas prisa, hay tiempo. Al lugar donde vas tendrás que esperar y lo sabes, además no te gusta especialmente. Sé de donde vienes, desde que visitas esta ciudad has pasado por aquí decenas de veces y algunas de ellas, como ahora, vas con tu bolsa de precioso papel. Pasas por esta calle no porque te dirijas a la colonia de leones marinos como la llamas, donde se dirigen casi todos los que han estado en el Pantheon. No, pasas por esta calle para comprobar en la otra tienda que no te has dejado nada importante hasta tu próxima visita.

Muchas de esas veces no has mirado, pero otras sí. Ahora te pido que te detengas y mires de nuevo, pero con una mirada diferente. Sé, que aunque no hayas mirado con mucho detenimiento, nunca has dicho una palabra, una expresión despectiva, como hacen tantos del país de donde eres.

Vamos, párate un momento. La tarde empieza tener una luz rosada, pero es una luz buena. ¿Ves? Te has parado a mirar, has sacado tu cámara y otros se han parado también, se preguntan qué miras, qué es lo que te ha llamado la atención, te observan…, pero empiezas a mirar despacio, como no las hecho las otras veces, ahora no vas a pasar de largo. Entra unos minutos, entra y siéntate. Tus pies están cansados, te duelen por las largas caminatas en esta ciudad pétrea. Mis pies siempre estuvieron cansados, mis ropas fueron pobres y no tuvieron color, pero yo entraba aquí y en otras, y todo lo feo, lo duro y lo terrible desaparecía por un tiempo. Nunca quise austeridad porque mi vida siempre fue no austera, sino pobre y durísima. No, nunca quise que me hablaran de austeridad quienes tenían calor en sus casas y no tenían las manos llenas de callos y los pies desnudos. ¿Lo comprendes? Sí, lo comprendes ahora que te has sentado y miras y escuchas.

11 pensamientos en “Entre el Pantheon y Piazza Navona, tres días ha…

  1. Y al salir, la única hoja escrita que verás clavada en la puerta… será la que te indique las horas en las que puedes volver…

  2. Gracias Miguel Ángel. Me pongo a explorar tu blog en unas horas cuando tenga un poco de tiempo.
    Veo que tenemos el mismo tema de WordPress, pero tú has puesto un precioso fondo de ¿almendros? o esos árboles de los jardines que florecen primavera y que creo que son japoneses y para una jardinera como yo ahora no sé como se llaman.

  3. “Mis pies siempre estuvieron cansados, mis ropas fueron pobres y no tuvieron color, pero yo entraba aquí y en otras, y todo lo feo, lo duro y lo terrible desaparecía por un tiempo” Me sorprendió esta oración… es la mejor definición del peregrino medieval. Te felicito, me agrada cómo te expresas y las ideas que expones.
    Un saludo cordial,
    Guilhem.

  4. Hesperetusa, me ha encantado, sinceramente…Si la gente se parara solo un segundo a mirar las piedras que pisa y las gentes que lo rodean, si no fuera todo un planing que cumplir, un lugar que marcar, una instantanea que tomar y ya esta!, a mudarse de sitio, de gentes y de vida sin, ni tan siquiera, haber comprendido lo que has dejado atrás… La mitad de la vida se pierde entre la prisa. Luego, cuando te pidan cuentas, te preguntarás, donde he estado, a quien he conocido y que he visto y no podrás responder, porque todo habrá sido tan rápido que solo recordarás lo que pudiste hacer y no hiciste… “chi va piano, va sano e va lontano”. Un saludo.

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