La casa de la vida

salon

A un tiro largo de piedra de Piazza Navona, vecina a esa maravilla desconocida, ignorada por las hordas de turistas, donde en el Trono Ludovisi, Afrodita nace de la espuma o donde Perséfone renace en la primavera en una solitaria sala del Palazzo Altemps, está una de las casas – museo más fascinantes de Roma. La casa – museo  de Mario Praz, que vivió en ella desde 1969 hasta su muerte en 1982.

En Via Zanardelli, 1, Palazzo Primoli, en cuyos bajos está el Museo Napoleónico, hay una gran puerta de hierro y se entra en un vestíbulo en penumbra donde tras un viejo escritorio, una señora anciana, cada vez más pequeña, con una voz cada vez más tenue, me comunica que espere un poco, hasta que sea la hora de visita o que venga algún visitante más. Nos podemos sentar en algunos de los asientos, un viejo sofá, unos pequeños sillones de terciopelo con el asiento desfondado, y vemos que el vestíbulo da al piano nobile del edificio, donde por una puerta podemos ver una gran biblioteca, la que fue la auténtica biblioteca de Mario Praz.

Con su vocecita cuenta que ella fue alumna de Praz y pregunta si lo conozco, si lo conocemos, si hay alguien más. No creo que la casa tenga gran cantidad de visitantes,  la he visitado tres veces en poco tiempo, unos tres años…, la señora no se acuerda desde luego de esa española que con su terrible acento le dice que ha leído La Casa della Vita, La filosofia dell’arrendeamento, La carne, la muerte y el diablo en la literatura romántica, libro que fue para mí, durante años, una de mis bibliografías fantasma…

Pasa un tiempo no muy largo y llama por teléfono, subo por un ascensor adosado al muro de un patio de luces. En el tercer piso alguien abre una puerta y entro en un vestíbulo, sus paredes cubiertas de cuadros de suelo a techo, un techo de más de tres metros…, aquí es donde están las únicas obras modernas de la casa, como una pequeña esfinge de Leonor Fini en marco dorado…, y uno de los retratos de Mario Praz en la cincuentena.

El piso, enorme casi 300 m2, carece prácticamente de pasillos, y pasa de una habitación a otra cruzándolas, incluyendo los dormitorios. En un horror vacui ordenado se van viendo las inmensas estanterías Regency ahora casi vacías, la librería blanca del salón con el sofá cuya tapicería bordó el propio Praz y que acarreó un desprecio conyugal, la gran mesa de escritorio, los instrumentos musicales que coleccionaba por belleza, no porque tocara ninguno, las cortinas que mandó hacer y que tanto le costó encontrar la tela y una casa que supiera confeccionarlas. Las dos camas Imperio, lit en bateau, de su dormitorio y el de su hija, que ya no vivió en esa casa, como en esa cuna no durmió ningún bebé desde hace casi doscientos años.

Y los cuadros, todos obras anónimas. Paisajes con figuras neoclásicos, retratos de desconocidos casi todos, es una excepción Ugo Foscolo, tras el escritorio, y sobre todo ese género de pintura que desapareció con la llegada de la fotografía, que Praz llamó conversation piece, y al que dedica páginas tanto en  La Casa de la Vida, como en sus artículos sobre el arte de la época.

A pesar de la acumulación de objetos, lo extravagante y curioso de algunos, como la colección de mármoles rusos, los abanicos, los relieves en cera o los collages con los retratos papales, la casa es un conjunto armónico. Praz no vivió siempre en el tercer piso del Palazzo Primoli en Via Zanardelli. A su llegada a Roma en 1934, cuando se hizo cargo de la cátedra en La Sapienza, Mario Praz y su esposa inglesa alquilaron un inmenso apartamento de más de 500 m2 en el Palazzo Ricci, en Via Giulia, allí vivió Praz hasta 1968 en que la venta del palacio le obligó a trasladarse con sus muebles al “pequeño” apartamento de Via Zanardelli.

