Kalenda Maia

Paul, Hermann y Hanequin de Limbourg. Mes de Mayo. Muy Ricas Horas del Duque de Berry. Museo Condé. Chantilly

Quizá es esta la miniatura más perfecta del calendario, la más reproducida. También por esta razón la primera que me encontré. Estaba en mi libro de lengua y literatura de sexto de EGB, en las páginas donde por primera vez leí el nombre de Petrarca. Eran otros tiempos aquellos. Pero no estaba en color, sino en tonos sepia.

El mundo celestial, en azul ultramar y oro sigue inacabado. Tauro y Géminis en el quinto orbe. Pero esta vez el mundo terrenal compite con el celestial. El cortejo, precedido de una fanfarria, se engalana de guirnaldas y coronas de hojas bordeando probablemente el Bois de Boulonge. Al fondo se adivina París. Es mayo. Surge el verde por doquier. Invade los prados, los árboles ya tienen todas sus hojas, incluso los prudentes robles más tardíos. Ya no estamos en la neblina verde de marzo y abril. El verde no solo está en la naturaleza sino en los vestidos de las jóvenes. En la corte de Francia el rey, regalaba vestidos de verde alegre a sus acompañantes, la librea de mayo. Perfecto verde de Hungría en los pigmentos de malaquita para las miniaturas, esquivo, difícil de fijar, en los tintes para los vestidos. No serían de un verde tan bello los vestidos reales ni los arreos de los caballos.

Fiesta de la juventud en la que le duque participó muchas veces. Ahora hombre maduro casi viejo, cuando encarga a los hermanos Limbourg este libro de horas, se hace representar en el cortejo, con la corona de hojas verdes, con sus vestiduras azul y oro, colores reales de Francia, junto a las jóvenes ricamente vestidas, de espaldas, imposible saber si es joven o no. Queda el misterio. En una escena soñada que difícilmente sería tan hermosa en la realidad, el duque, como todos los que alcanzan una edad que parecía tan lejana que nunca llegaría, sentiría la nostalgia de aquellos dulces días de mayo en que con otros seres todavía sin historia, salía a celebrar con cantos, con música, la primavera, símbolo de una juventud que parecía eterna.

Rimbaut de Vaquieras (c.1180 – 1207) – Kalenda Maia

Kalenda maia / Ni la calenda de mayo
ni fueills de faia / ni la hoja de haya
ni chans d’auzell,   ni flors de glaia / ni el canto del pájaro,  ni el gladiolo
non es qe.m plaia, / creo que me alegren ya,
pros dona gaia, / noble dama gozosa,
tro q’un isnell messagier aia / hasta que reciba  un veloz mensajero
del vostre bell cors, qi.m retraia / de vuestra bella   persona, que me diga
plazer novell   q’amors m’atraia / el nuevo placer  con que amor me llama
e jaia,  e.m traia  vas vos, / y hasta   que yazga  y me dirija a vos,
donna veraia, / dama verdadera
e chaia  de plaia  .l gelos,  / y hasta   que el celoso  caiga herido
anz qe.m n’estraia. / antes que yo renuncie.

Ma bell’ amia, / Mi bella amiga
per Dieu non sia /¡por Dios! que no ocurra
qe ja.l gelos   de mon dan ria, / que el celoso  se ría de mi dolor
qe car vendria / pues vendería caros
sa gelozia, / sus celos
si aitals dos  amantz partia; / si separara  a tales dos amantes;
q’ieu ja joios   mais non seria, / yo no estaría  nunca más contento
ni jois ses vos   pro no.m tenria; / ni me serviría   de nada el gozo sin vos;
tal via  faria  q’oms ja / y tomaría  tal camino  que nadie
mais no.m veiria; / me volvería a ver;
cell dia  morria,  donna / moriré  el día,   señora
pros, q’ie.us perdria. / noble, que os pierda.

Con er perduda / ¿Cómo perderé
ni m’er renduda / ni se me devolverá
donna, s’enanz   non l’ai aguda / la dama, si antes no la he tenido?
Qe drutz ni druda / Los amantes
non es per cuda; / no existen en la mente
mas qant amantz   en drut si muda, / cuando el enamorado  se hace amante,
l’onors es granz   qe.l n’es creguda, / es grande el honor  que crece en él
e.l bels semblanz   fai far tal bruda; / y la alegre cara  produce gran murmullo;
qe nuda  tenguda  no.us ai, / no os he   tenido  desnuda,
ni d’als vencuda; / ni os he obligado a nada;
volguda,  cresuda  vos ai, / os he  querido  y creído
ses autr’ajuda. / sin ninguna ayuda.

Tart m’esjauzira, / Poco me alegraría
pos ja.m partira, / si me alejara
Bells Cavalhiers, de vos ab ira, /Bello Caballero, de vos entristecido,
q’ailhors no.s vira /pues no vuelve a otro sitio
mos cors, ni.m tira / mi corazón, ni me arrastra
mos deziriers,  q’als non dezira; / mi deseo  pues otra cosa no desea;
q’a lauzengiers  sai q’abellira, / a los maledicientes  sé que esto agradaría
donna, q’estiers  non lur garira: / señora, que otra  cosa no los sanará:
tals vira,  sentira  mos danz, / alguno,  si viera   o notara mi dolor,
qi.lls vos grazira, / os lo agradecería,
qe.us mira,  cossira  cuidanz, / pues mira  y piensa  meditabundo,
don cors sospira. / y por eso, el corazón suspira.

Tant gent comensa, / Tan gentil empieza,
part totas gensa, / hermosa sobre todas,
Na Beatritz,  e pren creissensa / Beatriz,  y aumenta
vostra valensa; / vuestro valor;
per ma credensa, / según creo
de pretz garnitz  vostra tenensa /adornáis con motivo  vuestro poder
e de bels ditz,  senes failhensa; / y con bellas palabras, sin duda;
de faitz grazitz  tenetz semensa; / de hechos notables  tenéis la semilla;
siensa,  sufrensa  avetz / conocimiento,  paciencia  tenéis
e coneissensa; / y sabiduría;
valensa  ses tensa  vistetz / sin discusión  vestís  valor
ab benvolensa. / y benevolencia.

Donna grazida, / Señora agradable,
qecs lauz’ e crida / todos alaban y acalaman
vostra valor   q’es abellida, / vuestro valor,  que es hermoso,
e qi.us oblida, / ya a quien os olvida
pauc li val vida, / de poco le vale la vida
per q’ie.us azor, donn’ eissernida; / por eso os adoro,  dama distinguida,
qar per gencor  vos ai chauzida / pues os he escogido  como la mas gentil
e per meilhor, de prez complida, / y la mejor,  de gran mérito
blandida,  servida  genses / y os he cortejado  y servido  mejor
q’Erecs Enida. / que Erec a Enide
Bastida,  finida,  N’Engles, / Englés, he construido  y acabado
ai l’estampida. / la estampida.

Traducción procedente de: Poesía de Trovadores, Trouvères, Minnesinger. (De principios del siglo XII a fines del siglo XIII). Alianza Editorial, 1981.

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