Onques n’amai tant que jou fui amée

Paul, Hermann y Hanequin de Limbourg. Mes de Febrero. Muy Ricas Horas del Duque de Berry. Museo Condé. Chantilly

Idus Februariae: Faunalia, Parentalia

Hay dos colores, porque uno de ellos es un color pese a lo que se dice desde hace más de dos siglos, que hacen una alianza perfecta y están unidos desde que uno que ellos, el azul, alcanzó su  apogeo al final de la Edad Media. En el mes de febrero estos dos colores, el blanco de la nieve y el azul, se entrelazan en una danza, aparentemente perfecta, pero disonante en su música.

Mezcla de goma arábiga con pan de oro trazan las líneas de los siete orbes celestiales completos en sus datos astrológicos, Heraclio como Febo se desliza entre nubes de oro, el Aguador derrama su cántaro y Piscis nada entre las estrellas como los peces nadan en las aguas del Mar Egeo…, las únicas junto a las de Cabo Formentor, que en todos los mares que he visto, merecen el calificativo de ultramar. Y después, más abajo, la nieve. Nieve en el que quizá es el primer paisaje nevado de la pintura europea, más de un siglo antes de que Bruegel el Viejo pinte sus célebres paisajes de hielo, de nieve, llenos de personajes.

Parece que nada se acorda tan bien como el blanco de la nieve y el azul ultramar, dos colores que empezaron en esta época del otoño de la Edad Media a estar asociados a la Virgen María y a los reyes de Francia. ¿Acaso la nieve con su blancura no es fría? ¿Acaso el azul no es un color frío? Pero no, las cosas no son tan sencillas, en la Edad Media, el azul no era un color frío sino cálido…, la percepción de la calidez o frialdad de los colores ha cambiado mucho desde que Pol, Hermann y Hanequin trabajaran para el Duque de Berry.

Porque quizá en esta escena campesina de febrero más que en ninguna otra del calendario se aprecian dos mundos. El mundo celestial, perfecto y cálido de azul y oro, y el mundo terrenal en el mes más duro de año. Entre el tímpano celestial y la tierra cubierta de nieve está el cielo. Y el cielo es gris, cubierto de nubes de color acero. Pues de color acero es el cielo cuando va a nevar y las nubes de nieve quien las haya visto, sabe que son diferentes a todas. Nubes de acero con filo cortante de luz, mucho más claro. El cielo que con esos colores se presenta dará en unas horas, con viento o con calma, un manto frío y blanco que cubrirá la tierra.

Cielo gris acero, en el horizonte colinas y un pueblo con su iglesia, tejados nevados. En el camino que conduce al pueblo, un campesino arrea a un asno con una carga de leña. Los arboles del bosque ya sin hojas, el almiar, el palomar, las colmenas, el redil con las ovejas, todo está cubierto de nieve. Un personaje joven corta leña. Vestido en parte de azul ultramar, y por este color caro y distinguido, que también tiene el vestido otra de las figuras, se deduce que puede ser el dueño de la granja. Otro, con túnica rosa, envuelto como puede en una manta se apresura a entrar en el cercado, cuya empalizada de cañas también muestra los signos de la nevada.

Y en esta miniatura del mes de febrero estamos aún en la Edad Media. Porque para que veamos lo que sucede en el interior de la casa de madera, como si de un escenario teatral o de una casa de muñecas de las que aún no existen se tratase, los Hermanos Limbourg han retirado un muro desde el tejado hasta el suelo. Este es un procedimiento pictórico que va a caer en desuso en unos pocos decenios. Los pintores nos mostrarán las escenas en el exterior o en un interior…, pero ya no en los dos espacios a la vez como aquí ocurre.

En el interior, con ropa puesta secar, con un gran fuego en la chimenea, tres personajes: un hombre y una mujer, probablemente criados,  sin ningún pudor, con las túnicas y las faldas subidas se calientan. Más grande, en primer plano, con ropa interior blanca, vestida de azul ultramar, con un tocado oscuro en la cabeza, mucho más recatada, la dueña de la casa también se calienta y su mirada y sus palabras, parecen dirigidas a otro personaje, no humano esta vez, el gato blanco que está a sus pies.

Vendrán marzo y abril con sus brotes verdes en los árboles y vendrá la primavera. Llegará el verano con el esplendor de sus frutos y cosechas y se sentirá, al tiempo que la alegría por la renovación de la vida, por la llegada del buen tiempo, la punzada de la melancolía de que la primavera y el verano no duran, son pasajeros…Y sin embargo, el invierno, el frío y la nieve, la desolación y el hambre, como las de esas urracas que picotean algo de grano junto al redil porque nada más hay que comer, el invierno parece eterno. El invierno también pasa pero se tiene siempre la certeza de que está ahí, agazapado, dispuesto a volver, a instalarse permanentemente en el corazón de los que han perdido toda esperanza.

Richart de Fournival (Primera mitad del siglo XIII)
Onques n’amai tant que jou fui amée

Onques n’amai tant que jou fui amée; /Nunca amé tanto como fui amada;
or m’en repenc, se ce peust valoir /ahora me arrepiento, si eso vale
qu’Amours m’avoit au meillour assené / pues amor me había asignado al mejor,
pour toute hounour et toute joie avoir, / para tener toda honra y todo gozo,
et au plus bel de toute la contrée; / y al más hermoso de toda la región;
mais ore a il autrui s’amour dounée / pero ahora él ha dado su amor a otra
qui volentiers a soi l’a retenu./ que con gusto lo ha retenido para sí.
Lasse, porkoi fui je de mere née! / ¡Desdichada! ¡Por qué habré nacido!
Par mon orguel ai mon ami perdu. / Por mi orgullo he perdido a mi amigo.

Si me doint dieus d’Amours longe durée, / Así me conceda larga vida el dios del Amor,
que je l’amai de cuer sans decevoir, / que yo lo amaba con el corazón, sin mentirle,
qant me disoit k’iere de li amée, / cuando me decía que me amaba,
mais n’en osai ains descouvrir le voir: /jamás osé descubrirle la verdad:
des mesdisans doutoie de la noumée. / temía la lengua de los maledicientes.
Biau sire Dieus, baise et acolée / Buen señor Dios, me habría besado
m’ëust il or et avoeuc moi gëu; / y abrazado y conmigo hubiera yacido;
mais q’il m’ëust sans plus s’amour dounée,/ ojalá me hubiera dado sin más su amor,
si m’ëust bien tous ci siecles vëu. / aunque me hubiera visto todo el mundo.

Or m’a amours malement assenée, / El amor me ha golpeado con dureza,
qant çou que j’aim fait un autre avoir, / pues hace que otra tenga a quien yo amo,
ne ne m’en laist retraire ma pensée, / y no me deja contarle mi pensamiento,
ne si n’en puis suolas ne joie avoir. / ni puedo tener solaz ni gozo.
Lasse, l’amour, que tant li ai vëée, /Desdichada, el amor que tanto le he prohibido,
li seroit ja otroiie et dounée, / le sería concedido y otorgado ahora,
mais tart l’ai dit, car je l’ai ja perdu; / pero tarde lo he dicho, pues le he perdido ya;
or me convient amer sans estre amée, / ahora debo amar sin ser amada,
car trop ai tart mon felon cuer vaincu. / pues he vencido demasiado tarde a mi traidor corazón.

Traducción procedente de: Poesía de Trovadores, Trouvères, Minnesinger. (De principios del siglo XII a fines del siglo XIII). Alianza Editorial, 1981.

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