A los dieciséis años Praz se convierte en coleccionista, cuando su padrastro, con el que no se llevaba bien, le regala una cómoda estilo imperio de caoba. Deseando armonizar el resto de los muebles del dormitorio comienza comprar muebles y objetos estilo imperio y del posterior estilo biedermaier, ambos dentro de la corriente del estilo neoclásico.

En 1960 Praz publicó un libro fascinante, La Casa della Vita, unas memorias atípicas que parten de cada habitación de la casa de Via Giulia, y en que cada objeto tiene su historia, no sólo la historia del mueble, el cuadro, la escultura o la porcelana, sino lo que ese objeto evoca en la vida de Mario Praz, que por medio de los objetos nos cuenta su vida y la de su familia, su infancia y adolescencia en Florencia, los años de juventud en Inglaterra, la vida en Roma durante la Segunda Guerra Mundial, sus trabajos y sus amores, el fracaso de su matrimonio. Todo en un ir y venir de objetos, de muebles, de libros…, el hombre pasa, pero el mueble permanece.

Recorriendo las habitaciones del piso de Via Zanardelli, llama la atención los pocos armarios para guardar ropa que hay en oposición a otros muebles. Algo que siempre me han dicho las tres veces que he visitado la casa es que Praz salía muy poco de casa. En su época activa como profesor de universidad, todavía en Via Giulia, salía para trabajar y para los viajes. Ya jubilado, en Via Zanardelli, apenas salía. Un matrimonio fallido, una hija que no vivió con él, y una fama de portador de desgracias, Praz se convirtió en el Profesor, il innominabile, el innombrable, el gafe…, todo esto creó una terrible soledad. En esa situación Praz, como tantos solitarios, se refugió en la disciplina férrea del trabajo, rodeado de la vida callada de las cosas y su mudo acompañamiento. Un habitante del ocaso, dedicado a su trabajo, sus densos libros en que agotaba el tema objeto de investigación, escribiendo miles de artículos sobre arte y sobre literatura, él que fue uno de los mayores estudiosos de la cultura europea, tendiendo puentes entre las diferentes disciplinas, un buscador de intercambios entre las artes, y que dio importancia a un estilo despreciado como el neoclásico.

Avanzamos por la casa hasta llegar a otra puerta diferente de por donde entramos, allí al final en un vestíbulo más frío que el del inicio, en las pareces atestadas de cuadros otro de retrato de Mario Praz, ya viejo, coronado de laurel, con la frase: et in Arcadia ego.

La Casa Museo Mario Praz, se encuentra en Via Zanardelli 1 – 00186 Roma. La entrada es gratuita, pero hay que esperar a las horas determinadas de visita.

Para saber más sobre la casa recomiendo leer:

La Casa de la Vida, Random House Mondadori. 2004, colección Debolsillo, nº 94.

Gusto neoclásico. “Un interior”, páginas 237 – 250. Gustavo Gili. Arte, 1982.

Luchino Visconti en 1974 dirigió una película Gruppo di famiglia in un interno, titulada en España Confidencias y en otros países Conversation piece, en que el protagonista, el Profesor, interpretado por Burt Lancaster está inspirado en Mario Praz.

2 pensamientos en “La casa de la vida

  1. Me encanta como escribes.
    Nunca he aprendido nada de arte, pero es cierto que me gusta , como te dije en un foro, ¿que es Arte ? …..Ahora comprendo algo, el arte de mirar, de observar con detenimiento las cosas, de darles el valor que les corresponde , el Arte de apreciar el Arte .
    Me habría encantado muchísimo haber estudiado algo de Arte para apreciar cirtas obras o antiguedades que he visto en museos importantes .
    Un saludo
    Sigue escribiendo , please !!

    • Gracias Ana por pasarte por aquí y comentar.
      Espero poder poner este fin de semana una entrada sobre algunos aspectos de la pintura romántica.
      Y no te preocupes demasiado por no saber de arte, el arte como toda actividad humana es accesible siempre que uno quiera adentrarse en él, pero agradezco que las hordas de turistas no vayan a ciertos lugares que me gustan especialmente.

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